Corriente Marxista Internacional

Por generaciones, el movimiento del 68  ha sido un icono de las luchas populares en México, pero especialmente, para los jóvenes, ha sido un estandarte propio que enarbola la lucha histórica contra la opresión y la explotación. El heroísmo y la determinación con la que toda una generación de jóvenes se lanzó a las calles para pelear contra el autoritarismo político, viven como una huella fresca en el imaginario colectivo del pueblo.

Por generaciones, el movimiento del 68  ha sido un icono de las luchas populares en México, pero especialmente, para los jóvenes, ha sido un estandarte propio que enarbola la lucha histórica contra la opresión y la explotación. El heroísmo y la determinación con la que toda una generación de jóvenes se lanzó a las calles para pelear contra el autoritarismo político, viven como una huella fresca en el imaginario colectivo del pueblo. Tan solo unos cuantos días bastaron para que cientos de miles de jóvenes se organizaran constituyendo el Consejo Nacional de Huelga (CNH), y con ello, un poderoso movimiento que cimbraría a todo el sistema político como no ocurría desde el cardenismo. A 38 años de los acontecimientos del 2 de octubre, es necesario comprender cuáles fueron los aciertos y errores del CNH, a fin de sacar las lecciones que permitan preparar a los elementos más avanzados de la juventud en torno a las perspectivas revolucionarias que se proyectan para México.

El movimiento estudiantil y la lucha de clases

Al igual que la clase trabajadora, los sectores progresistas del estudiantado constituyen organizaciones de lucha para defender sus intereses frente al sistema educativo, el Estado y el capitalismo. Los estudiantes no son una clase social, sino un sector heterogéneo no productivo orientado a ocupar distintas posiciones dentro del mercado laboral, pero mantienen lazos y están sujetos a la dinámica de la lucha de clases, bien por la familia, el medio en que se desarrollan, si laboran o  no, etc.

Los métodos de organización que utilizan, los principios y las demandas dominantes que enarbolan, así como el nivel de conciencia que llegan a desarrollar en un periodo histórico determinado, no surgen por casualidad, se encuentran determinados por el grado de tensión o relajamiento, y la dinámica general de la lucha entre la burguesía y el proletariado.

Las causas de la victoria o la  derrota del movimiento estudiantil, como también del movimiento obrero, son múltiples, y dependen en gran medida de la correlación de fuerzas existente en la sociedad que les facilita o dificulta el camino para generar alianzas y la solidaridad de otros sectores y clases. Las causas, también están en función del entendimiento de las posibilidades y limitaciones del movimiento de los estudiantes en la sociedad, estos no pueden transformar la sociedad por sí solos, ni pueden jugar un papel dirigente de cara a acontecimientos que rebasan el ámbito escolar o meramente juvenil. Pero es un factor decisivo en la ecuación, la existencia de organizaciones permanentes que den dirección al movimiento y lo doten de programa, ideas y métodos correctos para llevarlos a la victoria, es decir el elemento subjetivo.

Si el sector más avanzado de los estudiantes funciona como un arma tradicional que defiende sus intereses, que a cada paso se encuentra a su lado para explicar las causas de la opresión y los ataques de los que son víctimas, y también les educa en la lucha política y eleva su nivel de conciencia, este sector podrá convertirse en la dirección legítima del movimiento estudiantil. De cara a acontecimientos decisivos, es necesario que este sector juegue un papel dirigente dando orientación y resaltando las demandas y tareas prioritarias del movimiento. De ser así, las organizaciones estudiantiles pueden ser un dinamizador del movimiento que pueda llevarlo a obtener victorias o un freno burocrático que lo frene, lo asfixie y lo lleva a la derrota. Muchas organizaciones estudiantiles no pueden dar el salto en momentos decisivos, debido a que pierden la orientación general de los acontecimientos y la confianza en los sectores progresistas del estudiantado, en consecuencia se aíslan del movimiento de masas.

Si el movimiento estudiantil carece de organizaciones tradicionales de lucha, o bien estas existen, pero no adoptan un programa que vincule sus demandas con la clase trabajadora para erradicar el capitalismo, de todos modos emerge una dirección, la mayor parte de las veces confusa en líneas reformistas o sectarias. La construcción de una organización estudiantil permanente con carácter de clase es una cuestión decisiva para la victoria o la derrota.

Antecedentes al 68

El Consejo Nacional de Huelga de 1968 fue una organización nacional representativa de lucha del estudiantado mexicano. Las bases con las que fue construido no se remiten ni a las semanas ni los meses anteriores a los que explotó la lucha estudiantil. Los métodos y las ideas con las que se construyó, estaban impregnados del periodo precedente de luchas que a nivel nacional había dado la vanguardia de la clase trabajadora para deshacerse del yugo del corporativismo y democratizar sus sindicatos desde las bases. El CNH funcionaba como plenaria representativa en la que participaban  delegados electos en cada escuela declarada en huelga. Este mecanismo aseguraba por una parte la verdadera representatividad de los estudiantes desde las bases, y por otra, la toma de decisiones de la manera más democrática de manera centralizada: con la más amplia discusión a la hora del debate y la mayor unidad a la hora de la acción. Cada escuela contaba con un Comité de Lucha que se encargaba de la dirección del movimiento a nivel local, con lo que a nivel nacional se constituyeron Comités de Lucha en la mayor parte de universidad y centros de bachillerato.

Era evidente que al interior del CNH participaban todo tipo de grupos y corrientes políticas, como los estalinistas de la Juventudes Comunistas, la Liga Espartaco, La Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER), etc., estas podrían hacer labor de agitación y propaganda como en cualquier organización democrática de masas, pero estas tenían que plegarse a lo decidido por las asambleas estudiantiles y  a través del CNH. Las federaciones estudiantiles y otro tipo de agrupaciones o bien eran órganos representativos de los estudiantes, o muchas veces estaban cooptados corporativamente por el estado.

Uno de los primeros intentos por romper con el corporativismo estudiantil, que a raíz de 1956 con la degeneración de la FNET había dado marcha, fue la creación de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) en 1963, aunque se convirtió en una organización dirigente en importantes luchas en Michoacán, Puebla, Guerrero y contaba con adeptos en la capital, no fue capaz de despegar como grupo dirigente en el movimiento de1968.

El movimiento estudiantil mexicano contaba con una larga tradición de organizaciones de lucha permanente, algunas de carácter revolucionario como la FNET antes de que fuera infiltrada por el PRI con la ocupación militar en 1956, otras tantas de corte reformista.

La solidez en la organización que adquirió el CNH fue producto de la dura lucha que trabajadores y estudiantes habían tenido que adoptar frente al estado. En lo particular la década de los 60´s se había distinguido por una fuerte efervescencia en las universidades; los estudiantes se declaraban en huelga en solidaridad con las luchas obreras o bien por exigencia de la liberación de los presos políticos. Muchas de estas luchas habían culminado con fuertes enfrentamientos con el cuerpo de granaderos o con la ocupación militar de los recintos escolares. La experiencia de todo un periodo histórico se condensó en la forma organizativa que adoptó el CNH. La crudeza de la lucha no permitió vacilaciones ni dio cabida a prejuicios pequeño burgueses  en torno a la elección de representantes ni a la manera unitaria a la hora de tomar decisiones.

Algunas luchas nos permiten ver el escenario que antecedió al 68 y que influyeron decisivamente en la conciencia de los jóvenes: En abril de 1960 estudiantes de la Universidad Michoacana iniciaron una huelga por la transformación de la ley orgánica; en octubre de ese año los estudiantes de la universidad de Guerrero se lanzaron a Huelga para derribar al gobernados Raúl Caballero Aburto, esta movilización contó con una gran simpatía por parte de numerosos sectores sociales; en abril de 1961 los estudiantes capitalinos iniciaron una jornada de lucha en defensa de la Revolución cubana, las manifestaciones culminaron con la intervención del cuerpo de bomberos y granaderos para "apagar la agitación"; en febrero del 64, estalló en Puebla de enromes magnitudes que rebasó el ámbito juvenil y pasó inmediatamente a  proporciones insurreccionales; en 1965, la lucha de los médicos por reivindicaciones salariales y de cuestionamiento de las instituciones públicas de sanidad, concluyó con la intervención del ejército y el despido de cientos de empleados del sector; en 1966 es derrocado el rector Ignacio Chávez de la UNAM en contra de los métodos antidemocráticos con que se designaban autoridades y por la desaparición de la junta de Gobierno, si bien en este movimiento participaron sectores oportunistas del PRI, las demandas del movimiento eran legítimas y el grueso de estudiantes lo hacían de manera honesta; en septiembre de ese mismo año estallo en Sinaloa una huelga general exigiendo la renuncia del rector Julio Ibarra Urrea; en 1967 interviene el ejercito en la Universidad de Sonora para reprimir una manifestación estudiantil que exigir la garantís de las libertades democráticas.

La "democratitis", método empleado por sectores de la pequeña burguesía radical, consistente en alargar infinitamente la discusión, utilizando todo tipo de calumnias y muy poco debate político, para finalmente desobedecer los posibles acuerdos que se lleguen a tomar y que "cada quien haga lo que quiera", ha tenido lugar en la degeneración de organizaciones de lucha estudiantil en la actualidad. Para el 68 utilizar estos métodos de lucha de hubiera representado un auténtico suicidio. Para enfrentar la poderosa maquinaria del Estado capitalista no había más que la discusión democrática y la unidad a la hora de la acción. Como en todas partes siempre hubo disensos y pugnas internas, pero gracias al centralismo democrático, el movimiento sacudió de arriba abajo, una y otra vez, de manera firme al sistema político mexicano generando amplias simpatías entre la clase obrera y las capas medias.   

La rebelión estudiantil

Conscientes de la problemática sobre la falta de libertades democráticas, la sumisión del movimiento obrero al aparato corporativo de derechas y el esquema de represión existente, (presos políticos, persecución de dirigentes de izquierda, censura en medios, etc.), el sistema económico descansaba sobre una plataforma que hacía imprescindible un control férreo de la clase trabajadora y otros sectores populares. El periodo de la posguerra y el inicio de la guerra fría, propaló por toda Latinoamérica la fiebre anticomunista de la burguesía que se traducía en una severa represión para las tendencias socialistas dentro del movimiento obrero y la juventud.   

Para el caso de México existían en el código penal dos artículos diseñados para perseguir a la oposición a la política reaccionaria de la burguesía estuviera agrupada en los sindicatos, en las organizaciones estudiantiles, campesinas o populares. Estos eran los artículos 145 y 145 bis, que estipulaban el delito de "disolución social" y que tipificaba como delito las reuniones clandestinas y la militancia en organizaciones ilegales. En los hechos, cualquier reunión pública de más de 5 sujetos era considerada como un motín que podía poner en riesgo la paz social. Toda una generación de luchadores sociales e intelectuales progresistas toparon con las rejas de la cárcel por cuestionar el degenerado sistema político que sustentaba la dominación burguesa: Demetrio Vallejo por los ferrocarrileros, Valentín Campa, Othón Salazar por los maestros, Siqueiros, José Revueltas, entre una lista interminable.   

En el terreno juvenil a esta opresión política se sumaba el yugo de la opresión económica. En la actualidad es común escuchar a algunos intelectuales "certificados" y bien acomodados, decir que el movimiento estudiantil de 68 guarda muy poca o ninguna relación con movimientos contemporáneos de la juventud que tienen reivindicaciones estrictamente económicas. El estrato promedio de estudiantes universitarios y de bachillerato estaba ligados a la pequeña burguesía propietaria o empleada, pero eluden intencionadamente decir que para el politécnico y la periferia popular de apoyo que se granjeó el movimiento se trataba de sectores proletarios, con fuertes precedentes de lucha tan solo unos cuantos años atrás. Tan sólo una década atrás había sido arrebatado a los politécnicos el internado de estudiantes hijos de obreros y campesinos.   

El eje fundamental que movilizó a la pequeña burguesía democrática fue el feroz aparato estatal que aplastaba cualquier manifestación de oposición, sin embargo, este descontento no puede explicarse por sí mismo. La explosión juvenil fue la síntesis de toda una acumulación de tensiones que antecedieron al mismo movimiento: como el endurecimiento de las condiciones laborales a raíz del incremento de la inversión extranjera que al mismo tiempo exigían abaratamiento del salario y restricción de las prestaciones sociales.   

¿Cómo impactaba este fenómeno en las filas de la juventud?  El fuerte crecimiento económico que  con el "milagro mexicano" vivía México, rondaba en un 7% anual, pero este crecimiento no se vio reflejado en un aumento del nivel de vida de las clases populares, más bien profundizó la brecha en dos polos incrementando de forma exorbitante la concentración de capital y empobreciendo a la clase trabajadora de manera rápida. Una nueva generación de jóvenes, cada vez más en ascenso, penetraba en los recintos escolares y aspiraba a ocupar mejores posiciones en la escala social, es decir mejores condiciones de vida que sus antecesores. La contradicción se expresaba en la explosión económica que generaba riqueza de manera vertiginosa pero que la concentraba en pocas manos,  y al mismo tiempo, la reaccionaria estructura política del Estado mexicano, vigía de la cultura conservadora que restringía las oportunidades a la juventud dejándolas en manos de la oligarquía y los hijos de la burguesía. Esto a la larga fue insoportable para la pequeña burguesía que veía truncadas sus expectativas de progreso y fue lo mismo que desencadenó durante los meses de julio a octubre del 68 uno de los mayores movimientos de la juventud nunca antes vistos y aun sin reedición.   

Evidentemente las tensiones acumuladas se expresaron por el conducto de menor resistencia, el eslabón más débil de la cadena, el más sensible para la juventud: el autoritarismo y la falta de libertades democráticas; pero sería una torpeza desechar las causas económicas subyacentes en las demandas políticas: el derecho a un futuro digno para los jóvenes.

Los jóvenes decidieron salir a las calles para manifestar su descontento y echar atrás todo el esquema decrépito de represión y de falta de libertades.  No debe olvidarse que entonces cualquier manifestación juvenil era reprimida de manera brutal por la policía y el cuerpo de granaderos. El mismo movimiento estudiantil había iniciado por la intervención excesiva de la policía en una trifulca entre bandas jóvenes de la vocacional de la ciudadela y de la preparatoria "Isaac Ochotorena".   

Tanto el IPN, la UNAM, Chapingo, la Iberoamericana y universidades de provincia como la michoacana, la Benemérita de Puebla, la de Nuevo León y otras se aglutinaron como un solo movimiento conformando el Consejo Nacional de Huelga (CNH), con un pliego petitorio en común: desaparición del cuerpo de granaderos; derogación de los artículos 145 y 145 bis del código penal; renuncia de los jefes de la policía y el cuerpo de granaderos; indemnización para los familiares de las víctimas de la represión; libertad a los presos políticos; deslinde de responsabilidades de los actos represivos.   

La huelga iniciada en julio se extendió a todos los planteles universitarios y se extendió a nivel nacional. Los mítines, marchas, asambleas en distintas zonas de la ciudad incluyendo barrios populares llamaban la atención de la población que efusiva contribuía con el movimiento de manera solidaria. Cuando el movimiento alcanzo un punto álgido por el mes de agosto con la marcha del silencio que aglutinó a más de 600 mil personas, el CNH obtuvo una fortaleza tan grande que empezaba a adquirir apoyo total de sectores de empleados y obreros. El gobierno temeroso a que se desarrollara un proceso similar al que se vivió en Francia en el mes de mayo del mismo año, busco una medida inmediata para frenar la disidencia estudiantil, la cual como ya sabemos fue aumentar el grado de represión culminando en la masacre del 2 de octubre.   

La organización estudiantil  en el 68

El movimiento de 1968 agarró de sorpresa a las organizaciones permanentes de los estudiantes. De hecho muchas de estas no pudieron adaptar sus estructuras a las tareas que el nuevo periodo exigía, los militantes de esas organizaciones entraron en confusión y poco a poco se distanciaron de estas organizaciones para realizar un trabajo como activistas de forma independiente. El caso de las Juventudes Comunistas del PCM es llamativo, no sólo adoptaron una posición apática en el surgimiento del movimiento, sino que lanzaron brigadas informativas a las escuelas para promover que los estudiantes no se sumaran a las movilizaciones iniciales en julio porque: ¡Estaban siendo dirigidas por la CIA!; más tarde jugaron el papel de esquiroles dentro del mismo movimiento al intentar frenarlo.

El caso de la CNED degeneró en estas mismas líneas, empezaron a adoptar posiciones burocráticas frente al movimiento y se despegaron cada vez más de las demandas que los estudiantes reivindicaban. Pese a ello el CNH se granjeó las simpatías de la población de una manera asombrosa, desde las protestas por la intervención de los granaderos en la vocacional de la ciudadela y mas tarde en la Escuela Nacional Preparatoria, el movimiento estudiantil se desarrolló vertiginosamente conmoviendo a importantes sectores del proletariado y la pequeña burguesía. Los Comités de Lucha se extendían a fábricas, barrios, oficinas de empleados rápidamente, etc.,  precisamente el temor desgobierno estaba en el efecto dominó que este movimiento podría causar en la clase obrera y otras capas.  El mayo francés en el que la clase obrera estuvo a punto de tomar el poder tenía sólo dos meses de haber concluido.   

Alza y declive del movimiento

El punto más alto del movimiento estudiantil se presentó el 27 de agosto, día en que los estudiantes rebasaron la capacidad del zócalo y exigieron dialogo público con el presidente, anunciando que se quedarían a pernoctar de ser necesario. Esa noche el ejército disolvió la manifestación estudiantil, realizando una escalada de detenciones. Tal era la fortaleza y simpatía por el movimiento, que al día siguiente, el gobierno realizó un acto de "desagravio" convocando a miles de oficinistas públicos, el acto terminó en una rechifla generalizada de los empleados, que abuchearon a sus dirigentes, solidarizándose con el movimiento.

El 13 de septiembre se llevó a cabo "la manifestación del silencio" en la que se demostró toda la originalidad, creatividad y espíritu de lucha del estudiantado. La estabilidad del Estado burgués estaba en riesgo, la ideología elemento que tiempos de calma social, permite al Estado el control del proletariado y asegura la reproducción del capital se encontraba en riesgo A partir de entonces el gobierno inició una escalada represiva contra el movimiento, iniciando con la ocupación militar de Ciudad Universitaria el 18 de septiembre.

¿Cuál fue el error fundamental del CNH? El punto débil del CNH fue carecer de una dirección audaz que vinculara las demandas de lucha por la democracia con el programa de la revolución socialista. Desde un inicio la dirección del movimiento se restringió a adoptar demandas de carácter democrático, dejando a un lado las reivindicaciones de carácter económico y reivindicaciones que sumaran a los obreros a la lucha.

La concepción de que un país capitalista dependiente como México puede llegar a una "democracia plena" dentro de este sistema ha sido refutada una y otra vez. La burguesía en su condición de lacayo del imperialismo, requiere una estructura política que permita la  reproducción del capital, esto pasa por restringir las libertades democráticas en ciertas condiciones. Jamás los capitalistas estarán de acuerdo en que los explotados  ejerzan consecuentemente sus derechos democráticos y utilizarán todos los mecanismos a su alcance para no permitirlo.

Decir que no existían condiciones para  sumar a la clase obrera, ni hacer trabajo en los sindicatos porque estaban burocratizados, se ha vuelto una moda entre ex dirigentes ahora acomodados en sectores de la clase política y la peor justificación de su cretinismo institucional. Esta argumentación muchas veces viene a acompañada de una alabanza desmedida a las "las libertades democráticas" de la actualidad". El fraude electoral de la actualidad es una prueba irrefutable de que la única democracia posible para nosotros los explotados es una democracia proletaria, en el que la lucha por las libertades políticas estén a la par de la lucha por la mejora de nuestras condiciones de vida, de la lucha por el control de las principales palancas de la economía.

Tras la masacre del 2 de octubre, la desmoralización y el pánico en las escuelas fueron inevitables. La dirección no supo replegar a las masas estudiantiles de la mejor forma y prepararlas para una nueva ofensiva. Finalmente el 5 de diciembre dominó la propuesta de la disolución del CNH para "evitar que fuera infiltrado y cooptado por el Estado". Incluso en esos meses hubiera sido posible por reorganizar la estructura del CNH e impulsar un programa revolucionario.   

Las tareas del movimiento estudiantil en la actualidad

Hoy en México vivimos un ambiente de efervescencia no muy distinto al que se vivió  hace 39 años previo al estallido de la lucha estudiantil, con sus particularidades es cierto, pero el descontento de la sociedad esta llegando a un punto tal que de un momento a otro puede estallar un proceso revolucionario. Por una parte millones de hombre y mujeres están saliendo a luchar, por otra parte el gobierno da muestras de mayor irracionalidad y barbarie con la política represiva desarrollada en Atenco, Lázaro Cárdenas  y Oaxaca. La lucha de clases esta tomando una fisonomía cada vez más definida por una parte los trabajadores rompiendo con la rutina y la ideología dominante, por otro la burguesía temerosa agrupándose en sus partidos y cámaras empresariales intentando frenar el poderoso e incontenible movimiento que se desarrolla.

Es claro ahora el principal actor en las luchas del pueblo es la clase trabajadora, la clase consecuentemente revolucionaria y la única que puede sepultar definitivamente al capitalismo; sin embargo ya se han dado ensayos generales y muestras de que la juventud podría tomar de un momento a otro las calles para luchar contra la derecha y el capitalismo. Uno de ellos fue la gloriosa huelga universitaria de 99-2000 que ha dotado de valiosas lecciones y experiencias a varias generaciones de jóvenes, el Movimiento de Estudiantes No Aceptados que cada año cobra más fuerza y las dos movilizaciones del IPN que han frenado la ley orgánica en 2002 y el Reglamento General de Estudios en septiembre de 2006, así como las múltiples movilizaciones a escala nacional de jóvenes. Estos procesos han sido tan solo ensayos de lo que veremos próximamente, han sido una muestra de las tensiones que se están acumulando en el seno de la juventud ante la falta de oportunidades, desempleo y disminución de la calidad de vida, etc. No es descartable que muy pronto pueda desarrollarse un movimiento juvenil nacional de una envergadura mucho mayor que la de 68.   El fraude electoral es un acontecimiento que ha marcado una inflexión en la historia nacional y que ha movilizado a millones de trabajadores, estudiantes, campesinos, amas de casa hasta ahora. La burguesía con su postura de imponer a Calderón en el poder ha revivido la furia de las masas explotadas que hartas del sistema de opresión han decidió tomar el control de la situación bajo sus manos. En Oaxaca hoy se vive la creación de un gobierno de los trabajadores para los trabajadores en el cual ya no solo los estudiantes son los que están en pie de lucha, ahora los maestros junto con el grueso de la población son los que están organizándose para acabar con los ataques de la derecha.

Los jóvenes debemos tomar una posición decidida de cara a los acontecimientos que estamos viviendo. Tenemos que seguir el ejemplo de la generación del 68, que manera heroica luchó por acabar con la opresión política y económica. Es una obligación para cualquier joven consciente de los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad, defender los intereses de los trabajadores y la juventud frente a la burguesía y su maquinaria represiva. La mejor forma de rendir tributo a los caídos el 2 de octubre de 68 es organizarse y luchar decididamente por terminar de una vez por todas con esta pesadilla llamada capitalismo, es nuestro deber prepararnos para ello.

Un nuevo 68 se cierne sobre México, pero esta reedición promete la mejor de las victorias para la juventud y los explotados. No partimos en blanco, tenemos de nuestro lado la experiencia histórica, sabemos que es imprescindible la alianza entre obreros y estudiantes para triunfar, que es necesario un programa socialista que vincule las demandas de la juventud con las de los trabajadores, que son necesarios métodos de lucha democráticos, representativos y que aseguren la unidad del movimiento en su conjunto. Únete a los marxistas del CEDEP CLEP y lucha por el socialismo. Construyamos juntos una organización, nacional, permanente y con carácter de clase.


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