Corriente Marxista Internacional

La degeneración burocrática estalinista

El desarrollo posterior de la revolución rusa tampoco fue el que los bolcheviques habían previsto inicialmente. Rusia era un país atrasado económicamente, con una mayoría de la población aún campesina mientras que los trabajadores industriales no representaban más que un 10% de la población total.

Para los bolcheviques el internacionalismo no era una idea romántica, era una necesidad imperiosa. La única forma de poder elevar el nivel de vida de las masas, de sacar a Rusia del hambre y de la miseria era fundamentalmente incrementando la producción y la productividad del trabajo.

La Revolución Rusa dio un impulso impresionante a la revolución mundial. Los bolcheviques tenían la expectativa de que el triunfo de la revolución en Europa, especialmente en Alemania, permitiría la combinación del desarrollo técnico de este país con los inmensos recursos naturales y humanos de Rusia, consiguiendo de este modo un avance rápido en el progreso económico y social.

Sin embargo, a pesar de la oleada revolucionaria que desató la Revolución de Octubre, la revolución fracasó en Alemania en 1923, en China en 1927, en parte por los errores de los recién formados PCs y en parte por errores claros de orientación política de la III Internacional estalinizada tras la muerte de Lenin en 1924.

El hecho es que la Revolución Rusa se quedó aislada. Las masas trabajadoras y campesinas tuvieron que sufrir desde 1914 las consecuencias de la participación de Rusia en la I Guerra Mundial, luego consumieron una gran dosis de sus energías en la revolución de 1917 y después vino la guerra civil y la invasión de 21 ejércitos imperialistas que querían acabar con el primer régimen obrero del mundo.

Lo que caracteriza la revolución es la participación de las masas en los asuntos que antes, en periodos normales, estaban reservados a los “políticos”, los funcionarios, el Zar, etc. Este estado de ánimo influyó decisivamente en la participación de la población en los órganos de la revolución como los soviets.

Pero aunque durante un tiempo la inmensa mayoría de la población puede contrarrestar las presiones de la vida cotidiana, participar en huelgas, en las milicias obreras, en las tareas de gestión y de control de los soviets, en el partido, etc. eso acaba teniendo un límite si no cambian sustancialmente las condiciones de vida de la gente, especialmente en lo referente al tiempo libre, es decir a la reducción de la jornada de trabajo para disponer de tiempo y participar en la vida política, económica y cultural de la sociedad. En un país atrasado como Rusia, cercado por las potencias imperialistas y aislado tras el fracaso de la revolución europea, las condiciones objetivas para lograr estos fines eran las peores.

Las revoluciones no las hacen cuatro iluminados, su fuerza motriz reside en la participación consciente de las masas. Eso fue totalmente cierto en Rusia. Sin embargo las condiciones internas —atraso económico— y externas —fracaso la de revolución en Alemania, China, etc.— sometieron a la revolución y a la población a condiciones extremas de miseria, de cansancio, etc.

“La revolución es una gran devoradora de energías individuales y colectivas: los nervios no lo resisten, las conciencias se doblan, los caracteres se gastan. Los acontecimientos marchan con demasiada rapidez para que el flujo de fuerzas nuevas pueda compensar las pérdidas. El hambre, la desocupación, la pérdida de los cuadros de la revolución, la eliminación de las masas de los puestos dirigentes, habían provocado tal anemia física y moral en los arrabales que se necesitarán más de treinta años para que se rehagan.

(...)

“El reflujo del ‘orgullo plebeyo’ tuvo por consecuencia un aflujo de arribismo y de pusilanimidad. Estas mareas llevaron al poder a una nueva capa de dirigentes”*.

Las condiciones extremas por las que tuvo pasar la revolución sentaron las bases para que el control de la clase obrera sobre las tareas administrativas del Estado fuera cada vez más débil. Un sector de los militares, que se reincorporaron masivamente a las tareas internas del Estado tras la guerra civil, y de los funcionarios se sintió cada vez más árbitro entre las presiones de la clase obrera y de los pequeños campesinos acomodados, cuya existencia se debía precisamente al carácter atrasado de Rusia. De esta manera fueron adquiriendo cada vez más independencia del control y de la participación de los trabajadores. Poco a poco este sector de funcionarios desligado de las masas empezó a adquirir conciencia de sus propios problemas, se da cuenta de que su posición le permite tener, al principio, pequeños privilegios y por tanto sus preocupaciones, su forma de actuar se conforma con el objetivo de preservarlos e incrementarlos.

Stalin no fue la “causa” del surgimiento de la burocracia, pero sí encarnó y centralizó los intereses de la burocracia actuando con saña para defenderlos contra cualquier oposición.

Ese proceso en el interior de la URSS afectó la política exterior de la III Internacional, creada por Lenin y los bolcheviques, para impulsar la revolución a nivel internacional. Cada fracaso de la revolución en un país determinado significaba una mayor desmoralización de los trabajadores en Rusia y por tanto un mayor afianzamiento de la burocracia en el poder. En un momento determinado, la burocracia vio con auténtico pánico la posibilidad del triunfo de la revolución en el Estado español en los años 30. El triunfo de la revolución socialista en el Estado español hubiera significado necesariamente el triunfo de un Estado obrero sano, con la participación consciente de las masas oprimidas en la gestión de sus propios destinos. Hubiera tenido un efecto inmediato en toda Europa y cómo no, en la misma Rusia. Los trabajadores rusos no tendrían la tarea de expropiar a los capitalistas ni a los terratenientes —esto estaba hecho desde 1917— sino expropiar políticamente a la burocracia que había usurpado el control del Estado. El triunfo de la Revolución Española hubiera dado un empujón decidido a este proceso, por eso el pánico de Stalin a ese triunfo, hecho que a su vez explica la actitud de los dirigentes del PCE.

La desgracia histórica de los años 30 en el Estado español es que el estalinismo se presentó ante la clase obrera española e internacional como el heredero de la Revolución de Octubre cuando en realidad, para consolidar su poder tuvo que exterminar, literalmente, a millones de cuadros, militantes y dirigentes bolcheviques.

La monstruosa degeneración burocrática en la URSS no fue, como dice la propaganda burguesa, “una consecuencia inevitable de las ideas de Lenin y del bolchevismo”. El anarquismo, cuya teoría había sido destrozada por la fuerza de los acontecimientos históricos, vio en la degeneración de la URSS una asidero para volver a la carga en su lucha contra todo “poder del Estado”, independientemente del carácter de clase que éste tenía. Olvidaban que la consolidación de la burocracia durante todo un periodo, sólo fue posible tras el exterminio de cientos de miles de militantes que estaban relacionados con las tradiciones de Octubre (de la democracia obrera y del internacionalismo), del verdadero leninismo.

En honor a la verdad histórica habría que añadir que los luchadores más consecuentes y abnegados contra el estalinismo salieron de las filas del bolchevismo, como Trotsky, y no del anarquismo. Ha sido la teoría marxista y no la anarquista la que previó, con muchísima anticipación, la caída del estalinismo y la posibilidad de que la burocracia intentara mantener sus privilegios volviendo al capitalismo y acabando con la economía planificada.

La desaparición del Estado

La degeneración de la revolución rusa no fue una consecuencia necesaria de los métodos bolcheviques sino producto de la combinación de una serie de factores históricos determinados: el atraso económico de Rusia y el fracaso de la revolución en otros países.

El Estado no es algo de ‘fuera’, arbitrario, que aparece y desaparece simplemente porque se imponga la voluntad de que desaparezca, por el convencimiento de que no sirve. Además de eso es necesario que sea posible en base a toda una serie de leyes históricas.

Así describe Lenin la disolución del Estado:

“Dicho en otros términos: bajo el capitalismo tenemos un Estado en el sentido estricto de la palabra, una máquina especial para la represión de una clase por otra y, además, de la mayoría por la minoría. Es evidente que, para que pueda prosperar una empresa como la represión sistemática de la mayoría de los explotados por una minoría de los explotadores hace falta una crueldad extraordinaria, una represión bestial, hacen falta mares de sangre, a través de los cuales marcha la humanidad en estado de esclavitud, de servidumbre, de trabajo asalariado.

“Más adelante, durante la transición del capitalismo al comunismo, la represión es todavía necesaria, pero es ya la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los explotados. Es necesario todavía un aparato especial, una máquina especial para la represión: el ‘Estado’. Pero es ya un Estado de transición, no es ya un Estado en el sentido estricto de la palabra, pues la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los esclavos asalariados de ayer es algo tan relativamente fácil, sencillo y natural, que será muchísimo menos sangrienta que la represión de las sublevaciones de los esclavos, de los siervos y de los obreros asalariados y costará mucho menos a la humanidad. Y ello es compatible con la extensión de la democracia a una mayoría tan aplastante de la población que la necesidad de una máquina especial para la represión comienza a desaparecer. Como es natural, los explotadores no pueden reprimir al pueblo sin una máquina complicadísima que les permita cumplir este cometido, pero el pueblo puede reprimir a los explotadores con una máquina muy sencilla, casi sin ‘máquina’, sin aparato especial, con la simple organización de las masas armadas. (...)

“Por último, sólo el comunismo suprime en absoluto la necesidad del Estado, pues no hay nadie a quien reprimir, ‘nadie’ en el sentido de clase , en el sentido de la lucha sistemática contra determinada parte de la población. No somos utopistas y no negamos en lo más mínimo que es posible e inevitable que algunos individuos cometan excesos, como tampoco negamos la necesidad de reprimir tales excesos. Pero, en primer lugar, para ello no hace falta una máquina especial, un aparato especial de represión; esto lo hará el propio pueblo armado, con la misma sencillez y facilidad con que un grupo cualquiera de personas civilizadas, incluso en la sociedad actual, separa a los que se están peleando o impide que se maltrate a una mujer. Y, en segundo lugar, sabemos que la causa social más profunda de los excesos, consistentes en la infracción de las reglas de convivencia, es la explotación de las masas, su penuria y su miseria. Al suprimirse esta causa fundamental, los excesos comenzarán inevitablemente a ‘extinguirse’. No sabemos con qué rapidez y gradación, pero sabemos que se extinguirán. Y con ello se extinguirá también el Estado”*.

Si en Rusia tras la revolución, el Estado siguió manifestando una “vitalidad testaruda”, en palabras de Trotsky, fue porque el desarrollo de las fuerzas productivas no fue lo suficientemente rápido —debido al atraso y al aislamiento— como para que el Estado empezara a “disolverse” en la sociedad. Antes de que el Estado empezara a extinguirse los funcionarios empezaron a ser conscientes de sí mismos como casta privilegiada y empezaron a actuar como tal, como un “factor autónomo”.

Pero insistimos este no es el desarrollo necesario de cualquier proceso revolucionario. Sí decimos que cualquier proceso revolucionario que acabe aislándose puede conducir a un proceso de degeneración en un espacio de tiempo más o menos prolongado. Las causas de la degeneración burocrática, incluso después de un proceso revolucionario clásico, es decir caracterizado por la participación consciente y masiva de la clase obrera en todo el proceso, también tiene sus propias leyes y no hay que buscarlas en la esfera de la moral, planteando ideas tipo “la maldad humana aflora cuando se asocia al poder”. Eso no es así.

La experiencia de la degeneración del Estado obrero en Rusia no conduce de ninguna manera, a la conclusión de que la lucha por la revolución y por la construcción de un Estado obrero sea un error, sino a que es necesario, en primer lugar, comprender las causas profundas de este hecho histórico y construir con más voluntad que nunca un factor que se ha demostrado esencial para el triunfo de todo proceso revolucionario, la existencia de un partido revolucionario, con cuadros revolucionarios probados, con nivel político, capaces de estar a la altura de las circunstancias cuando llegue el momento en la mayor cantidad posible de países.

Si hubiera triunfado la revolución en España en 1936-37, en Alemania en 1923 o en China en 1927, el transcurso de la historia de la humanidad habría sido totalmente diferente y si no fue así es precisamente por el factor apuntado más arriba.

El socialismo no se puede construir en un solo país. Eso no quiere decir que la revolución deba producirse simultáneamente en todos los países. Pero sólo la utilización racional de las fuerzas productivas a escala mundial puede permitir el desarrollo armónico y planificado de las fuerzas productivas y conseguir lo que es fundamental para que todos los trabajadores puedan participar en las tareas de gestión de la sociedad: tiempo libre, que va necesariamente asociado a la reducción de las horas de trabajo.

Rusia fue la primera en romper con las cadenas del capitalismo, pero el atraso económico no desaparece de golpe por el hecho de acabar con la propiedad privada de los medios de producción. La única manera de acabar con el atraso era la extensión de la revolución a los países avanzados y eso, que daría pie a una economía planificada mundialmente, no se produjo. Persistió la situación de escasez durante un tiempo. Incluso, debido a la guerra civil y al acoso imperialista la economía retrocedió todavía más. En un contexto de escasez, donde la disputa individual por la satisfacción de las necesidades básicas inmediatas prevalece entre las preocupaciones de la gente, “toda la vieja mierda vuelve a resurgir” .


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