Corriente Marxista Internacional

En estos días, en los que tanto oímos hablar de los grandes partidos políticos que se presentan a las elecciones generales, no es extraño escuchar referencias a la financiación de los mismos. Lo cierto es que, en muchas ocasiones, las referencias a las finanzas de los partidos de la izquierda resultan bastante preocupantes por haber perdido totalmente las tradiciones de financiación propias de la clase trabajadora, con las que se han construido los más grandes sindicatos y partidos de izquierdas.
Tal es ejemplo de Izquierda Unida, cuyos dirigentes declaraban al diario Público el 5 de febrero su sorpresa ante el notable recorte del habitual préstamo  del Banco Popular. Al explicar su incredulidad ante esta situación también salían a la luz algunos datos interesantes como la cantidad solicitada para el préstamo. La suma que pedían era de cuatro millones de euros, más 1,9 millones  como anticipo para la campaña electoral, básicamente para mailing. Por increíble que pueda parecer esto, la cosa no se quedaba ahí sino que para explicar su sorpresa se remitían a que siempre habían pagado sus deudas con el banco, hasta tal punto que aún se encuentran pagando las elecciones de 1999. Pero aún más increíbles son las medidas que han adoptado: ¡pedir créditos a otras entidades bancarias!
Desde El Militante defendemos la idea de que los partidos de la izquierda deberían basar sus campañas electorales  en un trabajo real a pie de calle en los barrios obreros, y nunca en basarse en las sumas millonarias que, tanto el PSOE como Izquierda Unida,  solicitan a los grandes banqueros de forma habitual. Los dueños de los grandes bancos son enemigos de nuestra clase y no se puede depositar en ellos el poder de determinar las ideas y actividades de un partido de los trabajadores. La financiación de los partidos de la izquierda debe basarse en los métodos y tradiciones de la clase trabajadora, recaudando  todo el dinero a través de campañas que logren implicar de verdad y de manera activa y cotidiana a la militancia y a la propia clase. Esta será la única manera de conseguir la autofinanciación necesaria para no depender de nadie más que de los trabajadores a la hora de defender las genuinas ideas del marxismo revolucionario y así recuperar las mejores tradiciones y métodos del movimiento obrero.


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