Imprimir
Las últimas tres semanas han dejado su sello en la sociedad ecuatoriana. El movimiento revolucionario, una vez más, ha obligado al gobierno a declarar el estado de emergencia en cuatro de las principales provincias. Las fuerzas armadas tienen permiso Las últimas tres semanas han dejado su sello en la sociedad ecuatoriana. El movimiento revolucionario, una vez más, ha obligado al gobierno a declarar el estado de emergencia en cuatro de las principales provincias. Las fuerzas armadas tienen permiso para utilizar medidas “extraordinarias” para controlar la situación. Lo que estamos presenciando son los primeros inicios de lo que se podría convertir en una nueva insurrección.

La causa inmediata de esta reciente oleada de protestas masivas fueron las declaraciones del presidente de Ecuador, Alfredo Palacio, diciendo que quiere firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC), un acuerdo de libre comercio que el imperialismo norteamericano está intentando imponer a los países de América Latina. El TLC da más libertad a las multinacionales estadounidenses para operar en Ecuador, un mayor acceso a los ricos recursos del país y las permitirá conseguir millones de dólares, por ejemplo, de las grandes reservas petroleras del país.

La presencia en el país de la petrolera norteamericana OXY es una fuente de rabia y frustración para las masas oprimidas de trabajadores ecuatorianos, pobres urbanos, pueblos indígenas y la juventud. Mientras se reduce el gasto social esta multinacional puede seguir haciendo negocios en el país, a pesar de la existencia de pruebas claras de que está incumpliendo su contrato con el Estado. Si el TLC se aplica en Ecuador abrirá las puertas para más empresas y significará la total bancarrota de los pequeños campesinos y productores a pequeña escala, porque los productos agrícolas de EEUU se exportarán libremente a Ecuador.

Huelga general

el 8 de marzo

Las recientes protestas comenzaron el 8 de marzo, el día internacional de la mujer trabajadora. Se convocó una movilización nacional y una huelga general de 24 horas por parte de distintas confederaciones sindicales, con el apoyo de los movimientos sociales y los estudiantes de secundaria de la capital. En Quito bloquearon varias carreteras importantes y las plazas principales fueron el escenario de manifestaciones de masas reprimidas violentamente por la policía con gas lacrimógeno.

En varias provincias hubo rebeliones, la más significativa fue en la parte oriental del país donde los trabajadores de los pozos petroleros ocuparon y obligaron a detener la producción de las instalaciones de Shushufindi, Libertador, Lago Agrio, Sacha, Auca y el distrito Amazónico. Estos trabajadores están exigiendo el pago de sus salarios que las empresas subcontratadas les deben desde hace algún tiempo, en algunos casos incluso desde hace más de cuatro meses.

Pero las acciones del 8 de marzo sólo fueron un calentamiento de la reciente oleada de protestas que comenzó el 13 de marzo con varias insurrecciones locales por todo el país. Associated Press decía lo siguiente: “El 13 de marzo, varios miles de indígenas comenzaron a bloquear las carreteras con neumáticos ardiendo, rocas y troncos de árboles, deteniendo el tráfico y paralizando el comercio en todas las tierras altas de Ecuador y en la mayoría de la jungla oriental”.

El movimiento se extendió rápidamente y estuvo dirigido eficazmente por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) que organizó una marcha hacia la capital. La minoría indígena, que supone aproximadamente un 30% de la población, es una capa muy explotada y ha estado en la vanguardia del movimiento revolucionario una y otra vez. Esta vez contó con el firme apoyo de la mayoría de las masas, especialmente los estudiantes que se enfrentaron con la policía, casi diariamente, en Quito.

El objetivo declarado del movimiento era detener las negociaciones sobre el TLC y pedir un referéndum nacional para decidir esta cuestión. Palacio se negó a ningún tipo de concesiones y declaró el estado de emergencia en cuatro provincias ecuatorianas, dando permiso al ejército para utilizar medidas especiales y controlar la situación. En una declaración conjunta las organizaciones indígenas CONAIE y ECUARONARI, explicaron cómo el ejército había recibido instrucciones para buscar a los líderes del movimiento, entrar si era necesario en sus casas, golpearles y llevarles a la prisión de Riobamba.

No está totalmente claro lo que ocurrirá después. Obviamente, la feroz represión ha tenido un efecto en el movimiento. El vicepresidente de la CONAIE, Santiago de la Cruz, dijo que es necesario hacer una “retirada estratégica” para discutir a fondo en las comunidades indígenas locales un plan de acción “con mucho más radicalismo”. La idea es organizar asambleas de masas en cada región para formar una asamblea nacional la próxima semana. La situación todavía está abierta y pueden producirse todo tipo de resultados. En un intento desesperado para desviar la atención de las masas, funcionarios del gobierno ecuatoriano han acusado a Chávez de estar detrás de las protestas populares. Es un truco sucio para ocultar qué está realmente en juego. El propio Chávez respondió: “El gobierno venezolano no está azuzando las protestas… Es la conciencia de los pueblos que han decidido vivir y ser libres”.

Los reaccionarios siempre creen que las huelgas comienzan porque una pequeña minoría de agitadores enérgicos “provocan” la acción. Claramente las masas de Ecuador, como en cualquier otro país de América Latina, miran hacia la revolución venezolana como un gran ejemplo. Pero no son sólo los acontecimientos en Venezuela los que provocan estos levantamientos. Son el resultado de las contradicciones acumuladas en Ecuador durante un largo período de tiempo.

En realidad, el TLC es simplemente la gota que colma el vaso. No se trata de esta o aquella reforma, sino de la existencia misma del capitalismo que impide el desarrollo armonioso de los países de América Latina. Las clases dominantes del continente entraron en la historia relativamente tarde y están orgánicamente unidas a los intereses del imperialismo. En los momentos decisivos siempre se ponen al lado del imperialismo contra el movimiento de independencia nacional. La historia de Ecuador en sí misma es un buen ejemplo de ello.

Mientras exista el capitalismo, mientras la actual clase dominante siga en el poder y tenga las palancas económicas clave, no habrá solución duradera para los problemas que sufren las masas ecuatorianas. Aceptar el TLC simplemente refleja la posición de la oligarquía local. Es correcto oponerse al TLC, pero también es necesario ir más allá.

Las organizaciones de la clase obrera, de la minoría indígena y el campesinado, tienen que dar pasos decisivos para organizar una nueva insurrección, una revolución que acabe con el modo capitalista de producción y cree las condiciones para una sociedad socialista.