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Los trabajadores de TMB continúan respondiendo a las provocaciones y ataques que sufren por parte de la empresa. En medio de las duras negociaciones para conseguir un nuevo convenio, la dirección de TMB trata, por un lado de revertir la victoria de la histórica lucha de los dos días y, de paso, desgastar al Comité de Convenio e introducir división y desmoralización en la plantilla.
Los trabajadores de TMB continúan respondiendo a las provocaciones y ataques que sufren por parte de la empresa. En medio de las duras negociaciones para conseguir un nuevo convenio, la dirección de TMB trata, por un lado de revertir la victoria de la histórica lucha de los dos días y, de paso, desgastar al Comité de Convenio e introducir división y desmoralización en la plantilla.

Dentro de esa estrategia, la empresa lanzó un órdago durante este verano. Respaldándose en el artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores, la empresa ha tratado de imponer su propio sistema de descansos y de distribución de la jornada. El 30 de julio, la empresa envió 3.800 burofaxes a los trabajadores donde se mal informaba de la nueva situación, sin explicar el derecho de los trabajadores a impugnar los planes de la empresa. Pero además obligaba a los trabajadores a posicionarse sobre la preferencia del disfrute del descanso. Este costoso método busca también amedrentar a los trabajadores y a sus familias. Aquellos trabajadores que no se posicionaron, han dejado de cobrar las horas extras.
A esta situación se suma la constante sucesión de nuevas sanciones y acusaciones que la empresa hace a los trabajadores, especialmente a los compañeros más destacados del Comité de Convenio. El 10 de septiembre fue el juicio contra Andreu de Cabo por el que la empresa pide cárcel por haber participado en los piquetes de las huelgas de los dos días. Desde enero hasta agosto de este año, la dirección de TMB ha abierto 40 expedientes sancionadores y 74 peticiones de "aclaraciones" sobre hechos a miembros del Comité de Convenio. La empresa ha recurrido a todos los métodos: hojas y páginas webs anónimas, SMS y llamadas desde teléfonos ocultos. Acusan al Comité de Convenio de que con su actuación van a conseguir la privatización de TMB y recomiendan que se exijan elecciones anticipadas para derrotar a la actual mayoría sindical. El Ayuntamiento de Barcelona trata de presentar una situación en TMB de caos y anarquía por culpa de la actual mayoría sindical. Realmente lo que rechazan es el modelo sindical que llevó a la máxima unidad de la plantilla y a la histórica lucha de los dos días de descanso. Todas estas maniobras buscan desgastar al Comité de Convenio para tratar de recomponer la situación de paz social anterior a la lucha de los dos días.
Para hacer frente a los chantajes de la empresa y decidir un plan de acción, el Comité de Convenio convocó asamblea de trabajadores con huelga, el pasado 7 de octubre. La respuesta de los trabajadores no pudo ser mejor: las líneas de autobús se paralizaron y la asistencia a la asamblea fue masiva. La propia empresa tuvo que reconocer más de un 65% de seguimiento del paro y alrededor de 1.500 trabajadores participaron en la asamblea. Los compañeros de El Militante estuvimos con los piquetes en las cocheras y posteriormente acudimos a la asamblea. La asamblea fue toda una demostración de la democracia obrera: debate político donde se habla claro y sin subterfugios y después se vota y se acata la decisión de la mayoría.
Dos ideas centrales estuvieron presentes tanto en las introducciones de los compañeros del Comité de Convenio como en la decena de palabras que hubo posteriormente: Por un lado, que la actuación de la empresa es inaceptable y no queda más remedio que la movilización y la lucha. Por otro lado, el tema de la unidad sindical.
Fue significativa la decisión de CCOO de, por primera vez, apoyar el paro y participar en la Asamblea. UGT debería de haber actuado de la misma manera. A pesar de la comprensiva desconfianza que despertó entre los trabajadores la intervención del responsable de CCOO, por parte del Comité de Convenio se tendió la mano a CCOO para que se sume a la lucha. La unidad sindical es fundamental, pero ésta tiene que basarse en acatar las decisiones democráticas adoptadas por la asamblea de trabajadores, algo que, por desgracia, los dirigentes de CCOO hasta el momento no han hecho.
Los trabajadores instaron al Comité de Convenios a continuar negociando, pero también marcaron una fecha tope. Si la dirección de la empresa no cede, el 11 de enero (fecha en que entra en vigor la imposición de la empresa a cuento del Art. 41) la plantilla de TMB irá a la huelga. La votación fue clara al respecto, la inmensa mayoría de los asistentes a la asamblea se pronunciaron en esa línea aunque un sector nada despreciable de los trabajadores optó por salir ya a la calle.
En este tipo de luchas es importante escoger muy bien cuando se tiene que responder a la empresa: la dirección trató de provocar en los meses previos a los trabajadores buscando precisamente que convocaran una huelga difícil de ganar. La fecha de una movilización la tiene que poner la plantilla, no la empresa. Pero también es cierto que dejar pasar el tiempo sin adoptar una decisión puede sembrar el escepticismo y la duda entre sectores de los trabajadores. La asamblea logró volver a demostrar que la plantilla está unida detrás del Comité de Convenio y que si son necesarias movilizaciones, todos responderán como un solo hombre.
En TMB los trabajadores han conquistado el derecho a decidir sobre su futuro y su trabajo. Lo hacen a través de la asamblea de trabajadores. Ésta es una conquista muy importante y es desde luego, el principal enemigo a batir por parte de la empresa. Por eso la empresa tiene una posición muy dura, inflexible y dictatorial. Quieren derrotar a los trabajadores para que no vuelvan a levantar la cabeza. Pero no es sólo una conquista de TMB, sino que es todo un ejemplo en estos momentos en que los derechos de los trabajadores están puestos en duda por parte de los capitalistas. Por eso, TMB somos todos.