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Durante este verano, los trabajadores de Vesuvius protagonizaron numerosas movilizaciones para  protestar contra el cierre anunciado por la dirección de la empresa. Desde el primer día, consiguieron recabar la solidaridad y la simpatía con su lucha de gran parte de la población. La marcha a Oviedo fue la mejor demostración del ánimo de los trabajadores y del ambiente combativo que se respiraba. No es para menos, pues son ya demasiadas las empresas que han ido desapareciendo a lo largo de décadas de reconversión industrial, crisis más o menos agudas, especulación empresarial etc.... Sin duda en la cabeza de muchos trabajadores de la cuenca del Nalón está fresco el recuerdo de Menasa y también la voluntad de que Vesuvius no siguiera el mismo camino.

Durante este verano, los trabajadores de Vesuvius protagonizaron numerosas movilizaciones para  protestar contra el cierre anunciado por la dirección de la empresa. Desde el primer día, consiguieron recabar la solidaridad y la simpatía con su lucha de gran parte de la población. La marcha a Oviedo fue la mejor demostración del ánimo de los trabajadores y del ambiente combativo que se respiraba. No es para menos, pues son ya demasiadas las empresas que han ido desapareciendo a lo largo de décadas de reconversión industrial, crisis más o menos agudas, especulación empresarial etc.... Sin duda en la cabeza de muchos trabajadores de la cuenca del Nalón está fresco el recuerdo de Menasa y también la voluntad de que Vesuvius no siguiera el mismo camino.

Finalmente, el 31 de julio se firmaba un acuerdo entre CCOO y UGT y la empresa que previamente había sido ratificado por la plantilla el día 28. El acuerdo consiste básicamente en la desaparición de unos 20 puestos de trabajo, a través de diversas medidas: prejubilaciones, bajas incentivadas, recolocaciones y algunos despidos con una indemnización mayor de la contemplada por la ley. Junto con esto, se aplicaría un nuevo ERE para el tiempo que queda del 2009 y para el 2010.

El desenlace del conflicto pone de manifiesto, en primer lugar, que el cierre planteado por la empresa no era ni mucho menos inevitable, ni estaba relacionado directamente con la actual crisis económica. Como los trabajadores denunciaron numerosas veces, se trata de una empresa con beneficios que además ha recibido cuantiosas ayudas públicas, y que lo único que pretendía era incrementar esos beneficios a pesar de la crisis económica. En cierto modo, eso es lo que le permite el acuerdo, pues esta reducción de un 20% de la plantilla supondrá un ahorro considerable de costes, sin que probablemente la producción se vea afectada cuando la situación se normalice, lo que quiere decir que los trabajadores tendrán que trabajar más.

Como venimos explicando desde hace meses, en un contexto de crisis capitalista mundial sin precedentes la lucha empresa por empresa es mil veces más dura que antes. Los empresarios están a la ofensiva y el paro aumenta de manera brutal tirando los salarios a la baja. Por otro lado los trabajadores están más presionados económicamente para soportar huelgas y conflictos prolongados. De esto no se desprende que sea imposible luchar o que los trabajadores no tengan ánimo para hacerlo. Todo lo contrario, como demostraron los trabajadores de Vesuvius que en una gran iniciativa ocuparon la empresa para presionar a la multinacional con el control de los stocks. Las Federaciones sindicales se encontraron con una situación a la que no estaban acostumbradas. La rutina anterior de movilizo-negocio-acuerdo se trastocó. La crisis ha puesto todo patas arriba. Lo mismo se puede decir de la marcha a Oviedo. ¿Quién puede negar que un puñado de trabajadores causara tanta conmoción a los vecinos de los pueblos y barrios que recorrieron? Se reflejó en las reacciones cuando un grupo de jóvenes del Sindicato de Estudiantes repartieron panfletos explicando la lucha de Vesuvius. El potencial de extender la lucha era posible, convocando una huelga general por lo menos en la cuenca minera donde confluiría con otros conflictos sin resolver. El gobierno de la izquierda hubiera movido ficha y la empresa lo tendría mucho más complicado. Pero las Federaciones sindicales prefirieron la vieja rutina, se sentaron y rebajaron las movilizaciones, entonces la empresa recuperó aire y fue al "plan B" de reducir plantilla.

El Secretario Gral. de FITECA-CCOO, Alfredo Suárez manifestaba que "teniendo en cuenta el punto del que partíamos y que la empresa se negó a dar alternativas, creo que hemos alcanzado un buen acuerdo" Precisamente esta mentalidad de que no podemos modificar las decisiones empresariales en lo fundamental, sino tan sólo paliar sus efectos, es la que nos ata de pies y manos ante los ataques de los empresarios. Pero hay que señalar que en la inmensa mayoría de los casos, no son los trabajadores los que muestran esta actitud sino más bien las direcciones sindicales en los diferentes niveles.

¿Qué faltó entonces? En nuestra opinión un Plan de Lucha más contundente y una determinación para llevarlo adelante. La crisis amenaza con prolongarse años. Los capitalistas exigen más ataques a la clase trabajadora para recuperar sus beneficios y seguir compitiendo en el mercado mundial. Esta batalla no está decidida de antemano. Es el momento de recuperar las mejores tradiciones de lucha como la ocupación de las empresas que amenacen cerrar y la coordinación de los conflictos. Pero para esto el papel de las direcciones sindicales es clave, la diferencia entre la victoria o la derrota.

No pretendemos dar lecciones y mucho menos ignorar las dificultades y la dureza de la lucha de Vesuvius. Nuestro afán es tratar de sacar las lecciones más útiles para las luchas futuras en otras empresas y también en la propia Vesuvius. Porque no debemos descartar que, pasado un cierto tiempo, la empresa de nuevo agite el chantaje del cierre para continuar debilitando a la plantilla, empeorando las condiciones laborales, etc... En esas circunstancias, hay un límite en cuanto a la reducción de plantilla que se puede aceptar sin poner en riesgo la existencia de la propia empresa en el corto plazo. Entonces se hará necesario retomar la defensa de los puestos de trabajo exigiendo incluso la nacionalización de las empresas afectadas, para protegerlas de la rapacidad empresarial.