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Mientras la dirigencia del MAS contribuye al sostenimiento del régimen burgués

Desde el 2 de mayo Bolivia entró de nuevo en ebullición social con la decisión de la Central Obrera Boliviana (COB) de decretar paros, marchas, protestas y bloqueos de carreteras por tiempo indefinido para exigir la nacionalización del gas y el petróleo, un reclamo que se ha convertido en el hacha de guerra de los obreros y campesinos bolivianos, y que provocó el derrocamiento del anterior presidente del país, Gonzalo Sánchez de Lozada (Goñi), el pasado mes de octubre.

Mesa hace concesiones

Ahora, el gobierno burgués del actual presidente, Carlos Mesa, se está viendo obligado a soltar lastre para evitar su derrocamiento. Diariamente se anuncian acuerdos y decretos para satisfacer demandas parciales de los trabajadores y campesinos con el fin de desactivar la protesta social. A los campesinos sin tierra se les ha prometido la entrega de varias miles de hectáreas de tierra en diversas zonas del país, a las universidades se les aseguró un aumento de las subvenciones, a los ex trabajadores mineros sin jubilación se les concedió un aporte de 480 bolivianos al mes (60 dólares), se derogó el decreto 27.457 que descentralizaba los servicios de salud, educación y caminos a las Prefecturas (regiones) y que era interpretado por los trabajadores afectados como un primer paso hacia la privatización de estos servicios. Como siempre ocurre, las reformas son un subproducto de la lucha revolucionaria de los trabajadores.

Sin embargo, estas concesiones son consideradas como insuficientes por los trabajadores y campesinos. Son conscientes de que constituyen maniobras desesperadas del gobierno de Mesa para socavar la protesta social y que nada le impide olvidarse de ellas una vez que la tormenta amaine. Pero por otro lado, el gobierno de Mesa deja de lado otros reclamos igualmente importantes: aumentos salariales, la reforma de la ley de pensiones, la derogación del decreto 21.060 que contempla el despido sin causa de los trabajadores y sin derecho a indemnización, aumento del gasto social, etc. Pero, sobre todo, el gobierno ya dejó claro que no tiene ninguna intención de nacionalizar los hidrocarburos ni de cancelar los contratos con las petroleras y multinacionales.

La Ley de Hidrocarburos y el referéndum

Además de demandas sectoriales en materia de salarios, pensiones, reforma agraria y derechos laborales, el principal reclamo que exige la COB con esta huelga es la nacionalización del gas y el petróleo y el rechazo al proyecto de Ley de Hidrocarburos que el gobierno de Mesa aprobó en el mes de febrero y que quiere someter a Referéndum el próximo 18 de julio. Bolivia tiene las segundas reservas de gas más importantes de Sudamérica, estimadas en 55 trillones de pies cúbicos y con un valor superior a los 80.000 millones de dólares.

Este proyecto de ley introduce algunos cambios nominales en la legislación pero no varía nada sustancial. Así, mientras que plantea que el gas y el petróleo son de propiedad nacional mientras estén en el subsuelo, se consolidan y reafirman los más de 80 contratos para la explotación, refino, venta y libre exportación de los hidrocarburos que favorecen a las multinacionales que actualmente detentan la propiedad de los mismos. Se aprueba una nueva normativa de impuestos a las petroleras que aunque aumentan algo los ingresos del Estado, sigue siendo una parte muy pequeña comparada con los enormes ingresos que disfrutan estas compañías.

Hay que recordar que el costo de extracción del gas y el petróleo bolivianos están entre los más bajos del mundo y que las multinacionales recibieron gratuitamente de la vieja empresa estatal las instalaciones e infraestructuras para la extracción y el refino del combustible. Al mismo tiempo el petróleo y el gas boliviano se venden en el interior del país a precio internacional.

Por último, la compañía de energía estatal, YPFB, sólo dispondrá del 48% de las acciones de las tres compañías (Chaco, Andina y Transredes) que se formaron de la privatización de la antigua petrolera estatal durante el gobierno de Sánchez de Lozada, permaneciendo la mayor parte del capital accionario en manos de las multinacionales.

Como correctamente denuncian la COB y el MAS, este referéndum es un fraude y una burla al pueblo boliviano que dio su sangre y derribó a Goñi exigiendo la nacionalización y explotación de los hidrocarburos por el Estado.

La COB ya ha anunciado que si el gobierno de Mesa no introduce en el Referéndum una pregunta clara y concreta a favor o en contra de la nacionalización de los hidrocarburos (y bajo ninguna circunstancia introducirá Mesa esta pregunta en el referéndum ya que su gobierno está comprometido con las multinacionales), boicoteará la consulta.

Esta es la situación, en medio del escándalo desatado al descubrirse que algunas de las multinacionales que operan en el país han estado vendiendo gas y petróleo ilegalmente a Brasil y Chile, y tras el acuerdo firmado con el gobierno argentino para venderle 4 millones de metros cúbicos diarios de gas con el fin de salvar el negocio exportador a las petroleras que operan en Argentina, cuyo cliente más importante también es Chile.

El desarrollo de la huelga de la COB

Como en el mes de octubre, la protesta empezó a desarrollarse poco a poco con marchas y bloqueos de caminos. Estos últimos, a cargo de los campesinos encuadrados en la Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), dirigida por Felipe Quispe. La huelga se hizo sentir en un primer momento especialmente entre los maestros, los trabajadores de la salud y los trabajadores camineros y de rutas viales, y con la ocupación de varios centros mineros. La enorme precariedad en las condiciones laborales de los trabajadores bolivianos (como la existencia del decreto 21.060 ya nombrado y el hecho de que los trabajadores fabriles mantengan su salario vinculado a la producción y carezcan de un sueldo fijo) hace muy difícil su participación activa en huelgas indefinidas, como también se demostró en las jornadas de octubre. Por eso, la participación de estos sectores se concentra por la tarde, después de la jornada laboral, participando masivamente en las marchas convocadas en los principales centros urbanos: La Paz, El Alto, Cochabamba, Santa Cruz, etc.

Los campesinos e indígenas de la zona del oriente y sur del país, donde se concentran los principales yacimientos de gas y petróleo, iniciaron marchas hacia los mismos y en algunos casos los ocuparon, exigiendo tierras y la nacionalización de los hidrocarburos.

El jueves 13 de mayo se organizó una marcha nacional desde la ciudad de Patacamaya, a 110 kilómetros de La Paz, que culminó el Lunes 17 con la entrada en la capital y que contó con la participación de decenas de miles de trabajadores, campesinos y estudiantes de La Paz y de diferentes partes del país. Sin duda, ha sido el acto más destacado de la protesta, hasta el momento. Para el próximo lunes 24 de mayo se anuncia otra gran manifestación de protesta que seguramente tendrá una participación mayor en la medida en que cada vez más sectores de los trabajadores y de las clases medias empobrecidas se hacen conscientes de las falsas promesas y mentiras del gobierno de Mesa en la cuestión del gas, y que podría provocar un punto de inflexión en una protesta social y precipitar incluso la caída del gobierno de Carlos Mesa.

Aunque algunas de las concesiones parciales ofrecidas por Mesa han conseguido paralizar la huelga de algunos sectores (trabajadores de la salud, camineros, etc), sólo lo ha hecho temporalmente a la espera de que aquellas se concreten en la práctica. Aun así estos sectores mantienen sus reclamos por aumentos salariales y su adhesión al reclamo mayor de la nacionalización de los hicrocarburos, y participan en las marchas que diariamente convoca la COB.

Otros sectores que paralizaron hace algunas semanas sus movilizaciones engañados por las promesas de Mesa se han reincorporado a la lucha o amenazan con hacerlo, como es el caso de las universidades, los pequeños transportistas encuadrados en la Federación de Choferes y los pequeños comerciantes agrupados en la Federación de Gremiales. También anunciaron su adhesión a las protestas la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) cuya seccional de El Alto jugó un papel muy importante en la insurrección de octubre. Destaca, particularmente, la decisión de la Central Obrera Regional (COR) de El Alto (el principal foco de protesta desde donde irradió la insurrección de octubre) de sumarse a la lucha desde el lunes 17 de mayo, a pesar de la oposición inicial de sus actuales dirigentes, que pertenecen al MAS, lo que refleja las intensas presiones de las bases que los obligaron a romper sus negociaciones con el gobierno de Mesa.

Por su parte, la confederación campesina de Quispe, la CSUTCB, reafirmó su intención de intensificar los bloqueos de carreteras a partir de esta semana.

Los dirigentes del MAS respaldan a Mesa frente a la COB

Uno de los aspectos más escandalosos que rodean a la huelga que organiza la COB es la oposición activa y la abierta hostilidad hacia la misma que están demostrando desde el principio los dirigentes del MAS, con Evo Morales a la cabeza. Como no podía ser de otra manera (lo mismo ocurrió al comienzo de la huelga revolucionaria que derrocó a Sánchez de Lozada), mientras que los obreros y campesinos iniciaban su lucha en las calles y los campos, Evo Morales se marchaba de gira por Europa, donde asistió como invitado especial al 50º aniversario del semanario "progresista" (en realidad, una revista burguesa liberal), Le Monde Diplomatique, donde una vez más manifestó su oposición a la huelga de la COB.

La función de los máximos dirigentes y parlamentarios del MAS ha sido en todas estas semanas agitar sobre el peligro que representa para la democracia las acciones de la COB porque según ellos crean las condiciones para un golpe de estado y favorecen los planes del imperialismo estadounidense.

De esta manera, mientras que al mismo tiempo la patronal boliviana demanda a Mesa "mano dura" contra los huelguistas, los dirigentes del MAS actúan como carneros y rompehuelgas a favor de los intereses de las petroleras y del gobierno, extendiendo la confusión y la desorientación entre los trabajadores y, particularmente, entre las bases del MAS y su periferia. Pero esto también tiene otras consecuencias. En la medida que públicamente se ven obligados a defender al gobierno de Mesa y a posicionarse contra la lucha, se desenmascaran ante las masas lo que está provocando un creciente malestar en las mismas. Allá donde tienen posiciones dirigentes en la COB o en otras organizaciones populares, los obreros y campesinos sólo les están dando dos opciones: o se suman a la lucha, o los obligan a dimitir de sus funciones. Así está ocurriendo en la COR de El Alto o en las Juntas Vecinales de esta misma localidad.

Las bases del MAS tienen que oponerse a esta política criminal de sus dirigentes, organizando una corriente de oposición genuinamente socialista en su seno. Una derrota de la huelga sólo puede favorecer a las multinacionales y la oligarquía, preparando el terreno para un golpe reaccionario el día de mañana si se generalizara un ambiente de derrota y de frustración entre las masas. De los zarpazos de este golpe reaccionario no escaparán ni los dirigentes ni, sobre todo, los miles de obreros y campesinos de base que respaldan al MAS.

La conspiración militar y la inmunidad de las tropas estadounidenses

Coincidiendo con la primera semana de huelga, se conoció la decisión del Tribunal Constitucional de Bolivia de procesar por la vía civil a cuatro militares responsables de asesinatos durante la represión de la protesta popular de febrero del 2003. Estos militares habían sido absueltos en un juicio farsa celebrado por un tribunal militar.

Inmediatamente, varios jefes militares llamaron a desconocer la decisión del Tribunal Constitucional y decidieron acuartelar las tropas en diversas comandancias del país en señal de protesta, en un claro gesto de sedición. Todos los partidos burgueses sin excepción (que disponen de mayoría en el Congreso), se unieron a los jefes militares en su protesta y aprobaron en el Senado un denominado Proyecto de Ley de Interpretación de la Constitución Política del Estado para impedir que los militares sean juzgados por los tribunales civiles, para de esta manera revertir el fallo del Tribunal Constitucional. En concreto, esta ley está diseñada especialmente para amparar la impunidad de la represión del ejército contra la población durante la declaración del Estado de Sitio. De esta manera, la clase dominante no sólo pretende salvaguardar a las fuerzas represivas de los crímenes de ayer, y particularmente de los cometidos durante la insurrección de octubre que dejó más de 80 asesinados, sino prepararse para la represión futura.

Otra piedra de escándalo fue la decisión del Congreso de sancionar la solicitud de Washington de dar inmunidad a las tropas estadounidenses (que no responderán ante la justicia boliviana) por los delitos y crímenes que cometan dentro del territorio boliviano. Correctamente, tanto el MAS como la COB han denunciado que con esta medida la clase dominante prepara el camino libre para la invasión de Bolivia por las tropas estadounidenses con total impunidad para masacrar a los obreros y campesinos.

Vemos claramente, cómo la oligarquía y el imperialismo se prepararan concienzudamente para intentar aplastar la revuelta de los trabajadores bolivianos en el futuro.

Las debilidades de la COB

A pesar de la determinación de los dirigentes de la COB de proseguir la lucha contra el gobierno de Mesa, el desarrollo de la huelga está poniendo de manifiesto algunas de las debilidades políticas y organizativas que ya se dejaron ver en octubre. Como una repetición mecánica de la táctica desplegada en el movimiento de octubre, los dirigentes de la COB parecen concentrar su objetivo en la organización de marchas lo más masivas posibles en la capital, La Paz, para forzar un cambio fundamental de la política de Mesa a favor de la nacionalización de los hidrocarburos y la cancelación de los contratos con las multinacionales petroleras, o bien echar a Mesa del poder. Pero la primera opción está totalmente descartada. Sólo quedaría la segunda.

Por una vez, coincidimos plenamente con los dirigentes del MAS cuando estos últimos, para justificar su oposición a la huelga, preguntan a los dirigentes de la COB: "¿Después de Mesa, qué?". Obviamente, los dirigentes del MAS no ofrecen ninguna alternativa al actual gobierno capitalista. Ellos, como leales amantes del parlamentarismo burgués, les dicen a las masas que deben aplazar la solución de sus problemas más urgentes hasta el año 2007, cuando el MAS espera ganar las elecciones legislativas. Luego, la clase dominante y el imperialismo los dejarán con total amabilidad que nacionalicen el gas y el petróleo y más tarde, si las masas son todavía más pacientes, llegar al socialismo sin romper un vidrio. Los reformistas, que presumen de ser gente "práctica" y "realista", son los mayores utópicos. Este gente no aprende de la historia y condenan a las masas, con sus políticas, a las peores de las derrotas. El ejemplo de Allende en Chile, en 1973, o la situación actual en Venezuela, demuestran que la burguesía no reparará en medios para intentar aplastar las aspiraciones de emancipación de los obreros y campesinos, barriendo a un lado si es necesario la propia legalidad burguesa, si los dirigentes que se encuentran a la cabeza de las masas se muestran incapaces de encontrar una salida exitosa a la revolución.

Si los dirigentes de la COB no se preparan para organizar una alternativa política al gobierno de Mesa, ocurrirá lo mismo que en octubre: que a las masas les robarán los frutos del triunfo revolucionario y que el vacío de poder subsiguiente será ocupado por otro gobierno burgués que, en el mejor de los casos, llevará la misma política que Mesa. En el peor de los casos, la incapacidad para llevar la revolución hasta el final puede conducir a una derrota sangrienta ¡No se puede jugar con la revolución como si fuera un asunto de niños! Como decía Engels: "Jamás se debe jugar a la revolución si no se está preparado para afrontar sus consecuencias; pero una vez iniciada hay que llevarla hasta el final".

El arte de la insurrección y la necesidad del partido revolucionario

La única manera de llevar la lucha hasta el final es fijando objetivos y consignas claros, y dando la más amplia participación a los trabajadores en la organización y desarrollo de la misma. Es la obligación de los cuadros y dirigentes de la COB estimular la formación de "comités de huelga" en cada centro de trabajo, barrio, localidad y comunidad campesina. Estos comités de huelga deben estar formados por representantes de los trabajadores y campesinos de cada ámbito, elegidos y revocables en cualquier momento por las bases. La función de estos comités es la de coordinar y unificar la lucha, establecer las consignas y demandas que en cada momento puedan movilizar a las masas, asumir las tareas de suministro de víveres, transporte y de autodefensa en los barrios y comunidades campesinas. De esta manera se asegura la más amplia participación de las masas en la lucha y se establece un mecanismo democrático de control de la misma de abajo hacia arriba.

En segundo lugar, hay que agitar consistentemente por la formación de una Asamblea Nacional Popular Revolucionaria, formada por delegados elegidos en estos comités, y que debe ser el embrión del futuro poder obrero en la sociedad, el organismo político de los trabajadores que debe asumir el poder cuando se derroque al gobierno de los capitalistas y terratenientes.

Por último, para evitar la utilización del ejército contra el pueblo, se deben organizar vínculos con los barracones y los soldados. Hay que hacer un llamamiento a los soldados, que son hijos de trabajadores y campesinos, para que se organicen aparte de los oficiales por medio de "asambleas de soldados" cuyos representantes deberían participar en los comités de huelga de cada localidad y comunidad campesina. Esta es la única manera de garantizar el armamento de los obreros y campesinos, de desarmar a la clase dominante y de asegurar el triunfo más pacífico posible de la revolución socialista.

La COB, a pesar de sus heroicas y revolucionarias tradiciones, no deja de ser una organización sindical que abarca a las más amplias masas, uniéndolas en todo lo que tienen de homogéneas, pero manifestando también todo lo que tienen de heterogéneas y sus niveles diferentes en cuanto a conciencia de clase y de experiencia. No es un dato menor que, a pesar de los colosales acontecimientos revolucionarios del último año, algunos sindicatos de la industria y secciones departamentales, sigan controlados por elementos reformistas y conciliadores que se empeñan en obstaculizar la huelga y bloquear el espíritu revolucionario de los trabajadores. Es por eso que es una cuestión de vida o muerte que los cuadros y los militantes más conscientes y avanzados de la COB, que ya han adquirido una conciencia socialista y revolucionaria clara y definida, se organicen como corriente revolucionaria, como partido revolucionario, con la misión de explicar pacientemente estas ideas al conjunto de la clase, dentro de la COB y en el resto de las organizaciones de masas; impulsando la lucha hacia delante, trabajando lealmente hombro con hombro con las masas, y suministrando la táctica, las consignas apropiadas y los métodos revolucionarios de acción que se correspondan con la situación concreta de la lucha. Esta es la manera de ganar a la mayoría de la clase obrera para las ideas del socialismo y la revolución.

Contra el chauvinismo y el odio nacional anti-chileno

Lamentablemente, los dirigentes de la COB (por no hablar de los del MAS) han caído en la trampa que les ha tendido la podrida y corrupta oligarquía boliviana en relación al pueblo chileno. El grito de: "Mesa, chileno, el gas no se vende", se ha convertido ya en tradicional en las marchas de estas semanas. Por eso, nos vemos obligados a repetir ideas y argumentos que ya expresamos en otros materiales sobre esta misma cuestión.

No es ninguna casualidad que, en paralelo con el inicio del proceso revolucionario, la clase dominante con Carlos Mesa a su cabeza haya estado intentando desviar la atención de las masas hacia el chauvinismo y las rivalidades nacionales con Chile por el reclamo histórico de la salida al mar, la reivindicación de los territorios marítimos perdidos por Bolivia en favor de Chile en la guerra de 1879 con este país.

Pero esto es pura hipocresía porque el negocio de la salida del gas boliviano a través de puertos chilenos fue diseñada conjuntamente por las oligarquías boliviana y chilena, con la bendición de las multinacionales implicadas en el proyecto. También fue la oligarquía boliviana quien entregó las reservas del gas y de hidrocarburos a multinacionales como Repsol a precios irrisorios, la que transfiere cada año cientos de millones de dólares a las arcas de los financieros imperialistas por el pago de la deuda externa y la que mantiene al 64% de la población boliviana por debajo de la línea de la pobreza. Así, pues, el principal enemigo de los trabajadores y campesinos bolivianos está en su propio país, son los capitalistas y los terratenientes bolivianos, agentes declarados del imperialismo y de sus intereses.

Como explicamos antes, a la clase dominante boliviana le interesa desviar la atención y la amargura de las masas hacia los odios y rivalidades nacionales con Chile, intentando agrupar a "toda la nación" (obreros, campesinos, capitalistas y terratenientes) tras de sí.

Igualmente, la burguesía chilena también está interesada en mantener a los trabajadores y campesinos chilenos alejados de sus preocupaciones de clase con la exacerbación del conflicto con Bolivia, particularmente después del anuncio por parte de la central sindical chilena, la CUT, de una nueva huelga general, después de la magnífica organizada el pasado mes agosto que reflejó la creciente insatisfacción de la clase obrera chilena con las políticas antisociales y capitalistas del gobierno de la Concertación.

Así, pues, los intentos de los políticos burgueses y reformistas de resolver la cuestión de la salida boliviana al mar por vías diplomáticas o de represalias políticas o comerciales están condenados al fracaso, antes al contrario sólo servirán para enconar las susceptibilidades nacionales entre un país y otro, entre un pueblo y otro.

Durante décadas, las clases dominantes boliviana y chilena estimularon en las escuelas y los cuarteles del ejército el odio nacional contra chilenos y bolivianos, respectivamente. Es una ley que las clases dominantes de todos los países siempre utilizan los odios nacionales para ocultar su dominación y sus privilegios sociales, dirigiendo la frustración y la desesperación de las masas explotadas a manos de esta misma clase dominante, hacia el pueblo de la nación rival sin distinguir entre las masas oprimidas y las clases opresoras.

Los marxistas, los socialistas revolucionarios, rechazamos los intentos de enfrentar a los trabajadores y campesinos bolivianos con sus hermanos, los trabajadores y campesinos chilenos, y viceversa. Las masas oprimidas de Bolivia y Chile no tienen ninguna responsabilidad por las guerras de conquista y de rapiña que en el pasado impulsaron las oligarquías que dominaban ambos países y que sólo buscaban aumentar sus privilegios y sus intereses de clase, sin importarles los destinos de ambos pueblos.

La explicación de la situación de miseria, pobreza y explotación de las masas bolivianas o chilenas no residen en la posesión de más o menos territorios, o en la posesión o no de territorios costeros. Si ese fuera el caso, las masas obreras y campesinas del Perú, Ecuador, Brasil, Argentina o del propio Chile (todos ellos países con amplias franjas costeras en sus territorios) estarían nadando en la abundancia y no es el caso en ninguno de ellos. La causa fundamental de la miseria, la pobreza y la explotación de las masas bolivianas, lo mismo que en el conjunto de América Latina, está en la existencia del capitalismo y en el dominio de la sociedad por una clase dominante voraz y parásita que, tanto en Bolivia como en Chile, sometió a los trabajadores y campesinos a brutales y sangrientas dictaduras cuando vieron amenazados sus privilegios. Las dictaduras de Hugo Bánzer en Bolivia y Pinochet en Chile demostraron que las clases dominantes de ambos países no tenían ningún problema en colaborar mutuamente para reprimir por igual a las masas en sus respectivos países.

En realidad, los diferentes países latinoamericanos que surgieron tras la independencia del imperio español fueron una creación artificial de las oligarquías locales en colaboración con los imperialismos inglés y norteamericano para así mantener desunidos nuestros pueblos y garantizar un control más estrecho de sus recursos y riquezas.

Por supuesto que debemos distinguir entre el sentimiento nacional honesto y sincero de un trabajador y un campesino bolivianos del sentimiento nacional hipócrita, falso y rapaz de la clase dominante. Para los primeros, el reclamo de una salida directa al mar está identificado con un cambio en sus expectativas de vida, con la superación del atraso y la miseria que los rodean y con una cierta recuperación de su orgullo y dignidad tras décadas y siglos de opresión y violencia; en cambio, la clase dominante utiliza ese sentimiento para engañar a las masas bolivianas al mismo tiempo que entrega los recursos naturales de Bolivia a la depredación de las multinacionales extranjeras o, en todo caso, solamente ve en la salida al mar de Bolivia otro medio de aumentar sus esferas de negocio y apropiación de los recursos nacionales para sus mezquinos intereses de clase, como ocurrió hasta ahora.

Por eso nos sentimos en la obligación de advertir a los trabajadores y campesinos bolivianos que no caigan en la trampa que les tienden los capitalistas y terratenientes. Antes que la costa, deben recuperar Bolivia para el pueblo trabajador boliviano, sus riquezas y recursos naturales, y eso solamente se puede hacer tomando el poder y expropiando a los capitalistas y terratenientes. Al mismo tiempo, para no quedar aislados, habría que impulsar la extensión de la revolución socialista a Chile y al resto de países latinoamericanos.

Un campesino y un obrero boliviano tienen más en común con un campesino y un obrero chileno o peruano que con oligarcas corruptos y vendidos al imperialismo como Sánchez de Lozada. Y viceversa, cualquier trabajador chileno se siente más cercano a un trabajador boliviano o peruano que a un dictador genocida y sanguinario como Pinochet.

Frente al nacionalismo burgués, los trabajadores y campesinos pobres, bolivianos y chilenos, tenemos que enarbolar la bandera del internacionalismo proletario. Una Federación Socialista de América Latina permitiría la integración social y económica de los recursos de Chile y Bolivia y del resto de Latinoamérica, en interés mutuo de todos los pueblos. Una América Latina sin fronteras artificiales que nos desgarraran y dividieran, y desaparecidos los odios y rivalidades nacionales fomentados por las clases dominantes, permitiría a los trabajadores y campesinos bolivianos volver a tener acceso directo al mar y a ambos pueblos, boliviano y chileno, beneficiarse mutuamente de la unión y la planificación de sus recursos productivos.

Perspectivas

El de Mesa es un gobierno débil que ni satisface a las masas ni a la clase dominante, que repetidamente se queja de la impotencia del gobierno para restablecer la "paz" y el "orden" en la sociedad. Todos los partidos burgueses y patronales (NFR, MNR, MIR, y otros) están aislados socialmente y no generan ningún entusiasmo en la población, ni siquiera en las masas de la pequeña burguesía que se han empobrecido rápidamente en los últimos años de recesión económica. Por ahora, la clase dominante se apoya en los dirigentes reformistas del MAS, que han demostrado tener en los últimos meses el mismo pánico al movimiento revolucionario de las masas bolivianas que los capitalistas y terratenientes.

Es un hecho que, de no ser por el apoyo "crítico" de los dirigentes del MAS y de los dirigentes sindicales conciliadores que todavía controlan una parte de las estructuras de la COB, el gobierno de Mesa no duraría ni 24 horas.

Por eso, la burguesía se dedica a maniobrar y a conspirar contra su propio pueblo, preparándose para organizar un golpe de estado para aplastar la lucha revolucionaria de las masas. En la medida que el espíritu de lucha de las masas de mantiene intacto y no ha sufrido ninguna derrota seria, no contemplan esta opción al corto plazo. Lo intentaron en octubre con una represión sangrienta que costó 80 muertos y eso no hizo sino radicalizar el movimiento de las masas. Mientras el curso de la revolución boliviana se desplace a la izquierda sólo les queda apretar los dientes, maniobrar, utilizar a los dirigentes reformistas y esperar hasta mejor ocasión. Tienen que colocar todos los muros de contención de que dispongan hasta que el movimiento revolucionario choque contra un obstáculo insuperable e inicie su reflujo.

El desplazamiento del movimiento revolucionario hacia la izquierda es un hecho. Comenzó con el derrocamiento de la odiada camarilla de Sánchez de Lozada, el cual fue sustituido por el político burgués "progresista" Mesa gracias al lavado de cara y a la tregua concedida por los dirigentes del MAS y, en menor medida, de la COB. Pero la creciente impaciencia de los obreros y campesinos por las promesas incumplidas de Mesa ha llevado al movimiento a dar nuevos pasos adelante. El gobierno de Mesa, ligado por mil ataduras a la oligarquía, las multinacionales y el imperialismo, ha sido incapaz de satisfacer las principales demandas de los obreros y campesinos, y se está desgastando día tras día ante los ojos de las masas. Por eso es inevitable que, antes de dejar que las contradicciones sociales y la bronca de las masas alcancen el punto crítico de un nuevo estallido revolucionario como en octubre, el gobierno de Mesa se vea obligado a dimitir y convocar en las próximas semanas o meses a elecciones anticipadas. Con eso se buscaría paralizar la lucha de las masas para ganar tiempo con la formación de un nuevo gobierno con renovadas promesas de cambio.

Que esta perspectiva se dé más pronto o más tarde está condicionada, desde luego, por el desarrollo y alcance de la huelga que actualmente sacude hasta en sus cimientos a la sociedad boliviana y también por las vicisitudes que rodean a la celebración del referéndum sobre el gas previsto para el 18 de julio. La clase dominante intentará todo lo que esté a su alcance para mantener a Mesa al frente del país hasta garantizar la celebración del referéndum y que éste sea favorable para los intereses de las multinacionales. Pero si la presión social hace inviable la celebración del referéndum para esa fecha o el referéndum resulta ser un fracaso mayúsculo para el gobierno (bien sea por la derrota del gobierno, o por una altísima abstención como consecuencia del boicot decretado por la COB), el gobierno de Mesa no tendría otra opción que renunciar.

Por supuesto, que la caída de Mesa y el adelanto de las elecciones no dejaría de ser una apuesta arriesgada para la burguesía, que carece de un candidato y un partido propio con autoridad entre las masas. De ahí que la única posibilidad que tendría la clase dominante sería permitir que el MAS de Evo Morales, sólo o en coalición con algún grupúsculo burgués, se instalara en el gobierno. No tendrían otra opción. De esta manera la burguesía buscaría ganar algo de tiempo. Siendo consciente de que los actuales dirigentes del MAS temen a la revolución como el diablo al agua bendita, la clase dominante y el imperialismo confía en utilizarlos para que frustren las aspiraciones de las masas, introduzcan la desmoralización y la confusión en ellas y agoten su espíritu revolucionario para estar en las mejores condiciones de intentar en el momento más propicio un golpe militar exitoso utilizando a los oficiales del ejército y de la policía.

Pero, desde luego, esta no es la única perspectiva, ni siquiera debería ser la más probable. Al contrario, la revolución boliviana está demostrando una extraordinaria vitalidad, y las masas de obreros y campesinos están desplegando un inquebrantable espíritu de lucha. La solución a esta contradicción está en los miles de obreros bolivianos que consciente e instintivamente están luchando por el establecimiento del poder obrero y el triunfo de la revolución socialista en Bolivia. Una prueba de ello es la resolución de la Central Obrera Departamental de La Paz, que en su ampliado celebrado el 12 de mayo aprobó una resolución que afirma, entre otras cosas, lo siguiente:

«Marchemos juntos hacia la toma de minas, tierras y pozos petroleros.

«(...) Ante los delicados acontecimientos por los que atraviesa el país, la Central Obrera Departamental de La Paz, respaldada por la Central Obrera Boliviana, hace las siguientes consideraciones que pedimos sean analizadas y difundidas por todos los trabajadores del país:

«1. Nos ratificamos en la exigencia del pueblo de la inmediata renacionalización del gas y el petróleo. Si Carlos Mesa no toma esta medida, igual que Gonzalo Sánchez de Lozada debe irse a su casa. Por eso respaldamos la toma de pozos petroleros que vienen impulsando nuestros hermanos de los pueblos amazónicos del oriente (...)

«2. Como planteó la histórica Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, en 1946, seis años antes de la revolución nacional de 1952, respaldamos la toma de las minas con control obrero. Creemos que hoy es un error que los cooperativistas de forma sectorial hayan lanzado esta medida enfrentándose a los trabajadores que son sus compañeros de clase. Creemos que la toma de todas las minas de la nueva rosca minera encabezada por el asesino de Gonzalo Sánchez de Lozada y otros mineros ligados a los transnacionales debe ser respaldado por todos los trabajadores del país, pero debe evitar que nuestros compañeros trabajadores mineros de estas empresas pierdan sus fuentes de trabajo.

«En ese marco, respaldamos una toma planificada de todas las minas ligadas al capital transnacional, y esta debe ser dirigida por la Central Obrera Boliviana y no debe llevarnos a un equivocado enfrentamiento a los trabajadores afiliados a la Federación de Mineros con nuestros hermanos cooperativistas que también buscan fuentes de trabajo (...)

«3. Nos ratificamos en la necesidad de empezar con la toma de las tierras que están en manos de unos cuentos empresarios serviles a las dictaduras y los neoliberales que destruyeron a nuestro país.

«4. Nos parece sospechoso que dirigentes mineros ligados al asesino Gonzalo Sánchez de Lozada se opongan a la tesis histórica de la COB de la toma de las minas con el argumento de la defensa de las 'fuentes de trabajo' de sus bases. En el fondo están defendiendo indirectamente la propiedad privada de Gonzalo Sánchez de Lozada. Ahora, todos los trabajadores y los explotados por las voraces transnacionales debemos tomar las minas, las empresas, los medios de comunicación y los pozos petroleros para administrarlas colectivamente.

«5. Aclaramos que dirigentes mineros de COMSUR (de propiedad de Gonzalo Sánchez de Lozada) como Frolian Fulguera, militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Jaime Paz Zamora), Juan Cardozo, dirigente del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) pagado por la senadora Mirta Quevedo, y Edgar Ramírez Diaz, timoneado por el corrupto David Olivares (ADN dirigido por Jorge Quiroga), estén planteando la desestabilización de nuestra Central Obrera Boliviana. Denunciamos, una vez más, que el gobierno neoliberal de Carlos Mesa, el Movimiento Al Socialismo de Evo Morales, el MNR, ADN, NFR, MIR, UCS y el MBL estén BOICOTEANDO en santa alianza las medidas de la COB (...)

«6. Recordamos que todos los trabajadores somos la COB y debemos defender hasta con nuestra sangre la institucionalidad de nuestro ente matriz. Sólo un Congreso puede destituir a los dirigentes nombrados también en Congreso, que es la máxima autoridad.

«7. Los trabajadores del departamento de La Paz, como parte del cronograma de lucha de nuestra Central Obrera Boliviana, disciplinadamente, organizará y participará en todas las movilizaciones nacionales, departamentales hasta la consecución de nuestro pliego único y la definitiva derrota del régimen neoliberal y capitalista (...)». (Tomado de www.econoticiasbolivia.com 17/5/04)

Esta amplia capa de trabajadores políticamente más avanzados debe asimilar la rica experiencia revolucionaria de sus organizaciones, de sus padres y abuelos, y de ellos mismos. Deben sacar todas las conclusiones de la lucha colosal desplegada en el último año. Deben agruparse en un partido revolucionario y levantar bien alta la bandera de la revolución socialista. El establecimiento del poder obrero en Bolivia actuaría como un faro que iluminaría el camino para el triunfo de la revolución socialista en toda América Latina, lo que sólo sería el preámbulo de nuevos triunfos revolucionarios en todo el mundo.


Vea también:

Bolivia: ¿El principio del fin de Mesa? “Es una guerra a muerte” (Jorge Martín, 26 de Abril del 2004)

Bolivia: el gobierno de Mesa propone pacto social para que la crisis la paguen los trabajadores (Jorge Martín, 30 de Marzo del 2004)

Bolivia: Hace falta una organización de cuadros marxistas Primera crisis del gobierno Mesa (Jorge Martín, 24 de Marzo del 2004 )

Por el triunfo de la revolución boliviana y la unidad socialista de América Latina (Corriente Marxista Revolucionaria, 19 de Febrero del 2004)