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La proclamación de la II República llegó después de un periodo de intenso fermento social. Las elecciones del 12 de abril de 1931 a las alcaldías fue una medida de la burguesía para ganar tiempo e intentar configurar una monarquía constitucional. Pero el resultado electoral, a pesar del tradicional caciquismo rural, no dejó lugar a dudas. Sobre todo en las ciudades se puso en evidencia que Alfonso XIII no tenía ya el "amor de su pueblo". La monarquía, implicada hasta la médula en la dictadura de Primo de Rivera, fue sacrificada por la clase dominante como un mal menor. Se puede decir que tras la caída de Alfonso XIII la mayor parte de la clase dominante se hizo momentánea e interesadamente "republicana".
Dedicado a mi abuelo Ramón Rosich Armora, a quien nunca conocí, activo militante de la CNT, fusilado el 26 de noviembre de 1942 por el franquismo, y enterrado en una fosa común a la espera, como tantos otros, de un reconocimiento que aún no ha llegado.

La proclamación de la II República llegó después de un periodo de intenso fermento social. Las elecciones del 12 de abril de 1931 a las alcaldías fue una medida de la burguesía para ganar tiempo e intentar configurar una monarquía constitucional. Pero el resultado electoral, a pesar del tradicional caciquismo rural, no dejó lugar a dudas. Sobre todo en las ciudades se puso en evidencia que Alfonso XIII no tenía ya el "amor de su pueblo". La monarquía, implicada hasta la médula en la dictadura de Primo de Rivera, fue sacrificada por la clase dominante como un mal menor. Se puede decir que tras la caída de Alfonso XIII la mayor parte de la clase dominante se hizo momentánea e interesadamente "republicana".

Ahora bien, las masas de obreros y campesinos, la pequeña burguesía radicalizada, sufriendo el impacto de la crisis económica capitalista mundial, que recorrió toda la década de los años treinta, y que se solapaba con el atraso endémico del país, vio en la II República una cosa distinta. Vio la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida y de llevar a cabo las transformaciones sociales esperadas desde hacía décadas, por no decir siglos.
El transcurso de la II República, que se inicia el 14 de abril de 1931 y finaliza el 18 de julio de 1936 con el golpe fascista, puede ser dividido en tres periodos. El primero es el del triunfo de la coalición republicano-socialista. Durante este periodo se llevarán a cabo tímidas reformas que en la práctica se aplicaron de forma aún más tímida. Estas "reformas" se combinan con una represión constante a los "excesos" de trabajadores y campesinos cuando estos se muestran "impacientes" por ver realizadas las mejoras sociales. Al mismo tiempo hay una política de mano blanda contra la reacción.
Un segundo periodo se inaugura con el Bienio negro, periodo en que gobierna la reacción y en el que se da marcha atrás a todas las escasas reformas iniciadas en el bienio anterior. La victoria de la derecha fue debida, entre otros factores, a la desilusión que generó entre amplias capas de oprimidos la política del gobierno republicano-socialista. Con la derecha en el poder se incrementa la represión, que tiene su máxima expresión en la matanza de trabajadores y campesinos en Asturias tras la insurrección de octubre de 1934.
Y, por último, un tercer periodo en el que gana el Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda junto a los republicanos. Las masas hartas ya de promesas incumplidas comienzan ellas mismas a tomar medidas prácticas: ocupaciones de tierras, duras huelgas para recuperar el poder adquisitivo y los puestos de trabajo perdidos en el periodo anterior, liberación de presos políticos, etc. Esta situación hizo que la burguesía decidiera que había llegado el momento de aplicar el plan B: la República ya no servía para calmar las aspiraciones revolucionarias de las masas. Era necesaria la represión pura y dura.

Las tareas que la II República nunca llevó a cabo

Cuando se proclamó la II República urgentes tareas estaban por resolver: la reforma agraria, la separación de la Iglesia y el Estado, la resolución de la cuestión nacional y las colonias, los derechos democráticos, la depuración del ejército de elementos reaccionarios y el desarrollo industrial como más destacables. Por motivos de espacio no podemos detallar hasta qué punto las medidas aplicadas mientras gobernó la coalición entre partidos obreros y republicanos fueron insuficientes e incluso reaccionarias. Obviamente durante el bienio negro, con la derecha y la extrema derecha en el poder, no se aprobó ninguna medida progresista. Veamos qué se hizo:
· La reforma agraria fue ridícula. La mayor parte de la tierra permaneció en propiedad de los terratenientes. No se trató el tema de los minifundios ni de los arrendatarios. Los préstamos necesarios para una urgente modernización de las cooperativas o tierras de pequeños propietarios siguieron en manos del capital financiero. La insatisfactoria reforma agraria fue una de las causas más importantes de la pérdida de apoyo de la república entre un campesinado que era el 70% de la población.
· La depuración del ejército no se llevó a cabo seriamente, como posteriormente demostraron los hechos. La mayor parte de la oficialidad, con un sólido currículo reaccionario quedó en su sitio y pudo preparar tranquilamente el alzamiento fascista.
· En el caso de los derechos democráticos se aplicó una Ley de Defensa de la República, bajo el gobierno republicano-socialista, que en la práctica servía para justificar la represión del movimiento obrero si éste hacía huelgas "irracionales", y fue usada a fondo durante el bienio negro.
· Las nacionalidades históricas no tuvieron derecho a la autodeterminación. Euskadi, de hecho, no tuvo ni un estatuto como Catalunya. Marruecos bajo la República sufrió el mismo trato odioso que bajo la dictadura de Primo de Rivera, perdiéndose otra oportunidad para restar fuerzas a la reacción: no se le dio la independencia que luego, irónicamente, si le dio Franco.
· La Iglesia siguió disfrutando de privilegios e influencia y no perdió, en esencia, ingresos provenientes del Estado ni su predominio en la educación.
· Y, por último, el desarrollo industrial quedaba en manos de la voluntad de la burguesía de invertir en el sistema productivo. Pero ésta optó por la sobreexplotación de la clase obrera para mantener sus beneficios, así que no hubo desarrollo significativo en este campo.

La Guerra Civil: causas y desarrollo

Para la clase dominante la República, tras la victoria del Frente Popular, ya no era un muro de contención lo suficientemente resistente como para frenar las aspiraciones de justicia social de las masas. Había que utilizar la represión pura y dura y destruir las organizaciones obreras. Había que dar una lección duradera en el tiempo.
Los generales reaccionarios empezaron los preparativos del golpe meses antes. Estos preparativos no eran secretos para el gobierno del Frente Popular, éste recibió numerosas advertencias y filtraciones de militares fieles a la República de los preparativos de la asonada. El gobierno de Azaña que se mostraba pasivo ante esta amenaza puso, sin embargo, toda su atención, durante el periodo del Frente Popular, en reprimir al movimiento obrero y llenar otra vez las cárceles de militantes sindicalistas y anarquistas por sus "excesos" e "impaciencia".
El 17 de julio de 1936 la guarnición de Marruecos se levantó en armas. El gobierno aun conociendo en detalle los preparativos militares se mantuvo pasivo durante las primeras 48 horas. Tanto Azaña como Companys se negaron a armar a la clase obrera pues temían más la revolución proletaria que  la contrarrevolución fascista.
Martínez Barrio, republicano de derechas al frente del gobierno el 18 de julio, realizó todo tipo de esfuerzos para convencer a los golpistas de la posibilidad de formar un gobierno cívico-militar en el que tuviesen cabida también los insurrectos. Esta traición se realizaba con el consentimiento de Azaña, el presidente de la República.
Sólo la clase obrera, con heroísmo y audacia mediante la huelga general y la insurrección armada en Barcelona, Madrid y otras ciudades, frenó la victoria inmediata de los fascistas. Si hubiese dependido de la pequeña burguesía republicana en el gobierno la victoria de los fascistas hubiese sido inmediata. Pasados los primeros días del golpe la mayor parte de la población, de los recursos financieros, las fábricas militares y la flota de guerra estaba en manos del bando republicano. No había desde el punto estrictamente militar una desigualdad tan grande que pudiese justificar la derrota republicana.
Intentando aplastar la revolución los golpistas la desataron. Se abrió un nuevo periodo, un periodo caracterizado por el doble poder en la zona republicana. Por un lado el gobierno republicano de Azaña y el de la generalitat de Companys, suspendidos en el aire, impotentes en la práctica para realizar ninguna medida, sin ejército y sin prestigio. Y, por otro lado, el poder obrero y campesino a través de los comités antifascistas, las ocupaciones de fábricas y de tierras y la gestión espontánea de los recursos que la burguesía había abandonado para irse al otro bando. Las tareas de la revolución democrática se realizaron en pocas semanas pero no se detuvieron ahí, las aspiraciones de justicia social de las masas oprimidas apuntaban directamente a las relaciones de propiedad capitalista.

¿Por qué fue derrotada la revolución? ¿Por qué se perdió la guerra?

Las medidas tomadas por los trabajadores y campesinos en la zona republicana fueron incluso más allá que las medidas tomadas por los bolcheviques los primeros meses después de octubre de 1917. Sin embargo, a diferencia de Rusia, en el Estado español no existió ningún partido con influencia de masas que llamara a completar la revolución. Una tras otra las direcciones de la diferentes organizaciones obreras: PSOE, PSUC, PCE, CNT, POUM, etc., demostraron no estar a la altura de la circunstancias.
Con el paso de los meses, en el bando republicano acabó por expresarse la imposibilidad de la existencia de dos poderes con intereses contrapuestos: el gobierno burgués y el poder obrero de hecho. Su máxima expresión fueron los Hechos de Mayo de 1937 en Catalunya, que enfrentaron a trabajadores cenetistas y poumistas en las barricadas contra el gobierno de Companys, con los estalinistas cuando éstos quisieron acabar con todo poder obrero. Fue en Catalunya donde el poder obrero había ido mucho más allá que en ningún otro lugar del Estado. Los dirigentes de la CNT y el POUM abandonaron a sus bases haciendo llamamientos a la desmovilización y a no romper la "unidad antifascista" y ahí acabó la última oportunidad para dar un giro al desarrollo de la revolución. Le siguió la ilegalización del POUM y la persecución a fondo de revolucionarios en la zona republicana. En nombre de la República, pero no de la república socialista sino de la república burguesa, se dio marcha atrás a las medidas socializadoras, a las colectivizaciones y al control obrero.
Una vez aplastada la revolución se acabó con el principal factor de resistencia ante el avance del fascismo. El gobierno republicano con sus dirigentes irresponsables y cobardes, con una visión puramente militar del conflicto, esperando una ayuda de los gobiernos "democráticos" que nunca llegó, fue perdiendo, palmo a palmo, todo el territorio hasta la derrota.
Hoy, todos los jóvenes y trabajadores debemos estudiar en profundidad los acontecimientos de la revolución española. En ellos están las claves para la presente y futura lucha por el socialismo.