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Las elecciones del domingo 18 de diciembre en Bolivia están teniendo lugar junto al fondo de la intensa lucha de clases que ha sacudido este país andino durante los últimos cinco años, incluyendo al menos tres insurrecciones de masas en febrero y oct Las elecciones del domingo 18 de diciembre en Bolivia están teniendo lugar junto al fondo de la intensa lucha de clases que ha sacudido este país andino durante los últimos cinco años, incluyendo al menos tres insurrecciones de masas en febrero y octubre de 2003 y mayo-junio de este año.

La victoria de las movilizaciones de masas contra la privatización del agua en Cochabamba en abril de 2000 abrió las compuertas para el movimiento de los trabajadores y campesinos bolivianos, un movimiento que ha cuestionado cada vez más no sólo la política de este o aquel gobierno, sino de toda la democracia burguesa y el propio sistema capitalista.

Sin embargo, el hecho de que cuando se planteó claramente la cuestión del poder en octubre de 2003 y mayo-junio de este año no se resolviera de una manera decisiva a favor de los trabajadores y los campesinos, ha permitido a la clase dominante desviar esta inmensa energía revolucionaria hacia el canal más seguro de las elecciones parlamentarias y presidenciales.

La dirección de las organizaciones obreras y campesinas han jugado un papel clave en esto. Por un lado el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales siempre ha insistido en el camino parlamentario. Evo Morales, que estuvo ausente del movimiento de octubre de 2003, ayudó a apuntalar al presidente Mesa. Cuando éste último se enfrentó a un movimiento revolucionario de masas, Morales ayudó a la clase dominante a encontrar una salida constitucional en la forma del presidente Rodríguez.

Por otro lado, los dirigentes de las organizaciones más radicales de obreros y campesinos, debido a su falta de una perspectiva clara en el momento crucial, fueron también responsables de desperdiciar dos oportunidades cruciales. La dirección de la Central Obrera Boliviana (COB) incluso hizo un análisis muy agudo de sus deficiencias durante el movimiento de octubre de 2003: “Si los trabajadores no tomaron el poder fue debido a la ausencia de un partido revolucionario”, esto es lo que dijeron y tenían completamente la razón. En aquel momento, hubo una huelga general nacional con bloqueos de carretera por todo el país, mientras que una masa de trabajadores y campesinos enojados, con los mineros armados en primera línea, se reunieron a las afueras del palacio presidencial en La Paz exigiendo la dimisión del entonces presidente Sánchez de Lozada.

Cuando “Goñi” Sánchez de Lozada finalmente tuvo que dimitir, el poder durante unas horas pasó a las calles. Desgraciadamente, los dirigentes de las organizaciones obreras, incluso los más radicalizados de ellos, no tenían una idea clara de cual debía ser el próximo paso. Su inactividad permitió a la clase dominante sustituir a Goñi por Mesa y restablecer la legalidad burguesa. Los dirigentes sindicales declararon una tregua al nuevo gobierno, con ello sembraban ilusiones en que de alguna manera Mesa podría gobernar a favor de los trabajadores y campesinos y que se resistiría ante las multinacionales. Aunque las masas no habían sido derrotadas, una vez más se malgastó la oportunidad, tardaría algún tiempo hasta que se desarrolló un nuevo movimiento de masas.

A pesar de todas las maniobras estaba claro que las contradicciones en la sociedad boliviana habían alcanzado un punto de ebullición y no se podrían resolver dentro de los estrechos límites de la democracia burguesa. Mesa intentó en vano satisfacer las exigencias de las multinacionales del gas y el petróleo, mientras que al mismo tiempo apaciguaba el movimiento de masas al que temía demasiado. Por supuesto ésta era una tarea imposible. A pesar de todos los esfuerzos de los dirigentes del MAS en el parlamento para contener a las masas, era inevitable una nueva insurrección en las calles. En abril de 2005 Mesa hizo una dramática aparición televisiva donde revelaba la verdadera situación: las multinacionales estaban realmente dirigiendo el país y no aceptarían ningún límite a su poder. Lo que Mesa estaba proponiendo con relación al conflicto central por la propiedad y la extracción de los vastos recursos de gas que posee el país, era demasiado para el estómago de las multinacionales y demasiado poco para satisfacer a las masas. No se pudo llegar a un acuerdo y una vez más abrió el camino para un movimiento revolucionario de masas.

En mayo-junio se desarrolló un movimiento huelguístico en todo el país, con su epicentro en la ciudad obrera de El Alto. Una vez más, los trabajadores y los campesinos, organizados en sus organizaciones sindicales, salieron a las calles de Bolivia con una sola reivindicación: nacionalización del gas. Esta vez el espíritu revolucionario del movimiento infectó a las bases del MAS que fueron más allá de sus propios dirigentes. En lugar de plantear la reivindicación de imponer a las empresas del gas un 50 por ciento en concepto de pago de comisiones la reivindicación de los dirigente del MAS, los campesinos del MAS exigían la nacionalización en su marcha hacia la capital.

En esta ocasión la lucha adquirió un carácter político mucho más avanzado. Las principales organizaciones dejaron claro que la lucha no era para sustituir al gobierno por otro, sino cerrar definitivamente el parlamento burgués si no podía garantizar la nacionalización del gas. Como escribimos en aquel momento: “El líder del MAS, Ramón Loayza, tuvo que admitir que habían sido ‘superados por las bases’ y dio al parlamento cuatro días para nacionalizar las reservas de gas natural y convocar la asamblea constituyente. Si no se hacía esto amenazó con que “’cerraremos el parlamento’”. (Bolivia: la crisis revolucionaria alcanza su punto álgido.1/6/2005. http://www.elmilitante.org/index.asp?id=muestra&id_art=1947). Este era Loayza, un dirigente campesino y también parte de la dirección MAS y parlamentario.

En La Paz y otras ciudades principales, se celebraban diariamente reuniones de masas cabildos abiertos, implicando a decenas y cientos de miles que se celebraban con la participación de los trabajadores, campesinos, mineros armados con cartuchos de dinamita, etc., Las masas estaban en las calles ejerciendo la democracia revolucionaria directa. Cada vez estaba más claro para ellas que la nacionalización del gas y la solución a sus problemas más apremiantes sólo se podrían resolver con un gobierno obrero y campesino, es decir, con las masas tomando el poder en sus propias manos, barriendo a un lado toda la maquinaria de la democracia capitalista. Esto se pudo ver en docenas de resoluciones, en las pancartas y consignas planteadas por los manifestantes y huelguistas que en la práctica se movían en la dirección de la toma del poder.

La clase dominante estaba aterrorizada y un sector de la oligarquía reaccionaria con base en Santa Cruz incluso contempló la idea de dividir el país. El ejército también estaba dividido e incluso un sector de oficiales jóvenes del ejército simpatizaba con el movimiento de masas.

La principal tragedia del movimiento revolucionario de principios de este año fue, una vez más, que cuando se llegó al momento crucial, los dirigentes de los movimientos obreros y campesinos no sabían que hacer. Hablaban mucho de tomar el poder pero no hicieron nada concreto para organizar realmente la toma del poder. Jaime Solares, el secretario ejecutivo de la COB no comprendía cómo los trabajadores podían tomar el poder. Jugó con la idea de que un oficial del ejército surgiera desde el seno del ejército y que tomara el poder con el apoyo de las organizaciones de trabajadores.

La decisión adoptada en El Alto el 8 de junio por las principales organizaciones obreras y campesinas de crear Asambleas Populares, que eran vistas como un embrión de un poder alternativo, fue un paso adelante extremadamente significativo. Pero llegó demasiado tarde. La clase dominante, con el apoyo de la dirección del MAS, consiguió encontrar una salida a la crisis con la demisión de Mesa y la elección de Rodríguez como nuevo presidente interino. Incluso esta decisión fue adoptada por el parlamento que había sido rodeado por las masas revolucionarias en Sucre (en lugar de su lugar de reunión normal en La Paz) y después de que la clase dirigente viera fracasar su primera opción: Vaca Díez. Como siempre, los dirigentes reformistas fueron utilizados como último recurso para salvar la situación a la clase dominante, una vez más la oligarquía boliviana fue salvada por los dirigentes del MAS que pusieron todo su peso tras Rodríguez.

Los dirigentes sindicales como Solares, De la Cruz y otros, que no habían aprendido las lecciones de la insurrección de octubre, fueron incapaces de ofrecer una alternativa a este nuevo descarrilamiento constitucional del movimiento. Como se suele decir: “Me tomar por tonto una vez, vergüenza debería darte. Me tomas por tonto dos veces, vergüenza debería darme”. La ausencia de una salida clara, el cansancio del movimiento después de tres semanas de movilización revolucionaria al rojo y la autoridad de determinados dirigentes del MAS, finalmente salieron victoriosos y la huelga general se apagó.

Sin embargo, en esta ocasión la situación de Rodríguez era más débil que la de Mesa después de octubre de 2003 y sólo podía sobrevivir prometiendo elecciones anticipadas. Incluso el proceso de convocatoria de estas elecciones estuvo cargado de todo tipo de trucos y maniobras mediante las cuales la clase dominante intentó asegurar su victoria. Por ejemplo, cambiaron el peso relativo de las diferentes regiones en el parlamento nacional, otorgando tres escaños más al feudo de la oligarquía en Santa Cruz y quitándolos de zonas más radicales de la clase obrera como La Paz, Potosí y Oruro. Algunos sectores de la clase dominante incluso barajaron la idea de retrasar las elecciones utilizando excusas constitucionales, pero esto habría sido demasiado y podría realmente haber provocado un nuevo levantamiento del movimiento revolucionario y sellado el destino del ya desacreditado parlamento.

La revolución no es un juego. Cuando se plantea la cuestión del poder, la dirección de la clase obrera debe estar preparada para tomarlo. Si no lo hacen, si se limitan a discursos revolucionarios sin emprender una acción decisiva, se perderá la oportunidad. Las masas, no viendo salida mediante la acción revolucionaria directa, se cansarán de discursos y palabras interminables, de reuniones y resoluciones. El movimiento bajará y la iniciativa pasará a la clase dominante.

Desgraciadamente, los dirigentes de la COB y los otros dirigentes revolucionarios en Bolivia en dos ocasiones diferentes permitieron que se les escapara la oportunidad. Ellos tenían el poder en sus manos y permitieron que se les deslizara entre los dedos. Se trata de un hecho muy triste pero que no se puede negar. En dos ocasiones se negaron a tomar el poder. ¡Esto tiene unas consecuencias tremendas!

Una vez que las misas vieron eso, a pesar de sus tremendos esfuerzos, el camino al poder mediante la acción revolucionaria directa quedó bloqueado, entonces inevitablemente miran hacia otro lado en busca de una salida al callejón sin salida. Después de todo, las masas no pueden estar esperando con los brazos cruzados esperando una solución perfecta. Sus problemas son demasiado serios y urgentes como para esperar que la vanguardia revolucionaria ponga su casa en orden. Si los revolucionarios no son serios para resolver sus problemas, entonces las masas buscan otra alternativa.

Por su parte, los terratenientes y capitalistas bolivianos respiraron en señal de alivio. ¡No podían creer su suerte! El poder ya se les había escapado de las manos. Estaba en la calle. Pero nadie lo recogió. En otras circunstancias, la clase dominante habría pasado a la ofensiva y organizado a las fuerzas de la reacción. El resultado habría sido un golpe sangriento como en Chile o Argentina. Pero la correlación de fuerzas de clase en Bolivia no permitía ese escenario, por el momento. La burguesía está obligada a recurrir al subterfugio. El único resultado posible es: la contrarrevolución con disfraz democrático.

La clase dominante se vio obligada a convocar elecciones anticipadas. Tendrá que entregar el poder a Evo Morales. Las masas aprovecharán la oportunidad para expresar sus reivindicaciones en el plano electoral. Esta no es la situación ideal desde el punto de vista del capitalismo y el imperialismo. Pero al menos es mejor que la toma del poder por parte de los trabajadores y campesinos.

Morales se ha salido de su camino para tranquilizar a la clase dominante y al imperialismo, incluso ha tenido reuniones en Europa con Repsol y otras multinacionales con intereses en Bolivia, se ha reunido con los embajadores de los países de la UE e incluso ha tenido una reunión secreta con la embajada de EEUU. Su candidato a vicepresidente, el antiguo ideólogo de la guerra García Linera, dejó claro desde el principio que él piensa que el socialismo está fuera del orden del día de Bolivia y que está a favor de desarrollar algún tipo de “capitalismo andino”. Sin embargo, los imperialistas y sus agentes en Bolivia se sienten extremadamente inquietos ante la probable victoria de Evo Morales en las elecciones del domingo. No están tan preocupados con el propio Evo Morales, pero sí están aterrorizados por las fuerzas que están detrás de Morales.

Por eso la clase dominante en Bolivia ha iniciado una campaña alarmista sin precedentes contra Morales, acusándole de todo tipo de cosas, de ser un “agente” del “imperialismo venezolano”, de ser un comunista (algo que ciertamente no es). En un movimiento muy significativo EEUU cogió unos 30 misiles tierra-aire HN-5A del ejército boliviano. Son misiles fáciles de utilizar y transportar, son del mismo tipo utilizado por la resistencia iraquí.

Este asombroso movimiento demuestra claramente dos cosas. Una es que la relación de la burguesía boliviana respecto a EEUU es la del servilismo colonial. La otra es que EEUU no confía en las fuerzas armadas bolivianas, están preocupados por una posible situación revolucionaria en el país y temen que estas armas pudieran caer en manos de personas revolucionarias. Un artículo detallado publicado por Econoticias.com ( http://www.econoticiasbolivia.com/documentos/notadeldia/elec15.html) describe la purga que se está organizando dentro de las fuerzas armadas bolivianas para apartar del mano y retirar a oficiales que pudieran estar cerca o ser influenciados por las reivindicaciones de los trabajadores y los campesinos.

Su principal temor es que Morales como presidente no sea capaz de contener las aspiraciones revolucionarias de las masas. León Trotsky explicaba que en determinadas circunstancias los dirigentes reformistas pueden ir más allá de lo que pretendían. Independientemente de las garantías de los dirigentes del MAS, su militancia y su base electoral ve las cosas de una manera diferente. Para ellos, votar a Morales es votar por la nacionalización del gas, contra la oligarquía, el imperialismo y las multinacionales. Eso es lo que más temen los imperialistas.

La campaña electoral del MAS ha reunido a decenas de miles de trabajadores y campesinos a lo largo del país. Las masas ignorantes políticamente no ven las cosas de la misma manera que la vanguardia proletaria más avanzada. Ellos creen que están eligiendo para la presidencia a un hombre que procede del movimiento campesino, que se convirtió en líder partiendo desde la base, que es considerado por la gente trabajadora normal como “uno de los nuestros”. Este elemento no se puede subestimar.

Este es un país que durante ciento veinticinco años ha estado gobernado por los miembros de la elite blanca. Evo Morales es de procedencia indígena, de este modo también es visto como el representante del 80 por ciento de la población, los trabajadores y campesinos indígenas, que siempre han estado oprimidos y discriminados. Par alas masas de trabajadores y campesinos estas cosas cuentan más que cuántas regiones haya tenido Morales con las multinacionales. Su instinto de clase les dice que si la oligarquía ataca tanto a Morales entonces deberían apoyarle.

Al mismo tiempo, el apoyo de las masas a Evo Morales no significa una fe ciega. Las masas han atravesado la escuela de la revolución han sacado ciertas conclusiones. Esto se vio claramente durante el movimiento de mayo-junio, cuando la base del MAS, los campesinos que marchaban hacia La Paz, rechazaron la reivindicación del 50 por ciento de las comisiones y bajo la influencia del poderoso movimiento huelguístico adoptaron firmemente la reivindicación de la nacionalización.

Los últimos años de lucha han conseguido que las masas en Bolivia estén muy cansadas de sus dirigentes. Existe un fuerte sentido de que los dirigentes deben ser controlados por la base e incluso dirigentes conocidos han sido echados de sus organizaciones o expulsados de las manifestaciones cuando se consideraba que no respetaban el mandato de la base.

La perspectiva más probable es que Evo Morales gane las elecciones. Todas las encuestas le dan aproximadamente un 34 por ciento de los votos frente al 28 por ciento de Tuto Quiroga, el principal candidato de la oligarquía. Como es poco probable que consiga más del 50 por ciento de los votos, que son los necesarios para ser elegido automáticamente presidente, la decisión quedará en el parlamento, que tiene el poder de elegir entre los dos candidatos con mayor número de votos. Teóricamente, esto podría ser utilizado para imponer a Quiroga como presidente, pero en la práctica esto podría provocar una nueva explosión social con las masas de trabajadores y campesinos que saldrán a las calles para defender su victoria electoral.

¿Cuál debería ser la actitud de los marxistas revolucionarios frente a estas elecciones? El pasado fin de semana hubo una reunión en El Alto de la Primera Conferencia Nacional de Trabajadores y Campesinos. Se acordó una declaración firmada por la COB de la región de El Alto, la COB estatal y la federación de mineros, la FSTMB. Ellas representan a las organizaciones más avanzadas de los trabajadores bolivianos y jugaron un papel clave en las movilizaciones revolucionarias de los últimos años.

En la declaración decían que “los trabajadores y movimientos sociales de Bolivia, ahora más que nunca, están convencidos de que las elecciones… fueron convocadas para descarrillar la lucha tenaz de los oprimidos de este país, no resolverán los problemas que están asfixiando a los bolivianos ni defenderán la soberanía y la dignidad de la nación”. Después añadieron que la principal característica de su lucha reciente ha sido la incapacidad de tomar el poder y por lo tanto tienen ‘el deber elemental de consolidar la Asamblea Popular Nacional Originaria como un órgano de poder’”

La declaración reafirma que las principales reivindicaciones de la lucha y añade que sólo pueden basarse “en la acción de masas directa y nuestros instrumentos de lucha” y finalmente pide la formación de Asambleas Populares Regionales en marzo de 2006 y la celebración de una Asamblea Nacional Popular el 10 de abril del año próximo.

Esta declaración contiene varios puntos y observaciones correctas, pero el problema principal es que no adopta ninguna postura con relación a las elecciones que se van a celebrar ahora. Para llevar a cabo la revolución no es suficiente con que la vanguardia quiera la revolución. La vanguardia debe ganar a las masas, formarlas en un espíritu revolucionario y mientras tanto estrechas vínculos con ellas. Para hacer esto, es esencial que la vanguardia comprenda los instintos de las masas y garantice que sus consignas no se alejan demasiado de las masas, tal que el vínculo entre la vanguardia y la clase está roto. Una repetición simple de la necesidad de tomar el poder no es suficiente.

La vanguardia debe dar respuestas concretas a cuestiones concretas. Las declaraciones arriba mencionadas en la reunión puede que sean correctas en un sentido revolucionario general, pero no dan respuestas a la cuestión acuciante del momento. Un trabajador y campesino bolivianos dirán: Sí, todo eso está muy bien, ¿pero cómo deposito mi voto el próximo domingo?

Fue la incapacidad de estos mismos dirigentes de ofrecer una salida clara en junio lo que permitió a la clase dominante, con la ayuda de los reformistas, desviar el movimiento en dirección a las elecciones. Ese es un hecho muy desafortunado, pero no obstante es una realidad. Las condiciones objetivas han cambiado y no debemos actuar como si este no fuera el caso. ¿Puede la vanguardia permanecer indiferente en estas elecciones? Eso realmente les apartaría de las masas. Estas últimas tienen que pasar por la escuela de Evo Morales, la escuela del reformismo, que en las condiciones bolivianas es probable que sea una escuela muy dura. Pero nuestro deber es avanzar hombro con hombro con las masas, explicando en cada etapa qué se debe hacer y ayudarlas a sacar las conclusiones.

En junio, la qué se planteó de forma descarnada fue la cuestión del poder, de quién dirige el país. Ahora la cuestión planteada frente a las masas es ¿qué hacemos en estas elecciones? La mayoría de los trabajadores y campesinos no dudarán en votar al MAS, particularmente porque no les ofrecen otra alternativa. En julio, agosto y septiembre, la COB discutió la posibilidad de presentarse a las elecciones mediante la creación de un Instrumento Político de los Trabajadores. Pero estas discusiones terminaron en nada. También hubo discusiones con el MIP de Felipe Quispe para que algunos dirigentes sindicales entrasen en sus listas, pero finalmente no hubo acuerdo.

Está bastante claro que estas organizaciones, que estaban en situación de tomar el poder en octubre de 2003 y junio de 2005, ahora no están en situación de tomar el poder. Son claramente incapaces de organizar un boicot serio a las elecciones. Por eso no están defendiendo esto, pero al mismo tiempo están dejando a los activistas obreros más avanzados sin una directriz clara de qué hacer. Para la masa de trabajadores y campesinos estas elecciones son importantes y no se puede sólo dar un paso al lado y dejarlas pasar como si no ocurrieran. Sin ganar a estos trabajadores y campesinos que votarán al MAS en las elecciones para el lado de la revolución, no habrá revolución triunfante en Bolivia. La experiencia del gobierno Morales es un paso necesario en el desarrollo de la conciencia de las masas en Bolivia. El deber elemental de los revolucionarios en Bolivia es acompañarles en esta experiencia.

No tienen una alternativa excepto pedir un voto crítico al MAS y, al mismo tempo, dirigir la agitación sobre las principales reivindicaciones del movimiento, comenzando con la nacionalización del gas sin indemnización, exigiendo que ese debe ser el primer paso que debe dar Evo Morales cuando se convierta en presidente, advirtiendo que ésta y otras reivindicaciones del movimiento sólo se pueden conseguir mediante la acción revolucionaria de los propios trabajadores y campesinos. En realidad, la declaración de la Reunión de Trabajadores y Campesinos es en general correcta pero comete un error fundamental: no da una orientación concreta con relación a lo que ahora es visto como el terreno más importante de lucha para las masas: las elecciones.

Entre algunos de los activistas avanzados e incluso sectores de las masas, existe un ambiente crítico hacia Morales. ¡Naturalmente! Han visto su registro pasado y sus declaraciones actuales, le miran con sospecha. Sin embargo, le votarán contra el candidato abierto de la clase dominante. Por otro lado, la mayoría de los trabajadores y campesinos le votarán, no por sus conversaciones con las multinacionales y sus garantías a la embajada de EEUU. Todo lo contrario, votarán al MAS como un voto por la nacionalización del gas, contra el saqueo imperialista extranjero del país, por una solución a los problemas de la solución nacional, la tierra, el empleo, etc.,

Los marxistas revolucionarios deben encontrar un camino para relacionarse con este ambiente y no separarse de los activistas más avanzados de las masas. Los trabajadores y los campesinos que votarán por el MAS son los mismos que participaron en las insurrecciones de los últimos dos años, son los mismos que participarán en las insurrecciones que se están preparando inevitablemente para el futuro.

Mientras tanto, deben crear una organización que reúna a los activistas más avanzados que jugaron un papel en estos movimientos. Aglutinarles sobre la base de las ideas revolucionarias del marxismo para que la próxima vez que surja la cuestión del poder, para que pueda pasar a las manos de los trabajadores y campesinos de una vez por todas.