Corriente Marxista Internacional

El 4 de noviembre Irán se vio sacudido de Nuevo por manifestaciones de masas. Normalmente este día es utilizado por el régimen para celebrar el aniversario de la ocupación de la embajada norteamericana en Irán. Las masas utilizaron ese día para movilizarse contra el régimen, gritando consignas como: "Muerte al dictador", revelando un deseo más profundo de ver el final de este régimen.

El 4 de noviembre Irán se vio sacudido de Nuevo por manifestaciones de masas. Normalmente este día es utilizado por el régimen para celebrar el aniversario de la ocupación de la embajada norteamericana en Irán. Las masas utilizaron ese día para movilizarse contra el régimen, gritando consignas como: "Muerte al dictador", revelando un deseo más profundo de ver el final de este régimen.

La gente algunas veces predice lo que desea que suceda en lugar de lo que realmente es probable que ocurra. Por eso se escucha a muchos expertos meditando sobre la "agonía" de lo que pensaban sería un movimiento de corta vida. Para aquellos de nosotros que apoyamos este movimiento revolucionario y comprendemos muy bien su potencial, es evidente que es el principio de una revolución que no simplemente "se apagará". El genio ha salido de la botella y no va a ser fácil volverlo a introducir en ella. La revolución está viva, camina con resolución y se impone sobre todos, desde el líder supremo Jamenei y el presidente Ahmadinejad, a los candidatos "reformistas" Mousavi y Karoubi, desde los autoproclamados contrarrevolucionarios en Londres y Toronto a la Casa Blanca y el propio Obama.

Cientos de miles de iraníes salieron el 4 de noviembre a las calles por todo Irán en lo que se ha convertido en uno de los días más combativos de las manifestaciones contra el gobierno. Las masas llenaron las calles de Teherán, Shiraz, Rasht, Mashhad, Isfahán, Ahvaz, Tabriz, Arak, Yasook, Tafresh, Shahre Kord y otras ciudades. Las noticias muestran una situación diferente en cada ciudad pero en todas partes vimos enfrentamientos entre la población y la policía y basiji, un gran número de personas resultaron heridas o fueron detenidas.

La revolución en Irán adoptó la táctica inteligente de salir el 4 de noviembre, otro día patrocinado por el gobierno que la población ha utilizado para exponer las contradicciones de un régimen contrarrevolucionario que se presenta como revolucionario. El 4 de noviembre es el treinta aniversario de la ocupación de la embajada norteamericana en Teherán por los estudiantes que apoyaban a Jomeini. El régimen utiliza ese día como "un día de lucha contra la arrogancia mundial" ("arrogancia" fue un término elegido de manera inteligente por Jomeni para evitar el uso del término marxista "imperialismo"). Ese día, como muchos otros, el régimen lo ha utilizado siempre para intentar movilizar a su supuesta base social, un día de aburridas manifestaciones promovidas por el régimen que siempre fueron un espectáculo patético. Es exactamente aquí donde el movimiento revolucionario aparece y utiliza las contradicciones del régimen para su propio beneficio: de nuevo la población llenó las calles en un día que se suponía era de manifestaciones nacionales. Con una pequeña diferencia... su consigna principal fue: "Muerte al dictador" y "¡Muerte a Jamenei!"

El régimen, por supuesto, esperaba las manifestaciones e intentó en el mejor de los casos, especialmente en las grandes ciudades como Teherán y Tabriz, contar con sus métodos habituales: calles atestadas durante horas frente a las fuerzas policiales, cerrando las estaciones de metro (en Teherán) y las redes de teléfonos móviles. ¿Pero consiguió su objetivo de evitar las manifestaciones?

No hay fuerza policial en el mundo capaz de contrarrestar la voluntad de un pueblo revolucionario dispuesto a manifestarse. Todas las noticias de las que disponemos, tanto en su contenido como en su forma, hablan de manifestaciones muy combativas el 4 de noviembre. No sólo se coreó la consigna: "Muerte al dictador (o Jamenei)", que se ha convertido en la principal consigna del movimiento, sino que la población en distintas ciudades quemó fotografías de Jamenei (y en la provincia norteña de Mazandarán, se quemó la Admadinejad) y rompieron carteles del gobierno con su fotografía. Para muchos es una reminiscencia de "muerte al Sha", que se convirtió en la consigna más popular en la revolución anti-monárquica de 1979; todo el mundo sabía que la consigna no era simplemente un deseo de muerte de la muerte del monarca sino que demostraba el deseo de derrocar todo el régimen monárquico. Lo mismo se aplica hoy. "Muerte al dictador" para un pueblo revolucionario demuestra su voluntad e intención de acabar con la dictadura islámica.

Problemas del imperialism norteamericano

A diferencia de las monstruosas acusaciones, procedentes de algunos supuestos "izquierdistas", contra el movimiento revolucionario de las masas iraníes que pretenden que está a favor o es un producto del imperialismo estadounidense, el presente autor cree que esta revolución ha creado una pesadilla terrible no sólo para el régimen gobernante iraní sino también para los imperialistas norteamericanos y para los propios capitalistas.

Barack Obama, el nuevo representante del imperialismo norteamericano, tenía muchas ilusiones en Irán y en otros países de la región. Todo lo que se habla de "comprometer" al régimen criminal de la República Islámica tiene simplemente una intención:  dar el gobierno islámico iraní el papel que tenía el gobierno del Sha antes de 1979, es decir, el de "policía" de la región. Todo lo que Obama quería en Irán era un gobierno estable que pudiera mantener controlada a su población y ayudar a EEUU en Afganistán e Iraq. Por eso Obama, con ocasión del Nuevo Año iraní, envió un saludo en video "al pueblo y a los líderes de la República Islámica de Irán" y también escribió directamente al propio Jamenei. El régimen dominante en Irán, por supuesto, lo recibió con los brazos abiertos. Debemos recortar que si la fea creatura del islamismo llegó al poder en Irán fue gracias a la represión sangrienta de la gran revolución de 1979, sólo pudo suceder con la ayuda directa de EEUU y otras potencias occidentales que estaban dispuestas a invertir en cualquier fuerza revolucionaria con tal de contrarrestar la fuerza de los trabajadores y el socialismo en la región. El objetivo final de este régimen no es otro que el ser "aceptado" por las potencias imperialistas como el régimen gobernante natural de Irán.

Pero el 4 de noviembre, el movimiento revolucionario de nuevo provocó una pesadilla tanto para los mulás como para los imperialistas estadounidenses. La población de nuevo manifestó que quería acabar con todo el régimen y no importaba los acuerdos a los que puedan llegar los imperialistas con los mulás respecto a la "cuestión nuclear", nada detendrá su espíritu de lucha y decisión de acabar con este régimen. Los imperialistas estadounidenses naturalmente están preocupados por el hecho de que pueda ser sustituido este régimen de los mulás anti-socialista y anti-izquierda. Están comenzando a ver que negocian con un régimen que está condenado.

Radicalización del movimiento y objeciones "sentimentales" de la derecha

Como hemos dicho, el 4 de noviembre vimos una nueva radicalización del movimiento. Se demostró tanto en la forma como en el contenido de las manifestaciones. Los estudiantes de izquierdas con conciencia de clase jugaron en esta ocasión el papel más importante, como sucedió con las mujeres que aumentaron claramente su presencia y parecían más combativas que nunca.

Las consignas más populares son las relacionadas con el derrocamiento del régimen de Jamenei. "Muerte a Jamenei" y consignas similares como "Jamenei es un asesino, ya no es válido su reinado", fueron las consignas dominantes el 4 de noviembre en todo el país. Es un acontecimiento muy importante porque demuestra que la población iraní está dispuesta a luchar contra el régimen en las calles con su propia voluntad y acción revolucionaria, frente a las demás fórmulas de "reforma" y "no violencia" defendidas por miles de contrarrevolucionarios de dentro y fuera del régimen, desde Teherán a París pasando por Toronto.

Es divertido ver cómo alguno de los actuales defensores de la "no violencia", esas mismas personas que en algún momento de su vida apoyaron las horribles ejecuciones y asesinatos cometidos por la República Islámica o por el reinado sangriento del imperialismo norteamericano en el mundo, de repente se han convertido en personas sentimentales que piden la no utilización de la palabra "muerte" en sus consignas y que piden a los dictadores que sean más amables.

No debemos confundirnos con estos elementos. Cuando hablan de "compasión" y su oposición a las consignas con la palabra "muerte", sólo pretenden ocultar su verdadera naturaleza contrarrevolucionaria y su gran miedo a la revolución. Cada uno de ellos sueña de una manera diferente con llegar al poder en Irán, pero todos compartes algo: su gran miedo a la gran presencia de trabajadores y a las masas en las calles de Irán.

Sin embargo, cuando hablamos de la aparente voluntad de la población a utilizar medios revolucionarios y su deseo de derribar todo el régimen, no debemos descartar la posibilidad de que se alberguen ilusiones en los mulás "reformistas". El movimiento revolucionario en Irán no es homogéneo. Sin duda hay capas muy avanzadas dispuestas a la insurrección, incluso mañana por la mañana. Pero hay grandes capas del movimiento que aún no están al lado de esa perspectiva y aún confían en Mirshossein Mousavi y en Mehdi Karoobi, y defienden en sus consignas un "gobierno verde nacional", inmediatamente después de pronunciar las palabras: "Muerte a Jamenei". El movimiento se caracteriza por la confusión. El movimiento revolucionaria en Irán se comporta como cualquier otro movimiento. Tiene como objetivo el gobierno ilegítimo de Ahmadinejad y su líder supremo, Alí Jamenei, pero carece de una dirección que pueda llevar al derrocamiento de este régimen y sustituirlo por algo distinto. Este vacío aún tiene que ser llenado.

Si existiera una fuerza capaz de ofrecer tal dirección los días del régimen estarían contados. Pero las fuerzas derechistas no pueden ofrecer esa dirección, los mulás "reformistas" tienen buenas razones para no hacer nada porque saben que la población no se detendrá y que después del derrocamiento de Jamenei ellos podrían ir detrás. Las otras fuerzas derechistas de la burguesía pro-occidental están desacreditadas a los ojos de las masas y no tienen posibilidades de dirigirlas.

La izquierda y el movimiento

Entonces, debemos preguntarnos ¿dónde está la alternativa de izquierdas? La verdad que hay miles de personas que se consideran socialistas, comunistas o marxistas en todo Irán. Éstas incluyen tanto a revolucionarios de la generación anterior que han recobrado energía y salido a las calles al calor de las protestas actuales, pero también hay una nueva capa fresca de jóvenes influenciados por el marxismo y que abundan en el movimiento estudiantil y movimiento obrero organizado iraníes. Pero carecen de una unidad programática y un partido que pueda unirlos en una única fuerza.

El movimiento organizado en Irán no es tan fuerte como podría ser y se limita a las capas más avanzadas en algunas fábricas. Sin embargo, a diferencia de las pretensiones de algunos "izquierdistas", esta capa del movimiento obrero organizado ha jugado un papel heroico en el movimiento actual. Un buen ejemplo es que el sindicato de trabajadores de la caña de azúcar de Haft Tapeh ha protagonizado huelgas y luchas. En el momento de escribir este artículo, la mayoría de los dirigentes de este sindicato están en prisión debido a sus luchas. Pero eso no detuvo la huelga de los más de 1.000 trabajadores temporales de la empresa Haft Tapeh de Neigol. Otro ejemplo son los trabajadores  de tuberías en Ahvaz que no sólo salieron en masa a la huelga sino que además se unieron a la población en tres días de manifestaciones contra el régimen.

La izquierda debe ser consciente de que este movimiento sólo dará frutos si los trabajadores salen en masa y paralizan la industria. Algunos observadores ingenuos preguntaban por qué los socialistas están tan "interesados" en que los trabajadores salgan y qué diferencias tienen éstos con el resto de la población. La respuesta es evidente: los trabajadores son la fuerza motriz de cualquier sociedad y los únicos que tienen el poder de paralizarla. Fueron las huelgas de los trabajadores del petróleo los que hicieron posible la revolución de 1979. Los trabajadores de "cuello azul" (por utilizar el lenguaje de la burguesía) son los que más teme el régimen, no porque no hay policía o fuerzas de seguridad capaces de contrarrestar la masiva fuerza de la clase obrera. Lo que hace falta es una huelga general de los trabajadores de todo Irán con el objetivo de derribar el régimen islámico.

Todos los marxistas, socialistas y comunistas genuinos de Irán deben dedicarse a este programa y a la construcción de lo que está ausente: un partido revolucionario de la clase obrera. Entre la izquierda existe cierto caos. Todos proceden de distintas tradiciones y ahora están discutiendo los problemas del movimiento y la salida. Lo importante es que formen parte activa del movimiento revolucionario iraní que juegue un papel en él. Los periódicos de izquierdas como Khiaban (La Calle) se han creado con la colaboración de militantes de izquierdas de distintas tradiciones (desde la izquierda "tradicional" a los comunistas) y se distribuye masivamente en las calles de Irán (en algunos de sus números se han publicado traducciones en farsi de artículos de la Corriente Marxista Internacional sobre Irán y otras cuestiones). Mientras continúan jugando el papel de ofrecer una perspectiva socialista a las masas, todos los activistas de izquierdas deben poner sobre la mesa, así es cómo se construye un partido revolucionario de la clase obrera y así se une bajo un mismo programa revolucionario capaz de hacer un llamamiento a las masas y la clase obrera.


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