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Tras la aplastante victoria de Evo Morales en las elecciones bolivianas del pasado mes de diciembre, el año 2006 comienza con un nuevo quebradero de cabeza para el imperialismo norteamericano que ve como su denominado “eje del mal” latinoamericano am Nota de la Redacción

Tras la aplastante victoria de Evo Morales en las elecciones bolivianas del pasado mes de diciembre, el año 2006 comienza con un nuevo quebradero de cabeza para el imperialismo norteamericano que ve como su denominado “eje del mal” latinoamericano amenaza con extenderse en lugar de reducirse. No es ninguna casualidad que, una vez obtenida la victoria, Morales eligiera como primer destino a visitar, Cuba y Venezuela, dentro de su gira internacional. En este último país afirmó que “Bolivia se incorpora a la lucha antiliberal y antiimperialista que han llevado adelante países como Venezuela y Cuba” y ya ha llegado a acuerdos de cooperación “para intercambiar 150.000 barriles mensuales de combustible diesel por productos agrícolas” como señala El País, 4/01/06. Además, Chávez anunció que dedicará alrededor de 27 millones de euros a programas de salud y educación en Bolivia.

Por primera vez en más de treinta años un presidente boliviano es elegido en la primera vuelta. El MAS ha obtenido 64 diputados frente a los 44 de Podemos, su más inmediato competidor. El récord de participación es impresionante: el 84,35% de los 3.670.971 registrados acudieron a votar. Esto da una idea del masivo apoyo de las masas al candidato del MAS y, sobre todo, de la enorme presión que ya tiene para cumplir con las expectativas de millones de explotados, campesinos pobres y trabajadores bolivianos que han votado a Evo para que se produzca un cambio profundo en sus condiciones de vida. La nacionalización de los hidrocarburos, el punto central de la lucha de clases boliviana en los últimos años, está en el primer punto del orden del día de las expectativas de las masas junto a la dignificación de sus condiciones de vida. Y esto sólo se podrá hacer basándose en la movilización y organización de los explotados y poniendo en manos del pueblo y los trabajadores bolivianos los recursos fundamentales de la economía. Esta sería la manera de conseguir unas “relaciones con EEUU sin chantajes, sin sometimiento y sin condicionamientos” como ha pedido Morales.

En el país más pobre de Latinoamérica, la decisión de reducir el sueldo en un 50% al presidente de gobierno, a los parlamentarios y a los ministros es una primera muestra de que Evo Morales quiere ser un presidente distinto, el presidente de los oprimidos. Sumado esto a sus buenas relaciones con Chávez y a sus declaraciones sobre la nacionalización del gas, tiene a las grandes compañías multinacionales y a los capitalistas a nivel internacional en ascuas. Sin ir más lejos, a las empresas españolas como el BBVA, SCH, Iberdrola o Repsol —este último tiene invertidos 800 millones de dólares en el país— presionando al gobierno de Zapatero para que exija “respeto y seguridad jurídica para las empresas españolas” y a los simpáticos periodistas de la Cope caldeando el ambiente. Como se analiza en el siguiente artículo, realizado pocos días después de las elecciones, Evo Morales va a tener que elegir para quién gobernar: para las grandes multinacionales y capitalistas, o para los trabajadores y oprimidos de Bolivia que le han puesto donde está.

Evo Morales será el próximo presidente de Bolivia después de ganar claramente las elecciones del domingo 18 de diciembre. Como ha recibido más del 50% de los votos será automáticamente presidente, algo que ninguna de las encuestas de opinión, que le daban un 34% de los votos como mucho, había previsto.

Su más cercano rival y el candidato favorito de la oligarquía y la embajada de EEUU, Tuto Quiroga, de Podemos, sólo ha conseguido el 29% de los votos frente al 54% de Evo. El MAS con cerca de un millón y medio de votos prácticamente ha doblado los votos obtenido por su principal rival. En el Parlamento las cosas no están tan claras, pero parece que el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales no conseguirá la mayoría, a pesar de tener el grupo parlamentario más grande.

Evo Morales ganó claramente en todos los departamentos andinos, La Paz (con un 63,9%), Cochabamba (60,1%), Oruro (61,6%), Potosí (53,2%) y Chuquisaca (46,6%). Estas son las regiones que han sido el centro de los movimientos revolucionarios que derrocaron a los dos últimos presidentes (Sánchez de Lozada y Mesa). En El Alto, la ciudad obrera sobre La Paz, definida por las organizaciones obreras y campesinas como sus “cuarteles revolucionarios”, la victoria del MAS ha sido arrolladora. Tony Condory Cochi, que hasta hace poco era miembro del ejecutivo de la poderosa Federación de Juntas Vecinales y fue candidato del MAS por el 15º distrito que cubre El Alto, consiguió un sin precedentes 70,9% de los votos.

Esto demuestra claramente que la victoria electoral del MAS es el subproducto de la lucha revolucionaria que los trabajadores y campesinos bolivianos han estado librando durante los últimos dos o tres años. Como no tomaron el poder cuando tuvieron la oportunidad en octubre de 2003 y junio de este año, porque la dirección del movimiento carecía de un plan claro y vaciló en las coyunturas clave, todo el movimiento fue desviado hacia el plano electoral. Y el resultado es esta aplastante victoria del MAS.

Pero también en las zonas bajas de los departamentos de la “media luna” el voto al MAS fue sorprendentemente alto. En Santa Cruz, el feudo de la oligarquía, el voto al MAS superó el 30%. En Tarija, Morales consiguió casi el 30%. Este voto también demuestra que a pesar del intento de la clase dominante de dividir el país en líneas regionales, la división real es en líneas de clase. En Santa Cruz, fue la organización regional de la COB y el Movimiento de Campesinos Sin Tierra (MST) los que hicieron campaña activa para conseguir la victoria del MAS.

Al mismo tiempo, los partidos tradicionales de la clase dominante boliviana casi han desaparecido del mapa electoral. El MNR, que comenzó como un movimiento nacionalista burgués durante la revolución de 1952 y después se convirtió en uno de los principales partidos de la clase dominante y el imperialismo, consiguió apenas un 6,7%, el MIR y el ADN, otros dos principales partidos burgueses, se han convertido en partidos extraparlamentarios.

La escala de la victoria podría haber sido incluso mayor de no haber sido porque el Consejo Electoral Nacional borró de las listas a casi un millón de personas, la mayoría, de los barrios más pobres y obreros que probablemente votarían a Morales. La victoria del MAS debe entenderse en el contexto de una campaña electoral extremadamente polarizada donde las multinacionales del gas y el petróleo, la embajada de EEUU y la clase dominante boliviana han hecho todo tipo de acusaciones contra Morales, advirtiendo de que era un “agente del imperialismo venezolano”, un amigo del “dictador comunista Castro”, etc.

Bolivia vota contra el imperialismo y las multinacionales

Las masas de trabajadores y campesinos votaron claramente contra el imperialismo estadounidense, contra el dominio de los recursos naturales por parte de las multinacionales. También votaron contra la vieja opresión nacional de la mayoría indígena. Hasta los años cincuenta la población indígena ni siguiera podía caminar por la Plaza Murillo donde se encuentra el Congreso. Ahora Morales, que procede de la base del movimiento y de la mayoría indígena, ha sido elegido presidente.

Votando a Morales, los trabajadores y los campesinos, los pobres y los desposeídos, están asestando un golpe contra sus opresores. Sin embargo, Evo Morales ahora estará bajo una enorme presión. Por un lado, las multinacionales del gas, la embajada de EEUU, la clase dominante local, que ya están pidiendo respeto por los derechos a la propiedad privada, un acuerdo de libre comercio con EEUU y la erradicación de las plantaciones de hoja de coca.

Por el otro lado, los cientos de miles de trabajadores y campesinos que han votado al MAS con una idea clara en la mente, que Morales cumplirá la “agenda de octubre”, es decir, las reivindicaciones que llevaron a la insurrección de octubre de 2003. Y éstas son, principalmente, la nacionalización e industrialización del gas, la reforma agraria, dar marcha atrás en la política neoliberal y, para algunos, la convocatoria de una asamblea constituyente.

Los trabajadores y los campesinos de Bolivia ya han demostrado en los últimos años que se trata de una lucha de vida o muerte para ellos. Si el gobierno del MAS no cumple lo que ellos están exigiendo es probable que salgan de nuevo a las calles e intenten conseguir sus objetivos mediante la acción de masas directa. El movimiento tiene confianza y ha obtenido varias victorias (como frenar los intentos de privatizar el agua en Cochabamba y El Alto). Aunque el movimiento no tomó el poder cuando pudo hacerlo, en los últimos dos años ha derrotado y echado a dos presidentes.

La situación podría tener algunos paralelos con la de Ecuador. Allí, también, hubo una revolución fallida y después el movimiento de las masas se expresó a través de la victoria electoral, eligiendo a Lucio Gutiérrez. Cuando éste abrazó la política dictada por el imperialismo hubo un nuevo movimiento que le echó del cargo hace menos de un año. Si Morales sigue el camino de Lucio acabará como él, expulsado por las mismas fuerzas que le llevaron al poder.

Los sectores más inteligentes de la clase dominante internacionalmente son conscientes de que Evo Morales podría ser su última oportunidad de controlar Bolivia antes de imponer una dictadura militar, algo que en las condiciones actuales probablemente llevaría a una guerra civil. El periódico Financial Times avisa a Washington para que no “sobre-reaccione a la retórica de Morales y sus planes de discriminalizar la coca y estrechar lazos con Venezuela y Cuba”. Y añadía: “La administración estadounidense no debería inclinarse a las presiones de los ‘guerreros de la droga’ en Capital Hill o el ala dura que se puede esperar pida la suspensión de los programas de ayuda”. Esto indica que ellos prefieren una situación en la que Washington amablemente empuje a Morales hacia la derecha, como hicieron eficazmente con Lucio: “Esos programas representan la mejor oportunidad de mantener la influencia de EEUU en Bolivia”. Aislando al país empujarán a Morales más a la izquierda con el riesgo de acelerar la polarización política de la región”.

Todo esto suena muy bien sobre el papel, pero en la vida real Morales también estará sometido a la poderosa presión del movimiento revolucionario de masas de los trabajadores y campesinos. Y al mismo tiempo, los reaccionarios de derechas que dirigen la política exterior de EEUU en América Latina, y que no necesariamente son las personas más astutas.

Morales durante la campaña prometió a sus seguidores muchas cosas, pero también tuvo cuidado de tranquilizar a las multinacionales. Justo antes de las elecciones, Morales dijo a La Gaceta: “Si soy elegido presidente, desgraciadamente será mi deber respetar esas leyes neoliberales. Podremos hacer algunos cambios por decreto, otros mediante el cuerpo legislativo, pero inmediatamente no habrá grandes cambios porque veinte años de leyes neoliberales no se pueden erradicar con un solo golpe”. Durante las celebraciones de su victoria electoral Morales mencionó la reivindicación central del movimiento de trabajadores y campesinos: la nacionalización del gas. “El gobierno ejercerá su derecho a la propiedad estatal de los hidrocarburos de Bolivia. Eso no significa la confiscación o expropiación de los bienes de las multinacionales”.

Como se vio durante el gobierno Mesa (que, a propósito, tenía el apoyo parlamentario del MAS), en una situación como la de Bolivia, un estado y una población extremadamente empobrecidos en un país con enormes recursos naturales, es imposible calmar al mismo tiempo a las multinacionales y a los trabajadores y campesinos. Morales tendrá que elegir. En Venezuela, Chávez llegó al poder con un programa de reformas democráticas muy diversas pero ahora abiertamente dice que no puede implantarlas dentro de los límites del capitalismo. Bolivia está en una situación incluso peor desde este punto de vista.

En el pasado, los dirigentes del MAS, con Morales a la cabeza, nunca han llevado la lucha de los trabajadores y campesinos hasta el final, porque ellos depositaron toda su confianza en el parlamentarismo burgués. Ahora, debido a la incapacidad de la dirección de los trabajadores de tomar el poder cuando se presentó la oportunidad, han ganado estas elecciones parlamentarias. Tendrán que pasar la prueba y ésta es ahora una etapa necesaria en el desarrollo de la conciencia de las masas.

La idea, planteada por el candidato a vicepresidente García Linera, de que es posible hacer algún tipo de capitalismo nacional andino, comprometido con el desarrollo de la economía del país, es la peor de las utopías. La clase dominante en Bolivia, si cabe, es aún más dependiente y servil del imperialismo que su homóloga venezolana. Existe una larga tradición de esto en Bolivia, desde los barones del estaño con sede en Londres y Suiza que gobernaban el país a finales del siglo XIX, a los educados en EEUU como Sánchez de Lozada, un presidente que sólo podía hablar el español con acento inglés. Todos los intentos del movimiento obrero de basarse en los sectores “progresistas” de la clase dominante nacional o la pequeña burguesía, han terminado en un desastre o una dictadura militar. La tortuosa historia de Bolivia proporciona una confirmación abundante de esto. Los sectores “nacionalistas” o incluso “revolucionarios” de la clase dominante han terminado siendo la principal herramienta de la dominación imperialista (como fue el caso del MNR y después el MIR).

La única forma de que el país se desarrolle de una manera significativa es si los recursos naturales son puestos firmemente bajo el control de los trabajadores y los campesinos. Los últimos años han sido una escuela a través de la cual sectores cada vez más amplios de las masas han aprendido que dentro de los límites del capitalismo no hay salida. Los activistas más avanzados de las organizaciones obreras bolivianas deben prepararse para la próxima oleada del movimiento revolucionario que inevitablemente llegará.