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El 9 de abril el presidente venezolano Hugo Chávez anunciaba la inmediata nacionalización de la multinacional siderúrgica Sidor. Este hecho tiene una enorme trascendencia política y representa un punto de inflexión en el proceso revolucionario venezolano. Sidor no es una pequeña empresa en bancarrota tomada por el Estado, sino el único suministrador de acero del país y el cuarto mayor productor de acero de América Latina. No menos importante es la circunstancia de que la nacionalización se produce como consecuencia de meses de lucha de los trabajadores de la empresa, que se han tenido que enfrentar duramente no sólo a los dueños de la multinacional sino a sectores del propio gobierno y al mismo aparato represivo del Estado.

El 9 de abril el presidente venezolano Hugo Chávez anunciaba la inmediata nacionalización de la multinacional siderúrgica Sidor. Este hecho tiene una enorme trascendencia política y representa un punto de inflexión en el proceso revolucionario venezolano. Sidor no es una pequeña empresa en bancarrota tomada por el Estado, sino el único suministrador de acero del país y el cuarto mayor productor de acero de América Latina. No menos importante es la circunstancia de que la nacionalización se produce como consecuencia de meses de lucha de los trabajadores de la empresa, que se han tenido que enfrentar duramente no sólo a los dueños de la multinacional sino a sectores del propio gobierno y al mismo aparato represivo del Estado.

a decisión de Hugo Chávez de nacionalizar la empresa, después de que la multinacional argentino-italiana Techint se negara a ceder a las reivindicaciones de los trabajadores, ha sido un duro golpe a los imperialistas, a la oligarquía y a la burocracia. Este acontecimiento no es nada accidental ya que hunde sus raíces en la dinámica de revolución y contrarrevolución en que está inmerso el país. El 3 de abril Chávez anunciaba la nacionalización de las empresas cementeras y pocos días antes la compra de la empresa Lácteos Los Andes, que controla el 30% del procesamiento de la leche.
Seis años después del golpe derrotado por la magnífica movilización de las masas, las contradicciones dentro de la revolución venezolana son más profundas que nunca. Después de la derrota del referéndum constitucional del 2 diciembre, algunos analistas se apresuraron en poner el RIP a la revolución venezolana; acontecimientos como los de Sidor prueban que el proceso está vivo, aunque inacabado y, por tanto, en peligro.
Los trabajadores de SIDOR han luchado durante más de quince meses por la mejora de los salarios, y las condiciones de salud y seguridad en la negociación colectiva. El punto central era la subcontratación, los trabajadores exigen que todos los subcontratados (9.000 de un total de 15.000) deben incorporarse como plantilla permanente.
Cuando en enero de 2007 Chávez hizo un llamamiento a la "nacionalización de todo lo que fue privatizado" los trabajadores respondieron con huelgas espontáneas y comenzaron a exigir la nacionalización de Sidor. Finalmente, la empresa aceptó vender parte de la producción en el mercado nacional a precios preferenciales, a cambio de evitar la nacionalización. Pero este acuerdo no podía durar. Frente a la actitud de provocación por parte de la empresa, los trabajadores comenzaron una serie de paros.

El aparato del Estado, al servicio de los poderosos

¿Cuál fue la respuesta del Ministerio de Trabajo? Trató de imponer un arbitraje obligatorio a los trabajadores. Luego, la Guardia Nacional fue enviada por el gobernador del Estado de Bolívar a reprimir brutalmente a los trabajadores el 14 de marzo, durante una huelga de 80 horas. Varios trabajadores fueron detenidos, incluido el líder sindical Acarigua, y muchos resultaron heridos durante el ataque. La Guardia Nacional actuó de una manera particularmente cruel, destrozando los automóviles de los trabajadores y otros bienes. Los trabajadores y las masas de toda la región respondieron con un claro instinto de clase. Organizaron piquetes y reuniones de solidaridad, amenazaron con huelgas en otras plantas y empresas, etc.
Los trabajadores de Sidor denunciaron que el comandante local de la Guardia Nacional se mantuvo en estrecho contacto con la dirección de la compañía y, básicamente, estaba actuando bajo sus órdenes. Aquí vemos uno de los más importantes desafíos que enfrenta la revolución venezolana. El viejo aparato de Estado, creado y perfeccionado durante 200 años para servir a los intereses de la clase dominante, aunque debilitado por la revolución sigue básicamente intacto, y todavía trata de servir a los mismos intereses.

Apoyo a los revolucionarios sí; sumisión a los reformistas no

Incluso después de esta brutal represión, el Ministerio de Trabajo (que también jugó un papel terrible en la lucha Sanitarios Maracay) insistió en convocar un referéndum de los trabajadores para que aceptaran la propuesta de la empresa. Un dirigente de SUTISS criticó duramente el papel del Ministerio: "Más de una vez hemos mostrado nuestro apoyo a la revolución, pero esto no significa que vamos a permitir al Ministro de Trabajo que siga una política contrarrevolucionaria y en contra de los trabajadores; lo que, a fin de cuentas, sólo beneficia a la derecha".
Los trabajadores se mantuvieron unidos y se opusieron a esta votación, organizando su propia votación el 3 de abril. La inmensa mayoría de los trabajadores rechazaron la oferta de Sidor, con el voto en contra de 3.338 trabajadores y sólo 65 a favor.

Hugo Chávez y el carácter ‘obrerista' del gobierno

El 4 de abril, los trabajadores se declararon en huelga y marcharon de nuevo a la Universidad Bolivariana, en Bolívar, donde Chávez asistía a una ceremonia de graduación, y exigieron ser escuchados. Como resultado de esta presión, Chávez intervino en televisión en directo el 6 de abril para dejar sentada su posición. Entre otras cosas, recordó que los trabajadores de Sidor y de otras industrias básicas de Guyana se opusieron al cierre patronal de 2002, "aun cuando recibieron amenazas de muerte, e incluso cuando se cortó el suministro de gas desde Anaco y marcharon hacia allí. Y se enfrentaron con la policía". Añadió que las condiciones de los trabajadores eran "horribles" y que "el gobierno revolucionario ha de exigir a cualquier empresa, nacional o multinacional, latinoamericana, de Rusia o de cualquier parte del mundo, que cumpla con las leyes venezolanas", refiriéndose a la ley aprobada el Primero de Mayo pasado que prohíbe la subcontratación. También anunció que había dado instrucciones al vicepresidente Ramón Carrizales para que se reuniera con el líder del SUTISS, Acarigua, y luego con la compañía para tratar de resolver la cuestión.
Añadió que su gobierno "respeta el marxismo, las corrientes marxistas y el método marxista" y que es un gobierno "obrerista", y que "sabrá cómo tomar las medidas necesarias". Explicó que él siempre trata de "buscar un acuerdo, la negociación y así sucesivamente, pero en relación con Sidor, a partir del día de ayer, yo dije ya basta".
El 8 de abril se celebró una reunión entre la empresa, el sindicato y el vicepresidente Carrizales. Justo después de la medianoche este último instó a la compañía, por última vez, a hacer una contraoferta al sindicato sobre los salarios, y cuando la empresa se negó, insistió en que esta negativa constara en el acta de la reunión. Luego salió, llamó al presidente Chávez, y regresó a la reunión para anunciar la renacionalización de SIDOR.

Frente al sabotaje patronal: control obrero

Ahora los trabajadores de SIDOR deben tomar medidas inmediatas para poner en práctica el control obrero a fin de evitar el sabotaje de la empresa. Los trabajadores anunciaron que se estaban produciendo extrañas maniobras en la planta de Bolívar. A última hora del 10 de abril, el Sistema de Producción Automática (SAP) dejó de funcionar. Básicamente es el centro electrónico de la empresa que controla la adquisición de componentes, distribuye las órdenes, etc. Los trabajadores dijeron que la dirección les había dicho que se trataba de una operación rutinaria de "mantenimiento". No obstante, como explican los trabajadores en una entrevista, este tipo de operaciones nunca duran más de media hora y siempre se anuncian con anticipación. En esta ocasión, los trabajadores no pudieron acceder al sistema durante más de 13 horas. Las operaciones normales se reanudaron sólo después de que un grupo de trabajadores fueran al edificio de recursos humanos y amenazaran a los administradores. 
Los trabajadores sospechan que la empresa estaba transfiriendo documentos e información confidencial a Argentina, posiblemente incluso saboteando el funcionamiento normal de la empresa. "Ellos quieren hacer lo que hicieron en PDVSA durante el cierre patronal, cuando los administradores sabotearon el centro electrónico de la empresa", dijo uno de los trabajadores, "pero no se lo vamos a permitir".
Con un instinto de clase claro y revolucionario, los trabajadores pidieron al gobierno que enviara inmediatamente una comisión a la empresa para comenzar el proceso de entrega de la producción y que, mientras, ellos defenderían el equipamiento, los materiales, la información técnica y administrativa necesaria para el funcionamiento normal de la empresa. En otras palabras, los trabajadores comenzaron la implantación del control obrero, ellos ahora sienten que las instalaciones pertenecen a los trabajadores, al pueblo venezolano.
Hubo otro incidente cuando los trabajadores descubrieron un grupo que pretendía hacerse pasar por un equipo de la cadena pública de televisión VTV. No lo eran. Los trabajadores se enfrentaron a ellos y les quitaron las cintas. Sospechan que formaban parte de una provocación donde un grupo de gamberros a sueldo iban a ser utilizados para destruir propiedad de la empresa, y que estas imágenes serían grabadas y emitidas para acusar a los trabajadores de gamberrismo. No funcionó.
Además de hacer frente al sabotaje, una de las principales cuestiones será el destino de los 9.000 trabajadores que trabajan en las industrias auxiliares y que exigen su incorporación a la fuerza laboral. Daniel Rodríguez, secretario de SUTISS, pidió la nacionalización de estas empresas: "El presidente debe investigar el caso de Matessi, Tacsa y las demás, estamos dispuestos a ocuparlas, tomarlas, para que también sean nacionalizadas".
La renacionalización de Sidor es un gran paso adelante en la dirección correcta. En los últimos meses, la oligarquía ha intensificado su campaña de sabotaje contra la economía, en particular en el sector de la distribución de alimentos. Al mismo tiempo, el imperialismo ha aumentado sus provocaciones, amenaza con poner Venezuela en la lista de países que "albergan al terrorismo". Ahora es el momento de dar pasos decisivos hacia adelante en la nacionalización de las palancas fundamentales de la economía bajo el control democrático de los trabajadores, sentando así las bases para poder poner en marcha un plan económico que satisfaga las necesidades de la inmensa mayoría de la población, un paso fundamental para el fortalecimiento de la revolución y el establecimiento de una sociedad socialista.