Corriente Marxista Internacional

Probablemente fue la manifestación más grande en Iraq desde la invasión estadounidense en 2003. Cientos de miles de iraquíes se manifestaron el 9 de abril para demostrar su oposición a la ocupación norteamericana. Unas 300.000 personas llenaron las c Probablemente fue la manifestación más grande en Iraq desde la invasión estadounidense en 2003. Cientos de miles de iraquíes se manifestaron el 9 de abril para demostrar su oposición a la ocupación norteamericana. Unas 300.000 personas llenaron las calles de Bagdad con gritos de: “No a EEUU” y “No a la ocupación”.

Los manifestantes exigían que el gobierno estadounidense pusiera una fecha para la retirada de las fuerzas ocupantes, la liberación de los más de 1.500 militantes del movimiento de al-Sadr encarcelados y la rápida celebración del juicio contra el “agente norteamericano” Sadam Hussein. La manifestación también pedía el final de los atentados terroristas que asolan el país y que en última instancia sólo suponen la muerte de iraquíes.

La manifestación mostraba claramente la extensión de la rabia contra la ocupación imperialista, así como la furia y la frustración que sienten muchos iraquíes ante la dura crisis económica y social. Muchos iraquíes están furiosos por el elevado desempleo y la ausencia de servicios básicos como la electricidad, el agua, la sanidad y la educación. La mayoría de los iraquíes ven la raíz de todos sus problemas en la devastadora guerra y la ocupación de su país por parte de las tropas imperialistas y quieren paz, estabilidad, empleos y servicios básicos. La BBC publicó un artículo el 5 de abril que revelaba la verdadera situación de las masas y que demostraba las consecuencias reales de la guerra:

“Dos años después de la caída de Bagdad existe una profunda frustración entre los iraquíes ante la situación de los servicios públicos. En las calles de Sadr City, en Bagdad, se puede ver el agua estancada. Hay continuos cortes de electricidad en la mayoría del país y los hospitales luchan para poder dar un tratamiento adecuado. Las aguas residuales con frecuencia llegan sin potabilizar a los ríos de los cuales beben muchos iraquíes (...) En la mayoría de las zonas hay pocos signos visibles de reconstrucción y los residentes de la ciudad tienen electricidad durante la mitad del día.

(...) Los trabajadores del sector eléctrico hace poco se manifestaron para denunciar la violencia y el sabotaje (...) Los estadounidenses han dedicado 18.400 millones de dólares para la reconstrucción de Iraq pero el ministro de Obras Públicas reconoce que más del 70 por ciento de este dinero ha ido a parar finalmente a gastos de defensa y seguridad (...) Desde hace dos años enfermedades perfectamente curables están matando a la población”.

El final de la ocupación

No fue casualidad que el lugar elegido para la manifestación fuera la Plaza al-Fardous. Después de la toma de Bagdad, hace dos años, EEUU derribó allí la estatua de Sadam Hussein ante las cámaras de televisión de todo el mundo. Los manifestantes hicieron una parodia de ese momento derribando y quemando efigies de Bush, Blair y Sadam. Esta acción demuestra que la población iraquí considera que los tres representan y defienden lo mismo. Aparte de que Sadam fuera apoyado y armado por EEUU y Gran Bretaña hasta la primera Guerra del Golfo, los iraquíes pueden ver que la dictadura de Sadam se ha sustituido por la dictadura de las fuerzas ocupantes norteamericanas. ¿Qué ha cambiado realmente? La mayoría de los antiguos baathistas siguen en la burocracia estatal y ocupan puestos importantes. La tortura y los abusos realizados por el régimen de Sadam ahora los llevan a cabo los soldados estadounidenses y las nuevas fuerzas policiales. Las condiciones sociales en el país, devastado después de diez años de sanciones económicas, ahora son peores que antes de la guerra. La población iraquí puede ver que las fuerzas del imperialismo y el capitalismo, ya sea variedad Sadam u ocupación norteamericana, sólo les ha llevado miseria y sufrimiento.

Casi dos meses y medio después de las “elecciones” la nueva Asamblea Nacional lo único que ha hecho es elegir un presidente y un primer ministro. Las intrigas de los distintos partidos y grupos nacionales han retrasado la formación de un gabinete. En ausencia de un gobierno real, o de un medio eficaz para imponer sus leyes, el gobierno depende del poder de las fuerzas militares norteamericanas. En agosto se empezó a redactar una nueva constitución pero parece que las riñas y diferencias hacen imposible un acuerdo. Además existe toda una serie de obstáculos para conseguir llegar a un acuerdo sobre la constitución, por ejemplo, los enfrentamientos entre islamistas y seculares, además de desacuerdos entre los diferentes grupos étnicos y nacionales.

El propio Rumsfeld estuvo en Iraq el 12 de abril y presionó al gobierno para que no retrase más la redacción de la constitución y derrote a la insurgencia. También les pidió que lucharan contra la corrupción y la incompetencia. ¿Por qué? Porque los imperialistas ven que una capa de las masas iraquíes mira al gobierno con esperanza. Han adoptado una actitud hacia el gobierno de “esperar y ver”: esperan que satisfaga sus aspiraciones de genuina democracia y mejore sus niveles de vida. Si el gobierno cae en el sectarismo y las luchas burocráticas, si la corrupción se convierte en algo normal y visible, entonces la población se alejará del gobierno y buscará otras fuerzas que cumplan lo que ellos quieren. Inevitablemente eso significará el fortalecimiento de la insurgencia y el debilitamiento del gobierno, arrastrando cada vez más a EEUU a un cenagal.

En Iraq existe un enorme potencial para un movimiento revolucionario capaz de unificar a la resistencia en un solo movimiento. Desgraciadamente, la mayoría de los dirigentes obreros iraquíes y el Partido Comunista de Iraq están colaborando con el gobierno y los imperialistas. Las otras organizaciones comunistas y socialistas tampoco están a la cabeza del movimiento de resistencia. El vacío político lo han llenado, entre otros, los clérigos islámicos que ahora están traicionando activamente el movimiento y lo intentan canalizar hacia cauces seguros, creando ilusiones en el “gobierno elegido democráticamente” y el imperialismo. Pero la rabia de las masas, expresada este sábado, continuará creciendo y aumentando porque quieren un cambio y desean que sus condiciones de vida mejoren. Con una perspectiva de clase socialista, los comunistas iraquíes podrían transformar toda la situación. La lucha revolucionaria de las masas iraquíes contra el imperialismo y el capitalismo se convertiría en un punto de referencia y una inspiración para los trabajadores de toda la región y todo el mundo.


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