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 "La gran verdad de nuestro tiempo ( con cuyo conocimiento no se ha conseguido nada, pero sin cuyo conocimiento no puede encontrarse ninguna verdad de importancia), es que nuestro continente se hunde en la barbarie, porque la propiedad de los medios de producción es mantenida por la fuerza" ( BRECHT).

El otro día, un amigo de la Transición Política de los años 70 (no precisamente un camarada afín a la ruptura democrática) me dijo paseando que lo importante era mantener " la llama encendida dentro de nosotros porque así seguramente prendería otro día", y añadió: " la persona por encima del sistema". Le miré a los ojos, y sin más le vendí el MILITANTE del mes de enero. Volvió a decir: "Sí, el Marxismo nos puede dar una visión acertada de la situación actual". Quedamos en volver a vernos.

Claro, en las mentes y en los corazones de los hombres subyacen deseos urgentes de encontrar verdades que les ayuden a seguir viviendo, hombres y mujeres cuyos hijos son revolucionarios actualmente. Eso es evidente. Porque, a fin de cuentas, se trata de la lucha por la vida, en defensa de la dignidad y del futuro del género humano. ¿Entonces, cómo se solucionar la aparente contradicción entre "el vacio personal" y los ataques sangrientos de un sistema de explotación que agoniza? ¿Cómo hacer que el sistema capitalista caiga y los hombres sean libres y felices? La respuesta, por más vueltas que queramos darle, sigue estando en la doctrina Marxista, en el camino radical de lucha combinando la teoría y la práctica. ¿Cómo hacer el camino, dónde está la verdad, la guía que nos aliente? Preguntas y más preguntas. El filósofo Spinoza, desde su posición meramente interpretativa, aseguraba que en tiempos de crisis no es suficiente con lamentarse y llorar, hay que comprender. Otros dicen: "el hombre a lo largo de la historia lo ha superado todo, se trata de esperar".

Pero olvidan las palabras del poeta comunista: la clave es la propiedad privada sobre los medios de producción, la explotación del hombre por el hombre. ¿Entonces, si acabase la miseria humana encontraríamos alguna verdad y seríamos libres y felices? ¿Si terminamos de una vez con la opresión del Capital tendremos futuro? El Marxismo explica las interrogantes anteriores y otras muchas que llevamos con nosotros allá donde vamos. El hombre, para Marx es un ser real, viviente y universal porque transforma su vida naturalmente en beneficio de todo el género humano. El mundo del hombre es su trabajo, en él se realiza, la vida que crea vida. Pero el hombre en las relaciones de producción está enajenado, fuera de sí, ajeno al resto de los hombres, rebajado de su condición natural. La explicación marxista sobre el hombre responde a la máxima interrogante humana desde las propias necesidades materiales y de realización personal: no es suficiente con que la realidad sea racional, comprendida, hay que transformarla mediante la expropiación de los medios de producción, única garantía de futuro en libertad, realización y autodeterminación humanas.

En la situación actual de crisis del sistema capitalista a escala mundial, el Marxismo no sólo explica las leyes que mueven la obtención del máximo beneficio, también desenmascara dialécticamente las barreras antropológicas defendidas por distintos "cantos de sirena" que no acometen el problema principal: el hombre no puede ser una epifanía, sino la una hazaña de la liberta. Y la solución sigue siendo la misma: la toma del poder político por la clase trabajadora, clase mayoritaria y explotada, a diario víctima de la obtención de plusvalía capitalista.

Todo lo anterior, sin duda, a no ser que queramos volver a planteamientos que no resuelven el problema crucial de las necesidades humanas, nos lleva consecuentemente al terreno de la Moral, implícita en toda la doctrina Marxista, moral enmascarada por los intereses de los explotadores, cada uno como mejor puede silencia la respuesta en la calle. ¿De qué Moral hablamos?, se preguntaba Trotsky, de la vuestra o de la nuestra, al servicio de los intereses sociales y de dominación, o la Moral de la lucha de clases.

A propósito de este empecinamiento personal por dilucidar la relación existente entre la crisis actual y el mundo de las ideas, filosóficas si se quiere o lo que sea, volví a releer a ERNST BLOCH, porque a los marxistas se nos acusa constantemente de leer siempre lo mismo, a nuestros clásicos, como si la acusación de dogmáticos no fuese ya verdadera demagogia. En su obra EL PRINCIPIO ESPERANZA dice entre líneas: " El pensamiento hacia delante está anunciado..., lo verdadero no puede nunca estar suficientemente determinado..., Marx quiere desde un principio llevar al núcleo de la cosa, no se entretiene en lo inútil" . Marx, en su carta a Kriege, partidario de Feuerbach, 11 de mayo de 1.846 dice: " El hombre tiene que probar en la praxis la verdad, la terrenidad de su pensamiento. Frente al odio, el reino del amor, pero en 1.800 años este amor no ha sido activo, no ha podido trastocar las relaciones sociales ni fundar su reino..., la necesidad, por tanto, presta fuerza al hombre, y el que tiene que ayudarse a sí mismo, también ayuda a los otros...., la verdadera situación de este mundo, la rotunda contraposición de capital y trabajo en la sociedad actual, de burguesía y proletariado..,., esta necesidad férrea procura a las exigencias socialistas difusión y partidarios y abrirá el camino a las reformas socialistas por la transformación de las relaciones de tráfico actuales, mucho más que todo el amor que arde en todos los corazones sentimentales del mundo".

Sigue BLOCH: " Sin partido en el amor, con un polo de odio igualmente concreto, no hay amor auténtico, sin partidismo del punto de vista revolucionario clasista no hay más que idealismo hacia atrás, en lugar de praxis hacia adelante..., sólo el horizonte del futuro, tal como lo traza el Marxismo da a la realidad su dimensión real". Sin comentarios.

El imperativo categórico de Marx: frente al imperativo kantiano por ejemplo que se diluye en la falsa moral del deber ser, concluye así la esencia humana y ataca de raíz el problema: "Derrocar todas las situaciones en las que el hombre es un ser rebajado, esclavizado, abandonado y despreciado". Así, no se puede seguir defendiendo anacrónicamente que el Marxismo es determinismo económico, o el dicho: "todo lo hace depender de una Revolución sin hora ni día", porque el Marxismo es teoría y práctica en un proceso dialéctico, en un devenir continuo camino del futuro.

Para BLOCH el Marxismo no puede ser otra cosa que promoción de la humanidad, porque no ve en la miseria solo miseria, sino una fuerza oculta de la indignación contra los causantes de la misma. El punto cero de la alineación extrema da lugar a la Dialéctica, encontrando desde la nada nuestro todo. "Una esperanza no clarificada, no dirigida, sólo conduce al descarrío, porque si es verdad que el verdadero horizonte no va más allá del conocimiento de las realidades, este conocimiento si es Marxista no es mecanicista, muestra precisamente la realidad y la esperanza. Marx designa como su último objetivo el desenvolvimiento de la riqueza de la naturaleza humana".

Concluyo de nuevo con BLOCH, defensor de la Utopía, del Optimismo Militante, de que el hombre es un ser inacabado, autor Marxista que clarifica el proceso revolucionario en su devenir radical:

"La verdadera génesis no se encuentra al principio, sino al final, y empezará sólo cuando la sociedad y la existencia se hagan radicales. La raíz de la historia es el hombre que trabaja, que crea, que modifica y supera las circunstancias dadas. Si llega a captarse a él y si llega a fundamentar lo suyo, sin enajenación, ni alineación, en una democracia real, surgirá en el mundo algo que a todos nos ha brillado antes los ojos en la infancia, pero donde nadie ha estado nunca: patria".

Crisis económica y política, lucha de ideas, barbarie a fin de cuentas: el sistema capitalista agoniza a marchas forzadas y su sepulturero, el proletariado,  nunca derrotado definitivamente, tomará de nuevo la calle por bandera.

 ((Solamente el trabajo de las ideas y de la praxis marxistas nos asegurará vida en nuestros corazones y clarificará nuestras mentes, a través de un camino de lucha radical y revolucionaria en pos de nuestro futuro que, sin necesidad de determinación previa, nos dará a todos aquellos que necesitamos y merecemos. La ruta optimista y militante, utópica y revolucionaria de seres creyendo en sus propias fuerzas para construir otro mundo, un lugar donde la lucha y la vida de cada uno sea la de todos, desde el momento mismo en que derribemos la falsa conciencia y el poder de una minoría burguesa y capitalista. Si somos capaces entre todos de vernos y de mirarnos, yendo juntos y compartiendo los sueños que soñamos despiertos, entonces venceremos, porque la audacia, la voluntad y nuestro nivel político nos transformarán subjetivamente y revolucionaremos la realidad objetiva y decadente que muere a nuestros pies.

Es esencial comprender que para el Marxismo el mundo del hombre es el trabajo, la necesidad es su fuerza, así que, partiendo de la crítica al sistema económico de dominación también implícitamente se conforma la Filosofía del Futuro: otro mundo de ideas en defensa de la humanidad, de las personas que a ti te preocupan, le diré a mi amigo si ha leído EL MILITANTE.

Salamanca, 13 de Febrero de 2009