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La "apuesta final" de Bush en Iraq, el aumento del número de soldados, es un intento desesperado del gobierno norteamericano de jugarse el todo por el todo. En el contexto de la actividad incesante de la resistencia, que sigue contando con un enorme apoyo popular, a pesar de que el imperialismo norteamericano, con el apoyo del gobierno títere iraquí, ha creado escuadrones de la muerte para intentar intensificar la violencia y la división sectaria principalmente entre chiíes y sunníes.
Los telediarios y los periódicos sólo destacan e insisten en la amenaza de "guerra civil", en los ataques sectarios, pero ocutan la "guerra sucia" perpetrada por el imperialismo que es el principal motor de esta división sectaria y religiosa.

Fuerza y límites de la resistencia...

La masacre de inocentes a la que asistimos cada día en las pantallas de televisión o leyendo la prensa burguesa es la "táctica" planificada por el imperialismo con un objetivo fundamental: aterrorizar a la población civil en el intento inútil de quebrantar las bases sociales de la resistencia. Y todo para retrasar el mayor tiempo posible una derrota que ya parece segura. No hace falta mucha imaginación para comprender lo duro que para el imperialismo el golpe político de la retirada. Vietnam enseña.
Cada día que pasa, la situación se hace más penosa para la población pero más difícil para el imperialismo, cuya única estrategia es la huida hacia delante. La capacidad de lucha de la resistencia lejos de debilitarse hoy parece más fuerte. Con la excepción de las tres provincias kurdas del noreste, la totalidad del país registra actividad armada contra los ocupantes. Las bajas estadounidenses en combate durante el mes de enero de 2007 se han producido dentro de un arco regional muy amplio, oeste, norte y centro-sur de Bagdad, en las provincias de Al-Anbar, Saladino, Nínive, Diyala, Babilonia, Nayaf, Di Qar y Karbala, además de en la propia capital.
De nada servirá al imperialismo el acuerdo con al Sadr y su ejército del Mahdi, que ya ha empezado a colaborar con de las tropas iraquíes y estadounidenses en Bagdad, además al Sadr ha dado órdenes a sus hombres para que se retiren de las calles de la capital, facilitando así el despliegue de tropas estadounidenses en sus baluartes. Ante el incremento de 21.500 soldados estadounidenses que tienen como principal objetivo asegurar Bagdad, el clérigo al Sadr ordenó a sus milicias, descritas por el Pentágono como la mayor amenaza para la estabilidad de Iraq, que pasaran desapercibidos y que permanecieran fuera de las calles. Y, pensándolo bien, ¿cómo va a ser parte de la resistencia quien con sus seis ministros y treinta parlamentarios acata la consigna del gobierno de al Maliki y del propio Bush y la llamada de "la lucha contra el terrorismo"? Esto pone las bases para la futura desintegración de las milicias de al Sadr.
Sin embargo, parece que las fuerzas que legítimamente están librando la guerra de liberación nacional se encuentran sin estrategia política. Un dirigente de una de las fracciones de la resistencia, del escindido del Partido Comunista de Iraq que está colaborando con la ocupación, durante una gira que hizo por Andalucía en 2006, admitió que más allá de la resistencia no tienen proyecto político más avanzado que un gobierno legítimo y soberano de unidad nacional con representación en la ONU. Es decir, una repetición de la alianza interclasista sin objetivo alguno de toma del poder por parte de la gran mayoría de la población: la clase trabajadora. La mayoría del pueblo iraquí sabe muy bien contra quien lucha, pero no tiene quien le indique una estrategia para derrotar de una vez por todas al imperialismo y el sectarismo. Un claro discurso de clase por parte de la izquierda, es decir "esta guerra es parte de la revolución de los explotados contra los ricos" contribuiría a dinamitar mucho más rápidamente las bases de todas las fuerzas que colaboran con el invasor.

Irán, Siria y la lucha dentro de EEUU

En EEUU ha retomado vigor la protesta activa contra la guerra imperialista. Casi dos terceras partes de la población desean la retirada de las tropas. El próximo 13 de marzo tendrá lugar en Washington un acontecimiento que podría ser muy importante: la marcha sobre el Pentágono. La fecha también tiene gran fuerza simbólica: será el cuarto aniversario del comienzo de la agresión a Iraq y el 40º aniversario de la marcha histórica sobre el Pentágono en protesta contra la guerra en el Vietnam en marzo de 1967. El cartel de convocatoria se refiere también a la protesta en contra del desastre provocado en Nueva Orleáns, contra la política de recortes sociales y abandono de las clases oprimidas de EEUU. En este contexto donde el imperialismo está condenado a sufrir más humillaciones, precisamente en el frente interno.
¿Atacará Bush a Irán? Es una de las preguntas que está quitándole el sueño a la burguesía norteamericana. Los portaaviones en el golfo no son ningún simbolismo. El complejo militar-petrolero del capitalismo USA no puede permitirse la admisión de la derrota en Iraq (al menos hasta que no le quede más remedio), pero también tiembla al ver el fortalecimiento relativo del papel de Irán y Siria en la región después del fiasco del imperialismo israelí en Líbano, con el consiguiente fortalecimiento del apoyo a Hezbolá en Líbano y en toda la región. Un ataque a Irán, aunque sólo sea un bombardeo aéreo, sólo serviría para intensificar los problemas de la administración Bush, no sólo en la región, sino dentro de EEUU.