Corriente Marxista Internacional

El VIII Congreso de CCOO se va a realizar en un nuevo contexto. No sólo por el estancamiento o recesión económica de los principales países europeos y por los ataques continuos de la burguesía a la clase obrera, sino sobre todo porque hay ya claras m Andrés de las Heras

Com. Ejecutiva CCOO Guadalajara

El VIII Congreso de CCOO se va a realizar en un nuevo contexto. No sólo por el estancamiento o recesión económica de los principales países europeos y por los ataques continuos de la burguesía a la clase obrera, sino sobre todo porque hay ya claras muestras de la reactivación de las luchas de los trabajadores.

Un nuevo período de ascenso de la lucha de clases

El capitalismo ha entrado de lleno en una fase de agotamiento histórico y crisis estructural, mostrando su incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas y mejorar las condiciones de la clase obrera. Los acontecimientos a escala internacional se suceden vertiginosamente. Procesos revolucionarios en marcha están sacudiendo la conciencia de millones de trabajadores, campesinos y pobres en América Latina. También la poderosa clase obrera de los países desarrollados ha comenzado a desentumecer sus músculos.

En este contexto, los actuales dirigentes sindicales muestran claramente su incapacidad para defender consecuentemente las conquistas históricas de los trabajadores. Defienden un modelo de reformas en un contexto de ataques generalizados por parte de la burguesía. El reformismo sin reformas es imposible. En esta situación, las presiones de clase a las que se ven sometidos son cada vez mayores.

Desde abajo, los trabajadores presionan instintivamente para defender sus condiciones de vida y de trabajo, utilizando los métodos propios y tradicionales de la clase obrera y cuestionando en la práctica las políticas sindicales basadas en la cogestión sindical de los recortes. Desde arriba, la burguesía los presiona para que sigan aceptando las contrarreformas. La aceptación por Fidalgo de alargar el período de cálculo de las pensiones es el último ejemplo de esto. Esta doble presión es la que explica, en última instancia, las diferenciaciones que se están produciendo en el seno de los sindicatos y partidos obreros en general y en CCOO en particular.

La ruptura de la mayoría confederal

Esta contradicción fue el detonante del enfrentamiento de Fidalgo con Benito hace dos años. Pero que el sector de Benito haya surgido en contra de este giro derechista no significa automáticamente que preconice un sindicalismo diferente. Aunque también sería ingenuo por nuestra parte pensar que este enfrentamiento se reduce a conflictos entre burócratas sindicales por el control del aparato.

Benito representa intereses distintos a Fidalgo, aunque no tenga propuestas claras para combatir la ofensiva de la burguesía y la patronal: ¿Cómo abordar el fenómeno de la externalización (Sintel) o el de subcontratación (Puertollano)? ¿Cómo luchar por reducir la temporalidad y el empleo precario? ¿Cómo defender una educación y sanidad públicas de calidad? ¿Cómo atajar la siniestralidad laboral? ¿Qué hacer con el SMI, las pensiones o los subsidios por desempleo? ¿Qué hacer con los precios de la vivienda? ¿Cómo mejorar las prestaciones sociales? ¿Qué hacer con la negociación colectiva?

Las presiones de clase siguen y seguirán operando, provocando nuevas diferenciaciones dentro de cada sector y fuera de ellos. Lo que ocurre es que, en ausencia de una participación activa de los afiliados en la vida sindical, esta lucha queda reducida en buena medida a una pugna dentro de las estructuras del sindicato, sin que transcienda al conjunto de la clase. En estas circunstancias, el que tiene el poder lleva las de ganar. Y más cuando se amenaza, se chantajea, se disuelven órganos de dirección y se constituyen gestoras afines, se expulsa en pleno proceso congresual, etc. Si el debate sobre el modelo sindical se sustituye por la aritmética congresual, el resultado es un aumento de la confusión de los afiliados y que los conflictos de fondo se interpreten equivocadamente como enfrentamientos personales.

La nueva dirección no va a zanjar en absoluto la crisis y las diferenciaciones internas en CCOO Será un congreso cerrado en falso. Surgirán nuevas contradicciones y enfrentamientos.

El futuro del Sector Crítico

El Sector Crítico no se ve libre de estas contradicciones, con los aparatos de IU y del PCE propugnando un pacto con Fidalgo con el argumento de que el giro a la izquierda sólo se puede conseguir si se ocupan responsabilidades sindicales, y para conseguir éstas, hay que pactar con quien manda.

El Sector Crítico, en el que los marxistas de El Militante participamos desde su formación, representa a los militantes sindicales más conscientes y combativos que abogan por un giro a la izquierda y tienen una mayor perspectiva de clase. Pero esto no basta. La tarea fundamental del sector crítico es su implicación más activa en las luchas con su propio discurso, desde Sintel a Puertollano, desde la LOU a la guerra de Iraq, planteando al conjunto del movimiento obrero la necesidad de un giro a la izquierda. Será la fuerza que logremos entre las bases del sindicato la que nos permitirá asumir cargos sindicales de responsabilidad, y no al revés.

La presentación, por primera vez, de un candidato a la secretaría general, Agustín Moreno, es un paso adelante. Sería otro acierto que el sector crítico solicitase en este congreso el derecho a corriente, lo que nos permitiría estar en mejores condiciones para dirigirnos al conjunto de los afiliados y extender nuestra presencia e implantación.

El Sector Crítico tiene que mantener un perfil diferenciado dentro de CCOO y demostrarle en la práctica a los trabajadores que somos diferentes a la actual dirección. De lo contrario, nuestro futuro como Sector Crítico puede ser incierto.


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