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Esta consigna que se corea y se grita cada año recuerda los acontecimientos ocurridos en esta fecha en Vitoria. Unos hechos que representaron tanto, para la clase obrera en general y para la clase obrera de Álava en particular. La lucha obrera que c Esta consigna que se corea y se grita cada año recuerda los acontecimientos ocurridos en esta fecha en Vitoria. Unos hechos que representaron tanto, para la clase obrera en general y para la clase obrera de Álava en particular.

En Areitio, una de las empresas en lucha, empezó el conflicto debido principalmente a las condiciones de trabajo que teníamos entonces, al igual que en el resto de las empresas. Queríamos un incremento salarial lineal que redujera las diferencias salariales, una menor jornada y una mejora en general de nuestras condiciones de trabajo.

La negativa por parte de la patronal a escuchar nuestras revindicaciones, nos llevó a iniciar los paros dentro de la propia empresa. A medida que el conflicto se iba alargando nos fuimos informando de que otras empresas en las mismas condiciones habían decidido salir a la huelga: Forjas Alavesas, Mevosa, Aranzabal, Arregui, Cablenor... Decidimos, pues, salir también en huelga, porque cuantos más trabajadores en conflicto fuéramos, más posibilidades había de presionar a la patronal. La decisión la tomamos en asamblea, planteando que no nos valían los representantes del sindicato vertical si no que necesitábamos elegir nuestros propios representantes, compañeros en quienes pudiéramos confiar a la hora de llevar adelante nuestras decisiones. Se eligió así el primer comité representativo de los trabajadores de Areitio.

Coordinar las luchas

Las asambleas las hacíamos en iglesias dado que no se nos daba la opción en ningún otro lugar debido al régimen represivo que entonces había; pero era ejemplar la asistencia organizada de los trabajadores a dichas asambleas, puesto que éstas se consideraban órganos de discusión, debate y decisión de la plantilla y de las cuales salían las decisiones que los representantes llevaban a cabo.

Nos juntaríamos como unas 30 empresas o más en lucha y nos fuimos sumando por medio de nuestros representantes a la Coordinadora de Empresas en Huelga en la cual se concretaba la acción, organización y estrategia de la lucha. De allí salió una plataforma conjunta que se resumía en:

· Un aumento salarial igual para todos.

· 100% del salario real en caso de enfermedad o accidente.

· Jubilación a los 60 años con el jornal real.

· Reducción de la jornada laboral.

Además debido al régimen franquista existente se condicionaba la negociación a que no hubiera ningún despedido o represaliado y ningún detenido. Sabiamos lo que queríamos y luchábamos para conseguirlo.

Esto ayudó a que la lucha se fuera ampliando y de afectar sólo a los trabajadores de las empresas implicadas, fueron tomando conciencia y solidarizándose las amas de casa, jóvenes, estudiantes... Vitoria entera.

El 3 de Marzo de 1976, miles trabajadores, jóvenes, mujeres... llegábamos en oleadas para participar en la asamblea general convocada en la iglesia San Francisco. Todos conocemos lo ocurrido. Los representantes del aparato franquista, con Fraga a la cabeza, no iban a permitir que la lucha por mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo, y contra el régimen que nos mantenía en esas condiciones y sin derechos, siguiera desarrollándose y pudiera salir de Vitoria, extendiéndose la experiencia a la ola huelguística que se daba en el resto del Estado. Las órdenes estaban claras. Se trataba de reprimir de cualquier manera y con cualquier medio a los trabajadores. Las fuerzas armadas cumplieron su cometido. Cientos de heridos y cinco muertos fueron el resultado de la masacre.

Unos muertos que todavía están esperando ser reconocidos como víctimas del terrorismo de Estado y que fueron asesinados por ser obreros que reivindicaban sus derechos como tales.

Una lucha histórica

El pueblo de Vitoria, con la clase obrera al frente, protagonizó unas jornadas históricas que deben servir de experiencia de lucha para la clase obrera en general. Hoy, 28 años después, aquellos acontecimientos inolvidables siguen plasmados en la memoria individual y colectiva de los trabajadores y su clase.

Precisamente por lo que supuso, esta experiencia tiene que ser discutida y analizada por los jóvenes que van incorporándose al movimiento obrero y estudiantil. No podemos permitir que la clase dominante y sus medios de comunicación reescriban la historia Muchos de nosotros participamos directamente en aquellos acontecimientos y el desarrollo de los mismos, la lucha, la organización, la participación de los trabajadores nos ayudaron a sacar una serie de conclusiones que siguen siendo válidas para los momentos actuales.

Aprendimos que para conseguir mejores condiciones de vida y de trabajo hay que luchar, que la unión de la clase obrera es lo que ayuda y da fuerzas y que para llevar adelante una lucha es importante la organización tanto de la propia lucha como del movimiento. También comprendimos que la patronal nunca te da nada, siempre tienes que ganárselo o arrebatárselo.

Las lecciones

del 3 de Marzo

Si hacemos un repaso de estos últimos años comprobamos que la situación en las fabricas ha retrocedido en derechos, que lo conseguido entonces por medio de nuestra lucha y a costa de nuestras víctimas lo vamos perdiendo. Los problemas en las fabricas se mantienen o incrementan, los trabajadores, sobre todo los jóvenes, carecen de derechos, son explotados como mano de obra barata, hay mas precariedad en el trabajo, perdida de poder adquisitivo y el número de muertos por accidentes laborales se va incrementando; por medio de las sucesivas reformas laborales, las empresas de trabajo temporal, las subcontratación sin ningún tipo de derechos y la precariedad en el empleo este país es uno de los de mayor índice de temporalidad de la UE.

Los dirigentes de izquierdas tanto políticos como sindicales, que son nuestros representantes y que tendrían que llevar a cabo la defensa de nuestros derechos tanto laborales como sociales, tendrían que mirar hacia atrás, al 76, y ver lo que suponía ser elegido como representante de los trabajadores, cuando formar parte del sindicato podía significar el despido e incluso la cárcel.

Muchos de estos dirigentes han olvidado lo que es ser un representante obrero. Creen que representar a los trabajadores significa irse a cenar con el empresario para firmar convenios vergonzantes; viven fuera de la realidad de las fábricas, de los barrios obreros... Su objetivo es la paz social y el consenso sin importarles las angustias y penalidades de nuestra clase. Han olvidado las lecciones del 3 de Marzo. Pero volveremos a recuperarlas.

María Jesús Rodríguez

Comité de Empresa de Eclair Prym (antigua Areitio)