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A finales del mes pasado saltó la noticia de que Mª Jesús Paredes, secretaria general de COMFIA, la federación de banca de CCOO, y su pareja, también dirigente de la misma federación, eran propietarios de un buen patrimonio inmobiliario: tres viviendas en Madrid (un chalé en una urbanización de lujo y dos pisos, uno en la sierra y otro en uno de los barrios más caros), un adosado en la Costa del Sol y dos apartamentos en la costa alicantina. En total, más de dos millones de euros. Como respuesta, Paredes concedió varias entrevistas, publicadas el 20 de noviembre.

A finales del mes pasado saltó la noticia de que Mª Jesús Paredes, secretaria general de COMFIA, la federación de banca de CCOO, y su pareja, también dirigente de la misma federación, eran propietarios de un buen patrimonio inmobiliario: tres viviendas en Madrid (un chalé en una urbanización de lujo y dos pisos, uno en la sierra y otro en uno de los barrios más caros), un adosado en la Costa del Sol y dos apartamentos en la costa alicantina. En total, más de dos millones de euros. Como respuesta, Paredes concedió varias entrevistas, publicadas el 20 de noviembre.

Para empezar, Paredes lo ve todo muy normal: "En estos 37 años [que llevo trabajando] he hecho un patrimonio como la media de los españoles" (El Periódico). Hombre, como la media de los españoles... pues la verdad es que no. O, al menos, no como la media de los trabajadores, que desde hace unos años venimos sufriendo un notorio empobrecimiento, como demuestran todos los indicadores económicos: la participación de los salarios en la renta nacional está en mínimos históricos (bajó del 49'6% en 1996 al 46'4% en 2006), el salario medio es de 1.604 euros brutos al mes, el 60% de los trabajadores no llegan a los 1.000 euros mensuales, el 20% de la población está por debajo del umbral de la pobreza... Todo el mundo asfixiado por una sola hipoteca, y Paredes y su pareja pagando más de 3.000 euros mensuales por varias. Claro que todo esto se entiende mejor cuando se conoce que Paredes y su compañero también son empresarios. Poseen un restaurante y una gestoría, empresas que cabe suponer tendrán beneficios (porque si, aun encima, les acarrean pérdidas, habría que hablar de un "milagro Paredes").
Paredes pide que el periodista responsable de la noticia la lleve a los tribunales, "que es donde se verifica en democracia la honradez de las personas". Si hubiese tal juicio, no cabe duda del resultado: sería absuelta. Porque los tribunales no verifican la honradez, sino la legalidad. Y las leyes son leyes burguesas, cuyo principal objetivo es precisamente proteger a los "emprendedores", o sea, proteger a los que carecen de escrúpulos para aprovecharse de los demás, a los que esta sociedad considera los "listos" y el modelo a seguir. Trabajando honradamente nunca nadie se hizo rico. Para enriquecerse hay que engañar, abusar, robar... incluso asesinar. ¿O acaso el sistema de trabajo asalariado no es el robo institucionalizado, por muy legal que sea? ¿O acaso no hay accidentes laborales que son auténticos asesinatos, aunque no se investiguen?

Dime cómo vives y te diré cómo piensas

La cuestión que suscita todo esto es si, en sus circunstancias personales, Paredes puede representar a los trabajadores. Y la respuesta es NO. Pero no tanto por razones morales como por razones políticas. Ya Marx explicó que las ideas dependen de las condiciones de vida ("el ser social determina la conciencia"). Y las circunstancias personales de Paredes tienen poco que ver con las de la clase obrera, lo que hace que su sicología sea más propia de una burguesa que de una trabajadora. Es su afán de enriquecerse lo que demuestra que ha asumido los valores del capitalismo ("triunfar" en la vida, conseguir el reconocimiento social de los "bienpensantes", etc.). Mª Jesús Paredes es un claro ejemplo de ese tipo de sindicalistas que están a favor de la liberación de los trabajadores... ¡pero de uno en uno y empezando por ellos mismos!
Para representar a los trabajadores hay que vivir como ellos. Si Paredes padeciese los problemas de una trabajadora normal, no diría barbaridades como que "cuando una empresa va bien, los trabajadores mejoramos" (El Mundo). Ni la experiencia ni los datos demuestran eso: mientras el salario real medio bajó un 4% entre 1996 y 2006, los beneficios empresariales aumentaron un 73% entre 1999 y 2006. Es muy fácil decretar que el incremento salarial de referencia para los convenios tiene que ser el 2% cuando uno no sufre las consecuencias de esa pérdida de poder adquisitivo. Por eso no es compatible ser sindicalista con ser empresario, al margen de lo que recojan los estatutos de CCOO.
Paredes afirma que la noticia es un linchamiento político, dado que "salió el mismo día que [se] publicaba que algunos sectores del PP consideran incluirme en sus listas" (Cinco Días). Esa propuesta de ficharla como diputada surgió a raíz de la sensación que Paredes causó en la Conferencia Económica del PP, en diciembre de 2006. Que una alta dirigente sindical levante el entusiasmo de la derecha es motivo de profunda reflexión. Paredes debería recordar las sabias palabras de August Bebel, fundador del socialismo alemán: "Cuando la derecha me aplaude, yo me pregunto: viejo Bebel, ¿qué estás haciendo mal?". Sin necesidad de haber escuchado su discurso, se puede llegar a la conclusión, sin miedo a equivocarnos, de que Mª Jesús Paredes es ideológicamente de derechas. ¡Los del PP se entusiasmaron porque les pareció estar escuchando a uno de los suyos! Por eso no puede ser una dirigente de un sindicato de clase como CCOO. Que tenga o no tenga carné del PP es un detalle sin importancia.

Sindicalismo y política

Como el resto de los dirigentes oficialistas de CCOO, Paredes defiende un supuesto sindicalismo "completamente equidistante de los partidos políticos" (Cinco Días). Pero cuando le preguntan sobre política no da una negativa tajante a la posibilidad de ser candidata del PP (de hecho, ni siquiera da una negativa, sino que dice que hasta después de Reyes no se planteará su futuro) y se declara admiradora de Tony Blair y Sarkozy. ¡Menudo apoliticismo!
Esa pretendida equidistancia es imposible porque cualquier actuación social de una organización, o de un individuo, tiene repercusiones políticas. El discurso del apoliticismo es un discurso reaccionario fomentado por la derecha para mantener el statu quo, para que los de siempre sigan mangoneándolo todo, un discurso que busca evitar que la participación política revolucionaria de los trabajadores y la juventud ponga en peligro sus privilegios. Como dijo un escritor francés en una entrevista, "yo soy apolítico, o sea, soy de derechas".
La izquierda siempre defendió la tesis contraria: es imposible ser apolítico porque todo es política. Por tanto, los sindicatos tienen que evaluar los efectos políticos de sus decisiones, a fin de no favorecer a la derecha. En este sentido, el discurso de la independencia política de los sindicatos refleja la influencia ideológica burguesa en el seno del movimiento obrero. La derecha sabe que no les puede pedir a los dirigentes sindicales que la favorezcan abiertamente, así que intenta que al menos no favorezcan a la izquierda. La derecha sabe muy bien que no favorecer a la izquierda equivale a favorecerla a ella.
Pero que Mª Jesús Paredes sea la secretaria general de una federación de CCOO no es algo que dependa de ella. Paredes es una consecuencia natural (extrema, si se quiere, pero natural) del sindicalismo reformista y "apolítico" que defienden los oficialistas de CCOO. En el editorial de El Militante del mes pasado ya se hacía referencia a los favores que Fidalgo le hizo al PP (negarse a apoyar la huelga general del 10 de abril de 2003 contra la guerra de Iraq o criticar la manifestación antiterrorista de la izquierda a raíz del atentado en la T4 de Barajas). Paredes es sólo un ejemplo más, como antes lo fue Mª José Alende. El mejor homenaje que la actual dirección de CCOO le podía haber hecho a Marcelino Camacho no fue el del 26 de noviembre (una parafernalia institucional, con presencia del gobierno, el PP y la patronal), sino seguir su ejemplo de compromiso y entrega a la causa obrera, en vez de haber echado por la borda su legado y al propio Marcelino.
El "caso Paredes" no es una cuestión moral, sino política. Los afiliados a CCOO tenemos que recuperar las señas de identidad de nuestro sindicato, tenemos que recuperar CCOO para un sindicalismo combativo, de clase, democrático y comprometido abiertamente con la lucha y los valores de la izquierda. Pero al igual que no se puede acabar con el Estado burgués eliminando a sus representantes, no se puede acabar con una burocracia sindical simplemente echando a tal o cual dirigente corrupto. La solución es fortalecer en CCOO una corriente marxista que ofrezca una alternativa a la bancarrota de los actuales dirigentes reformistas y haga girar decididamente a la izquierda el rumbo de CCOO.