Imprimir

"La única manera de luchar contra un mal sindicalismo es organizándonos, hay que pasar a la acción"

 

“La única manera de luchar contra un mal sindicalismo es organizándonos, hay que pasar a la acción”

El Militante.- Los datos sobre los efectos sociales del actual crecimiento económico son muy reveladores: incremento de las desigualdades, pérdida de poder adquisitivo, precariedad escandalosa, el estrés y la depresión tienen ya un carácter epidémico, afectando a una parte importante de los asalariados. El malestar de los trabajadores contrasta con el pactismo de los dirigentes sindicales. ¿A qué crees que obedece este distanciamiento tan grande entre dirigentes y bases?
Xaquín García Sinde.- Yo creo que hay dos causas fundamentales: una política y otra material. La política es que los dirigentes sindicales no cuestionan el capitalismo. Sí, hay cosas que no les gustan, pero el problema es que, si tú aceptas el sistema, estás obligado también a aceptar su lógica. Y la lógica capitalista es el ataque a las condiciones de la clase obrera. Por eso, a excepción de la huelga general de 2002 -motivada en gran medida porque Aznar los dejó con el culo al aire y no lo podían consentir-, Fidalgo y Méndez vienen colaborando con la burguesía en recortar los derechos de los trabajadores (reformas laborales y de las pensiones, topes salariales, etc.). Y todo con la esperanza de que los mayores beneficios empresariales redunden en mejor empleo, lo cual es una esperanza vana, como demuestra la realidad. Este esquema desnaturaliza a los sindicatos, tiende a convertirlos en gestorías laborales que enfocan las cosas fundamentalmente desde un punto de vista legalista. Y en última instancia, acaba por llevar a concebir el sindicato como una institución cuya función es contribuir a la buena marcha de la economía del país.
La otra causa, la material, se deriva de la primera. Si los sindicatos son un pilar institucional más de la democracia burguesa, es lógico que el Estado los financie. Y cuando un sindicato no depende de las cuotas de los afiliados, sino de las subvenciones, su burocracia adquiere un gran grado de independencia respecto a los trabajadores porque quien paga, manda.
EM.- En el último período hemos tenido conflictos importantes, como Delphi o el metal de Vigo. ¿Qué rasgos comunes ves en estas luchas? ¿Cuáles son sus implicaciones para el futuro del sindicalismo?
XGS.- Lo primero que hay que decir es que esos conflictos demuestran que la clase obrera sigue existiendo y que tiene fuerza cuando se organiza y moviliza. En cuanto a sus rasgos, yo creo que los fundamentales son dos: la enorme combatividad de los trabajadores involucrados y la simpatía del resto. Esto tiene una explicación. Por un lado, la gente está harta de precariedad, de abusos patronales, de vivir angustiada pensando en el euríbor, etc. Y por otro lado, como los dirigentes sindicales no actúan ante el deterioro laboral que se sufre, la tensión se acumula, dándole a los conflictos un carácter explosivo.
Respecto a las implicaciones, yo creo que la principal, como se vio claramente en Vigo, es que la precariedad no es un obstáculo insalvable para la lucha obrera. Puede crear dificultades dentro de las empresas, pero esas dificultades se pueden superar aunando fuerzas a través de la extensión de la lucha. Otros aspectos muy importantes para el futuro son que los jóvenes van a dar la talla y que la autoridad de los dirigentes sindicales está muy mermada. La gente es muy crítica con ellos porque no los sienten cercanos. Los toleran, pero no se fían. Esto significa que cuando las cosas se pongan más crudas, si no responden a las demandas y sentimientos de los trabajadores, la posibilidad de que los dirigentes oficiales sean desbordados, sobre todo en el calor de una lucha, será alta.
EM.- En verano tuvimos el encarcelamiento de Cándido y Morala, dos sindicalistas muy conocidos en Asturias. Pero también están proliferando ataques menos conocidos a comités de empresa y trabajadores que quieren romper con la situación de explotación en sus fábricas. ¿A qué crees que se debe?
XGS.-
Cándido y Morala son la punta de un iceberg. Muchos trabajadores combativos están sufriendo represalias patronales. Sin ir má lejos, en El Militante de septiembre se publicaban los casos de dos delegados de CCOO, uno de SERUNIÓN (Málaga) y otro en GRESAN (Teruel). Los empresarios serán unos sinvergüenzas, pero no son tontos. Saben que la paz social es fundamental para obtener los enormes beneficios que están amasando, y por eso intentan extirpar cualquier atisbo de lucha de clases. Y después de los acontecimientos económicos del verano, que anuncian una época de vacas flacas, pensarán que todavía les es más necesario eliminar "estorbos".
EM.- Esa perspectiva de que la economía española se vea afectada por la crisis financiera internacional toma cada vez más cuerpo. ¿Para qué deben estar preparados los trabajadores y qué reivindicaciones se deben defender ante un eventual cambio de ciclo económico?
XGS.-
Hay dos ideas que siguen vigentes. Una es esa de que cuando EEUU se constipa, Europa pilla una pulmonía. La otra es que, cuando la economía crece, España crece más que el resto de Europa, pero cuando cae, la caída aquí también es mayor. Si a esto le sumamos una tasa de precariedad de un tercio de la fuerza laboral y que precisamente la construcción fue el motor del "milagro" económico español de los últimos años, es bastante obvio que las cosas van a cambiar a peor, empezando por los jóvenes y por los trabajadores inmigrantes, que soportan tasas de precariedad de más del 70% y que en muchísimos casos no tienen una familia que les pueda echar una mano.
En los últimos diez años, mientras los empresarios se forraban, los salarios reales han estado congelados. Esto no impidió que los precios se hayan desbocado, a pesar de que tantas veces se nos dijo que la inflación era culpa de los aumentos salariales. Con esto quiero decir que los trabajadores no tenemos ninguna responsabilidad en la crisis económica del capitalismo y, por tanto, no podemos aceptar que seamos nosotros los que paguemos los platos rotos de la crisis, que es lo que va a pretender la burguesía. Por tanto, tenemos que prepararnos para luchar en defensa de todos los empleos, en defensa de nuestros derechos y para exigirles a los empresarios aquellas demandas necesarias para que mejoren nuestras condiciones de vida y trabajo.
EM.- Estarás en la II Conferencia Sindical de EL MILITANTE. ¿Qué le dirías a un trabajador para que se organice en nuestra corriente?
XGS.-
Yo creo que otra vez vuelve a haber la necesidad de que los trabajadores sientan que tienen a su lado, codo con codo, a trabajadores conscientes, trabajadores militantes, trabajadores conocedores de la teoría marxista, que no es nada más que la experiencia concentrada de la lucha de las anteriores generaciones de trabajadores, para que las lecciones de las luchas del pasado nos sirvan para preparar las luchas del futuro. Le diría que, si cree que las actuales direcciones sindicales no sirven y quiere cambiarlas, no basta con lamentarse, que tiene que pasar a la acción, que la única manera de luchar contra un mal sindicalismo es luchar por uno bueno y que tiene que organizarse con los que pensamos igual, para ayudar a construir en los sindicatos una corriente marxista que recupere un sindicalismo combativo, de clase y democrático.