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La semana pasada finalmente se hizo público el presupuesto para Irlanda del Norte. Robinson, el ministro de economía, al presentar el borrador de presupuesto anunció con orgullo: "Este presupuesto llega con el sello de orgullo: ‘Made in Irlanda'". En realidad, el presupuesto se hizo en Londres, se llevó a Belfast y se empaquetó para uso local. La esencia del presupuesto no difiere de la política de Gordon Brown para el resto de Gran Bretaña.

En marzo se celebraron elecciones en los Seis Condados para elegir la nueva asamblea de Stormont. Como era de esperar, el grueso de los votos fueron al DUP de Paisley y al Sinn Fein, y a otros partidos similares. En aquel momento, Tony Blair alardeaba de que estas eran las primeras elecciones donde cuestiones como "el pan y la mantequilla" ocuparon el centro de la campaña electoral.

Por supuesto que no era verdad. El modelo electoral se basaba en el sectarismo, las diferencias entre el DUP y el Sinn Fein no eran políticas en absoluto. La nueva asamblea de Stormont se eligió para formar un gobierno que aplicara la política decidida en Londres.

Se aceptó que la votación simplemente decidiría quién ocuparía el cargo de primer ministro, viceprimer ministro y otros ministerios locales en un ejecutivo de poder compartido. Votar al Sinn Fein, al DUP o cualquier otro de los principales partidos, no implicaba elegir entre políticas diferentes sobre educación o sanidad, por ejemplo. ¿Cómo podría ser distinto si los partidos elegidos formarían de cualquier manera una coalición de gobierno?

La semana pasada finalmente se hizo público el presupuesto para Irlanda del Norte. Robinson, el ministro de economía, al presentar el borrador de presupuesto anunció con orgullo: "Este presupuesto llega con el sello de orgullo: ‘Made in Irlanda'". En realidad, el presupuesto se hizo en Londres, se llevó a Belfast y se empaquetó para uso local. La esencia del presupuesto no difiere de la política de Gordon Brown para el resto de Gran Bretaña.

Las grandes empresas en Irlanda están encantadas con el presupuesto, eso significa que los trabajadores deben tener cuidado. Una de las propuestas del presupuesto es congelar los impuestos industriales al 30 por ciento. El portavoz del Northern Ireland Manufacturing Focus Group, Michael Wightman, dijo: "Estamos aliviados y encantados con lo que hemos escuchado del ejecutivo de Stormont..." Otra cosa es distinta lo que han escuchado la mayoría de los trabajadores a una y otro lado de la línea divisoria religiosa.

Si miramos algunas de las propuestas y la situación económica en general, podemos ver que Stormont no escucha a la población que vive al norte de Irlanda. Uno de los mayores aumentos es el gasto destinado a la oficina del primer y viceprimer ministro (Paisley y McGuinness). Aumentará una media del 5,9 por ciento durante los próximos tres años, mientas que sanidad sólo lo hará un 3,8 por ciento, apenas para mantener el aumento de la inflación. Es evidente que el gasto en sanidad para la clase obrera no es prioritario.

Incluso el ministro de sanidad en este ejecutivo, Michael McGimpsey, ha subrayado el hecho de que existe un abismo entre el nivel de gasto en sanidad en el norte de Irlanda con lo que se gasta en Gran Bretaña. Ahora mismo la diferencia es de 350 millones de libras, pero si continúa a este ritmo, en 2011 la diferencia será de 650 millones de libras. Este problema es mayor si consideramos que la esperanza de vida en los seis condados es inferior a la del resto de Gran Bretaña. Se podría pensar que en estas condiciones Stormont deberían haber dedicado más dinero al cuidado sanitario.

El ejecutivo ha presentado el presupuesto como un aumento del gasto sanitario, porque supone un aumento medio anual del 3,8 por ciento, pero apenas cubre la inflación. La situación real la resumió el 26 de octubre el periódico The Irish News: "Los directores veteranos de enfermería han planteado sus preocupaciones sobre más de 600 puestos de trabajo de enfermería... que podría tener un impacto en el cuidado de los pacientes".

El ministro también prometió que hasta 2010 se crearían 6.500 empleos... en el sector privado. Sin embargo, en el sector público es evidente que el objetivo es reducir empleo. El ministro de economía dice que quiere ver un sector público más reducido y eficiente, y que anunciará reducción de empleo para los próximos tres años.

El sindicato de funcionarios, NIPSA, ya ha anunciado que se opondrá a reducciones "injustas e injustificadas" de empleo público. El sindicato ha explicado que se podrían perder miles de puestos de trabajo en este sector como resultado de este presupuesto. En enero ya se anunció recortes de empleos públicos.

Por el momento, los medios de comunicación alaban al ejecutivo por su defensa de la "eficacia" del sector público. ¿Pero cómo puede ser más eficaz un servicio público que tendrá una fuerza laboral más pequeña? Las dos cosas no pueden ir juntas. "Eficacia" significa en realidad "más barato", lo que significa reducción y empeoramiento de los servicios.

Así que la pérdida de miles de empleos en el sector público es algo seguro, mientras que la creación de 6.500 puestos de trabajo en el sector privado es algo que está por ver. Todo depende del ciclo económico y como éste afecte a los seis condados, algunas empresas privadas ya hablan de reducir puestos de trabajo.

Mientras que el gasto sanitario apenas aumenta con relación a la inflación, otros departamentos si se enfrentan a recortes absolutos. Es el caso del Departamento de Cultura, Artes y Ocio o el Departamento de Empleo y Formación, además del Departamento de Desarrollo Social y en Medio Ambiente.

Resulta interesante, sin embargo, que en el Departamento para Desarrollo Regional y en el Departamento de Empresa, Comercio e Inversión, sí aumente el presupuesto. Este hecho es una indicación de que todo el programa está destinado a promover y financiar el sector privado. Que se congelen los impuestos para la industria es parte de este plan. El mismo día que se anunciaba el presupuesto, los "Chuckle Brothers" [como se les conoce jocosamente en estos días], el primer ministro, Ian Paisley, y el viceprimer ministro, Martin McGuinness, presentaron 23 Acuerdos para el Sector Público destinados a "generar riqueza, estimular la inversión y crear un entorno para el nuevo crecimiento del sector privado", así es como aparece en The Irish News.

Todo marcha rápidamente para promover y desarrollar el sector privado, pero la avaricia de los capitalistas no conoce límite. A pesar de todas estas propuestas generosas, todavía quieren más reducciones de impuestos para los ricos. En The Belfast Telegraph aparecía:

"Como ha defendido este periódico, se necesitará algo de la magnitud de una reducción de los impuestos empresariales si se quiere conseguir la nueva trayectoria que se necesita... La bola está en el tejado de Gordon Brown, pero él debe responder de modo generoso a las peticiones de la novata asamblea de Irlanda del Norte de bajar los impuestos". (26/10/2007).

Y mientas ellos exigen menos impuestos para sí mismos, preparan más presión contra los trabajadores. Phillip McDonagh, economista jefe de PwC, asesores de empresas en Belfast, indicaba que hace falta "estrechar la diferencia de productividad con Gran Bretaña" y "aumentar la inversión en el exterior". Para conseguir este aumento de la productividad hay que exprimir a la clase obrera con jornadas laborales más grandes y salarios más bajos, empeorando la calidad del empleo y otras cosas por el estilo.

Si todo esto no fuera suficiente, está la cuestión del famoso impuesto del agua. Hasta ahora, el impuesto del agua estaba incluido en los impuestos generales que pagaban las familias. Pero desde hace un tiempo se planea separar los impuestos del agua en una factura separada. Esto provocó una amplia protesta entre todos los trabajadores, católicos y protestantes. La consigna era: "No pagar dos veces". Esta cuestión está provocando preocupación tanto en los dirigentes del Sinn Fein como en los del DUP.

El problema no es que estén en contra del nuevo impuesto, el problema es cómo venderlo ante sus respectivos electorados. Para calmar la situación, el gobierno de Londres ha permitido que se retrase la implantación de este impuesto.

Robinson ha anunciado que el impuesto regional se congelará. Pero esta propuesta es clara y muy cínica, lo único que hace es concederse un regalo a sí mismo:

"Necesitamos garantizar que cada familia comprende el beneficio en sus impuestos durante los próximos tres años, momento en que introduzcamos las nuevas propuestas de aumento de las contribuciones de las familias en el coste del agua".

El un cinismo frío calculado se puede ver en la siguiente declaración:

"Si introdujéramos aumentos paralelos a los impuestos regionales, por muy pequeños que fueran, al mismo tiempo que estamos preparando los nuevos planes del agua [hay que observar que no hace referencia al nombre de impuesto sobre el agua], podríamos ser vistos como que damos algo con una mano y la quitamos con la otra".

Otra cuestión es la extensión del transporte gratuito a los ancianos.

Pero incluso la congelación de tasas en absoluto está garantizada. Sólo la mitad de los impuestos se pagan a través de los impuestos regionales. Una parte de la factura corresponde al gobierno central, la otra mitad la fijan los ayuntamientos, que continuarán con el poder de subir los impuestos, así que éstos subirán.

En el año financiero 2009/2010 se volverá a plantear esta cuestión del agua. Su táctica es clara: contener las protestas por el impuesto del agua, dejar que se enfríe el ambiente, congelar temporalmente los impuestos para que sean soportables por la población, introducir el impuesto del agua y al final de un período de tres años, las familias de los seis condados se encontrarán con aumento de los impuestos y la factura del agua. Así se garantizan los descuentos para las grandes empresas y la clase obrera pagará la factura.

Alan Bridle escribía en The Irish News (26/10/07) y explicaba la verdadera situación: "... la decisión populista de congelar los impuestos domésticos y posponer la introducción de las tasas sobre el agua hasta 2009/2010, por ahora, debe ser considerada como una cuestión de excusas, mientras necesitan encontrar ingresos en otras partes, particularmente en 2008/2009".

De este modo, detrás de toda la retórica del "Made in Irlanda", de todos los supuestos beneficios del presupuesto, se oculta una mentira fría y una elite burguesa calculadora, que planea descargar las cargas de la economía sobre la espalda de la clase obrera.

En todo esto, no ha aparecido ni la más mínima crítica por parte de ninguno de los partidos de la coalición, todos están unidos. El presupuesto se aprobó por unanimidad en el ejecutivo. Los dos principales partidos, el Sinn Fein y el DUP, fueron sus más fervorosos seguidores, por supuesto. ¡Gerry Adams estaba sobre la luna! Dijo que el presupuesto significaba la "igualdad" y que era un "avance significativo". Sí, podemos decir que "iguala el sufrimiento" para los trabajadores católicos y protestantes, mientras que avanza en los intereses de los capitalistas.

Este presupuesto realmente ofrece muy poco para los trabajadores. Es muy concreto en las medidas que sirven a los intereses de los empresarios, y abstracto y difuso en lo que respecta a los intereses de los trabajadores y los pobres. Como su amigo Tony Blair antes que ellos, los ministros han prometido erradicar la pobreza infantil. Con Blair, el nivel de pobreza infantil apenas cambió. Los Tony Blair de Stormont pretenden eliminar la pobreza infantil para el 2020.

100.000 niños en Irlanda del Norte viven en la pobreza. ¿Cómo se puede erradicar con un programa que recorta los servicios públicos, elimina empleos, reparte a los empresarios y aumenta los impuestos a los trabajadores?

Una prueba de la pesadilla real que sufre la clase obrera es la situación de la vivienda. El Ejecutivo de Vivienda regional publicó recientemente su informe anual, en él se revelaba que hoy es la peor situación de la vivienda en Irlanda del Norte desde los años setenta. Hay más de 36.000 personas esperando una vivienda y otras 20.000 se pueden definir como con "problemas de vivienda". La lista de espera es la más alta en 30 años.

Se podrían consolar, o por lo menos así lo haría el ejecutivo de Stormont, si eta lista bajara un poco. Pero no, como ha dicho Brian Rowntree, presidente del Ejecutivo de Vivienda, "En los últimos cinco años el número de los que sufren problemas de vivienda ha aumentado casi un 60 por ciento, de 12.449 a 19.703". El número de sin techo también ha aumentado, de 7,374 a casi 10.000.

Estas cifras indicarían que existe un nivel creciente de pobreza en uno de los polos del espectro social. Así que todo lo que se hablan sobre reducir los niveles de pobreza sólo pretende hacer más presentable el presupuesto.

La pobreza está aumentando, pero al mismo tiempo hay un "boom económico". En este sentido, la situación es similar a los demás países capitalistas. Tenemos un boom a costa de la clase obrera, mientras los empresarios consiguen beneficios, los trabajadores son oprimidos, las empresas del sector público se privatizan y se recortan empleos.

El titular podría ser: el "tigre celta" se ha trasladado al norte. El tigre celta fue un término utilizado para describir la República de los 26 Condados de Irlanda del Sur. En norte ahora se habla mucho de un "ingreso más disponible".

Los indicios son que un sector de la población siente los efectos de este boom, sobre todo en Belfast. Algunas de las empresas de la región con base en el sur han abierto sucursales en el norte o piensan hacerlo, ahora que el "clima para las empresas" ha mejorado. Una señal de los efectos del boom se puede ver en los barrios antes considerados suburbios. Muchas de las casas ahora tienen ventanas nuevas, puertas, etc., Un sector de la población se ha retirado a su propio mundo privado e intenta disfrutar algo de este boom dejando a los políticos que sigan con lo suyo.

Realmente, Stormont se ha edificado sobre este boom. Sin el boom nada de esto habría sido posible. La pregunta es: ¿cuánto durará esta situación? En el sur, la economía ya muestra signos de desaceleración. A principios de este año las cifras de los precios inmobiliarios mostraban que en Dublín habían caído un 10 por ciento. El escenario mundial no es tan prometedor.

Los efectos del boom podrían llegar a algunas zonas del norte pero cuando la economía mundial comienza a mostrar malos síntomas. En este contexto, los 6.500 nuevos empleos prometidos en el sector privado podrían ser algo irrealizable. Podríamos ver reducciones de empleos en el sector público acompañadas con pérdidas de empleo también en el sector privado, y además, aumento de los impuestos para la clase obrera. Será más de lo mismo. Los contribuyentes ya han visto cómo sus impuestos han subido una media del 62 por ciento desde 2002, esta presión continuará.

Los trabajadores de Irlanda del Norte han manifestado con claridad que quieren la paz y que por eso apoyaron el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. El gobierno británico, los unionistas del Ulster y el Sinn Fein, han conseguido unirse en un acuerdo. Ahora colaboran para aplicar una política económica que no puede satisfacer los intereses de la clase obrera.

Por ahora los trabajadores han aceptado el acuerdo. Votaron masivamente a los principales partidos que apoyaron el acuerdo. Pero ahora los trabajadores esperan los "dividendos de la paz". ¿Y qué reciben? Como hemos visto antes, muy poco, por no decir nada en absoluto. El pegamento que les une es el deseo genuino de paz entre una gran mayoría en ambas partes de la línea divisoria y además el boom económico.

El problema es que una vez se termine el boom, y lo hará, como ocurre con todos los boom, el desempleo subirá de nuevo, los niveles de vida sufrirán una nueva erosión, los servicios públicos decaerán y los niveles de pobreza aumentarán aún más.

En los centros de trabajo esta situación será una oportunidad de aumentar la militancia sindical. Ya hemos tenido la lucha reciente de los ayudantes de enseñanza en la que han participado trabajadores de todos los grupos religiosos y étnicos. Como hemos visto, el NIPSA, ya ha amenazado con una lucha contra los posibles recortes de empleos públicos. Se están preparando las condiciones para una nueva oleada de la lucha de clases.

Sin embargo, debajo de la superficie también tenemos la amenaza continua del enfrentamiento sectario. Es una realidad que después del Acuerdo de Viernes Santos los ataques sectarios aumentaron. Los llamados "muros de la paz" (ahora conocidos como "conexiones") también han aumentado en número y ¡en altura! No han solucionado el enfrentamiento sectario, simplemente lo han tranquilizado. Pero debajo de la superficie sigue en ebullición y podría estallar de nuevo en el futuro.

Este ejecutivo, con su política, está preparando el terreno para el resurgir en el futuro de este conflicto. En ese sentido, el Acuerdo de Viernes Santo no ha conseguido nada. Los marxistas nos opusimos al Acuerdo de Viernes Santo, porque entendíamos que a largo plazo no funcionaría. Lo que ha hecho es institucionalizar la división sectaria. Se ha llevado el sectarismo al mecanismo de compartición de poder en el nuevo ejecutivo de Stormont.

Lo positivo después del Acuerdo de Viernes Santo es que la clase obrera, en ambas partes de la línea divisoria, se ha visto obligada a pensar en esa situación. Los principales dirigentes políticos de ambos lados en esencia han "traicionado" a su propio pueblo. El Sinn Fein ha abandonado a lucha por una Irlanda unida y el DUP, y otros partidos unionistas, se han sentado en el gobierno con el "mismo diablo", como Paisley describía a los dirigentes del Sinn Fein en el pasado.

Esta situación abre nuevas posibilidades para una alternativa verdaderamente socialista ante los trabajadores de Irlanda del Norte. Organizaciones como el Partido Socialista Republicano Irlandés, intentan desarrollar esa alternativa, mientras que al mismo tiempo establecen vínculos y dialogan con las organizaciones obreras protestantes. Ha llegado el momento de derribar esa división sectaria. El enemigo de los trabajadores protestantes no es el trabajador católico, y viceversa. Los enemigos de los trabajadores católicos y protestantes son los capitalistas que, mientras cenan y beben juntos, mantienen la división sectaria para sacar provecho.

James Connolly, ese gran socialista revolucionario irlandés, explicaba hace mucho a los luchadores irlandeses por la libertad:

"Si mañana echáis al ejército inglés e izáis la bandera verde sobre el castillo de Dublín, a menos que emprendáis la organización de una república socialista, vuestros esfuerzos habrán sido en vano. Inglaterra aún os gobernará. Os gobernará a través de sus capitalistas, de sus terratenientes, de sus financieros, de todo el mecanismo de instituciones comerciales e industriales que ha puesto en este país y que están regadas con las lágrimas de nuestros mártires. Inglaterra aún os dominará para vuestra perdición, incluso mientras vuestros labios ofrecen un homenaje hipócrita al lugar sagrado de esa liberta cuya causa traicionáis".

Él comprendía que la solución a los problemas de los trabajadores irlandeses sólo podía estar en la lucha por el socialismo. Es a esa tradición a la que debemos regresar.