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La planta de la Zona Franca desde 2003 obtuvo en total 306 millones de euros y a nivel mundial el ejercicio 2007/08 se cerró, en marzo de ese año, con un beneficio neto de 2.980 millones de euros. Mientras tanto, eso no les impedía recibir dinero público de la Generalitat en forma de subvenciones.

Ahora la situación ha cambiado. En octubre del año pasado, la empresa presentó un ERE de 1.680 trabajadores (el 40% de la plantilla) y se desarrollaron dos meses de lucha intensos, con una destacable manifestación por las calles de Barcelona, en la que convergieron diversas empresas en lucha, con más de 40.000 asistentes.
Nissan no pudo imponer los despidos tan fácilmente debido a la presión que causó la lucha de la plantilla, que se ganó la simpatía de la clase obrera de la ciudad. Así consiguieron retirar el expediente; mientras, se preparaba el siguiente ERE, esta vez temporal, de 3.332 trabajadores con una duración de tres meses. Los dirigentes sindicales planteaban la idea de que el ERE temporal significaría conservar los empleos y hacían alarde de los frutos de su sindicalismo "realista".
Llegó junio y presentaron otro nuevo expediente que pretendía eliminar 581 puestos de trabajo, que fue rechazado por el comité.
El día antes de las vacaciones, 30 de julio, cientos de trabajadores se quedaron a las puertas de la fábrica al comienzo del turno sin que sus tarjetas de acceso les permitiesen el paso: así fue como la empresa anunció a sus empleados que se había aprobado un nuevo ERE de 698 despidos. Si tenemos en cuenta todas las bajas "voluntarias" y los últimos despidos de julio, la empresa ya ha echado a unos 1.500 trabajadores (prácticamente el número que plantearon en octubre de 2008). Es decir, que pese a que los dirigentes sindicales plantearan que el ERE temporal salvaría los empleos, esta medida lo único que hacía era dar tiempo a la empresa para imponerlos por diferentes vías (los llamados "despidos no traumáticos" y los directos).
El último episodio se vivió a finales de agosto, cuando la empresa anunció un nuevo ERE temporal de 2.025 trabajadores por un máximo de 78 días. Mar Serna, consellera de Treball, lejos de tomar una postura firme a favor de los intereses de los trabajadores, respondió que "no había sido ninguna sorpresa".

¿Qué nos ofrece l sindicalismo ‘práctico'?

Hace unos días, el secretario de Acción Sindical de UGT, Toni Ferrer, afirmó que la patronal debe regresar "a la senda del bien". Pero hay que comprender que en la agenda de la patronal, más en estos momentos de crisis, se encuentra la defensa de sus beneficios y no la del empleo. Por eso, hay que ser claros, no se trata de una cuestión de buena o mala voluntad, sino una cuestión de intereses de clase. Crear expectativas en la patronal revela el tipo de sindicalismo que defienden las cúpulas sindicales, que nos está llevando empresa tras empresa a aceptar todo el razonamiento de la clase dominante y, por tanto, los despidos.
Se han destinado miles de millones de euros de los Estados europeos a la automoción. Es dinero público que va a ir a parar a manos privadas, dejando cada vez más degradada la sanidad y la educación pública. ¿Hemos de confiar en que los capitalistas generen empleo e inviertan nuevamente por amor desinteresado a la sociedad o todo ese dinero, que sale de los bolsillos de los trabajadores, servirá para salvar los beneficios de los altos ejecutivos mientras siguen aplicando los planes de despidos?

La única alternativa viable

Los dirigentes de CCOO y UGT deberían poner en pie de guerra a la clase obrera ante tal despilfarro y trazar un plan de lucha serio para garantizar los empleos. Es necesario romper con la lógica de la empresa, según la cual sobran trabajadores. La única solución para mantener el trabajo de toda la plantilla es la nacionalización y planificación de la producción bajo control obrero. Los empleos estarían más que garantizados con un plan industrial que produjera vehículos con el nuevo sistema eléctrico, con el fin de renovar tanto vehículos particulares, como de transportes públicos y vehículos especiales para el trabajo (camiones, tractores...).
Para ello, es vital lanzar un plan de lucha decidido, y que implique un rechazo a los métodos burocráticos donde sólo vale la mesa de negociación. Los trabajadores mediante las asambleas han de ser quienes decidan todos los aspectos importantes de la lucha. Es indispensable buscar el apoyo de toda la clase obrera barcelonesa y estatal y vincularse con las diferentes industrias automovilísticas para unificar el movimiento y lanzar una campaña que culmine en una gran huelga general con el fin de obligar al gobierno socialista a que aplique una política de izquierdas en interés de la mayoría de la sociedad, los trabajadores.