Imprimir

Hay que defender un programa de ruptura con el capitalismo

El argumento principal que esgrimen los dirigentes sindicales en contra de la convocatoria de una huelga general es que no se están produciendo "ataques directos" a la clase trabajadora. ¿Qué está ocurriendo en la realidad? Sólo en los tres primeros meses de 2009 el paro ha crecido en más de 800.000 personas afectadas, en casi dos millones en los últimos doce meses y la cifra total supera ya los cuatro millones. En marzo había más de un millón de hogares en los que todos sus miembros están en paro. Se prevé que a lo largo del año más de un millón de trabajadores se queden sin prestación por desempleo. Los cierres de empresa y los desahucios por impago de las hipotecas están creciendo de forma acelerada.

El argumento principal que esgrimen los dirigentes sindicales en contra de la convocatoria de una huelga general es que no se están produciendo "ataques directos" a la clase trabajadora. ¿Qué está ocurriendo en la realidad? Sólo en los tres primeros meses de 2009 el paro ha crecido en más de 800.000 personas afectadas, en casi dos millones en los últimos doce meses y la cifra total supera ya los cuatro millones. En marzo había más de un millón de hogares en los que todos sus miembros están en paro. Se prevé que a lo largo del año más de un millón de trabajadores se queden sin prestación por desempleo. Los cierres de empresa y los desahucios por impago de las hipotecas están creciendo de forma acelerada.

¿No hay ataques para convocar una huelga general?

Si esta oleada de cierres de fábricas y despidos no puede considerarse como un "ataque" a los trabajadores, al que habría que responder ¿deben los trabajadores aceptar pasivamente esta situación como algo inevitable? Si la actitud hacia las consecuencias de la crisis es la resignación, ¿qué sentido tienen las numerosas manifestaciones contra el desempleo convocadas por CCOO y UGT en diferentes comunidades autónomas a lo largo de los últimos meses? Y si, efectivamente, estas movilizaciones son para defendernos de los ataques que se están produciendo empresa a empresa, pero que tienen en todos los casos un fondo común, la crisis capitalista, de la que los trabajadores no somos responsables ¿acaso no es mejor pasar a otra fase de la movilización, unificando y extendiendo las luchas y confluyendo en una huelga general?
En realidad, el argumento de que "no hay ataques directos" no se sostiene de ninguna manera, salvo que llevemos la discusión a un debate formal y por lo tanto falso y alejado de la realidad. ¿Se quiere decir que sólo se pueden considerar "ataques" nuevas medidas legislativas, como una nueva reforma laboral o un recorte de las pensiones? Efectivamente, estas medidas, para cuya aprobación la patronal y la derecha están presionando duramente, supondrían ataques todavía más profundos. Sin embargo, sin estas medidas ya estamos asistiendo a un deterioro acelerado de las condiciones de vida de la clase obrera, ya estamos asistiendo a un incremento galopante de la pobreza y de la miseria y lo más grave es que no existe ninguna perspectiva de que esta situación vaya a cambiar en los próximos meses e incluso años. Los datos sobre el desplome de la inversión en bienes de equipo, producción industrial, demanda eléctrica de la industria, las importaciones y el consumo de las familias indican que la crisis sigue en una fuerte tendencia descendente, de consecuencias prolongadas.
Si la destrucción de empleo continúa al ritmo del primer trimestre, o incluso si disminuyera, superaremos ampliamente los cinco millones de parados antes de que finalice el año, sobrepasando largamente el 20% de la población activa. No se trata de una especulación forzada, de una exageración. Son las perspectivas que suministran los propios capitalistas y sus instituciones. ¿A qué esperar para decir basta? ¿Por qué no tomar la iniciativa desde ya, dando una respuesta contundente de la clase obrera a esta situación?
Además, precisamente porque sabemos que existe el peligro de más ataques es más necesario que nunca una respuesta contundente y general de la clase obrera desde ya. Cuanto más desempleo, cuanto más cierres de fábricas, cuanta más desesperación de las familias para buscar a una salida individual a la falta de empleo, cuanto más cale la percepción de que los sindicatos no han hecho lo suficiente para luchar contra esta situación... peores condiciones para hacer frente a los nuevos ataques que la burguesía tiene preparados.
La táctica de la derecha respecto al PSOE -no sólo del PP, sino también la de CiU y del PNV- es la de usar y tirar, con el fin de obtener ventajas por partida doble: presionar al máximo al gobierno para que tome medidas de choque contra los trabajadores, medidas necesarias para la burguesía a quien la derecha representa, y de paso conseguir, cada vez que el gobierno ceda a esta presión, desprestigiarlo ante su propia base social. Y en todo caso, si el gobierno no se atreve a tomar medidas drásticas para evitar la confrontación con los trabajadores, las brutales consecuencias que está teniendo la crisis para los trabajadores, por sí mismas, sin que el gobierno esté haciendo nada efectivo para evitarlo, son un gran factor de desgaste que propicia una situación más favorable para una vuelta de la derecha al gobierno.
Por lo tanto, otro argumento esgrimido contra la huelga, que esta es "inoportuna" porque puede favorecer a la derecha, tampoco se sostiene. No podemos olvidar que si el PSOE está en el gobierno no es por lo atractivo de su política sino por la profunda, extensa y prolongada oleada de movilizaciones que hubo contra la derecha entre el año 2000 y 2004. Es precisamente retomando la senda de la lucha y de la movilización para obligar al gobierno a hacer una política realmente de izquierdas la mejor manera de evitar la vuelta del PP al gobierno. 
Evidentemente, el objetivo de la huelga general tiene que ser obligar al gobierno a cambiar de política, a hacer una política económica realmente distinta a la practicada por los gobiernos de la derecha, que es el principal enemigo de los trabajadores. Lo que favorece a la derecha no es la lucha, sino el fracaso de las políticas socialdemócratas para resolver los problemas de las masas. Ni los 150.000 millones de euros destinados a la banca privada ni los 8.000 millones del plan de choque para impulsar la inversión pública desde los ayuntamientos han tenido el más mínimo efecto en desviar la crisis de su poderosa espiral descendente. Lo que sí se ha conseguido es provocar un incremento brutal del déficit público y de la deuda, lo que implicará, siguiendo la lógica del capitalismo, una presión igualmente brutal en dar una nueva vuelta de tuerca en los recortes del gasto social en los próximos años.

Crisis ministerial

La reciente crisis de gobierno refleja las tensiones provocadas por las tremendas presiones, en sentido opuesto, que está recibiendo. Hay una contradicción insoluble entre la necesidad de satisfacer las exigencias de la burguesía en momentos de crisis y el miedo de la dirección del PSOE a un enfrentamiento abierto con los trabajadores, con su base social. En declaraciones a la prensa, una persona del equipo de Solbes explicaba su salida del gobierno en los siguientes términos: "No era cansancio, era que estaba convencido de que había que aprovechar la crisis para hacer reformas estructurales, que serían dolorosas e impopulares, pero necesarias a medio plazo" (El País, 19 de abril de 2009). El mismo artículo señala más adelante: "La idea del vicepresidente era meter mano en esta legislatura a, entre otros asuntos, la flexibilización del mercado laboral...".
Sin embargo, la salida de Solbes -un fiel representante de los intereses de la burguesía- por sí misma no va a resolver nada. Tras los cambios de ministros en Semana Santa el gobierno ha tratado de dar una sensación de control e iniciativa, pero esta maniobra de imagen ha tenido poco recorrido. Las recientes declaraciones del gobernador del Banco de España exigiendo una reforma de las pensiones basada en el aumento de la edad de jubilación y la reducción de sus cuantías y los datos sobre el incremento desbocado del paro ofrecidos por la última Encuesta de la Población Activa (EPA), antes mencionados, revelan que la contradicción de fondo sigue ahondándose y que no hay un camino intermedio entre los intereses de los capitalistas y el de los trabajadores. El gobierno trata de situarse en un punto de equilibrio entre dos clases con intereses objetivamente enfrentados, y en este punto medio no contentará ni a unos ni a otros.

CCOO y UGT tiene la clave de la situación política

En realidad, la clave de toda situación política converge en la actitud que adopten los dirigentes de CCOO y UGT. Está en sus manos que todo el malestar social producido por la crisis se canalice en lucha, organización, aprovechando toda la fuerza potencial que tiene la clase obrera y que hasta ahora no ha podido expresarse en esta crisis precisamente porque no se ha dado un cauce efectivo en el que poder desplegarse.
La mejor prueba de que existen condiciones para la convocatoria de una huelga general es la necesidad constante de los dirigentes de CCOO y UGT de negarla, y esporádicamente, de admitirla. La huelga general en Eukal Herria, convocada para el día 21 de mayo, pese a la negativa de los dirigentes de CCOO y UGT apoyarla, es también otro síntoma del ambiente real.
En la entrevista que realizamos al compañero Toxo, publicada en El Militante de abril, argumentaba: "a las organizaciones y personas que de buena fe nos animan a convocar una huelga general, y en muchos casos lo hacen porque ya está bien", o para que los trabajadores ‘no paguen las consecuencias de la crisis', debo decirles que nuestra percepción de la situación y los instrumentos que hoy consideramos útiles para enfrentarnos a la misma no pasan por la huelga general". Sin embargo, el 25 de abril, según La Voz de Galicia advirtió "que el escenario de una huelga general está cada vez más cerca si las medidas de presión y los planes económicos del Ejecutivo no surten el efecto esperado" especificando incluso, en una asamblea de CCOO de Pontevedra, que "no descartamos la huelga general para los meses después del verano".

Sindicalismo combativo y socialismo

Ni la burguesía, ni el gobierno, ni los dirigentes sindicales quieren un escenario de confrontación, pero la fuerza de los procesos objetivos, la contradicción entre intereses de clase irreconciliables y la necesidad de la clase obrera de expresar su fuerza finalmente acabará imponiéndose en la situación.
Una huelga general tendría enormes implicaciones políticas en la actual situación de crisis general del sistema capitalista y de profundo malestar social; podría propiciar el inicio, la primera fase de un salto a la participación activa en la vida sindical y política de una nueva capa de la clase obrera, fresca y combativa. En realidad, ni es la "falta de ataques", ni el "momento  inoportuno" lo que está provocando la resistencia de los dirigentes sindicales a dar este paso. El principal temor de los dirigentes sindicales es que una huelga general acelere un escenario de confrontación abierta entre las clases que ponga en evidencia el fracaso de la política de consensos con la patronal y acción sindical del "mal menor"; una política que ha demostrado su total inutilidad en tiempos de crecimiento económico y que tiene todavía menos que ofrecer en tiempos de crisis.
Hay crisis y crisis, huelgas generales y huelgas generales. Esta crisis está desvelando a los ojos de millones de trabajadores y jóvenes de todo el mundo, la naturaleza parasitaria y podrida del sistema capitalista; necesariamente, todas las expresiones generales de malestar de los trabajadores y de la juventud que se produzcan en el futuro estarán marcados por esta profunda desconfianza en el sistema, que se ha incubado en los últimos años, y por la necesidad de buscar una alternativa a este tipo de sociedad y a todos aquellos que directa o indirectamente lo han defendido como único sistema posible.
En el nuevo escenario mundial la lucha sindical está directa y automáticamente ligada a la lucha política. No se puede defender seriamente los derechos más elementales de la clase obrera sin un sindicalismo combativo y no puede haber sindicalismo combativo, serio, que aspire a ganar la mayoría del movimiento obrero y convertirse en un referente decisivo para la lucha, sin una perspectiva política de transformación socialista de la sociedad, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, la supresión de las fronteras nacionales y la democracia obrera, en la que la mayoría de los seres humanos seamos dueños efectivos de nuestras vidas y nuestro futuro.