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Recientemente me informaron de un artículo firmado por Luis Oviedo, titulado La posición contrarrevolucionaria de Socialist Appeal (publicado en Prensa Obrera nº 826, 20/11/2003). Después de leerlo, no sabía si considerarlo un producto de la mala feo “Ladran, luego cabalgamos” (Proverbio árabe)

Un método ajeno al marxismo

Recientemente me informaron de un artículo firmado por Luis Oviedo, titulado La posición contrarrevolucionaria de Socialist Appeal (publicado en Prensa Obrera nº 826, 20/11/2003). Después de leerlo, no sabía si considerarlo un producto de la mala fe o de la simple ignorancia. Ciertamente, el método utilizado por su autor es contrario a todo principio básico del marxismo y, sobre todo, del trotskismo, al que el compañero Oviedo y el Partido Obrero (PO) dicen defender.

El PO argentino ha tenido algunos éxitos en los últimos años. En sus filas existen buenos militantes que desean sinceramente el progreso de la causa del trotskismo y de la revolución socialista en Argentina y en América Latina. Sus miembros han realizado indudablemente un buen trabajo en el desarrollo del movimiento piquetero. Todo esto merece nuestro respeto más sincero y creemos que en nuestras pasadas polémicas con el PO siempre mantuvimos una actitud escrupulosa y respetuosa.

Esto no es un detalle menor. La incapacidad para responder a las críticas y las diferencias de una forma compañera y democrática minaría el partido y le impediría desarrollarse más allá de un cierto límite. Todas las diferencias y críticas internas serían sofocadas y silenciadas. Esto significaría que todo el buen trabajo hecho por sus miembros sería arruinado tarde o temprano.

La razón para mantener esta actitud no es en absoluto diplomática. No somos liberales sino bolcheviques, y mantenemos las tradiciones genuinas del partido de Lenin y Trotsky que hemos defendido contra el revisionismo durante más de setenta años, en cada país e internacionalmente. Habría que añadir que el revisionismo contiene todos los colores del arco iris y no tiene sólo una coloración de derechas sino también de “izquierdas”.

¿Por qué los grandes marxistas eran tan escrupulosos cuando respondían a las ideas de sus oponentes? No era por razones sentimentales, sino por su interés en que la polémica sirviera para elevar el nivel político de los cuadros y no para ganar puntos en un debate. No hay nada más fácil que erigir un hombre de paja para luego demolerlo. Eso es justamente lo que ha hecho Luis Oviedo. Distorsiona nuestra ideas, a las que triunfalmente “responde” (es decir, responde a lo que nunca fue dicho). Luego, como un chico con zapatos nuevos, se pavonea orgullosamente diciendo a todo el mundo: “Vean qué inteligente soy”. Desgraciadamente, este método está lejos de ser inteligente y es enteramente ajeno al método y a las tradiciones del bolchevismo.

En nuestras polémicas nosotros siempre hemos intentado tratar con honestidad los argumentos de nuestros oponentes. Nunca hemos distorsionado o caricaturizado los argumentos de nuestros adversarios políticos, y eso por una muy buena razón. Si distorsionamos las posiciones de nuestros oponentes eso convertiría nuestra respuesta en algo sin valor y nadie aprendería nada de ella. Esa es la razón por la que Lenin y Trotsky (Marx y Engels en su momento) eran siempre muy escrupulosos en sus polémicas con sus oponentes políticos. Esa es la razón por la que siempre incluían largos pasajes de los escritos de sus adversarios en sus obras polémicas. De ese modo, nadie podía acusarlos jamás de distorsionar sus argumentos. Porque ese no fue nunca el método de los trotskistas genuinos, sino de los estalinistas. De la lectura del artículo del compañero Oviedo nadie puede aprender nada sobre las posiciones de Socialist Appeal, El Militante, ni de nadie. Entonces, ¿para qué fue escrito?

Mitología en lugar de argumentos

El artículo de Luis Oviedo contiene tantos errores y tergiversaciones que se requeriría un libro para responderlos. Desgraciadamente, la vida es corta y nosotros tenemos demasiado trabajo como para permitirnos ese lujo. Hay un antiguo proverbio ruso que dice: “Un tonto puede plantear más preguntas que las que veinte sabios pueden responder”. No obstante, nos armaremos de paciencia y haremos lo que podamos. El resultado es más bien largo y voluminoso. Es más largo de lo que a su autor le habría gustado, pero no tan largo como sería realmente necesario para contestar a todas las distorsiones y falsificaciones contenidas en el artículo del PO.

A nosotros se nos acusa, entre otras cosas, de “seguidismo a las direcciones establecidas” y de “tener un respeto reverencial por las direcciones burocráticas”. Este asunto puede, felizmente, ser esclarecido de manera bastante simple. Sabemos que Luis Oviedo es un lector asiduo de nuestra web internacional www.marxist.com y que tiene un buen conocimiento de la lengua inglesa. Permítasenos hacerle entonces una modesta proposición: compañero Luis, indíquenos por favor en qué lugar de nuestra web nosotros damos la más mínima muestra de “seguidismo a las direcciones establecidas” o de “tener un respeto reverencial por las direcciones burocráticas”, en Gran Bretaña, en Bolivia o en cualquier otro lugar. Si Luis puede hacer esto, con mucho gusto rectificaremos nuestros errores. Pero si no puede hacerlo, entonces le invitamos a publicar una retractación clara de cada palabra que ha escrito o quedará expuesto como un falsificador.

Lo que está presente en esta discusión es cómo construir una tendencia revolucionaria con raíces en las masas. Para construir el partido, no es suficiente con tener ideas correctas. Es necesario desarrollar las tácticas adecuadas para convencer a las masas de que esas, nuestras ideas, son correctas. Desgraciadamente, el PO no tiene una posición correcta con relación a las tareas objetivas de la revolución boliviana (ni tampoco, por cierto, de la revolución argentina). Ha cometido errores fundamentales y no está dispuesto a admitirlos. Esa es la verdadera razón de la presente polémica, que vamos a tratar y que está relacionada con la consigna de la asamblea constituyente.

Pero el problema no termina ahí. Es una cuestión de forma y de contenido. Incluso si el PO tuviera una posición correcta, se vería reducido a la impotencia por su desesperada actitud sectaria hacia el movimiento obrero. Luis Oviedo no muestra el más mínimo indicio de comprensión de cómo aproximarse a la clase obrera boliviana ni a sus organizaciones. Todo se reduce al usual y crudo ultimatismo que es la “marca registrada” de los grupos ultraizquierdistas de todo el mundo. Con métodos como esos no se puede llegar realmente muy lejos.

Luis Oviedo, hay que añadir, no es sólo un miembro del PO, sino también uno de sus principales dirigentes y teóricos. Nosotros debemos asumir, por lo tanto, que su artículo refleja la posición del conjunto de la dirección del PO. Si ese no fuera el caso, entonces invitamos a Jorge Altamira y a los demás dirigentes del PO a que lo desmientan. Si no lo hacen, entonces cada palabra de esta respuesta vale también para ellos.

El artículo de Luis Oviedo es muy llamativo por la gran cantidad de errores concentrados en tan pocas líneas. Contiene al menos un error en cada oración y a veces dos. Comenzaremos con lo que es una acusación bastante común contra nuestra tendencia. Sin embargo, sí existe una cosa que deberíamos agradecer al compañero Oviedo. Él nos ha provisto, en unas pocas líneas, de un compendio conveniente de todos de los mitos (o la mayoría) que el PO y todos los demás grupos ultraizquierdistas seudo-trotskistas vienen diseminando sobre nuestra tendencia desde hace años. Es bien conocido que si se repite la misma mentira muchas veces entonces algunas personas empezarán a creerla.

Para comenzar por el principio, el compañero Oviedo escribe: “Su prolongada disolución en el laborismo británico ha dejado marcas indelebles en Socialist Appeal, la tendencia encabezada por Ted Grant y Alan Woods: el seguidismo a las direcciones establecidas es ‘marca registrada’ de esta corriente”.

“Disolución” implica que hace años que dejamos de existir como una entidad separada e identificable. Pero si ese fuera realmente el caso, habría que preguntarse, maravillados, por qué el compañero Oviedo se molesta en atacarnos tan ferozmente. Tal ataque sugiere que no sólo existimos como una entidad definida, sino que esta entidad está causando a la dirección del PO algunas dificultades. El PO está obligado a atacar a nuestra tendencia porque está preocupado por los éxitos que estamos teniendo internacionalmente. Es su miedo al crecimiento de nuestra influencia en América Latina y dentro del mismo PO. Y por lo tanto está intentando construir una barrera entre nosotros y sus bases, lanzando una serie de ataques basados en una serie de distorsiones.

Los marxistas y las organizaciones de masas

Cuando los grupos ultraizquierdistas nos atacan sobre la cuestión de nuestro trabajo en las organizaciones de masas, creen que están atacando nuestro lado débil. En realidad, están atacando uno de nuestros lados más fuertes (el lado que siempre distingue a una genuina tendencia marxista de una secta): nuestra firme y persistente orientación hacia las organizaciones de masas de la clase obrera. Cuando nosotros escuchamos este tipo de críticas, simplemente nos encogemos de hombros. Es el ABC que una tendencia marxista siempre debe esforzarse por conducir un trabajo revolucionario en las organizaciones de masas del proletariado. Esto fue explicado por Lenin y Trotsky (o, en su momento, por Marx y Engels) hace mucho tiempo. Un chico de seis años sería capaz de comprenderlo. Pero en la medida que los dirigentes del PO no lo comprenden, estamos obligados a repetir algunas ideas fundamentales.

A los grupos ultraizquierdistas les encanta citar los escritos de Lenin del período 1914-17, cuando él insistía repetidamente en la necesidad de un partido revolucionario independiente y llamaba a los marxistas británicos a que abandonaran el Partido Laborista. Esto ya fue respondido por adelantado por Trotsky cuando escribió: “Pero Lenin tenía en mente una ruptura con los reformistas como consecuencia inevitable de la lucha contra ellos, no como un acto de salvación independiente del tiempo y el lugar. No pidió la ruptura con los socialpatriotas para salvar su propia alma, sino para que las masas rompieran con el socialpatriotismo”. (Trotsky, Escritos 1935-36, p. 156. Edición inglesa. Existe versión en castellano: Sectarismo, centrismo y la cuarta internacional, artículo escrito el 22 de octubre de 1935 y publicado en New Militant el 4 de enero de 1936)

La necesidad de construir un partido revolucionario independiente es el ABC para los marxistas. Sin embargo, después del ABC hay más letras en el alfabeto, y un chico que solamente repitiera las primeras tres letras después de varios años en la escuela no sería considerado muy brillante. En la época actual, los revolucionarios se enfrentan a poderosas organizaciones reformistas de masas (tanto partidos de masas como sindicatos) que tienen el apoyo de millones de trabajadores. Nuestra capacidad para crecer depende decisivamente de nuestra capacidad para ganar a las bases de estas organizaciones, especialmente de los sindicatos, pero también de los partidos reformistas de masas.

En el documento fundacional del movimiento marxista, El Manifiesto Comunista, Marx y Engels explican que los comunistas no forman un partido separado y opuesto a los otros partidos de la clase obrera:

“No tienen intereses propios ni separados de los intereses generales del proletariado.

No profesan principios particulares con los que aspiren a modelar al movimiento proletario.

Los comunistas se distinguen de los demás partidos proletarios solamente: en que destacan y reivindican siempre, en todas las acciones nacionales de los trabajadores, los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de su nacionalidad, y en que, en las diferentes fases del desarrollo que recorre la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre el interés del movimiento en su conjunto.

Los comunistas son, por un lado, en la práctica, la más avanzada y decidida sección de todos los partidos de la clase obrera del mundo; y por el otro, teóricamente, llevan ventaja a las masas proletarias en su visión más clara de las condiciones, los caminos y los resultados generales del movimientos proletario. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Obras Escogidas, Vol.1, pp.119-120 Edición inglesa).

Estas observaciones son un libro cerrado para los dirigentes del PO, y todavía expresan la esencia de lo que separa al verdadero marxismo de una caricatura sectaria. Los grupos ultraizquierdistas olvidan siempre que las fuerzas de masas de la Internacional Comunista sólo pudieron formarse a través de las escisiones de los viejos partidos de la Segunda Internacional. Más aún, en algunos casos los comunistas ganaron en su momento la mayoría de las viejas organizaciones, como en Francia, Alemania, Bulgaria y Checoslovaquia.

Una actitud sectaria hacia las viejas organizaciones reformistas de masas era característica, no de Lenin y Trotsky, sino de los ultraizquierdistas de Holanda, Gran Bretaña e Italia, contra los que Lenin y Trotsky desplegaron una lucha sin cuartel. Aunque ellos intentaban citar los escritos de Lenin del período de la Primera Guerra Mundial contra él, no comprendieron nada del método dialéctico de Lenin. El libro de Lenin La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo fue escrito en los primeros días de la Internacional Comunista (Comintern) para contestar a los argumentos de los “izquierdistas”, que reaparecen a cada momento en los escritos de los grupos ultraizquierdistas. Lenin explicó que era un crimen separar a los trabajadores avanzados de las masas, y que tales tácticas, lejos de socavar a la burocracia sindical, realmente sirven para fortalecerla.

“No actuar en los sindicatos reaccionarios significa dejar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas bajo la influencia de los dirigentes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de la aristocracia obrera o de los obreros aburguesados...

Para ayudar a las ‘masas’, para ganar su simpatía y apoyo no hay que temer las dificultades, las puyas, los embustes, los insultos y la persecución de los ‘dirigentes’ (quienes, siendo oportunistas y socialchovinistas, están relacionados en la mayoría de los casos directa o indirectamente con la burguesía y la policía), sino trabajar en todos los lugares donde las masas se encuentren. Hay que ser capaces de hacer todos los sacrificios y vencer los mayores obstáculos para llevar adelante la agitación y la propaganda de una forma sistemática y perseverantemente, con persistencia y con paciencia en esas instituciones, asociaciones y sindicatos (por muy reaccionarios que éstos sean) donde se encuentran las masas proletarias o semiproletarias”. (Lenin, Obras Escogidas, Vol.31, p.53. Edición inglesa)

Luis Oviedo sufre un ataque de apoplejía cuando se mencionan a las confederaciones sindicales de masas de Argentina (CTA y CGT), y todavía más cuando se menciona a la Central Obrera Boliviana (COB). Son “burocráticas”, ¿no lo ven? Lenin explicó cómo los bolcheviques incluso condujeron un trabajo clandestino en los sindicatos Zubátov, creados por la policía zarista para mantener alejados a los trabajadores de las ideas revolucionarias. Sin saberlo, los dirigentes del PO están repitiendo los argumentos, no de Lenin y de Trotsky, sino de los “comunistas de izquierda” a los que Lenin criticó tan ferozmente en los primeros años de la Internacional Comunista. En el Segundo Congreso de la Comintern, Lenin y Trotsky desplegaron una lucha contra “la enfermedad infantil” del ultraizquierdismo. El manifiesto del Segundo Congreso, escrito por Trotsky, declara que:

“La Internacional Comunista es el partido mundial de la insurrección proletaria y de la dictadura del proletariado. No tiene objetivos ni se propone tareas separadas y aparte de las propias de la clase obrera. Las pretensiones de los minúsculos grupos ultraizquierdistas, cada uno de los cuales quiere salvar a la clase obrera a su propia manera, son ajenas y hostiles al espíritu de la Internacional Comunista. No posee ninguna panacea ni fórmula mágica, sino los fundamentos mismos de la experiencia internacional pasada y presente de la clase obrera; purga esas experiencias de todo error y desviación; generaliza las conquistas logradas y sólo reconoce como métodos revolucionarios los métodos de la acción de masas.” (Trotsky, Los primeros cinco años de la Internacional Comunista, Vol.1, p.131. Edición inglesa)

El mismo documento añade: “Desplegando una lucha sin cuartel contra el reformismo en los sindicatos y contra el cretinismo parlamentario y el arribismo, la Internacional Comunista condena al mismo tiempo todos los llamamientos sectarios para abandonar las filas de las organizaciones sindicales de masas o volver la espalda a las instituciones parlamentarias y municipales. Los comunistas no abandonan a las masas que están siendo engañadas y traicionadas por los reformistas y patriotas sino que intervienen hasta el final en la más irreconciliable lucha dentro de las organizaciones de masas y las instituciones establecidas por la sociedad burguesa, para derribarlas más segura y rápidamente”.

El método de Trotsky, como el de Marx y el de Lenin, era una combinación de dos cosas: una defensa implacable de las ideas y principios, y una aproximación extremadamente flexible a las cuestiones tácticas y organizativas. Esto está resumido en la Carta abierta por la Cuarta Internacional, escrita por Trotsky en la primavera de 1935:

“Cualquier intento de prescribir un curso idéntico para todos los países resultaría fatal. De acuerdo con la situación nacional, con el grado de descomposición de las viejas organizaciones de la clase obrera y, por último, con el estado de sus propias fuerzas en un momento dado, los marxistas (socialistas revolucionarios, internacionalistas, bolcheviques-leninistas) pueden constituirse en organización independiente, o bien en fracción de alguno de los viejos partidos o sindicatos. Es claro que, cualquiera que sea la época o el lugar, este trabajo fraccional es sólo una etapa en la construcción de los nuevos partidos de la Cuarta Internacional, partidos que pueden surgir, o bien del reagrupamiento de los elementos revolucionarios de las viejas organizaciones, o por medio de organizaciones independientes. Pero, cualquiera que sea el terreno y los métodos de funcionamiento, deben hablar en nombre de principios incondicionales y consignas revolucionarias claras. No juegan al escondite con la clase obrera; no ocultan sus objetivos; no sustituyen la lucha de principios por la diplomacia y las maniobras. En todo momento, y cualesquiera que sean las circunstancias, los marxistas dicen abiertamente las cosas como son”. (Trotsky, Escritos, 1935-36, pp.25-26. Edición inglesa).

Uno pensaría que estas líneas están suficientemente claras. No existe un “libro de cocina” revolucionario que pueda darnos una receta de cómo trabajar en todos los países y en todo momento. Lo que está claro es que el partido revolucionario siempre comienza como un embrión y que para superar su aislamiento de las masas no sólo es permisible sino obligatorio para los revolucionarios desarrollar tácticas flexibles para penetrar en las organizaciones de masas de la clase obrera, a condición de mantener siempre una posición firme sobre todas las cuestiones de principios.

La tendencia a la que tengo el honor de pertenecer ha mantenido una posición consistente de principios durante décadas, defendiendo las enseñanzas básicas del marxismo y combatiendo por la revolución socialista, en cada país e internacionalmente. No obstante, no es suficiente con tener ideas correctas, es necesario saber cómo expresar estas ideas de una manera que pueda tener un eco en la clase obrera. Todos los sectarios se paran en este punto. Para separar a las masas de las viejas direcciones reformistas es necesario conducir un trabajo serio y sistemático en las organizaciones de masas, comenzando por los sindicatos. En su artículo, Sectarismo, centrismo y la Cuarta Internacional (1935), Trotsky caracteriza al sectarismo como sigue:

“El sectario considera la vida social como una gran escuela y se ve así mismo como un profesor en ella. En su opinión, la clase obrera debería dejar de lado asuntos menos importantes y agruparse ordenadamente alrededor de su tribuna. Entonces la tarea estaría resuelta.

Aunque nombra a Marx en cada frase, el sectario es la negación directa del materialismo dialéctico, que toma la experiencia como punto de partida y siempre vuelve a ella. El sectario no comprende la acción y reacción dialécticas entre un programa acabado y la lucha viva de las masas, es decir, imperfecta e inacabada... El sectarismo es hostil a la dialéctica (no en palabras, pero sí en los hechos) porque le vuelve la espalda al verdadero proceso que vive la clase obrera.” (Trotsky, Escritos, 1935-36, p.153. Edición inglesa)

Estas líneas expresan perfectamente la esencia del sectarismo, que se refleja en cada línea del artículo de Oviedo. La forma con la que él se aproxima a la COB es indicativa de la actitud sectaria arrogante que divide a los trabajadores y conduce a la corriente revolucionaria al aislamiento de las masas. Esa es la razón por la que los grupos ultraizquierdistas están siempre condenados a la esterilidad. Esto se aplica incluso en aquellos casos, como el del PO, donde han podido construir un grupo relativamente fuerte de unos pocos de miles. Esta es, por supuesto, una conquista seria. Pero es sólo el comienzo. En un país como Argentina, un partido de dos mil o tres mil es todavía muy pequeño en comparación con el tamaño de la clase obrera.

La cuestión está planteada incluso más claramente en Gran Bretaña, donde toda la clase obrera organizada está en los sindicatos y los sindicatos clave están afiliados al Partido Laborista. En una fecha tan temprana como en 1932 Trotsky aconsejó a sus seguidores en Gran Bretaña a entrar al Partido Laborista. Cuando la organización centrista ILP abandonó el Partido Laborista en ese año tenía una fuerza de al menos 100.000 trabajadores. Eso es mucho más de lo que tiene el PO en estos momentos ¿Y qué consejo le dio el Viejo? El consejo de Trotsky al ILP tenía tres partes: a) desarrollar una política marxista genuina, b) volver la espalda a los estalinistas y orientarse a los sindicatos y al Partido Laborista, y c) unirse a la Cuarta Internacional.

Incluso aunque el ILP tenía una base considerable entre los trabajadores avanzados, Trotsky todavía insistía en que debía penetrar en el Partido Laborista, que aún disfrutaba del apoyo de millones de trabajadores. Dejando a un lado las excusas de los dirigentes del ILP —que no existía una izquierda auténtica en el Partido Laborista, que serían expulsados, etc.,— él defendía el trabajo dentro del PL:

“La política de la oposición en el Partido Laborista es inexplicablemente mala. Pero eso sólo significa que es necesario contraponer en el seno del Partido Laborista una política marxista correcta. ¿Que no es fácil? ¡Por supuesto que no! Pero hay que saber ocultar, hasta el momento oportuno, las actividades de la vigilancia policial de Sir Walter Citrine y de sus agentes. ¿Acaso no es un hecho que una fracción marxista no logrará alterar la estructura y la política del Partido Laborista? Con eso estamos enteramente de acuerdo: la burocracia no se rendirá. Pero los revolucionarios, trabajando dentro y fuera, pueden y deben ganar a decenas y centenares de miles de obreros”. (Trotsky, Escritos, p.142. Edición inglesa)

En su polémica con los dirigentes del ILP Trotsky les criticaba por romper con el Partido Laborista en un momento equivocado y por una cuestión equivocada (en lugar de elegir una cuestión política, que podría ser entendida por las masas laboristas, rompieron por una cuestión organizativa, la independencia del ILP dentro del grupo parlamentario laborista):

“El ILP rompió con el Partido Laborista principalmente para mantener la independencia de su bloque parlamentario. No queremos discutir aquí si fue correcto romper en ese momento y si el ILP obtuvo todas las ventajas esperadas. Creemos que no. Pero es un hecho para toda organización revolucionaria en Inglaterra que su actitud hacia las masas y la clase prácticamente coinciden con su actitud hacia el Partido Laborista, que se basa en los sindicatos. En este momento, la cuestión de si se debe funcionar dentro o fuera del Partido Laborista no es un problema de principios, sino de oportunidades reales. Sea como fuere, sin una tendencia fuerte en los sindicatos y, en consecuencia, en el Partido Laborista, el ILP está condenado aún hoy a la impotencia”. (Op.Cit. p. 141-3)

Para continuar con nuestra lección para niños pequeños: en Gran Bretaña las organizaciones de masas de la clase obrera son el Partido Laborista y los sindicatos. Se nos acusa de trabajar en estas organizaciones por un tiempo “prolongado”. Frente a esta acusación ¡nos declaramos culpables! En Gran Bretaña, cualquier tendencia que se reclame marxista y no desarrolle un trabajo de ese tipo estaría condenada a la irrelevancia. Si alguien duda de esto, le pedimos por favor que examine la historia de los autodenominados grupos marxistas que han estado construyendo “partidos revolucionarios” fantasmas en las nubes por un período incluso “más prolongado” y que terminaron en una completa farsa.

El método de Trotsky es absolutamente claro en las líneas citadas arriba. En Gran Bretaña, donde millones de trabajadores están organizados en y alrededor de los sindicatos y el Partido Laborista, incluso un partido de 100.000 es poco más que una secta grande ¿Qué diría hoy de los aspavientos y las insignificancias de los minúsculos grupos que se agitan alrededor del Partido Laborista? El SLP ha colapsado ignominiosamente, a pesar del hecho de estar dirigido por un sindicalista combativo muy conocido, el líder de los mineros Arthur Scargill. La Alianza Socialista, dirigida por el SWP, está escindida y en crisis.

A pesar del colosal descontento con Blair, los trabajadores no ven a estos grupos como una alternativa seria. Reciben una cantidad de votos ridícula y pierden lo que ganan con monótona regularidad. Por otra parte, está produciéndose un giro brusco a la izquierda en los sindicatos, la mayoría de los cuales están afiliados al Partido Laborista. La tendencia marxista representada en Gran Bretaña por Socialist Appeal ha estado muy activa en este proceso. Y la historia demuestra que un giro a la izquierda en los sindicatos debe encontrar mañana su reflejo en el Partido Laborista.

El sectarismo y las organizaciones de masas

¿Qué actitud deberían tomar los marxistas hacia la COB y su dirección? Para los grupos ultraizquierdistas la respuesta es, como siempre, simple infantilismo. Su actitud hacia las organizaciones obreras es siempre la misma: denuncias estridentes sobre traición 24 horas al día, siete a días a la semana y 52 semanas al año, cada año ¡El problema es tan simple como se puede ver! Todo lo que se necesita es gritar a todo pulmón que todos son unos traidores, que las masas deberían dejar de seguir tontamente a esos traidores y seguir al PO en su lugar ¡Entonces todo estaría bien!

El problema es que, a pesar de todas sus denuncias y gritos estridentes, las masas no siguen a los grupos ultraizquierdistas sino que permanecen tenazmente leales a sus organizaciones tradicionales de masas. Nunca se las convencerá con denuncias e insultos. Por el contrario, tales métodos únicamente servirán para alejarlas, conducirlas más rápidamente a los brazos de los dirigentes y desacreditar a los trotskistas, quienes aparecerán ante las masas como escisionistas y provocadores sectarios. Esta es la imagen que los estalinistas han intentado dibujar de los trotskistas durante décadas. Desgraciadamente, la conducta de los grupos ultraizquierdistas sirve para confirmar esta caricatura. Éstos han hecho del trotskismo una mala palabra para los trabajadores en todas partes. Este es un crimen que no se puede perdonar.

Los sectarios seudo-marxistas no actúan sobre la base del movimiento real de la clase obrera y de sus organizaciones. En lugar de eso, trabajan con categorías ideales y abstracciones fuera de tiempo y de lugar. Tienen la noción fija e inalterable de que los dirigentes sindicales son incapaces de dirigir la lucha de clases. En un sentido general, tienen razón, en la medida que una lucha exitosa presupone una perspectiva y una política revolucionaria consistente, que estos dirigentes no poseen. Por lo tanto, incluso en el mejor de los casos terminarán la lucha con un compromiso insatisfactorio, aun cuando quieran luchar honestamente, que no es frecuentemente el caso.

Sí, todo esto es verdad, y de hecho es el ABC para los marxistas. Pero incluso el más derechista de los dirigentes sindicales, bajo la presión de la clase obrera, puede empezar a dirigir luchas, e incluso a ir más allá de sus intenciones. Es necesario analizar el movimiento concretamente, siguiéndolo en cada etapa y no quedarse confinado en generalidades abstractas sobre el papel del reformismo, etc., Dondequiera que los dirigentes sindicales den medio paso adelante, es necesario aumentar la presión para que vayan más allá. Como Marx y Engels explicaron muy bien, los marxistas deben ser los primeros en la lucha por el mejoramiento de la clase obrera, mientras que al mismo tiempo explican pacientemente a los trabajadores la necesidad de un cambio revolucionario. Esa es la tarea de los marxistas en los sindicatos. Esa tarea demanda una combinación de firmeza en todas las cuestiones de principios con la flexibilidad necesaria en las tácticas. Sin una cosa o sin la otra, no iríamos a ninguna parte.

Habiendo establecido su tesis básica (y falsa) sobre nuestra “disolución” en las organizaciones de masas, Luis Oviedo continua desinformando a sus lectores: "En Bolivia, como no podía ser de otra manera, son fervientes defensores de la burocracia de la COB”. Como Luis Oviedo o bien no ha leído nuestros artículos o bien no tiene la más mínima intención de informar a sus lectores sobre las verdaderas posiciones de nuestra tendencia, esto último es una tergiversación “como no podía ser de otra manera”.

Pero ¡esperen! "Hay más” susurra Luis, con gran aire de misterio, como alguien que desvela una terrible conspiración ¿Cuál es esta conspiración? Luis explica:

“Refiriéndose al nuevo gobierno, Woods escribe que ‘existe una profunda corriente subterránea de desconfianza y furia entre las masas que se refleja en la intransigencia de sus dirigentes naturales’. Sobre la supuesta ‘intransigencia’ de la COB, la Federación campesina de Quispe* o el Mas de Evo Morales*, basta mencionar que todos levantaron las medidas de lucha y abrieron una tregua con el nuevo gobierno. Pero lo más importante es el respeto reverencial de Woods a las burocracias del movimiento, a las que califica como ‘direcciones naturales’. Es una categoría novedosa. Las direcciones que se encuentran al frente de una clase en un momento determinado de su historia no son una consecuencia de la naturaleza sino de la lucha política entablada entre las distintas tendencias de esa clase (que incluye a los agentes de las clases enemigas, como la burocracia). Al calificar a Quispe y Solares como los ‘dirigentes naturales’ de los campesinos y los obreros, Woods declara por anticipado que renuncia a luchar por una dirección alternativa, revolucionaria, en las organizaciones de las masas”.

En primer lugar, cuando Oviedo critica la formulación de “dirigentes naturales de la clase obrera”, cita mal lo que nosotros escribimos. Lo que realmente dice nuestro artículo es lo siguiente:

“Por debajo de los dirigentes de la COB hay una capa numerosa de lo que se llaman líderes naturales de la clase obrera. Son dirigentes locales que se han ganado la confianza de los trabajadores y los compañeros por su honestidad, coraje y militancia. Ellos jugarán un papel crucial en la revolución. Están cerca de las masas y por lo tanto reflejan su espíritu revolucionario. Si estuvieran unidos en un partido revolucionario el futuro de la revolución estaría garantizado”. (Alan Woods y Jorge Martín. La clave de la revolución andina. 6/11/2003) ¿No está esto claro? No nos estamos refiriendo a los dirigentes de la COB, ni a Quispe ni a Solares, sino a la capa de activistas obreros por debajo del sector dirigente de la COB.

Pero incluso cuando escribe de los dirigentes de la COB, Oviedo demuestra que no comprende nada. Él alega que nosotros abogamos por “un respaldo incondicional a la dirección de la COB”. Y para Luis Oviedo, los dirigentes de la COB son lo mismo que Quispe y Evo Morales, todos forman un bloque reaccionario. Esta es la típica actitud sectaria. Deja de tomar en cuenta todos los elementos concretos de la ecuación y lo mezcla todo. Esto hace muchísimo más fácil al PO presentarse a sí mismo, y solo a él, como la dirección. Todo lo que se necesita es proclamarse como tal. Entonces los trabajadores dejarán a un lado a sus dirigentes actuales para congregarse en torno al PO y todo estará bien.

El método es la simplicidad misma: simplemente denunciamos a los líderes actuales como traidores y nos proponemos nosotros mismos como la alternativa, y llamamos a las masas a que se nos unan ¡Problema resuelto! ¿O no? Si, para construir el partido revolucionario, todo lo que se necesita es proclamarlo, entonces hasta el más pequeño sectario de la historia sería tan grande como Marx, Lenin y Trotsky juntos. Desgraciadamente, la cosa no es tan simple.

Es necesario no hablar de generalidades sino ver cómo se desarrolla el movimiento vivo de la clase obrera. Por supuesto, en general, el papel de los dirigentes políticos y sindicalistas reformistas es contener a las masas. Pero no es suficiente hablar del movimiento obrero y de su dirección “en general”. Es necesario tener en cuenta las condiciones concretas de cada caso particular. Las organizaciones de masas, especialmente los sindicatos, están bajo la presión de la clase obrera. En períodos donde las masas se mueven a la acción, pueden ser empujadas a la oposición e ir incluso más allá de lo que pretenden sus dirigentes.

Los marxistas en Bolivia se condenarían completamente a la impotencia si no fueran capaces de conducir un trabajo serio en la COB y conquistar a sus bases. Para esto, es necesario adoptar una actitud paciente y amistosa, como hizo Lenin en 1917 cuando aconsejó a los bolcheviques “explicar pacientemente” a los trabajadores rusos, quienes en su abrumadora mayoría aún seguían a los dirigentes mencheviques y eseristas en los Soviets y los sindicatos. Es peor que inútil imaginar que la manera de ganar a los trabajadores es gritando y vociferando sobre “traición” desde detrás de la barrera. Este tipo de comportamiento es incluso más lunático en una situación donde los dirigentes sindicales están implicados en la lucha.

En este caso particular, los dirigentes de la COB, a pesar de todos sus fallos y deficiencias, convocaron una huelga general indefinida. Solares incluso llamó a la formación de milicias obreras y en una entrevista concedida después de ser elegido dirigente de la COB, dijo: “El primer comunicado es un llamamiento a todos los trabajadores del pueblo boliviano a unificarse, organizarse y luchar hasta liquidar el modelo neoliberal y el sistema capitalista explotador, e imponer el gobierno obrero-campesino con los sectores oprimidos y explotados.” (El Deber, 18/8/2003). En una entrevista después de la insurrección de octubre Solares declaró: “Esperamos que pronto se consagre un gobierno obrero-campesino bajo un régimen socialista”. (La Razón, 3/11/2003)

Luis Oviedo dirá: pero esto solo son palabras. Sí, por supuesto, pero ¿cómo ven las masas de trabajadores y campesinos estas palabras? Dirán: Sí, ¡eso es justamente lo que queremos! ¿Y qué dirá Luis Oviedo a los trabajadores y campesinos bolivianos? “¡No crean a los dirigentes de la COB!¡Son mentirosos! ¡No tienen intención de dirigir ninguna revolución. Los traicionarán!” ¿Y cómo le responderán los trabajadores bolivianos? Dirán: ¿De qué estás hablando? Nuestros dirigentes convocaron una huelga general. Ellos luchan contra el régimen de explotación capitalista. Y tu gente son solamente escisionistas y provocadores”.

Después de los recientes acontecimientos, la autoridad de los dirigentes de la COB entre las masas de trabajadores y campesinos pobres normales será alta. Eso está bastante claro. Nuestra tarea es conectar con esos trabajadores y campesinos ¿Cómo hacerlo? Ciertamente no con insultos y denuncias hacia los dirigentes, en un momento que estos están respondiendo a la presión de las masas y dando una dirección. Lo que debemos decir es: “¡Hasta ahora muy bien, pero debemos ir más allá! Nuestro movimiento ha demostrado el enorme poder de la clase obrera una vez que se moviliza para cambiar la sociedad. Pero el trabajo no está terminado. La oligarquía todavía está en el poder. Debemos organizar otra huelga general y crear comités de lucha por todo el país. A los dirigentes de la COB les decimos, ¡lo que se necesita es acción, no palabras! ¡Ustedes deben pasar de las palabras a los hechos!” . Esta es la única manera correcta de plantear la cuestión. Y es exactamente lo que nosotros planteamos en nuestro artículo. Sólo un sectario fanático incapaz de pensar podría hacer una objeción a esto.

Clase, partido y dirección

“En Bolivia,” continua Oviedo “son fervientes defensores de la burocracia de la COB (Central Obrera Boliviana)”

No hay un sólo átomo de verdad en esta afirmación ¿En qué se basa? Luis Oviedo se limita a pescar alrededor de citas aisladas: “Su balance de los acontecimientos bolivianos (La clave de la revolución andina de Alan Woods y Jorge Martín), da un respaldo incondicional a la dirección de la COB”. ¿Qué quiere decir con esto?

“La dirección de la COB mostró gran coraje y determinación en la huelga general (...) Los líderes de la COB han jugado un papel muy positivo. Han mostrado gran integridad personal y coraje encabezando la lucha contra Sánchez de Lozada”.

Y concluye triunfalmente: “Ni entre las propias filas de la burocracia cobista será posible encontrar mejores defensores de Jaime Solares”.

Oviedo se siente incómodo porque está contando mentiras y por lo tanto está obligado a cubrirse las espaldas con la frase siguiente: “Pero, para disimular, Alan Woods agrega que ‘ahora es necesario algo más que integridad y coraje: es necesario tener una perspectiva clara para tomar el poder, además de un programa y tácticas adecuadas a esta perspectiva’. Es decir, recomienda una ‘perspectiva de poder’ después de haber dejado pasar el momento de la lucha por el poder, la insurrección del pasado 17 de octubre”.

Luis Oviedo de nuestra posición sólo cuenta a los militantes del PO lo que él considera indispensable para no dañar su salud, es decir, no demasiado. Convenientemente se olvida de citar lo siguiente:

“La dirección de la COB mostró un gran coraje y determinación en la huelga general. Pero hacía falta un plan, estrategia y política claro. Era necesario tener una perspectiva de toma del poder. Esto es lo que parece estar ausente y la ausencia de esto puede hacer naufragar la revolución. El secretario general de la COB, Solares, ha visitado al nuevo presidente. Aparentemente, adoptó la posición del apoyo condicional. Esto es un error. El gobierno burgués de Mesa será tan corrupto como el de Lozada. No se puede dar empleos y salarios decentes porque sus manos están atadas al FMI y el Banco Mundial. Este es el gobierno de la oligarquía y representa sus intereses. Exigir a este gobierno que defienda los intereses de los trabajadores y campesinos es pedir peras al olmo”.

“Dicen que el nuevo presidente ha mostrado interés en los puntos planteados por Solares y que las puertas del palacio presidencial están abiertas para los dirigentes de la COB. Pero es como si ‘la araña invitara a la mosca a entrar a su casa’. Hoy el presidente muestra interés (¿cómo no va a estar interesado en las personas que acaban de derrocar a su predecesor?), pero mañana les enseñará los dientes. La idea de que todo es cuestión de ‘buena voluntad’ es completamente equivocada. Lo que decide no es la buena o mala voluntad de los individuos, sino los intereses de clase. Y los intereses de los trabajadores y campesinos bolivianos no son compatibles con los intereses de la oligarquía y el imperialismo. Cuanto antes se comprenda esto, mejor. El motivo de la ‘racionalidad’ de Mesa no es difícil de comprender. La burguesía acaba de sufrir una derrota seria. No puede utilizar la fuerza y está obligada a una retirada táctica. Tiene la obligación de parecer conciliadora, hacer promesas, con la esperanza de apaciguar a las masas, hasta que llegue el momento adecuado para lanzar su contraofensiva”.

Ahora, amigo Luis, seamos serios por un momento. ¿Suena esto como las palabras de “fervientes defensores de la burocracia de la COB?”

Nuestra tendencia ha planteado consistentemente la perspectiva del poder obrero para Bolivia. Esa es nuestra posición y Oviedo está obligado de mala gana a admitirlo. En el artículo, que él cita selectivamente, no sólo planteamos la perspectiva del poder sino que mostramos concretamente cómo conseguirlo. Pero Oviedo luego continúa con sus tergiversaciones cuando cita, como es usual fuera de contexto, la frase: “Los trabajadores (...) tuvieron éxito en derrocar al presidente, pero entonces permitieron que el poder se les escapara de entre los dedos”. Esto lleva a Luis Oviedo a un ataque de recta indignación:

“Pero los que permitieron que Mesa llegara al gobierno no fueron los trabajadores sino sus direcciones, entre ellas la burocracia de la COB, que pactaron el recambio presidencial con la Iglesia, los partidos del régimen, los empresarios y la diplomacia brasileño-argentina. Para blanquear la política de la burocracia de la COB, Socialist Appeal responsabiliza a las masas”. Aquí entramos en el reino del puro surrealismo ¿es verdad que nosotros culpamos a los trabajadores de no haber tomado el poder? No, no es verdad, y Luis Oviedo lo sabe muy bien. Pero permítasenos volver a la posición de Lenin en 1917. En una de las discusiones de la Conferencia de Abril, Lenin se ocupó de la Revolución de Febrero y preguntó por qué los trabajadores no tomaron el poder en ese momento:

“¿Por qué no tomaron el poder? El camarada Steklov dice que por ésta o aquella razón. Eso no tiene sentido. El hecho es que el proletariado no está organizado y no tiene suficiente conciencia de clase. Es mejor admitirlo: la fuerza material está en las manos del proletariado pero la burguesía está preparada y tiene conciencia de clase. Este es un hecho monstruoso pero hay que admitirlo franca y abiertamente, debemos explicar al pueblo que no tomó el poder porque estaba desorganizado y no era lo suficientemente consciente”. (Lenin, Cartas sobre táctica, Obras Completas, Vol. 36, p. 437 Edición inglesa)

¿Quería decir esto que Lenin estaba culpando a los trabajadores rusos por no haber tomado el poder? Tal conclusión sería una distorsión monstruosa, como la distorsión monstruosa perpetrada por Luis Oviedo contra nuestro artículo. Estas líneas de Lenin son también aplicables al reciente movimiento en Bolivia. Es imposible que cualquiera que lea nuestro artículo pueda sacar la conclusión de que culpamos a las masas por lo que ocurrió, de la misma manera que no es posible afirmar que Lenin culpó al proletariado ruso por el aborto del doble poder. Lo que sí vemos aquí es la valiente honestidad con la que Lenin siempre se aproximó al movimiento de los trabajadores. Él siempre llamaba a las cosas por su verdadero nombre.

Nos gustaría ser caritativos. Quizás estas distorsiones no son deliberadas. Puede ser que Luis necesite anteojos nuevos o a lo mejor solamente es incapaz de comprender lo que lee. Pero en cualquier caso, nosotros invitamos a cada miembro del PO a leer lo que escribimos y a que saque sus propias conclusiones. Mientras tanto, citemos uno de los innumerables pasajes de nuestro artículo que demuestra esto y que la mala vista de Luis Oviedo o su falta de comprensión le impiden ver:

“La magnífica clase obrera boliviana se ha puesto a la cabeza de la nación como líder y portavoz del campesinado, de los indígenas y otras capas explotadas y oprimidas de la población. ¡Este es el hecho más importante y es fundamental para el resultado de la revolución boliviana!”

Todo el artículo está impregnado de confianza en los trabajadores y su principal mensaje es que los trabajadores de Bolivia pueden y deben tomar el poder, y que para esto es necesario que exista un partido y una dirección revolucionaria. Nosotros señalamos que tal dirección está ausente y que, aunque el momento apropiado se perdió temporalmente, esto se debió enteramente al problema de la dirección. La clase obrera no puede llegar inmediatamente a conclusiones revolucionarias. Las masas sólo aprenden a través de la experiencia y deben pasar por una serie de experiencias dolorosas antes de que finalmente se orienten hacia la tendencia revolucionaria. Eso fue lo que ocurrió en 1917, y será lo que ocurra en Bolivia. Es bastante natural que los trabajadores y campesinos bolivianos confíen en sus organizaciones y dirigentes tradicionales. Ellos probarán a estas organizaciones y dirigentes muchas veces en la acción, antes de buscar otras alternativas. Y cuando lo hagan, primero intentarán transformarlos.

En el momento actual los trabajadores de Bolivia están siguiendo a los dirigentes de la COB y los campesinos están siguiendo a personas como Quispe. El dirigente campesino, Felipe Quispe, dio un ultimátum al gobierno de noventa días para que solucionara las reivindicaciones de los campesinos o de otra manera él “llamaría a una insurrección para tomar el poder”. (Bolpress.com, 18/10/2003). También afirmó en una entrevista que: “ya es hora que las mayorías indígenas y originarias tomen el poder y gobiernen con la clase obrera y los gremios” (La Razón, 11/11/2003). También exigió nuevas elecciones ¿Mantendrá Quispe esta posición? No lo sabemos. Pero sí sabemos que estas demandas son correctas y reflejan la presión de los campesinos pobres ¿Qué actitud deberíamos tomar ante esto? ¿Informar a los campesinos que Quispe es un traidor y que no existen diferencias entre él y Mesa? Eso es lo que presumiblemente diría el PO. Difícilmente sea esta la manera de encontrar un camino para llegar a los campesinos pobres que tienen ilusiones en Quispe.

Por supuesto que alguien puede decir que no existen diferencias entre los políticos reformistas y los burgueses, y en un sentido esto es verdad. De la misma manera también puede decir que no existen diferencias fundamentales entre el reformismo de “izquierdas” y el reformismo de “derechas”. En general, la traición es inherente a todos los tipos de reformismo. Pero tales generalizaciones no nos ayudan a comprender la situación concreta del movimiento obrero o para intervenir en él. Son declaraciones abstractas y carecen de concreción. Pero, como dijo Hegel y Lenin repetía con frecuencia, la verdad es siempre concreta.

Los reformistas —incluso los reformistas de izquierda más sinceros— siempre tienden a traicionar al final porque aceptan la premisa del capitalismo y porque en el fondo su miedo a las masas es más grande que su odio hacia la clase dominante. Esto es correcto, como proposición general. Pero esto no significa descartar la posibilidad de que en un momento dado los reformistas puedan ser empujados por las masas a adoptar una postura radical o incluso semi-revolucionaria.

Tomemos como ejemplo el caso de Largo Caballero, el dirigente sindical socialista español que participó en el gobierno del dictador bonapartista Primo de Rivera en los años veinte del siglo pasado. Más tarde, bajo la presión de las masas obreras, Largo Caballero en los años treinta giró a la izquierda e incluso lanzaba discursos defendiendo la dictadura del proletariado, llegando a ser conocido como el Lenin español. En Octubre de 1934 llamó a una huelga general revolucionaria que culminó en la Comuna de Asturias. Por supuesto, Caballero no era un verdadero marxista, sino un centrista que vacilaba entre el reformismo de izquierdas y el marxismo. Pero el centrismo es una etapa inevitable que emerge en el movimiento de masas cuando los trabajadores están rompiendo con el reformismo y moviéndose hacia conclusiones revolucionarias. De que forma el ala revolucionaria afronta este fenómeno es una cuestión de importancia decisiva, como Trotsky explicó muchas veces.

Un caso incluso más claro fueron las Juventudes Socialistas españolas, que después de la experiencia de la Comuna giraron hacia posiciones revolucionarias. Defendieron la ruptura con la socialdemocracia y el estalinismo, y públicamente se mostraron a favor de una nueva (la Cuarta) internacional. Pero Andrés Nin y los llamados trotskistas españoles adoptaron una posición sectaria con relación a las Juventudes Socialistas y se perdió la oportunidad. Como resultado, los estalinistas tomaron el control de dicha organización y se hicieron con una base de masas. Eso condujo directamente a la derrota de la revolución española. Trotsky rompió todas sus relaciones con Nin, describiendo sus acciones como una traición ¿Qué diría hoy sobre el PO, que repite los mismos argumentos sectarios y ultraizquierdistas de Nin?

En nuestra época son enteramente posibles acontecimientos similares. La crisis del capitalismo significa la crisis del reformismo. El reformismo sin reformas no tiene sentido. Veremos el surgimiento de tendencias reformistas de masas de izquierdas e incluso centristas ¿Qué actitud deberíamos tomar ante estas tendencias? La actitud del PO puede ser prevista de antemano ¿Pero en esta cuestión qué consejo dio Trotsky a sus seguidores en los años treinta? Trotsky, que comprendía muy bien las organizaciones de masas y la psicología de los trabajadores, recomendó a los trotskistas que adoptaran una actitud paciente y amistosa, como podemos ver en su carta a Cannon titulada ¿Cómo trabajar en el Partido Socialista? (Marzo 1936) y que decía lo siguiente:

“En lo referente a la crítica de la dirección centrista, es muy importante tener en cuenta lo siguiente: esa crítica no debe diluirse en cuestiones secundarias que sólo sirven para irritar a la militancia socialista, sino que debe concentrarse en cuestiones importantes, elegidas cuidadosamente. Existe el peligro de que en las reuniones nuestros camaradas respondan a las banalidades y perogrulladas centristas con burla y desprecio. Esto podría crearnos una atmósfera desfavorable desde el comienzo. Para un militante carente de preparación política, resulta difícil ponerse al nivel de nuestra crítica; en ese caso, la ironía (por merecida que sea) podría perturbar y exasperar a la base y despertar sus sospechas. Los dirigentes centristas aprovecharían la oportunidad para dirigir dichos sentimientos en contra nuestra. Por eso es indispensable utilizar mucha paciencia, además de un tono tranquilo y fraternal”. (Trotsky. Escritos, 1935-36, p.268. Edición inglesa)

En la misma carta queda claro que Trotsky estaba descontento con la forma en que los trotskistas franceses habían llevado el trabajo en el Partido Socialista: “Además, en el caso de Francia se despilfarró demasiada energía en el ‘desenmascaramiento’ —a menudo puramente verbal— de los dirigentes, en lugar de realizar un trabajo profundo en la base, sobre todo entre la juventud”. (Op.Cit. p. 267)

Todas estas críticas pueden ser dirigidas al PO y a los otros grupos ultraizquierdistas. No han comprendido ni una sola línea de lo que Trotsky y Lenin escribieron. A Luis Oviedo no le gusta nuestro artículo ¿Por qué no le gusta? Porque critica a los dirigentes de la COB de una forma constructiva, de forma que esta crítica pueda encontrar un eco en las bases del sindicato en estos momentos ¡No los llama traidores ni denuncia ante dichas bases que sus dirigentes son lo mismo que la burguesía! Dice a los dirigentes: hasta ahora muy bien, ¡pero ahora deben tomar el poder! Es decir, adopta el mismo método utilizado por Lenin y los bolcheviques en 1917, el mismo método con el que Trotsky apremiaba a sus seguidores en Francia.

“¿Una categoría novedosa?”

En la sección subtitulada El problema de la dirección escribimos lo siguiente: “La revolución boliviana parece tener un carácter puramente espontáneo. Pero esto no es verdad. En primer lugar, no ha caído como un rayo desde un cielo azul, tiene sus antecedentes en el período anterior. En segundo lugar, estaba dirigida por los líderes naturales de la clase obrera, los militantes con conciencia de clase de la COB. En tercer lugar estos militantes no han caído de las nubes, estaban educados en las ideas que han circulado en el movimiento obrero y sindical boliviano durante décadas, las ideas del trotskismo.

En Rusia, antes de 1917, decenas de miles de activistas obreros habían sido educados durante dos décadas en el espíritu de la propaganda bolchevique. En Bolivia estas ideas y programa son familiares desde hace mucho tiempo para los activistas obreros. Las Tesis de Pulacayo de 1946, adoptadas por la Federación de Mineros, no son otra cosa que el Programa de Transición de Trotsky traducido a las condiciones concretas de Bolivia. El punto básico es la necesidad que tienen los trabajadores de tomar el poder en una alianza con los campesinos y después emprender el camino hacia el socialismo. Deben formar la base sobre la cual el movimiento ahora puede avanzar hacia su objetivo natural: el objetivo del poder obrero”.

Luis Oviedo se burla de nuestro uso de la frase “líderes naturales de la clase obrera” (“Es una categoría novedosa”) pero su humor está totalmente fuera de lugar. Demuestra que no tiene la más mínima idea de cómo se desarrolla la clase obrera y de las relaciones dialécticas entre la clase, el partido y la dirección. Esto fue explicado muchas veces por Trotsky, sobre todo en su Historia de la Revolución Rusa. Naturalmente, los grupos ultraizquierdistas nunca comprendieron esto, como nunca comprendieron nada.

¿Quién lideró la revolución rusa de febrero? ¿Fue el Partido bolchevique? No. El Partido bolchevique sólo tenía alrededor de 8 mil miembros en un país de 150 millones de personas. El movimiento en las fabricas y en los cuarteles estuvo liderado precisamente por los dirigentes naturales del proletariado, sobre los cuales nuestro amigo Luis habla tan despectivamente. Tales dirigentes siempre están presentes entre los trabajadores y se destacan en cada huelga. Ellos son la capa de proletarios militantes, con conciencia de clase, que son conocidos y respetados por sus compañeros. Algunos están organizados en partidos políticos, muchos otros no y sólo comienzan a organizarse en el curso de la lucha. Ganarse a ese estrato de la clase es la tarea clave del partido revolucionario. Pero eso nunca puede conseguirse con una actitud de arrogancia y de superioridad que se presenta ante los trabajadores con un ultimátum y que es, lamentablemente, el método habitual de la dirección del PO.

En Rusia, un pequeño número de esos activistas obreros eran miembros del Partido Bolchevique en febrero y un número mucho mayor habían estado influenciados, durante una década o más, por las ideas y la propaganda de los bolcheviques. Pero al comienzo de la revolución la gran mayoría de los trabajadores y soldados no apoyaban a los bolcheviques sino a los mencheviques y eseristas. Podemos observar un proceso similar en cada revolución. Las masas siempre tratan primero de tomar la línea de menor resistencia. Siguen a los dirigentes más conocidos y a los partidos con grandes aparatos. Esta es una ley que se repite una y otra vez.

Lenin era muy consciente de que los bolcheviques eran una pequeña minoría y que la tarea del momento era ganar la confianza de las masas de los trabajadores y soldados que apoyaban a los lideres reformistas. Comprendía la necesidad de las tácticas pacientes y flexibles. Advertía a los bolcheviques que debían “¡Explicar pacientemente!” Esto es lo que los dirigentes del PO parecen orgánicamente incapaces de comprender, y eso es lo que finalmente los condenará a la impotencia.

Qué significaban las consignas de Lenin

Es extraño que los lideres del PO, que han leído apenas lo suficiente sobre la Revolución Rusa, hayan recordado algo como la asamblea constituyente habiendo olvidado completamente otra consigna de los bolcheviques ampliamente bien conocida: ¡Todo el poder a los soviets! No tienen ni la más remota idea del auténtico contenido transicional de esta consigna. Y siempre malinterpretan el método empleado por Lenin y Trotsky en su utilización.

Esa fue la consigna central del partido bolchevique en 1917. Todo el mundo sabe esto. Pero como señaló Hegel, lo que es conocido no es necesariamente comprendido. Y los líderes del PO, no han comprendido el verdadero significado y contenido de las tácticas de Lenin en 1917. Él planteó la consigna ¡Todo el poder a los soviets! en un momento en que los soviets estaban bajo el control de los partidos reformistas (mencheviques y eseristas). Les lanzó a los líderes reformistas un desafío: ¿Por qué no tomáis el poder? Lo repitió miles de veces, en discursos y por escrito. Siempre dijo que si los líderes mencheviques y eseristas hubieran decidido tomar el poder (lo que pudieron hacer pacíficamente después de la revolución de febrero, cuando el viejo poder estatal ya estaba destruido) los bolcheviques garantizarían que la lucha por el poder se reduciría a un pacífico debate en el interior de los soviets.

Podemos imaginar cómo Luis Oviedo, si hubiera vivido en esa época, habría gritado ante semejante “revisionismo”: ¡Cómo se atreve Lenin a plantear esas demandas a los líderes reformistas! ¡Cómo se atreve a decir que el poder debería pasar a los traidores! ¡Obviamente! era porque Lenin ¡no tenía confianza en el partido revolucionario ni en el proletariado! Ha renunciado a luchar por una dirección alternativa y ha caído en el “seguidismo a las direcciones establecidas”. De hecho esos argumentos son los que usaron algunos bolcheviques ultraizquierdistas (¡los ultraizquierdistas, como la pobreza, siempre nos acompañan!) Lenin, simplemente se encogió de hombros, y nuestra reacción es la misma. Hemos comprendido y estamos aplicando el método de Lenin y Trotsky y no nos sentimos terriblemente impresionados por el infantilismo de los ultraizquierdistas que se imaginan grandes genios, cuando ni siquiera comprenden el ABC del marxismo.

“Contra lo que afirma Alan Woods,” continúa Oviedo, “la dirección de la COB (al igual que Quispe y Evo Morales) tuvo una posición extremadamente clara respecto a la cuestión del poder: era partidaria de la ‘salida constitucional’, es decir del reemplazo de Sánchez de Lozada por Mesa; en otras palabras, abiertamente hostil a la toma del poder por los explotados. Es decir, que tuvo una política que está muy lejos del ‘papel muy positivo’ que le asigna Woods. Claro que para jugar ese papel contrarrevolucionario, la dirección de la COB debía estar a la cabeza de la huelga general...”

El compañero Luis tiene una visión muy particular del proceso revolucionario en Bolivia ¿Cuáles son los hechos? En los recientes acontecimientos de Bolivia, la COB ha jugado un papel decisivo. Ni siquiera el compañero Oviedo se atreve a negar esto. Más aún, los líderes de la COB, pese a las limitaciones de sus capacidades y de sus perspectivas, se pusieron a la cabeza del movimiento. Que no llevaran al movimiento a la toma del poder y que por lo tanto se perdiera una gran oportunidad, es evidente, y eso nos muestra lo que ya sabíamos, que los líderes de la COB no son marxistas revolucionarios, y por lo tanto en el momento de la verdad no supieron qué hacer.

Sí, la dirección del movimiento era completamente inadecuada y una oportunidad brillante se perdió. Sí, debemos trabajar para construir una genuina tendencia revolucionaria en Bolivia. Pero la primera condición para realizar ese trabajo es comprender la realidad, como Lenin comprendió la verdadera correlación de fuerzas en Rusia en abril de 1917. La realidad es que la tendencia revolucionaria en Bolivia es débil debido a la política equivocada de Lora y del POR. Es necesario comenzar desde un modesto principio y demostrar a los trabajadores de Bolivia, comenzando por la capa activa de la COB, que somos gente seria y no sectarios lunáticos.

Le guste o no al compañero Oviedo (y está claro que no le gusta), la inmensa mayoría de los trabajadores bolivianos apoyan a la COB y a su actual dirección. El hecho de que los dirigentes de la COB convocaran a una huelga general indefinida y hablaran de la necesidad de un gobierno de trabajadores y campesinos con un programa socialista habrá acrecentado enormemente su autoridad ante los ojos de los trabajadores de Bolivia. Desconocer este hecho sería en extremo infantil.

Entonces, para acercarse a los trabajadores bolivianos es necesario, no sólo llevar adelante una política correcta sino hacerlo de manera que tenga un eco en los trabajadores y no apartándose de ellos. Por eso decimos a los activistas de la COB: “Lo que ustedes han hecho hasta ahora está muy bien. Pero el trabajo no está terminado. Hay que continuar la lucha hasta el final. Es necesario tomar el poder y derrocar a la oligarquía”.

Pero todo esto es irrelevante para nuestro amigo Luis. Él tiene otra interpretación de los acontecimientos de Bolivia ¿Por qué los dirigentes de la COB se pusieron a la cabeza de la huelga general revolucionaria que derrocó a Goñi? Lo hicieron, dice Oviedo, sólo para traicionar mas eficazmente a los trabajadores. La mentalidad sectaria de los dirigentes del PO alcanza aquí toda su gloria. Esta gente es incapaz de entender la forma en que el movimiento de los trabajadores se desarrolla en Argentina, Bolivia o en cualquier otra parte.

La consigna de la asamblea constituyente

Nuestros artículos sobre Bolivia, que no contienen ni una partícula de “seguidismo a las direcciones establecidas”, no fueron escritos para complacer a Luis Oviedo, sino que están dirigidos a los trabajadores bolivianos y especialmente a la capa de activistas organizados en la COB. Al contrario de lo que hace Luis Oviedo, es necesario convencer a los trabajadores de que es necesario continuar avanzando hasta conseguir satisfacer definitivamente sus demandas. El propósito de nuestros artículos (que fueron ampliamente leídos en Bolivia) era explicar dos cosas: 1) la necesidad de derrocar al capitalismo y 2) la necesidad de conformar un partido revolucionario. La principal demanda programática era extender los comités de trabajadores —embriones de soviets— y a través de ellos tomar el poder. Eso fue lo que escribimos y cualquiera es libre de verificarlo. No sabemos cómo hace el camarada Oviedo para concluir que defendemos “todo el poder para la COB”. Esa es una invención por su parte que no guarda relación con la realidad.

“¡Qué es esto!” protesta Luis. “¡Alan Woods recomienda una perspectiva de poder a los burócratas de la COB! Y peor aún, luego de dejar pasar el momento de la lucha por el poder, la insurrección del 17 de octubre pasado. ¿Quién ha escuchado nunca una posición marxista semejante a esa?” El caso es que si la COB hubiera tomado el poder, eso hubiera sido algo bueno desde nuestro punto de vista. La consigna de “Todo el poder a la COB” hubiera sido un millón de veces más preferible a la consigna reformista burguesa de la asamblea constituyente propuesta insistentemente por el PO. Sin embargo, lamentamos informar al compañero Luis que nosotros nunca propusimos tal consigna (que el poder pasara a manos de la COB) y por lo tanto, como todo el resto de su artículo, es una fantasía producto de su activa imaginación.

Permítasenos citar exactamente los que nosotros escribimos en nuestro artículo:

“La revolución tiene enormes reservas entre la población, tanto en las ciudades como en el campo. El proletariado boliviano tiene una tremenda tradición revolucionaria, con sus acciones ha demostrado que no ha olvidado esta tradición. Además, los cuadros del movimiento han asimilado algunos de los elementos más importantes del marxismo y el leninismo, es decir, el trotskismo, incluidos en las Tesis de Pulacayo. La idea del poder obrero no es extraña para ellos. ¡Hay que construir sobre estas bases! Hay que plantear la cuestión central claramente y sin ambigüedades: para comenzar a solucionar los problemas de la sociedad el poder debe pasar a la clase obrera, a la COB, a las juntas vecinales y a los otros órganos de poder obrero”.

Eso fue lo que nosotros escribimos. La afirmación de que nosotros proponíamos que el poder pasara a manos de la burocracia de la COB es simplemente una burda invención de Luis Oviedo. La cuestión del poder es una cuestión concreta y debe ser planteada de manera concreta. Partimos de las or