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La esencia de la revolución es la intervención directa de las masas en la vida política de la nación. Representa una ruptura radical con la rutina normal de existencia, donde las masas dejan las decisiones clave que afectan a su vida en manos de losp Publicamos a continuación un resumen del análisis realizado por Alan Woods y Jorge Martín sobre la revolución en Bolivia.

El texto completo de este artículo podéis encontrarlo en nuestra página web www.elmilitante.org.

Recomendamos encarecidamente la lectura del mismo a todos aquellos que quieran profundizar en el análisis de lo sucedido.

Alan Woods y Jorge Martín

La esencia de la revolución es la intervención directa de las masas en la vida política de la nación. Representa una ruptura radical con la rutina normal de existencia, donde las masas dejan las decisiones clave que afectan a su vida en manos de los poderes existentes. Esta ruptura sólo ocurre en el momento en que la mayoría saca la conclusión de que el orden existente es incompatible con su propia existencia. Una revolución es una situación donde las masas toman su destino en sus propias manos.

Eso es precisamente lo que hemos estado presenciando ante nuestros propios ojos en Bolivia. El viernes 17 de octubre, después de días de enfrentamientos violentos en los que murieron más de 70 personas y con La Paz tomada por decenas de miles de manifestantes —trabajadores, mineros y campesinos—, el presidente Sánchez de Lozada tuvo que abandonar el poder. Los manifestantes bloquearon La Paz y otras ciudades. Se formaron soviets en El Alto. Bolivia, el país más pobre e inestable de América del Sur, ha estado paralizado desde mediados de septiembre por las protestas contra el gobierno.

Lozada, enfrentando a este tremendo movimiento de las masas, intentó ganar tiempo ofreciendo concesiones, incluido un referéndum sobre el controvertido proyecto del gas y el cambio de la impopular ley energética. Pero la feroz represión de las protestas por parte de las fuerzas armadas sólo consiguió que los dirigentes estuvieran más decididos a exigir la dimisión del presidente. Marx explicó que algunas veces la revolución para avanzar necesita el látigo de la contrarrevolución. La masacre de El Alto el 12 de octubre transformó toda la situación. En el momento de la verdad, Gonzalo Sánchez de Lozada quedó suspendido en el aire. El aparentemente formidable aparato del estado fue incapaz de salvarle.

Alan Woods y Jorge Martín

Al escuchar las noticias, las masas celebraron en las calles su éxito en el derrocamiento del presidente. Ahora su sucesor se enfrenta a los mismos problemas que derribaron a Lozada, se enfrentará a la creciente oposición de las masas porque sus problemas no se pueden resolver sobre bases capitalistas. Las masas tendrán un poco de paciencia pero ésta no es infinita. El derrocamiento de Lozada fue el primer gran éxito de la revolución boliviana. Pero es demasiado pronto para gritar victoria. Las tareas más importantes de la revolución no se han conseguido. Las batallas más importantes se producirán en el futuro.

El curso de una revolución está marcado por el ascenso y la caída de diferentes partidos y dirigentes. La caída de Lozada fue el principio. Pero no será el último.

En el fondo, esta era una revolución contra generaciones de pobreza, opresión y explotación que se remontan a los días de los conquistadores. Bajo el dominio español, decenas de miles de indios quechua y aymara murieron trabajando en la gran montaña de plata en Potosí para financiar el imperio español. Este saqueo brutal ha continuado desde entonces bajo las dictaduras militares y ahora también con gobiernos electos. Los mineros bolivianos del estaño trabajan en condiciones inhumanas. Para decenas de miles de ellos el estaño significa pobreza y muerte temprana.

The Guardian dice lo siguiente: “Viviendo en uno de los paisajes más espectaculares del mundo, en una elevada altitud y mayoritariamente en la triste pobreza, los bolivianos aprendieron a sobrevivir a través de la solidaridad y la militancia. Dos tercios de la población vive por debajo del umbral de pobreza y un tercio en la pobreza absoluta”.

Mesa pide tiempo

El sábado 18 de octubre el vicepresidente de Lozada, Carlos Mesa, se hizo cargo del poder prometiendo elecciones anticipadas. Este es un truco habitual de la clase dominante cuando se enfrenta al peligro de su derrocamiento. Cuando fracasa la represión se ve obligada a recurrir a las concesiones y las maniobras. Las promesas son baratas. El problema es cómo sacar al país de su aplastante pobreza. A esta cuestión Mesa no tiene respuesta.

En este momento el país está en calma. Sin embargo, esta situación no refleja un apoyo masivo al nuevo presidente, como algunos han intentado afirmar. El ambiente de las masas en general es de vigilancia y sospecha. La situación actual es sólo una calma temporal antes de la próxima tormenta. Mesa terminará siendo detestado por todos. Por ahora está balanceándose intranquilamente entre las clases, como un equilibrista sobre la cuerda floja en un circo, intentando no caerse.

Por supuesto hay algunas ilusiones en el nuevo presidente. Estas son más fuertes entre las clases medias acomodadas y profesionales de La Paz. Incluso algunas personas de las que encabezaron la insurrección están dispuestas a dar un cierto grado de buena voluntad al nuevo presidente. Pero entre los pobres las esperanzas en Mesa están moderadas con la vigilancia.

Estas ilusiones están siendo estimuladas cuidadosamente por los partidos de izquierdas de la oposición. Evo Morales, dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS), y segundo en las elecciones del año pasado, se ha dado prisa en tender una mano de ayuda al nuevo presidente.

Morales no tiene prisa en empujar a Mesa de la cuerda floja. Pero los productores de coca, a quien nominalmente representa, han jurado continuar con los bloqueos de carreteras, mientras que el otro dirigente campesino del país, Felipe Quispe, ha dicho que él no va a ofrecer ninguna tregua: “En cualquier caso vamos a continuar con los bloqueos”. Y añadió: “No vamos a estar con el ejecutivo, siempre vamos a estar en la oposición”. Esto demuestra que existe una profunda corriente subterránea de desconfianza y furia entre las masas que se refleja en la intransigencia de sus dirigentes naturales.

La economía y el imperialismo

Por ahora la burguesía boliviana se ha visto obligada a retirarse y abandonar la represión en favor de las maniobras e intrigas. A pesar de este cambio cosmético, no existe diferencia real entre Mesa y Lozada. Es similar a una retirada táctica en la guerra. Como la primera línea de defensa ha sido barrida por las masas, Mesa ha tenido que retirarse a la segunda línea de defensa, dirigirse a las masas y prometer —sobre todo prometer todo y nada— el sol, la luna y las estrellas, con una condición: que las masas abandonen las calles y regresen a casa, que se restaure la “normalidad”, que vuelvan a reinar la “ley y el orden”. Cuando el movimiento haya amainado, entonces la oligarquía podrá pasar a la ofensiva y dar marcha atrás en todas las concesiones.

Mesa se mantendrá o caerá según la marcha de la economía. A pesar de la baja inflación y varios años de crecimiento del PIB, las exportaciones del país están estancadas y la demanda interna es débil. Más del 60 por ciento de la población, principalmente indígena, vive con dos dólares o menos al día.

El nuevo gobierno se encuentra atrapado entre dos piedras de molino. Las masas exigirán una mejora inmediata de sus condiciones de vida, mientras que el FMI demanda más liberalización, es decir, exige que el nuevo gobierno lleve a cabo la misma política que el anterior. La población boliviana no ha pasado este dato por alto y es consciente del verdadero significado de esta “liberalización”.

“Pero como los pobres de Honduras, Argentina, Perú y Ecuador, los bolivianos han comprendido que son ellos los que tienen que pagar la factura de la privatización, que el crecimiento prometido se ha atascado, que las exportaciones del país valen menos que antes de que Bolivia se alistara en la globalización y que se ha ampliado el abismo entre su miserable nivel de vida y el de una minúscula elite. Han comprendido que la privatización significa precios más elevados de los bienes esenciales, que difícilmente pueden trabajar, sus hijos permanecen sin escolarizar y que viven y mueren en la pobreza. Han aprendido, también, que cuando protestan, el gobierno electo les dispara, como ocurría con las dictaduras” (The Guardian, 21/10/2003).

El problema de la dirección

La revolución boliviana parece tener un carácter puramente espontáneo. Pero esto no es verdad. En primer lugar, no ha caído como un rayo desde un cielo azul, tiene sus antecedentes en el período anterior. En segundo lugar, estaba dirigida por los líderes naturales de la clase obrera, los militantes con conciencia de clase de la COB. En tercer lugar estos militantes no han caído de las nubes, estaban educados en las ideas que han circulado en el movimiento obrero y sindical boliviano durante décadas, las ideas del trotskismo.

En Rusia, antes de 1917, decenas de miles de activistas obreros habían sido educados durante dos décadas en el espíritu de la propaganda bolchevique. En Bolivia estas ideas y programa son familiares desde hace mucho tiempo para los activistas obreros. Las Tesis de Pulacayo de 1946, adoptadas por la Federación de Mineros, no son otra cosa que el Programa de Transición de Trotsky traducido a las condiciones concretas de Bolivia. El punto básico es la necesidad que tienen los trabajadores de tomar el poder en una alianza con los campesinos y después emprender el camino hacia el socialismo. Deben formar la base sobre la cual el movimiento ahora puede avanzar hacia su objetivo natural: el objetivo del poder obrero.

El aspecto más importante del movimiento en Bolivia es su carácter netamente proletario. La tradición de la clase obrera boliviana incluye la creación de milicias armadas como en 1952, cuando casi 100.000 hombres se organizaron en las milicias dirigidas por los sindicatos. También en esta ocasión hubo una llamada de los dirigentes de la COB para formar comités de autodefensa y los mineros llegaron a La Paz con cartuchos de dinamita.

La magnífica clase obrera boliviana se ha puesto a la cabeza de la nación como líder y portavoz del campesinado, de los indígenas y otras capas explotadas y oprimidas de la población. ¡Este es el hecho más importante y es fundamental para el resultado de la revolución boliviana!

Los medios de comunicación capitalistas de todo el mundo han insistido en que era un movimiento de los indígenas. Y hasta cierto punto es verdad, porque los diferentes grupos nacionales indígenas suponen casi el 80 por ciento de la población y la mayor parte de la clase obrera y el campesinado son indígenas. Durante siglos los indígenas han sufrido la opresión a manos de la oligarquía local, formada principalmente por blancos vinculados a España y EEUU. Sin embargo, la opresión nacional y de clase están íntimamente unidas y la opresión nacional no se puede resolver de forma fundamental a parte de la lucha por el socialismo. La historia del movimiento revolucionario en Bolivia demuestra cómo la nación como un conjunto se reúne alrededor de la bandera de la clase obrera y sus organizaciones. Cuando los medios de comunicación capitalistas hablan de un movimiento indígena realmente intentan ocultar su carácter profundamente proletario.

La dirección de la COB mostró un gran coraje y determinación en la huelga general. Pero hacía falta un plan, estrategia y política claro. Era necesario tener una perspectiva de toma del poder. Esto es lo que parece estar ausente y la ausencia de esto puede hacer naufragar la revolución. El secretario general de la COB, Solares, ha visitado al nuevo presidente. Aparentemente, adoptó la posición del apoyo condicional. Esto es un error. El gobierno burgués de Mesa será tan corrupto como el de Lozada. No se puede dar empleos y salarios decentes porque sus manos están atadas al FMI y el Banco Mundial. Este es el gobierno de la oligarquía y representa sus intereses. Exigir a este gobierno que defienda los intereses de los trabajadores y campesinos es pedir peras al olmo.

La idea de que todo es cuestión de “buena voluntad” está completamente equivocada. Lo que decide no es la buena o mala voluntad de los individuos, sino los intereses de clase. Y los intereses de los trabajadores y campesinos bolivianos no son compatibles con los intereses de la oligarquía y el imperialismo. Cuanto antes se comprenda esto mejor.

En el curso de una revolución la gente aprende rápido. A veces existe el suficiente tiempo para aprender de los errores y corregirlos. En realidad los dirigentes sindicales ya han hecho una autocrítica y han sacado conclusiones correctas:

“Después de activar y protagonizar una gran eclosión social, que tuvo el trágico saldo de cerca de 70 muertos a bala y más de 500 heridos, los trabajadores del país, en el último Ampliado Nacional de la Central Obrera Boliviana (COB), sacaron una conclusión principal: los obreros, campesinos, naciones oprimidas y clases medias empobrecidas no le arrebataron el poder a la ‘clase dominante’ porque ‘no cuentan’ aún con un ‘partido revolucionario” (Econoticiasbolivia.com, 19/10/2003)

¡Ese es el punto principal! Los trabajadores han respondido magníficamente a la llamada de acción. Han conseguido derrocar al presidente, pero después se les ha escapado el poder entre los dedos. ¿Cuántas veces hemos visto esto? Y en cada uno de los casos todo se ha reducido a la cuestión de la dirección.

Por debajo de los dirigentes de la COB hay una capa numerosa de lo que se llaman líderes naturales de la clase obrera. Son dirigentes locales que se han ganado la confianza de los trabajadores y los compañeros por su honestidad, coraje y militancia. Ellos jugarán un papel crucial en la revolución. Están cerca de las masas y por lo tanto reflejan su espíritu revolucionario. Si estuvieran unidos en un partido revolucionario el futuro de la revolución estaría garantizado.

Los dirigentes de la COB han desconvocado la huelga general. Por ahora, temporalmente, han parado las hostilidades. Pero el ejército del proletariado no debe retirarse. La guerra no ha terminado. ¡Sólo acaba de comenzar! Para garantizar el cumplimiento de las demandas más apremiantes de las masas es necesario preparar otra huelga general, una huelga que ponga en el orden del día, no el derrocamiento del presidente, sino el derrocamiento de la corrupta y reaccionaria oligarquía boliviana que está bloqueando el camino al progreso.

Por encima de todo, no se debe confiar en los llamados sectores “progresistas” y “liberales” de la burguesía boliviana. Sin duda ahora estos sectores están en la escena central, intentado engañar a la población con promesas falsas. Sólo son la bota izquierda de la oligarquía y el imperialismo, como Lozada era la bota derecha.

Después de los dramáticos acontecimientos de la semana pasada probablemente haya una calma en el movimiento, los trabajadores tienen que analizar la situación y pensar cual será el siguiente paso. Los elementos más conscientes y militantes sacarán conclusiones revolucionarias. Otros necesitarán un poco más de tiempo y experiencia para sacar las mismas conclusiones. Pero al final los trabajadores tendrán que regresar al camino de la lucha porque no existe otra alternativa. La importancia de una buena dirección en la próxima batalla será incluso mayor que antes. Por lo tanto, es una tarea urgente crear un partido y dirección revolucionarios.

La consigna de la asamblea constituyente

El viejo poder estatal, socavado, sacudido y magullado, todavía tiene el control. La revolución sólo puede tener éxito derrocándole y sustituyéndole por un nuevo poder proletario. Después de la caída de Lozada seguirá, en un futuro no lejano, la caída de Mesa. Ya la burguesía está buscando un candidato alternativo, que tendrá que salir no de la derecha, sino de la izquierda. La clase dominante, para tratar con las masas, sólo tiene dos armas: la violencia o el engaño. Pero la violencia ha demostrado ser un arma inadecuada para tratar un movimiento de tales dimensiones. El uso del ejército, lejos de intimidar a la población, ha tenido el efecto contrario, ha provocado en las masas más determinación y energía.

Por lo tanto, está preparado el escenario para el engaño. Pero para engañar a la población tienen que conseguir que ésta abandone las calles, las minas y las fábricas, que dejen la iniciativa en manos de los políticos profesionales, es necesario ofrecerle algo en lo que creer.

En este contexto, la consigna de la “asamblea constituyente”, defendida por algunos grupos de la izquierda, está jugando un papel negativo y contrarrevolucionario. La burguesía —personificada en su ala más “liberal” y “democrática”— intentará desviar la atención de la población hacia una discusión vacía sobre las delicadezas constitucionales, mientras que las cuestiones reales relacionadas con el empleo, el pan y la tierra se posponen de manera indefinida.

En lugar de concentrarse en la cuestión central del poder, desviarán la atención de los trabajadores y los campesinos a trucos legales y demagógicos. Las energías de la revolución se disiparán infructuosamente. ¡No es extraño que los partidos burgueses hayan apoyado entusiastamente esta consigna! Todo esto es una gigantesca estafa. Pero aún, es peligroso. Detrás de la fachada de la “asamblea constituyente” se movilizarán las fuerzas de la reacción. Detrás de bambalinas, los imperialistas estadounidenses continuarán con sus intrigas habituales.

Es necesario educar a las masas a que crean en sí mismas, en su poder y organización. Se debe explicar que bajo el capitalismo el parlamento es sólo una cáscara vacía sin pode real. El único poder que existe es, por un lado, el poder de los banqueros, terratenientes y capitalistas —el viejo pode reaccionario que debe ser derrocado— y por el otro lado, el poder de las masas trabajadoras.

La lucha por el poder en última instancia se decidirá fuera del parlamento. Los antagonismos en la sociedad boliviana son demasiado profundos, las contradicciones demasiado grandes, como para ser solucionadas por la aritmética parlamentaria. Si perdemos la iniciativa, si permitimos que nuestra fuerza vacile, si nos desmovilizamos, entonces las fuerzas de la reacción se reagruparán detrás de la fachada de la “democracia parlamentaria”, a la espera del momento adecuado para golpear y aplastar a los trabajadores y campesinos.

Lo peor que se puede hacer durante la revolución es perder tiempo. A lo largo de la historia, muchas revoluciones se han perdido debido a los debates y discursos interminables, a la búsqueda fantasmas y sombras en lugar de buscar la esencia del poder. Marx dejó esto claro en 1848-9 y Lenin repitió con frecuenta esta advertencia en 1917.

La primera condición es: la absoluta independencia de las organizaciones obreras de la burguesía. Nada de pactos, alianzas, coaliciones o cualquier otro tipo de arreglo con la llamada ala progresista de la burguesía boliviana.

En Bolivia ya existen elementos de poder obrero: en los sindicatos, en las juntas vecinales, en los cabildos y otros órganos de lucha. Es necesario extender y desarrollar estos órganos y unirlos. Sólo de esta forma se puede crear una alternativa de poder dispuesta a dirigir la nación.

Internacionalismo:

el único camino

Hay informes que dicen que los dirigentes locales están formando fracciones armadas para desafiar al gobierno y sus fuerzas armadas, formulando las quejas de los pobres con un “mensaje poderosamente nacionalista y anti extranjero” (The Guardian).

El nacionalismo del trabajador y el campesino boliviano realmente es un sentimiento antiimperialista que sólo es la cáscara externa de un bolchevismo inmaduro. La aspiración de las masas de eliminar la dominación extranjera y conseguir el control de su propio destino sólo se pueden conseguir con la expropiación de la oligarquía. Sin embargo, esta medida inmediatamente llevaría Bolivia a un conflicto con el imperialismo estadounidense, que intentaría utilizar a los estados vecinos para intervenir. El destino de la revolución boliviana estará, por tanto, determinado por su capacidad de apelar y pedir el apoyo de los trabajadores y campesinos de Venezuela, Brasil, Perú, Colombia, Argentina, Educador y Chile.

La revolución puede, y probablemente lo hará, comenzar en Bolivia, pero si se mantiene aislada en un pequeño país de América Latina, a largo plazo no tiene futuro. La victoria de la revolución boliviana debe ser el primer paso para la revolución andina y latinoamericana, las condiciones están completamente maduras. La revolución boliviana triunfará bajo la bandera del internacionalismo proletario, de no hacerlo así no triunfará en absoluto.

The Economist tuvo que admitir lo siguiente:

“La lucha continua a través de le región andina, difícilmente facilita a sus dirigentes atravesar el mensaje de que unos cuantos sacrificios ahora producirán beneficios en el futuro”. Y avisa: “Pero las cosas pueden ir peor, especialmente si la escalada de la violencia lleva a una ruptura democrática en Bolivia o Venezuela. Como advertía Sánchez de Lozada en su carta de dimisión: ‘Los peligros que se ciernen sobre el país siguen intactos”.

El principal “peligro” que Lozada y su clase tienen en mente es el peligro de la clase obrera. En todas partes el programa de la burguesía es el mismo: un programa de recortes y ataques salvajes a las condiciones de vida. Pero dados los niveles tan terribles de pobreza y hambre en Bolivia y otros países andinos, las masas no aceptan ni aceptarán eso sin luchar. Ese es el significado de los recientes acontecimientos en Bolivia. La revolución boliviana, junto con Venezuela, es la clave de la revolución andina, en el sentido de que ahora existen condiciones muy favorables para la llegada al poder de la clase obrera. Sin embargo, teniendo en cuenta las condiciones explosivas que existen en Perú y otros países, la revolución puede estallar en cualquier de ellos en el futuro inmediato.

La revolución boliviana puede tener lugar antes que en otros países. Pero sólo se puede consolidar si va más allá de los estrechos límites del estado nacional y se extiende a los países vecinos. Esta perspectiva en absoluto es utópica. Es totalmente posible, especialmente si la revolución está dirigida por una dirección valiente y atrevida.

En los países vecinos las condiciones están maduras. Las contradicciones del movimiento de Chávez en Venezuela han abierto el camino para que los trabajadores se cuestionen la propiedad privada y exijan la gestión de los trabajadores de la empresa petrolera nacionalizada. En Perú se han producido toda una serie de movimientos de masas contra el gobierno de Toledo, adquiriendo a veces un carácter insurreccional. El presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, se está enfrentando a huelgas y protestas, después de haber perdido el apoyo de los grupos indígenas que le ayudaron a llegar al poder y la semana pasada se decretó el estado de emergencia cuando los productores de bananas (Ecuador es el principal exportador mundial de esta fruta) bloquearon las carreteras y los puertos, exigiendo precios más altos y más ayudas del Estado. La huelga fue suspendida el sábado después de que el gobierno aceptara sus reivindicaciones. En un país tras otro ha habido huelgas generales y masivos movimientos de trabajadores y campesinos contra la privatización y los recortes: Argentina, Colombia, Honduras, Paraguay, Chile, Panamá, Uruguay...

La terrible pobreza de las masas es la principal fuerza motriz del fermento revolucionario que está afectando a toda la región. Es la razón fundamental de la actual oleada de lucha política y social. Ésta no se podrá eliminar mientras que las economías de estos países permanezcan en manos de las oligarquías parasitarias que están subordinadas a los deseos despiadados del imperialismo estadounidense.

Cada gobierno de la región, excepto Venezuela, ha estado intentando aplicar medidas de austeridad y ataques a las condiciones de vida de las masas. El argumento de la burguesía es que estas medidas traerán crecimiento y empleos “a largo plazo”, pero como dijo Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. Esta medidas neoliberales inspiradas por EEUU sólo sirven para acrecentar el sufrimiento de la población de la región, sin resolver ninguno de los problemas fundamentales. Este es el punto focal de los movimientos de protesta de masas.

En todas partes vemos que la revolución está en el orden del día. Toda la región andina es como una pampa después de una larga sequía, una simple chispa puede provocar una conflagración. Todo lo que se requiere es un ejemplo valiente. Si los trabajadores de Bolivia o Venezuela tomaran el poder, toda la situación se transformaría completamente. ¡Pero es necesario un principio!

¡Larga vida a la revolución boliviana!

¡Ninguna confianza en la burguesía ni en sus partidos!

¡Por un gobierno de trabajadores y campesinos!

¡Por una Bolivia socialista en los Estados Unidos Socialistas de América Latina!

22 de octubre de 2003