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Terminábamos el artículo sobre LAVACHEL, conscientes de las dificultades enormes que se presentaban para sacar adelante la huelga. Recientemente conocíamos las desconvocatoria de la misma y la firma de un Convenio Colectivo con vigencia hasta el 2009.

Terminábamos el artículo sobre LAVACHEL, conscientes de las dificultades enormes que se presentaban para sacar adelante la huelga.

Las circunstancias de dicha desconvocatoria no hacen sino dar más validez a las conclusiones que señalábamos en el artículo anterior. Como no podía ser de otra manera, las maniobras antisindicales han continuado, dividiendo a la plantilla y aislando a las trabajadoras más decididas del resto, con la connivencia nuevamente de las direcciones regionales de UGT y USO. La actitud de las federaciones de UGT y USO durante todo el conflicto, respecto a un Comité de Empresa que ha intentado no plegarse a las presiones, ha sido indignante y contrasta por ejemplo con el titular que se exhibía en la web de USO al poco de celebrarse las elecciones sindicales "USO logra la mayoría absoluta en LAVACHEL".  Que irónico resulta que poco después, cuando mayor tenía que haber sido el apoyo a esos trabajadores que les votaron mayoritariamente, no se encuentre en esa misma web ni una sola referencia a la huelga que han protagonizado.

¿Una asamblea democrática?

Sin embargo, el lunes 10 de septiembre, se convocaba nuevamente una asamblea, de la cual no se informa al Comité de Empresa, con el argumento de que la misma había sido solicitada por la inmensa mayoría de la plantilla para pedir la mediación de ambos sindicatos en el conflicto. Por supuesto, no ponemos en cuestión la legitimidad de los trabajadores para solicitar una asamblea cuando lo consideren conveniente, más en una situación tan extrema como esta. Lo que no está tan claro son las circunstancias en que se llevó a cabo la misma: para empezar y conociendo la trayectoria previa de la empresa, a cualquiera le surge, cuanto menos la duda de la "libertad" con  la que estamparon su firma en la solicitud de asamblea al menos una parte de la plantilla. Presiones, amenazas y engaños han sido el pan nuestro de cada día, desde que comenzaran a organizarse sindicalmente y no hay ningún motivo para suponer que eso haya cambiado en modo alguno. De hecho, cuando se convoca la misma, algunas trabajadoras creen que el objetivo es informar de cómo está la situación con la empresa, en ningún momento se les dice que se va a someter a votación la propuesta empresarial.
 Por supuesto, ni esto, ni la desconvocatoria de la huelga aparecen en el orden del día de dicha asamblea, del que por otra parte, no hay ninguna constancia escrita. Las consabidas maniobras de garantizar la presencia del personal técnico, avisar a algunos de los que se encuentran actualmente de baja, facilitar la máxima asistencia de algunos contrasta con el "olvido" de convocar a otras en las mismas circunstancias e incluso de avisar al propio Comité de Huelga, que hubo de enterarse de forma casual.
 En todo caso, no puede obviarse que el resultado de la asamblea fue mayoritariamente favorable a los planteamientos de la empresa. Ahora bien, esto por sí mismo no explica nada y mucho menos es una victoria del sindicalismo "responsable" del que hacen gala las actuales direcciones sindicales, sino una nueva muestra del abandono total de los principios más elementales del sindicalismo de clase, pues una vez más le han hecho el juego a la patronal, han dividido en lugar de unir, han debilitado la confianza de los trabajadores, cuando su obligación es fortalecerla y, en definitiva han dado un balón de oxígeno para que las cosas continúen como siempre durante más o menos tiempo.

Las conquistas de la lucha

Porque ni siquiera las concesiones que el dueño de LAVACHEL, Jorge Gumiel, se ha visto obligado a hacer pueden atribuirse a las gestiones de estos "sindicalistas". De hecho, si como refleja estos días la prensa regional, han conseguido firmar un convenio que contempla subidas salariales del 14%, el 7% y el 7% para los tres años de vigencia esto rompe la dinámica general y, desde luego, está muy por encima del último acuerdo entre la patronal y los secretarios generales de CCOO y UGT a nivel estatal, si bien sabemos que partiendo de salarios tan bajos, estas subidas continúan muy alejadas de lo que debe ser un salario digno. Como no creemos que de repente un empresario con prácticas mafiosas y caciquiles, como Jorge Gumiel haya tenido un arranque de generosidad sin precedentes, sólo podemos atribuir esto a la determinación que han mostrado estas compañeras durante toda la huelga, y nos confirma que se podían haber conseguido mejoras mucho mayores, de haber contado con el apoyo de las direcciones sindicales, para contrarrestar el miedo y las presiones de la empresa, garantizando el libre ejercicio del derecho de huelga.
 Seguimos pensando que la plataforma presentada por el Comité de Empresa es un ejemplo de cómo abordar la lucha por las mejoras de vida de los trabajadores, rompiendo la tendencia de retrocesos y atropellos que venimos sufriendo en los últimos años. Por eso es más importante aún que continuemos mostrando nuestra solidaridad y apoyo a estas compañeras, que por supuesto se enfrentan en estos momentos a las represalias de la empresa. No es admisible que, tras el fin de la huelga, deban soportar la revancha de la dirección en forma de castigos tales como el cambio de puesto de trabajo a otros más duros, los aumentos en los ritmos y por supuesto, los insultos, calumnias y descalificaciones.

Contra las represalias ¡Solidaridad!
 
Deberían ser las direcciones sindicales regionales quienes tomaran cartas en el asunto, para evitar esta situación. Esperamos que actúen en ese sentido pero, en tanto se deciden a ello pedimos a todos aquellos que defienden un sindicalismo de clase y combativo que envíen la resolución de protesta que reproducimos en estas páginas y que pueden descargar en la web estatal de El Militante (www.elmilitante.org).
 Jorge Gumiel puede haber ganado esta primera batalla. Pero lo importante es que entre un sector de la plantilla de LAVACHEL ha calado la idea de que es necesario y posible luchar. Nos atrevemos a decir que se ha roto la impunidad patronal en la empresa, aunque momentáneamente parezca salir fortalecido. Las terribles situaciones que han vivido servirán para aumentar la experiencia y la confianza en sus fuerzas. En las inevitables derrotas se está forjando el relevo que necesitan los trabajadores para superar el tapón que ahora mismo suponen toda una capa de dirigentes sindicales, anclados en la política de la paz social a costa de nuestros sacrificios.

Recientemente conocíamos las desconvocatoria de la misma y la firma de un Convenio Colectivo con vigencia hasta el 2009.

Campaña de envío de resoluciones de solidaridad con las trabajadoras de Lavachel

Ver artículo sobre la lucha publicado en el extra de El Militante - Asturias