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En las últimas semanas se ha intensificado la inestabilidad social y política en todo Oriente Medio. Si después de la guerra de Iraq, y su posterior ocupación, parecía que no cabía la posibilidad de empeorar aún más la situación en esta zona del mu En las últimas semanas se ha intensificado la inestabilidad social y política en todo Oriente Medio. Si después de la guerra de Iraq, y su posterior ocupación, parecía que no cabía la posibilidad de empeorar aún más la situación en esta zona del mundo, la política agresiva y brutal del imperialismo israelí ha añadido aún más combustible a las llamas. En junio, después de un amago de retirada de Gaza del ejército israelí, éste utilizó la excusa del secuestro de un soldado israelí, para volver a ocupar la e iniciar una brutal ofensiva contra el pueblo palestino.

Este frente se ha convertido en la guerra olvidada de Oriente Medio, por supuesto con el beneplácito del imperialismo estadounidense y europeo. Una guerra que prácticamente ha desaparecido de los medios de comunicación. Poco después el imperialismo israelí comenzaba otra ofensiva militar contra Líbano, la excusa era la misma, el secuestro de dos solados israelíes por Hezbolá. Los argumentos, de nuevo, idénticos: “el derecho de Israel a defenderse ante el terrorismo”, “todo es consecuencia de una provocación de Hezbolá” y un largo etcétera de excusas habituales ya en los voceros del imperialismo para justificar así su “guerra contra el terrorismo”. Pero, una vez más, olvidan mencionar que el verdadero provocador es el Estado sionista de Israel, que desde que tuvo que salir de Líbano no ha cejado en sus ataques contra este país. Según la ONU, las incursiones de la aviación israelí en territorio libanés entre 2001 y 2003 han sido “casi diarias” y hasta 2006 “persistentes”. Además del lanzamiento continuo de artillería y cohetes.

En los ataques contra Líbano han muerto más de 1.300 libaneses, en su mayoría víctimas civiles inocentes, miles más resultaron heridos y más de un millón (una cuarta parte de la población) tuvieron que abandonar su hogar para huir de la devastación provocada por el Estado israelí.

La clase dominante israelí no ha conseguido

ninguno de sus objetivos

Cuando la clase dominante israelí inició esta guerra su principal objetivo declarado era conseguir la liberación de los dos soldados secuestrados. Más de un mes después, con 157 bajas israelíes (118 de ellas soldados) no sólo no han conseguido la liberación sino que han tenido que ofrecer el intercambio de prisioneros de Hezbolá por los dos soldados. Pero el verdadero objetivo era debilitar a Hezbolá y cambiar la correlación de fuerzas en Oriente Medio. Justo han conseguido lo contrario, Hezbolá ha salido fortalecida políticamente convirtiéndose en la primera fuerza militar árabe capaz de contener al ejército más poderoso de la región, y uno de los más poderosos del mundo. Como decía el periódico israelí Haaretz: “Esta no es una simple derrota militar. Este es un fracaso estratégico y sus consecuencias de largo alcance todavía no están claras… En Damasco, Gaza, Teherán y El Cairo, la gente está asombrada al ver a las FDI [Fuerzas de Defensa Israelíes] como hace poco más de un mes se han tenido que poner de rodillas debido a una pequeña organización guerrillera, las FDI fueron derrotadas y tuvieron que pagar un precio alto en la mayoría de sus batallas en el sur de Líbano… ¿Qué ocurrirá con este poderoso ejército que después de un mes no fue capaz de avanzar más de unos cuantos kilómetros en Líbano?” (Haaretz, 16/8/06).

Desde el principio de la guerra estaba claro que los bombardeos, como ocurrió en Gaza un mes antes, no sólo tenían la intención de acabar con Hezbolá, estaban destinados a castigar y aterrorizar a la población. Si no ¿cómo se puede entender que la primera acción militar israelí, justo antes del inicio de los bombardeos, fuera imponer un bloqueo que impedía la entrada de los productos más básicos y necesarios para la subsistencia como son las medicinas o los alimentos? ¿cómo explicar si no la completa destrucción de la infraestructura del país: aeropuertos, carreteras, puentes, centrales eléctricas o hospitales? Según algunos comentaristas libaneses, en esta guerra de un mes se han producido más daños que en veinte años de guerra civil.

¿De dónde viene el apoyo a Hezbolá?

Aunque Hezbolá signifique el “Partido de Dios” su apoyo no cae del cielo, ni tiene nada que ver con el carácter árabe. Hezbolá es un movimiento islámico reaccionario que surgió en 1982 como reacción a la brutal ocupación israelí de Líbano. Recibiendo cuantiosa ayuda económica de los mulás iraníes.

A pesar de su demagogia antiimperialista y populista, Hezbolá es un movimiento nacionalista islámico reaccionario. El éxito de Hezbolá no procede de su ideología, que tiene más en común con los explotadores que con los explotados. Por ejemplo, cuentan con dos ministros en el gobierno libanés de unidad nacional, un régimen que tras la salida de las tropas sirias es un títere del imperialismo estadounidense en la región. El carácter confuso y demagogo de la dirección de Hezbolá se puede ver por ejemplo en que votasen a favor de la privatización del servicio eléctrico aprobada recientemente por el gobierno y que al mismo tiempo, convocase manifestaciones de protesta contra el aumento del precio de la electricidad que fue una consecuencia directa de la privatización.

Pero su apoyo de masas nace principalmente de su red de servicios sociales que se extienden por Líbano y que proporcionan educación, cuidado sanitario, alimentación a los sectores más desfavorecidos y oprimidos de la población libanesa. Ha conseguido llenar el vacío creado por la incompetencia e ineficacia de la clase dominante libanesa, es decir, del sistema capitalista que es incapaz de satisfacer ni las necesidades más básicas de la población, ya sea en Líbano o en cualquiera de los otros corruptos regímenes de la región.

El ataque israelí ha conseguido multiplicar este apoyo no sólo entre los chiítas sino entre el resto de la población libanesa porque Hezbolá ha conseguido hacer lo que no ha hecho el gobierno libanés. Poco después de empezar los ataques israelíes Hezbolá puso ambulancias, equipos de rescate, organizaron a los refugiados en colegios, campamentos, etc. Sólo en Beirut enviaron diez equipos médicos móviles que atendieron en los primeros días a 40.000 personas. También en la capital diariamente en sus comedores comunitarios alimentaban a 50.000 personas. Pero no sólo eso sino que, como anunció su máximo dirigente, Nasrallah, Hezbolá está dando ayudas de 12.000 dólares a aquellas familias que han perdido su casa para que la puedan reconstruir. Si a todo esto se suma que han sido los únicos que han hecho frente a la invasión israelí, canalizando así el sentimiento antiimperialismo, ¿a alguien puede extrañar que ahora el apoyo a Hezbolá sea mayor entre la población libanesa ya sean chiítas o cristianos?

El auge de este tipo de movimientos no refleja su superioridad ideológica o la supuesta naturaleza “reaccionaria” de las masas árabes, sino la ausencia de una alternativa de clase capaz de dar respuesta y luchar para solucionar los problemas que tienen las masas árabes. Si los jóvenes y trabajadores árabes fueran “reaccionarios” o “fundamentalistas” por naturaleza ¿cómo explicar que Chávez, un latinoamericano que no es árabe y que defiende el socialismo, se haya convertido en un ídolo de masas en los países árabes y que su fotografía hoy esté al lado de la fotografía de Nasrallah o el Che en Gaza, Líbano, Egipto o Siria? Esto demuestra que si realmente existiera una auténtica alternativa socialista rápidamente conseguiría un apoyo de masas. (Fuente: Al-Yazira).

Una nueva etapa para la lucha de clases en Israel

Esta guerra también está teniendo consecuencias importantes dentro de Israel. La situación política es tremendamente inestable. La coalición de gobierno pende de un hilo con los distintos ministros acusándose entre sí del resultado de la guerra, a su vez enfrentados con el ejército y así sucesivamente. Es cuestión de tiempo que la coalición se rompa.

Desde la creación del Estado israelí, la clase dominante ha utilizado la amenaza externa y el terrorismo para azuzar el sentimiento nacional y conseguir dejar en un segundo plano las cuestiones de clase. Pero en esta ocasión va a ser diferente. La burguesía israelí pretendía con esta guerra desviar la atención de las masas de los ataques que debido a la crisis que padece el capitalismo israelí necesita hacer contra la clase obrera para recuperar sus márgenes de beneficio.

El coste económico de la guerra según el propio gobierno ha sido de entre 4.500 y 5.000 millones de dólares, es decir, el 4% del PIB israelí o el 9% del gasto total del gobierno. Como es habitual bajo el capitalismo, el coste lo pagarán los trabajadores, exacerbando aún más las desigualdades sociales que ya existen en Israel que en la actualidad es el segundo país capitalista desarrollado con mayor desigualdad social, después de EEUU. Según los últimos datos del Instituto de Seguro Nacional de Israel, el número de pobres supera los 1,6 millones de personas (24,7% de la población) y el 58% de las familias vive bajo la línea de pobreza, todo esto consecuencia de la política económica de los últimos años. El propio Banco de Israel ha tenido que reconocer que debido al coste de la guerra esta situación empeorará dramáticamente este año.

El coste de la guerra

lo pagarán como siempre los trabajadores

El gobierno ya ha anunciado un programa de recortes sociales: educación, sanidad… privatizaciones y lo primero congelar la subida prevista del salario mínimo, excepto para los ministros, jueces, parlamentarios, directores generales, que verán como sus sueldos suben por encima de la inflación. También han anunciado que endurecerán aún más las condiciones para cobrar el subsidio de desempleo, en la actualidad la tasa de paro es del 9% y sólo 1 de cada 5 parados cobra subsidio, lo que proponen es subir la edad a partir de la cual un trabajador tiene derecho a cobrar el subsidio de desempleo, de 20 a 28 años. El ministro de Economía también ha confirmado que seguirá adelante con el proyecto de reducción de impuestos a los empresarios prevista para los próximos cuatro años y por supuesto, aumentará el presupuesto de Defensa.

Es evidente que la actuación criminal del imperialismo israelí no sólo tendrá consecuencias en el resto de los países de Oriente Medio, sino que dentro del propio Israel esta guerra marcará un punto de inflexión en la lucha de clases. La sociedad israelí es una sociedad capitalista como cualquier otra, con ricos y pobres, donde unos cada vez son más ricos y otros cada vez más pobres, sólo es cuestión de tiempo que la clase obrera israelí entre en acción y cuando eso ocurra, de nada le valdrá a la clase dominante el veneno del chovinismo.