Corriente Marxista Internacional

“Este gobierno no se diferencia en nada del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Carlos Mesa no supo recibir el mensaje de la rebelión indígena de El Alto contra la venta del gas" (…) "Los alteños lo único que logramos fue expulsar a un ‘gringo’ “Este gobierno no se diferencia en nada del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Carlos Mesa no supo recibir el mensaje de la rebelión indígena de El Alto contra la venta del gas" (…) "Los alteños lo único que logramos fue expulsar a un ‘gringo’ (Sánchez de Lozada) que estaba bañado con la sangre del pueblo (...) Ahora los alteños nos arrepentimos (de la tregua) porque lo mejor hubiera sido continuar con esa medida (la rebelión popular) hasta que se abrogue las Leyes de Hidrocarburos, de Seguridad Ciudadana, el Decreto Supremo 21060 (que da vía libre al neoliberalismo) y se cese con el negocio del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas)"

"(…) Ha retornado el "cabreo" contra el gobierno. Nos hemos equivocado, los actuales ministros y el entorno del gobierno continúan con la posición de exportar el gas por Chile (...) Me estoy reuniendo con varios sectores, entre ellos universidades, para preparar una futura rebelión, ahora no sólo contra Carlos Mesa, sino contra (los neoliberales y derechistas) Jaime Paz (el jefe del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, MIR), Manfred Reyes Villa (el jefe de la Nueva Fuerza Republicana, NFR), Jhonny Fernández (el jefe de la Unidad Cívica Solidaridad, UCS) y contra Acción Democrática Nacionalista (ADN, el partido del ex dictador Hugo Banzer).

"(…) Hasta ahora no hay justicia para las personas que murieron y resultaron heridas por la masacre de octubre. Hay heridos que no tienen dinero para comprar medicamentos, por eso, están recurriendo a remedios caseros para sanar sus malestares (...) Los heridos continúan llorando, abandonados a su suerte. Por eso se ha terminado la paciencia, por eso se han declarado en huelga de hambre los familiares" (Econoticiasbolivia.com, noviembre 12, 2003). Estas palabras de uno de los líderes de la insurrección boliviana de octubre, Roberto de La Cruz dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, el epicentro del movimiento revolucionario de los trabajadores bolivianos, resumen de manera bastante elocuente lo que está suponiendo el gobierno burgués de Carlos Mesa y las conclusiones que están sacando ya sobre él sectores de las masas y una buena parte de la vanguardia revolucionaria.

Mesa incumple todas sus promesas

El 24 de octubre en el artículo “Bolivia: La clave de la revolución andina” nuestros camaradas Jorge Martín y Alan Woods afirmaban: “Por ahora la burguesía boliviana se ha visto obligada a retirarse y abandonar la represión en favor de las maniobras e intrigas. A pesar de este cambio cosmético, no existe diferencia real entre Mesa y Lozada. Es similar a una retirada táctica en la guerra. Como la primera línea de defensa ha sido barrida a un lado por las masas, Mesa ha tenido que retirarse a la segunda línea de defensa, dirigirse a las masas y prometer —sobre todo prometer todo y nada— el sol, la luna y las estrellas, con una condición: que las masas abandonen las calles y regresen a casa, que se restaure la “normalidad”, que vuelvan a reinar la “ley y el orden”. Cuando el movimiento haya amainado, entonces la oligarquía podrá pasar a la ofensiva y dar marcha atrás en todas las concesiones.

“Este mensaje, sin embargo, no va a ser fácilmente aceptado por las masas, que han despertado a la acción y han tenido la ocasión de ver el poder que reside en las manos de la clase obrera cuando ésta se moviliza y une. Los mineros han visto el poder de la dinamita. Pero mucho más poderosa que el poder de la dinamita es la unidad de la clase obrera. Por lo tanto, a Mesa no le queda otra alternativa que montarse sobre el tigre. Desgraciadamente, como dice un viejo proverbio indio: un hombre montado sobre un tigre tiene muchas dificultades para desmontarlo. Los trabajadores y campesinos no se van a contentar tan fácilmente con palabras y promesas bien sonantes. ¡Ya han tenido suficiente de esto! Ahora quieren resultados concretos” (Bolivia: La clave de la revolución andina http://venezuela.elmilitante.org/index.asp?id=muestra&id_art=80).

El problema, como explicábamos en el artículo citado y en todos los demás materiales que los marxistas hemos elaborado sobre la situación boliviana, es que –debido a la crisis y debilidad extremas del capitalismo boliviano, que se enmarcan además dentro de la crisis del capitalismo mundial- la burguesía no puede ofrecer ningún resultado concreto a las masas, sólo más ataques, penuria y explotación.

En Econoticiasbolivia.com podemos leer: “El ministro (de Economía) aseguró que tratarían de reducir el gasto público con una política de austeridad, por lo que no habría recursos para atender nuevas demandas sociales planteadas por las organizaciones sociales y laborales que se movilizaron desde septiembre y que lograron echar del gobierno al ex presidente Sánchez de Lozada.“Es necesario no crear expectativas en la población acerca de lo que podría ser el próximo presupuesto y el presupuesto regional", dijo Cuevas.

“Las exigencias del FMI sobre las autoridades y la economía boliviana son tan excesivas que uno de los más importantes economistas norteamericanos con fuertes lazos con Bolivia, como Jeffrey Sachs, advirtió sobre nuevos y graves peligros si continuaba esta tendencia”. Esto refleja bastante bien la situación en la que se encuentra la burguesía boliviana.

Mesa prometió que intentaría una distribución a partes iguales en la distribución de los ingresos por la exportación del gas entre las multinacionales y el estado boliviano (actualmente gracias a una Ley de Hidrocarburos elaborada al dictado del imperialismo esta distribución es escandalosa, 18% para el estado boliviano y 82% para las multinacionales). Pero su propio ministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, se ha encargado de dejar claro que no hay unos parámetros definidos y que en todo caso cualquier modificación de la Ley de Hidrocarburos (lo que pedía el pueblo era la eliminación de esta) no puede ‘ahuyentar a los inversores’”. (Econoticiasbolivia.com, 20 octubre 2003)

La burguesía boliviana no tiene nada que ofrecer

La promesa de un referéndum para decidir sobre el proyecto de exportación (una de las concesiones con las que la burguesía intentó calmar a las masas y obtener una tregua de algunos dirigentes populares) también ha sido convenientemente adulterada. Además de que aún no se la ha puesto fecha, Ríos ya ha explicado que lo que se consultará serán “las características” del proyecto, no el fondo de este.

En los demás aspectos el margen de maniobra de la burguesía es igual o menor. Respecto a la erradicación de cultivos de hoja de coca, la presión del imperialismo estadounidense ya ha llevado también al gobierno a guardar en el cajón todas sus promesas. "La lucha contra el narcotráfico es una política de Estado que seguirá la actual gestión. El compromiso nacional de eliminar la coca ilegal y luchar contra el tráfico ilícito de drogas persiste". "Marcando la necesidad evidente de una negociación razonable con los sectores que producen coca, nuestra perspectiva es continuar con la política que el país ha llevado en los últimos años" ha dicho Mesa (citado por Econoticiasbolivia.com, noviembre 4, 2003)

Y así en todo lo demás: ningún aumento de impuestos significativo a los más ricos porque podría ahuyentarlos o desincentivar la inversión, recortes del gasto público y social, aplicación de todas las políticas propuestas del FMI, entre las cuales, por supuesto, es irrenunciable el mantenimiento del proyecto de exportación del gas tal como estaba concebido.

El gobierno incluso está negociando un tratado de libre comercio con Chile que ha motivado la indignación de los campesinos. Según varios dirigentes campesinos este acuerdo podría ser un duro golpe a la agricultura del occidente del país y sólo beneficiaría a las empresas agroexportadoras.

Primeras movilizaciones

Las primeras movilizaciones contra esta situación no se han hecho esperar. “En la localidad altiplánica de Sorata, cuatro haciendas de regular dimensión fueron tomadas en las últimas horas por campesinos leales al "Mallku" Felipe Quispe, el jefe cóndor de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), mientras en el sur de la ciudad de La Paz otros comunarios ocupaban una gran extensión de terrenos periurbanos en Mallasilla. En el valle de Cochabamba, en Sacaba, los agricultores se posesionaron por la fuerza de la hacienda del ex ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, el brazo derecho de Sánchez de Lozada”.

“El dirigente de los campesinos de La Paz, Rufo Calle, aseguró que su sector continuará con la toma de tierras en diferentes regiones del departamento. "Las autoridades no están cumpliendo con sus compromisos y la gente ya no quiere esperar", dijo y exigió que se entregue por lo menos de 10 a 20 hectáreas de tierra para cada familia campesina.” (Econoticiasbolivia.com, noviembre 11, 2003)

Esta respuesta fue reprimida por el gobierno provocando 7 heridos de bala y, según se denunciaba por parte de los campesinos, la posible muerte por asfixia fruto de los gases disparados por las fuerzas represivas de un bebé.

Jaime Solares, secretario general de la Central Obrera Boliviana (COB), otro de los principales dirigentes de la insurrección, también ha formulado críticas a Mesa pero por el momento –al menos hasta la elaboración de este artículo- la COB no ha planteado volver a la lucha contra el gobierno. En nuestra opinión este debe ser el primer paso: Mesa ya ha dejado bastante claro que los trabajadores y campesinos no pueden esperar nada de él, ahora es imprescindible recuperar el arma de la lucha y la movilización unitaria de trabajadores y campesinos y luchar por un gobierno de los trabajadores ofreciendo un programa socialista que ofrezca una solución real a los problemas del pueblo.

El inicio de una respuesta a los ataques de Mesa es muy importante, así como lo son las declaraciones de Roberto de la Cruz con las que abríamos este artículo. Reflejan que el movimiento revolucionario está vigilante y que las batallas decisivas en Bolivia todavía están por empezar.

Aprender de los errores del pasado

Pero los dirigentes más a la izquierda deben sacar conclusiones de la experiencia pasada. Como afirmaba Roberto de la Cruz, la tregua fue un error y el levantar ilusiones en Mesa –cuando este pertenece también a la burguesía y era cómplice de todas las políticas de ataque al pueblo de Goni- también lo fue.

El resultado de este error es se perdió la iniciativa y se creo confusión. Aunque sectores de las masas obreras y campesinas y muchos dirigentes ya están sacando la conclusión de que es necesario volver a la lucha e incluso empiezan a ponerse nuevamente en marcha, es muy posible que entre otros sectores permanezcan aún las ilusiones creadas al darle un margen de confianza al gobierno. Esto, combinado con las promesas de Mesa, pero sobre todo con el hecho de que sigue los dirigentes de algunas organizaciones populares siguen estimulando conscientemente esas ilusiones, puede mantener cierta confusión todavía durante algún tiempo.

Declaraciones como las de Evo Morales, diciendo que el discurso de Mesa, su promesa de referéndum y de convocar una Asamblea Consituyente, eran un 80% del programa del propio MAS es lo que necesita la burguesía en estos momentos. Morales llegó a afirmar que:"Empezando a cambiar estas normas, uno (Mesa) desde el Palacio, otro (el MAS) desde el Congreso, poco a poco tiene que cambiarse el modelo económico orientado a que nuestras empresas y recursos naturales tienen que ser de los bolivianos". (Nota de prensa del MAS, Octubre 21, 2003

http://www.masbolivia.org/noticias/compren21_10_03.htm)

Con estas declaraciones, en lugar de preparar a las masas para el siguiente paso – inevitable - en la lucha, las desarma ideológicamente y favorece los planes de la burguesía de engañarlas y dividirlas, separando a los sectores más conscientes y combativos de aquellos que todavía están despertando a la lucha, poseen menos experiencia y tienen más ilusiones en que la sustitución de Lozada por otro presidente pueda significar ya la ansiada solución a sus problemas.

La tarea de una auténtica dirección revolucionaria en estos momentos es la de preparar a las masas para la lucha decisiva: pelear por un poder de los trabajadores y los campesinos, explicándoles lo que es evidente, que Mesa no va a resolver ninguno de sus problemas porque forma parte de la clase capitalista y no tiene ninguna intención de enfrentarse a ella.

La burguesía ya está utilizando a algunos de los dirigentes más a la derecha del movimiento popular para poder engañar a las masas. “La ocupación de predios fue, sin embargo, desautorizada por el principal ejecutivo del Movimiento Sin Tierra (MST), Angel Durán, quién deslindó responsabilidades por estas acciones que, dijo, estaban impulsadas por "intereses políticos".Hace tres semanas, Durán había acordado con las autoridades del gobierno del presidente Carlos Mesa hacer una pausa en la ocupación de tierras, en espera de soluciones a los conflictos presentados en Sacaba, en la hacienda del ex ministro Sánchez Berzaín y en Collana, en la hacienda de familiares del ex presidente Sánchez de Lozada, así como para la atención de otras demandas interpuestas por los comunarios que reclaman predios. Cumplidos los plazos y ante la falta de soluciones, las ocupaciones se reactivaron, bajo el respaldo de la Confederación de Campesinos, pero no del principal dirigente del Movimiento Sin Tierra que está siendo cada vez más cuestionado por su actitud conciliadora hacia el presidente Mesa” (Econoticiasbolivia.com, noviembre 11, 2003)

En la organización política que encabeza el Mallku Felipe Quispe, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), también se han producido las primeras divisiones. El diputado Juan Gabriel Bautista se ha desmarcado de sus declaraciones críticas contra el gobierno de Quispe y su llamamiento a la lucha contra Mesa: "No es momento de amenazas ni de dar plazos al presidente Carlos Mesa, porque el país necesita un respiro, necesita un tiempo (...) Dejémoslo trabajar, yo diría que todos los parlamentarios, todos los dirigentes estamos en la obligación de dar un hombro, una manito" (Econoticiasbolivia.com, octubre 24, 2003)

Este es un fenómeno que vemos en todas las revoluciones: cuando la burguesía siente que no puede aplastar todavía el movimiento de las masas y que este aún puede avanzar más, intensifica la presión sobre los dirigentes populares para intentar basarse en figuras que todavía puedan tener un prestigio y una influencia sobre ellas para intentar frenarlas, desviarlas de la lucha por el poder y de un programa que cuestione el sistema y engañarlas con la falsa promesa de que si esperan un poco será posible una mejora real bajo este sistema. Con esto buscan ganar tiempo y dividir al movimiento revolucionario para en cuanto vean a este debilitado intentar pasar al ataque.

La consigna de la asamblea Constituyente

Por eso –como hemos explicado detalladamente en otros artículos- la consigna de Asamblea Constituyente –que no es otra cosa que un nuevo parlamento burgués- defendida por prácticamente todos los dirigentes de la izquierda boliviana nos parece en el contexto actual de Bolivia –como antes en el de Argentina- profundamente errónea y un peligro para la revolución.

En determinados momentos los socialistas revolucionarios podemos y debemos defender esta consigna democrático-burguesa. Fundamentalmente cuando las masas todavía ni se plantean tomar ellas directamente el poder e identifican la mejora de sus condiciones de vida con el derecho democrático a elegir sus representantes a un parlamento, debatir una nueva Constitución, etc.

En esos contextos, los marxistas revolucionarios han utilizado esa consigna para ir minando precisamente esas ilusiones, insistiendo al mismo tiempo en la necesidad de formar organismos de poder obrero y popular para aumentar la confianza de las masas en sus propias fuerzas y elevar su nivel de conciencia. Esta fue la situación en la revolución rusa. La consigna de asamblea Constituyente estaba inscrita en el programa de todas las tendencias revolucionarias porque, después de décadas de autocracia zarista, era identificada por las masas con su liberación total. Los bolcheviques la tenían en su programa, pero desde febrero, cuando en la lucha las masas crean sus propios órganos de poder, los soviets, a octubre la consigna con la que agruparon a las masas y las llevaron a la victoria era la explicación de que la única forma de conseguir las reivindicaciones fundamentales “pan, paz y tierra” era luchando por que todo el poder pasase a manos de los soviets, los órganos de poder creados por los trabajadores y campesinos.

A medida que la lucha revolucionaria avanza y los trabajadores y campesinos van experimentando la posibilidad de sus propios órganos de autoorganización, primero para organizar la lucha y luego para ejercer el poder, se van disipando sus ilusiones en instituciones democrático-burguesas y esta consigna tiende a adquirir una importancia cada vez más secundaria en sus aspiraciones. La consigna que permitió a Lenin y Trotsky ganar la dirección de las masas, acelerar su proceso de toma de conciencia y conducirlas a la victoria fue “todo el poder a los soviets”.

La burguesía empieza a utilizar la consigna de Asamblea Constituyente

En Bolivia hoy, o en Argentina tras el “argentinazo”, no se sale de una dictadura y se lucha “por la democracia”, no estamos ante un movimiento en el que predominen las ilusiones en las instituciones de la democracia burguesa. Al contrario, el parlamento, los jueces, el ejército, etc. están bastante desprestigiados y cuestionados. Como se reconocía en el Ampliado Nacional de la COB del 18 de octubre, en Bolivia se podía haber tomado ya el poder, la conclusión era que lo que faltó fue únicamente “un partido revolucionario”

Las masas han creado embriones (y en algunos casos mas que embriones) de poder obrero, e incluso se ha llamado a la formación de comités de autodefensa obrera para enfrentar la represión burguesa, y la dirección del movimiento está en manos de organizaciones de izquierdas que en muchos casos, además, se reclaman socialistas.

Si alguien está estimulando ilusiones en instituciones democrático-burguesas, en un contexto en el que las masas están hartas del gobierno y parlamento burgués, son precisamente esos dirigentes revolucionarios que hablan de la asamblea constituyente a las masas como posible solución a sus problemas.

Sin embargo la única solución es generalizar esos órganos de poder (asambleas populares, cabildos abiertos, juntas vecinales…) que las mismas masas ya se han empezado a crear y unificarlos en una asamblea nacional popular revolucionaria de representantes elegidos y revocables que tome el poder, elija un gobierno obrero y campesino y apruebe un programa para transformar la sociedad y solucionar todos los problemas que crea la crisis capitalista y el dominio de la burguesía.

Ese es el único tipo de asamblea que puede poner las bases para solucionar los problemas del país, y muchos militantes obreros y campesinos cuando hablan de una “asamblea constituyente” muy probablemente se refieran a este tipo de asamblea, es decir a un organismo de poder obrero y campesino. Sin embargo, los dirigentes, particularmente los del MAS, cuando hablan de una asamblea constituyente son bien conscientes de que se trata de un nuevo parlamento burgués en el que ellos puedan tener la mayoría, pero que se mantendría dentro de los límites del capitalismo.

No es casualidad que Mesa para ganar tiempo prometiese el referéndum sobre el gas o incluso la convocatoria de una Asamblea constituyente para refundar “una nueva Bolivia”, ni que distintos sectores de la burguesía boliviana e incluso internacional hayan agarrado con las dos manos esta consigna. "Para cuidar las inversiones se necesita de paz social, obviamente pensamos que con los diálogos que van a tener en el referéndum y la constituyente va ayudar -al gobierno- a tener un discurso sobre una dirección de desarrollo que es muy necesario para Bolivia", señaló el representante del BM en Bolivia, John Newman (Bolpress.com, 222 octubre, 2003). El alcalde de La Paz también se mostraba entusiasmado con la idea.

En estos momentos la asamblea constituyente o nuevas elecciones puede ser el camino para ganar tiempo, desviar la atención de las masas de la lucha por resolver directamente a través de su participación consciente sus problemas hacia el terreno de los interminables debates parlamentarios sobre una nueva constitución y una refundación de la república, que además los representantes de la burguesía intentarán a buen seguro dilatar lo máximo posible.

Es el camino más seguro para que las masas vayan perdiendo la confianza en sus propias fuerzas y que esos órganos de poder obrero y popular que con tanto esfuerzo y sacrificio han creado en la propia lucha vayan diluyéndose. La clase dominante además no dudará en apoyarse en los dirigentes más moderados del movimiento popular en la propia Asamblea Constituyente para acelerar este proceso y desviar a las masas de la lucha por el poder.

Así pues, la consigna de la Asamblea Constituyente hace el juego a la burguesía en su intento de recomponer la legitimidad dañada de la legalidad burguesa. A esta consigna hay que oponer, no una asamblea constituyente “revolucionaria” sino una asamblea popular revolucionaria, una consigna que tiene una tradición en Bolivia desde el proceso revolucionario de 1970/71.

El eco que puede encontrar entre las masas la consigna de una asamblea constituyente se basa precisamente en el deseo de obreros y campesinos de tomar el futuro del país directamente en sus manos. Sin embargo hay que explicar que una asamblea constituyente que se mantendría necesariamente dentro de los límites del sistema capitalista no puede llevar a ese objetivo. Esas aspiraciones sólo las puede plantear una asamblea nacional popular compuesta por representantes elegidos directamente por los trabajadores, campesinos, vecinos, estudiantes, etc con mandato y revocables en cualquier momento, y basada en los cabildos abiertos, las organizaciones sindicales de base, las organizaciones comunitarias campesinas, las juntas vecinales y demás organizaciones de lucha.

Por un gobierno obrero y campesino con un programa socialista

La evidencia de que las políticas de Mesa son las mismas que las de Lozada y la presión de sus propias bases ya ha empujado a varios dirigentes que inicialmente ofrecieron una tregua al nuevo gobierno, e incluso a algunos de los que le apoyaron más o menos abiertamente, a tener que rectificar. Evo Morales ha tenido que pasar de su postura inicial de apoyo al gobierno a una de semioposición o por lo menos de crítica más abierta.

El dirigente del MAS (Movimiento Al Socialismo) se ha mostrado “desilusionado” con las primeras medidas tomadas por Mesa. Pero una dirección revolucionaria debe anticiparse a los acontecimientos, preparar y orientar al movimiento y no ilusionarse o desilusionarse ante cada maniobra y engaño que prepara la clase dominante.

El problema de Morales es que no confía en la fuerza de los trabajadores y los campesinos para tomar el poder y no tiene una alternativa a este sistema. El miedo a tomar el poder y enfrentar la presión de las masas para que lleve a cabo las transformaciones necesarias en el país le empujó a apoyar entusiasmado que un burgués como Mesa asumiese el poder. Pero la crisis del sistema en Bolivia y la fortaleza del movimiento revolucionario significa que si la clase dominante no consigue aplastar el movimiento revolucionario definitivamente –y en estos momentos todo indica que no pueden- es muy posible que en un determinado momento un dirigente como Evo Morales pueda llegar al gobierno.

Si Morales sigue con su idea de mantenerse dentro del marco del capitalismo la burguesía intentará entonces exprimirlo como un limón, dejar que desilusione a las masas sin resolver sus problemas –algo totalmente imposible bajo este sistema- y entonces intentar pasar a la ofensiva y aplastar al movimiento popular.

Otros dirigentes más a la izquierda como Solares (secretario de la COB), Quispe (dirigente de la CSUTCB) o incluso más De la Cruz (dirigente de la COR de El Alto) han criticado muchas de estas actitudes de Morales pero la clave es prepararse para la toma del poder.

En una interesante serie de entrevistas publicadas el 11 de noviembre en el diario La Razón, Solares y Quispe plantean abiertamente que el objetivo es la abolición del capitalismo y la toma del poder por parte de un gobierno de obreros y campesinos. Así Solares afirma: “esperamos que pronto se consagre un Gobierno obrero-campesino bajo el régimen socialista (…) Primero hay que ver que los sindicatos de trabajadores estén preparados para la revolución y por eso hay que hablar de las ideologías marxista y socialista. Porque no nos olvidemos que los sindicatos son escuelas de solidaridad y ellos tienen que ser los núcleos que tarde o temprano puedan asumir un Gobierno obrero campesino con línea socialista”.

Quispe por su parte declara: “La clase política tiene el poder y ya ha demostrado que no puede manejar el país porque permite que se generen conflictos y usa las armas para parar los conflictos. Por eso ya es hora de que las mayorías indígenas y originarias tomen el poder y gobiernen con la clase obrera y los gremios que, desde siempre, fueron maltratados, humillados y que quieren tener la oportunidad de iniciar un cambio en base a igualdad, paz y honestidad (…)Nosotros no sólo queremos criticar, queremos la oportunidad y no estamos de acuerdo con seguir viviendo en un sistema capitalista (…)El sistema vigente debe ser cambiado por un modelo económico comunitario donde no existan pobres ni ricos y todos tengamos la posibilidad de trabajar en igualdad de condiciones (…) si esto sigue así … organizaremos la revolución agraria para que el suelo, el sobresuelo y las demás capas de la tierra puedan pertenecer por derecho a los campesinos y si hay riquezas éstas recaigan sobre los indígenas”.

Este tipo de declaraciones son un reflejo, aunque distorsionado, por una parte de la enorme presión de las masas obreras y campesinas que en todo el proceso han ido por delante de sus dirigentes, y por la otra de las profundas y arraigadas tradiciones del proletariado boliviano que son tradiciones de lucha y de independencia de clase. Estas tradiciones están expresadas en las Tesis de Pulacayo, adoptadas por la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia en 1946, dónde se plantea claramente que sólo la toma del poder por parte de los trabajadores en alianza con los demás sectores oprimidos de la sociedad puede resolver los problemas de la liberación nacional y la reforma agraria y al mismo tiempo empezar a avanzar hacia el socialismo.

Sin embargo, no basta con hablar de la toma del poder y de un gobierno de obreros y campesinos. Como han reconocido estos dirigentes en más de una ocasión, ellos mismos no han estado a la altura de las circunstancias ni las tareas requeridas por el movimiento y han desaprovechado ya varias oportunidades de hacerlo cuando lo tenían todo a favor. Y ello se debe a que les falta una comprensión clara de cuál es la estrategia y las consignas centrales a defender en estos momentos.

Los cuadros y activistas revolucionarios bolivianos han demostrado un heroísmo y capacidad de lucha y sacrificio ejemplares e incluso muchos han sacado la conclusión de que necesitan agrupar sus fuerzas en una misma organización o frente revolucionario para luchar por un programa y una táctica común.

Pero tan o más importante incluso que eso es que esa táctica y ese programa sean los adecuados para vencer. En nuestra opinión el primer punto es rechazar cualquier clase de pacto e ilusiones en ningún sector de la burguesía. “Explicar pacientemente” a las masas , sobre todo a los sectores con menos experiencia, que bajo el capitalismo no hay solución a sus problemas y desenmascarar las maniobras que planea la burguesía (asamblea constituyente, etc) movilizando de forma unificada y generalizada a las masas contra las políticas antipopulares del actual gobierno y defendiendo el fortalecimiento, extensión y unificación a escala nacional de los organismos de poder surgidos de la propia lucha durante los meses pasados.

Un aspecto importante de esta tarea es la creación de milicias de autodefensa obrera y campesina, algo que apenas fue esbozado en el octubre boliviano y junto a estas, el trabajo sistemático entre la tropa de la policía y del ejército para romper las fuerzas represivas del estado burgués. Que eso es posible quedó suficientemente demostrado por las experiencias de febrero y octubre, pero para que esta ruptura llegue hasta sus últimas consecuencias, la neutralización efectiva del poder armado de la clase dominante, es necesaria una dirección clara y decidida en este sentido.

Todo ello al mismo tiempo que defienden un programa que ofrezca una solución a los problemas inmediatos de las masas : renacionalización de todas las empresas privatizadas y en particular del sector energético, reforma agraria que distribuya la tierra a los campesinos, suba generalizada de salarios y gastos sociales, estatización de los bancos, monopolios y empresas en crisis bajo control de los trabajadores, no pago de la deuda externa (dedicando este dinero a satisfacer las necesidades sociales), etc.

Un gobierno de los trabajadores y los campesinos con este programa y sometido al control de los órganos de poder obrero y popular ilusionaría a todos los trabajadores no sólo de Bolivia sino de toda América latina. La revolución social no puede triunfar aisladamente en un país , si la revolución boliviana logra tomar el poder (y en estos momentos nuestros hermanos bolivianos son los que están más cerca de lograrlo) debe inmediatamente intentar extenderse al resto del continente llamando a los trabajadores venezolanos, argentinos, peruanos, brasileños, colombianos a seguir sus pasos. Una Bolivia socialista en una federación socialista de estados latinoamericanos marcaría el inicio de una nueva época en la historia de la humanidad.


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