Corriente Marxista Internacional

El paisaje político de Gran Bretaña está cambiando ante nuestros ojos. La noticia televisiva del mes pasado fue la huelga de conductores de camiones cisterna, se vieron escenas de piquetes con banderas rojas alejando a los camiones de las refinerías de Shell. La siguiente noticia fue la profundización de la crisis de gobierno, después de la advertencia de Gazprom de que los precios del petróleo podrían alcanzar los 250 dólares el barril. Parecía el boletín de noticias típico de los años setenta.

 

El paisaje político de Gran Bretaña está cambiando ante nuestros ojos. La noticia televisiva del mes pasado fue la huelga de conductores de camiones cisterna, se vieron escenas de piquetes con banderas rojas alejando a los camiones de las refinerías de Shell. La siguiente noticia fue la profundización de la crisis de gobierno, después de la advertencia de Gazprom de que los precios del petróleo podrían alcanzar los 250 dólares el barril. Parecía el boletín de noticias típico de los años setenta.

El gobierno laborista se dirija claramente hacia las rocas. No se trata de una media legislatura suave para el laborismo, marca un punto de inflexión fundamental. Existen paralelismos definidos entre la situación actual y el gobierno tory de John Major, antes de la victoria arrolladora de los laboristas en 1997. Los tories se alejaron de sus seguidores tradicionales, de la misma manera que hoy se alejan hoy los laboristas de los suyos.

A pesar de los diez años de fanfarria del nuevo laborismo, que supuestamente iban a transformar Gran Bretaña, robar el "centro político" y hacer que el Partido Laborista se volviera obsoleto, la dialéctica de la historia ha demostrado lo contrario. El nuevo laborismo se ha estrellado. Ahora ya no hablan de un cuarto o quinto mandato. Están simplemente desesperados por aferrarse al poder, pero según pasan los días esta perspectiva se aleja cada vez más de las manos de Brown. Los tories con Cameron a la cabeza pueden oler el poder y se han recuperado de su muerte política.

Hace tiempo Socialist Appeal pronosticó este escenario. Todos los intentos de los gobiernos laboristas de trabajar dentro del sistema capitalista han terminado en un desastre. Si ha tardado más es porque Blair y Brown se beneficiaron del prolongado boom económico cuyo motor fue el endeudamiento. Pero esta situación ha llegado a su final.

La crisis crediticia ha tenido un impacto tremendo en la perspectiva de la clase trabajadora. Los precios inmobiliarios están bajando rápidamente. Las acciones de la constructora Barratt Developments colapsaron, de 12 libras a 76 peniques la acción, las ventas de viviendas están en su nivel más bajo en treinta años. Los tipos de interés, el coste de los préstamos y los intereses hipotecarios están aumentando. La City teme que el aumento de los tipos de interés en los próximos meses pueda frenar la inflación, a pesar de la evidencia de una recesión económica.  Los precios de los alimentos y del combustible están por las nubes. Los precios del petróleo suben casi diariamente. El coste del transporte público, junto con otros productos esenciales como la leche y el pan, se han disparado. Muchos trabajadores han tenido que elegir entre necesidades básicas. Se calcula que el coste de la vida para la clase trabajadores ha subido aproximadamente un 20 por ciento. En este período de inflación y de inminente recesión, la clase obrera ha sufrido una presión constante. El desempleo comienza a crecer e incluso las clases medias comienzan a sentir sus efectos.

Recientemente, la Royal Institution of Chartered Surveyors señaló que la caída del mercado de la propiedad, nueve de cada diez agentes inmobiliarios dicen que la caída de precios es la peor en treinta años, era probable que desencadenara en una caída del consumo y la pérdida de empleos de los trabajadores de la construcción. La recesión en Gran Bretaña ciertamente ha llegado y puede ser mucho peor. Las cifras oficiales demuestran un profundo aumento del coste de las mercancías una vez salidos de fábrica en Gran Bretaña. El déficit comercial británico con el resto del mundo ha alcanzado niveles récord, 7.600 millones de libras en abril.

Déficit

La situación en Gran Bretaña e internacionalmente cada vez se parece más a los años setenta, que fue un período de turbulencia económica y política. Llevó al colapso del gobierno laborista Callaghan y a la victoria de Thatcher en 1979. El ala de derechas laborista culpó de su derrota al "invierno de descontento" y a la combatividad de la clase obrera británica, pero la causa estaba en el profundo descontento existente con la política pro-capitalista que aplicó el gobierno Callaghan. El laborismo tardó 18 años en volver al poder.

Es un mito que la victoria de 1997 fuera gracias al blairismo. Los tories se habían desacreditado totalmente, el electorado quería un cambio total y esperaba que el laborismo ofreciera algo diferente. En 1997, el Partido Tory cosechó la mayor derrota desde la Reform Act de 1832.

Debido al fallecimiento de los tories, la clase capitalista se apoyó en su fiel Blair como "su hombre" en el que podían confiar. Hasta que llegó el momento en que yo no les fue útil. Consiguió sobrevivir a tres mandatos debido a la situación mundial favorable. Aunque incluso entonces, el laborismo perdió unos cinco millones de votos durante las elecciones celebradas entre 1997 y 2005.

Pero con la crisis crediticia y la economía capitalista mundial al borde de la recesión, el contexto en el que se encuentra el gobierno Brown ha cambiado radicalmente. Todo se estropea. Para las grandes empresas el gobierno laborista ha agotado su papel y ahora se preparan para un nuevo gobierno tory. Se están poniendo en contra de Brown porque ya no es útil para controlar a los trabajadores. Las huelgas actuales son una prueba de que él ha perdido el control. La burguesía quiere un gobierno fuerte para que se ocupe del resurgimiento de la clase obrera. Así que dentro de poco la harán entrar en la escuela de Cameron para que aprenda nuevas lecciones.

Brown encontró su Waterloo en Crewe, después del colapso del voto laborista en las elecciones municipales, donde consiguió sólo un 24 por ciento. Fue el peor resultado en más de treinta años. Pero para arrojar sal en la herida, el laborismo también perdió la alcaldía de Londres a favor de Boris el bárbaro.

Boris

Los niveles de vida continúan erosionándose. Como consecuencia, el núcleo de votos tradicionales del laborismo ha colapsado. Según las encuestas, los conservadores han superado este año a los laboristas entre la clase obrera cualificada por primera vez desde las victorias de Thatcher en los años ochenta. Incluso entre la clase obrera no cualificada y los desempleados, tradicionalmente laboristas, el apoyo al gobierno Brown está casi a la par de los tories.

Blair y Brown han dilapidado todo el apoyo que había ganado el laborismo en 1997. Muchos de los que se han sentido totalmente decepcionados con el nuevo laborismo no son capaces de votar a los tories y simplemente se abstendrán. Este hecho será el que determine el destino del gobierno laborista.

El sentimiento de una inminente condena en el grupo parlamentario laborista, al igual que la anticuada horca, sirve para concentrar la mente frente al olvido. La perspectiva de perder los escaños y carreras en las próximas elecciones generales provocará pánico.

The Financial Times

El The Financial Times, el órgano del capital financiero británico, necesita informar a sus lectores de clase alta de los probables acontecimientos de los próximos años. Necesita elaborar las perspectivas para la clase dominante, de la misma manera que la clase obrera necesita realizar sus perspectivas. A menudo podemos llegar a las mismas conclusiones que los estrategas del capital, pero desde un punto de vista de clase opuesto. Por lo tanto es muy interesante ver lo que dicen del actual punto de inflexión:

"La sólida evidencia numérica apoya los peores temores de los parlamentarios laboristas a que un cataclismo en las próximas elecciones generales puede provocar divisiones dentro del partido. Los parlamentarios están divididos táctica de ideológicamente sobre cómo Brown debería responder a las peores encuestas electorales del laborismo desde que éstas se realizan.

"Desde la debacle de mayo, han resurgido las viejas líneas de división ideológica del laborismo. Los modernizadores blairistas y la izquierda están promoviendo sus propias soluciones políticas muy diferentes para detener el declive del partido, y un reciente informe de FT sobre los recientes patrones de votaciones ilustrarían el telón de fondo en el que se está produciendo esta batalla interna.

"La izquierda está convencida de que el camino a la salvación reside en movilizar a la base obrera desmoralizada del partido, con políticas que incluyan la distribución de la riqueza, lucha contra la pobreza, más vivienda social y cascada de impuestos sobre las empresas energéticas..."

Los blairistas

"Los blairistas quieren mantener una amplia coalición que abarque las aspiraciones de las clases medias, impulsando una reforma más radical de los servicios públicos y con una política contra el crimen y la inmigración, y posiblemente bajadas de impuestos".

Aunque todavía se trata de temblores menores, "algunas figuras laboristas temen que puedan provocar un terremoto político". Esta es una afirmación correcta. Estas divisiones por arriba representan que el viento primero sopla en las copas de los árboles.

"La verdadera batalla ideológica ocurrirá cuando Brown se vaya", decía un ministro del gabinete. Una vez más esta afirmación es correcta. "Si Brown se mantiene hasta las próximas elecciones y las pierde estrepitosamente, algunos modernizadores temen que la marea pueda  comenzar a ser muy favorable para la izquierda..." afirma el periódico. "'En un escenario de debacle, el partido podría comenzar a hablar de volver a conectar con sus raíces obreras y volvería la retórica de traición a nuestros electores', comenta un modernizador. ‘El partido estaría prácticamente en bancarrota y los sindicatos comenzarían de nuevo a exigir que tienen más que decir porque gracias a su dinero se mantiene el partido'.

"Ahí es donde terminó el laborismo después de la derrota electoral de 1979 a manos de Margaret Thatcher", así es como concluye  The Financial Times (11/6/2008).

Son pocos párrafos pero muy astutos, en ellos podemos ver lo que piensa la clase dominante y cómo es probable que se desarrollen los acontecimientos en los próximos años.

The Financial Times explicaba que este resultado tendrá paralelismos con la derrota de 1979. Aquella fue un golpe demoledor y provocó un realineamiento dentro de los sindicatos y el Partido Laborista. Preparó el camino para un giro a la izquierda del Partido Laborista y el ascenso del "benninismo". El ala de derechas quedó hecha añicos y finalmente toda una serie de renegados se escindió del partido para formar el SDP. Se aprobaron nuevos estatutos para democratizar el partido, incluida la reelección obligatoria de los parlamentarios laboristas. También preparó un terreno fértil para el crecimiento de la corriente marxista, que aterrorizó a la burguesía que temía que el ala de derechas perdiera el control del Partido Laborista.

Derrota electoral

Como en el pasado, la derrota electoral provocará una crisis dentro de las organizaciones de masas, que comenzarán a girar a la izquierda. ¿Cómo sino podrá recuperar su base el Partido Laborista frente a un gobierno Tory envalentonado? Se ha probado el blairismo y ha fracasado. Se desacreditará ante las base y en estas condiciones es inevitable un giro a la izquierda.

La historia del movimiento de la clase obrera durante los últimos ciento cincuenta años ha demostrado más allá de toda duda que no hay alternativa al laborismo. Los sindicatos construyeron y financian el Partido Laborista. Históricamente es su voz política, así que tendrán que echar a los blairistas y empujar al partido a la izquierda.

Los dirigentes sindicales

Es verdad que los dirigentes sindicales han actuado como un freno que ha contenido a la clase obrera durante los últimos diez años, con la esperanza de llegar a un acuerdo con Blair. Pero han sido rechazados y ahora sufren la presión para que defiendan los niveles de vida. Resulta paradójico que en un momento en que los tories regresan al poder, la base del conservadurismo en la vida británica está irreversiblemente minada. Se abrirá un período de intensa lucha de clases.

Los años setenta fueron un período de tremenda lucha en Gran Bretaña e internacionalmente. Estamos entrando una vez más en ese período. Sobre la base de los grandes acontecimientos que llegarán y la determinación de la clase dominante a situar toda la carta de la crisis mundial sobre los hombros de los trabajadores, aparecerá una nueva generación de luchadores de clase. Esta situación presentará muchas oportunidades para las ideas del marxismo y de nuevo ante la clase obrera estará la necesidad de cambiar la sociedad.

En palabras de Trotsky: "Este será uno de los grandes dramas de la historia mundial. El destino del proletariado británico en esta lucha estará unido al destino de toda la humanidad".


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