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En Bolivia, la revolución está alcanzando un punto crítico. Desde su llegada al gobierno, Morales ha promovido algunas reformas: ha nacionalizado algunas empresas, ha incrementado los recursos del Estado al conseguir mayores ingresos por la exportación de los hidrocarburos, hay mejoras en la salud y la educación, pero son completamente insuficientes para terminar con la pobreza de las masas, modernizar el país, y liberarlo del acoso imperialista y de los intereses de las multinacionales y la oligarquía.

En Bolivia, la revolución está alcanzando un punto crítico. Desde su llegada al gobierno, Morales ha promovido algunas reformas: ha nacionalizado algunas empresas, ha incrementado los recursos del Estado al conseguir mayores ingresos por la exportación de los hidrocarburos, hay mejoras en la salud y la educación, pero son completamente insuficientes para terminar con la pobreza de las masas, modernizar el país, y liberarlo del acoso imperialista y de los intereses de las multinacionales y la oligarquía.

Los hechos han confirmado la trampa que supuso la convocatoria de la Asamblea Constituyente y el carácter contrarrevolucionario de esta demanda, que con tanto énfasis era reclamada por los reformistas y los grupos ultraizquierdistas. La convocatoria de la Asamblea Constituyente tuvo el efecto de desmovilizar a las masas y extender las ilusiones en que la futura Constitución lo resolvería todo, cuando lo que se necesitaba era organizar el poder obrero y campesino desde abajo aprovechando las jornadas revolucionarias de octubre del 2003 y de junio-julio del 2005.

Después de un año y medio, la Asamblea Constituyente no ha podido aprobar ni un solo artículo de la futura Constitución boliviana. Los debates están empantanados. Se necesita el 66% de los votos de la Asamblea para aprobar cada artículo y el MAS no alcanza ese porcentaje.

Ante el fracaso de la Asamblea Constituyente, ahora el gobierno clausuró temporalmente sus debates y anunció que presentará su propio proyecto constitucional y lo someterá a Referéndum popular, e invita a la oposición a que haga lo mismo.

La contrarrevolución está agrupándose y está utilizando a sus agentes en los Departamentos y en el aparato del Estado para crear caos y debilitar al gobierno de Morales. Así fue con la propuesta del gobierno de cambiar la capitalidad política del país de Sucre a La Paz, que ha generado movilizaciones a favor y en contra.

En agosto, las oligarquías de Santa Cruz y otros departamentos convocaron una huelga general cívica (un paro patronal) que tuvo un seguimiento desigual en sus zonas. Los obreros y campesinos de Santa Cruz se opusieron y las bandas fascistas se dedicaron a crear el terror en los barrios. El Prefecto (gobernador) de Santa Cruz ha vuelto a defender la partición de Bolivia entre el Oriente (la zona más rica) y el Occidente (la más pobre), y el Prefecto de Cochabamba, que fue derribado por una movilización popular en enero pasado y repuesto por orden del gobierno, ha exigido la dimisión de Morales.

Pese a todo, Morales mantiene un apoyo superior al 60%. El problema es que no organiza esta fuerza para terminar la revolución y expropiar a la oligarquía y las multinacionales. Los dirigentes reformistas del MAS temen la guerra civil, pero si la contrarrevolución se impone habrá una carnicería contra los obreros y campesinos.

Lamentablemente, la central sindical, la COB, está borrada de los acontecimientos, dividida entre su ala reformista y su ala revolucionaria. No está organizando a la clase obrera boliviana contra la contrarrevolución, y su llamado a constituir un partido revolucionario también quedó en la nada, por el momento.

Las masas están aprendiendo de la experiencia y ya comenzaron a movilizarse por su cuenta. Las organizaciones campesinas que apoyan al MAS anunciaron "el inicio de una batalla a muerte contra la extrema derecha fascista que, según ellos, obstaculiza las reformas sociales y económicas emprendidas por el gobierno de Evo Morales" (Bolpress.com 12 septiembre).

Por su parte, la Federación de Mineros "anunció que en el país se ha desatado la lucha de clases entre pobres y ricos. ‘Es hora de que los trabajadores y los pobres estemos unidos para el avance del cambio y no permitir bajo ninguna circunstancia que la ultraderecha y la oligarquía consigan el fracaso de la Asamblea Constituyente', declaró el dirigente Próspero Mamani según la agencia ABI" (Bolpress.com).

Es inevitable, por lo tanto, un nuevo alza revolucionaria de las masas ante el descontento con las provocaciones de la contrarrevolución burguesa e imperialista, y por el retraso de las reformas prometidas, como la reforma agraria, y otras.

Lo que se necesita es un partido revolucionario de masas que dirija las energías de los trabajadores y campesinos hacia la revolución socialista. El trabajo de los socialista revolucionarios en la COB y en la base del MAS es esencial para preparar esta perspectiva.