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El pasado 23 de noviembre el Sindicato de Obreros del Campo organizó en El Coronil la I Jornada de la Mujer Jornalera. Este acto fue considerado como un acontecimiento histórico y los compañeros de El Militante que estuvimos presentes coincidimos pl El pasado 23 de noviembre el Sindicato de Obreros del Campo organizó en El Coronil la I Jornada de la Mujer Jornalera. Este acto fue considerado como un acontecimiento histórico y los compañeros de El Militante que estuvimos presentes coincidimos plenamente. Unas 300 personas, de las cuales más del 90% eran mujeres trabajadoras, se reunieron para discutir los enormes problemas que aquejan a las jornaleras. Hubo tantas intervenciones que el acto se quedó corto. Una compañera de Posadas (Córdoba) explicó que cuando van a pedir trabajo a una finca les obligan a llevar por cada mujer a un hombre, si no vas con uno simplemente no te dan trabajo. Cuando ella dijo esto saltaron voces “¡eso pasa en todos los pueblos!” Algunas trabajadoras se presentan en la finca sin el hombre, exigiendo que ellas quieren, pueden y necesitan trabajar. Entonces les hacen esperar: si queda algún hombre libre, sin pareja, entonces pueden ponerse a trabajar; si no se tienen que volver como buenamente puedan para casa sin haber podido hacer ningún jornal ese día.

Otra compañera de Jódar (Jaén) explicaba como, tanto a los jornaleros como a las jornaleras les hacen trabajar en condiciones horribles. En la época del espárrago muchos emigran a Navarra para su recogida. Los empresarios se han sacado de la manga últimamente que si el espárrago se recoge de noche es mejor, ¡tiene mayor calidad! Y ya esté lloviendo o haciendo un frío insoportable, tienen que recoger de noche el espárrago. Pero la jornada para estas obreras no acaba con el espárrago. Cuando llegan a la finca, o donde estén viviendo esos días, tienen que ponerse a lavar la ropa de trabajo, a guisar... Antes han dejado a sus hijos en Andalucía con los abuelos o con quien puedan... si pueden. “Estamos hartas de que se nos trate como trapos sucios... por eso hay que luchar”.

La compañera de la Rinconada también habló de la discriminación en la comarca sevillana de La Vega. Y explicó como los manijeros (jefes de cuadrilla) se aprovechan de los jornaleros. Aquí las cuadrillas están formadas por unos 25 jornaleros. El empresario paga 25 jornales para que cada día se recoja la naranja y el melocotón necesario para llenar un camión entero. Pero si falta 1, 2 o 3 trabajadores por cualquier motivo un día el manijero se queda con el dinero de esos jornales, ya que el trabajo se tiene que acabar de todas formas. En la cuadrilla de esta compañera cuando falta alguien esos jornales se reparten entre todos, pero en la mayoría no es así. Esto está llevando a que algunos manijeros en lugar de coger directamente a 25 trabajadores cogen sólo a 18 o 20, obligando a estos a trabajar más duro para acabar la jornada, mientras él se queda con los salarios diarios de los 5 o 7 jornaleros que no han contratado. Si a esto se le suma que algunos tienen varias cuadrillas, la fórmula les sale redonda a estos chupópteros.

Muchas compañeras hablaron de la emigración. Una de Fuentes de Andalucía (Sevilla) explicó que ella se tira nueve meses fuera de casa, que sólo conoce maletas en una camioneta, que hasta le da asco llegar a casa porque no sabe ya si sigue siendo suya. Ésta misma explicó como trabajando en la fresa en Huelva tuvo un accidente y se hizo daño en una pierna. Se fue a la mutua y allí no aceptaron que se había herido en el puesto de trabajo. Entonces, como si fuera un perro, la sacaron en camilla hasta la calle. La compañera se puso en contacto con el SOC, el cuál obligó a que la ingresaran en el hospital y se le reconociera el accidente laboral. Agradeció emotivamente al sindicato lo que había hecho por ella.

Muchas más hablaron. Una explicó las dificultades de las mujeres obreras para luchar. Esas dificultades no son sólo por la falta de tiempo que tienen por la doble jornada laboral, fuera y dentro de casa. También porque hay muchos prejuicios entre bastantes trabajadores de que sea una mujer la que organice a los jornaleros, la que los levante contra los patronos. Ella es jornalera y secretaria general del SOC en su pueblo. Y a pesar de todas esas dificultades y prejuicios, sigue con la lucha.

Pero como muy bien dijo una compañera de El Coronil: “cuando no hay organización, vemos la barbarie con la que se nos trata en los tajos, sobre todo a las mujeres. Por eso es tan importante el trabajo que está haciendo el SOC”. En Alcalá del Valle hace apenas un año y medio el SOC no existía; hoy son 450 afiliados. Igual en Morón de la Frontera y en otros muchos pueblos.

Reivindicaron igualdad en los salarios, en las condiciones laborales, guarderías públicas, etc. Reivindicaron la Reforma Agraria. Reivindicaron que los compañeros trabajadores las apoyaran allí donde estén; también dentro de casa, aportando por igual en las faenas domésticas.

El SOC había organizado para este acto una guardería para que todas las madres pudieran participar en la asamblea. Como dijo Cañamero, esto es histórico porque no son mujeres abogadas, empresarias, etc., las que se estaba reuniendo. Éstas, por supuesto, tienen total derecho a hacerlo. Pero en esta ocasión eran las obreras, las jornaleras que trabajan en la tierra y en la casa, las mismas que son explotadas por los empresarios todos los días las que hoy tenían voz.

Los compañeros del SOC les escribieron una carta que se leyó y que en uno de sus párrafos decía: “Cómplices eternos en el tajo, en la fábrica, la tienda y la oficina contra los que desean acortar las faldas de los uniformes, los sueldos y los derechos, pero cómplices también contra los que dentro de nuestra trinchera de explotados convierten la convivencia diaria con vosotras en una caza de carne [...] Os proponemos pues una alianza [...] Tomarnos de las manos y ocupar juntos toda la tierra que pisamos [...] Y caminemos juntos”.

Raquel E. Andreu

Sevilla