Corriente Marxista Internacional

Siguiendo el ejemplo de EEUU, Thatcher intentó transformar Gran Bretaña en una economía desregulada y con bajos salarios. Ahora Blair intenta aplicar una política similar. Rob Sewell examina lo que ha ocurrido y defiende una alternativa radical al bl Siguiendo el ejemplo de EEUU, Thatcher intentó transformar Gran Bretaña en una economía desregulada y con bajos salarios. Ahora Blair intenta aplicar una política similar. Rob Sewell examina lo que ha ocurrido y defiende una alternativa radical al blairismo.

El primer ministro laborista fue acusado recientemente por el Sindicato General de Transportes (TGWU) de ser “más thacherista que Thatcher”. Fue después de que Blair adoptara la decisión de privatizar los astilleros de Faslane, Rosyth y Devonport.

Para muchos empezó con la privatización del control de tráfico aéreo y el Metro de Londres. Según Jack Dromey, secretario nacional del TGWU: “Este gobierno está encaprichado con los ricos y ha otorgado poderes mágicos al sector privado”.

Blair le ha robado el traje a los tories. Según Gordon Brown en una entrevista concedida a Financial Times: “El Partido Laborista es más pro-empresarial, pro-creación de riqueza, pro-competencia que nunca”. Estos llamados dirigentes laboristas están más apegados a las grandes empresas, y al mismo tiempo, presionan a los profesores para que “comuniquen las virtudes de los negocios y la empresa” a los alumnos.

Después de introducir su propuesta de “imparcialidad laboral”, Blair apostó porque Gran Bretaña fuera una de las economías más desreguladas del mundo occidental. Ahora, a pesar de las promesas de todo lo contrario, el gobierno sigue adelante con sus ataques laborales, en este caso con los trabajadores que son transferidos al sector privado. Un documento oficial del gobierno sugiere que las demandas sindicales que piden los mismos derechos y condiciones para los trabajadores que pasan al sector privado, “disminuirían seriamente la ‘flexibilidad’ de los contratistas”.

Los trabajadores británicos tienen las jornadas laborales más largas de Europa y EEUU ―un 25% más―. La jornada laboral de 48 horas es muy frecuente. Sin embargo, Tessa Jowell, ministra de empleo, dijo que el gobierno debería ser muy cuidadoso con la legislación para que “una regulación innecesaria no se convierta en una carga para las empresas”.

Gran Bretaña es el único país donde la legislación reconoce la jornada laboral voluntaria de 48 horas. En muchos lugares los trabajadores no cobran si están enfermos o cogen vacaciones. Al mismo tiempo, las empresas pagan los impuestos empresariales más bajos (¡los más bajos de la historia!) y los costes laborales son los más reducidos de Europa y EEUU. La seguridad social y los impuestos laborales representan un 24% en Francia, un 21% en EEUU y un 13% en Gran Bretaña.

Brown, quien es visto como una alternativa a Blair, es el más beligerante a la hora de apoyar la política pro-capitalista. “Aquellas personas que sugieren que debemos dar marcha atrás en el orden del día no están expresando los sentimientos que el Partido Laborista quiere apoyar, tenemos que combinar la empresa y la imparcialidad”. Pero esta política va contra las tradiciones fundamentales del Partido Laborista como partido de la clase obrera.

Después de 18 años de torysmo, los empresarios tienen el látigo en los centros de trabajo en Gran Bretaña. Y todavía quieren atacar más los derechos de los trabajadores.

Blair también está vinculado con la extrema derecha en Europa, como el primer ministro italiano Berlusconi, el primer ministro español Aznar, todos decididos a minar los derechos de los trabajadores. Esto procede de la experiencia británica donde los trabajadores tienen menos protección laboral, trabajan más horas y tienen las vacaciones más cortas de Europa. Los niveles de estrés han aumentado. El año pasado las cifras oficiales de muertes producidas por el trabajo crecieron un 32%. ¡Y ahora pretenden retrasar la edad de jubilación hasta los 70 años!

“Los mercados laborales de Europa”, escribía Blair en el periódico italiano Corriere della Sera: “necesitan ser más flexibles. Las empresas todavía soportan la carga de una regulación innecesaria”. Blair, Berlusconi y Aznar han pedido a los estados de la UE la introducción de “contratos laborales más flexibles”, la sustitución de las leyes laborales por una “regulación suave” y el aumento de “la efectividad de los servicios de empleo público... abriendo su mercado al sector privado”.

Los blairistas quieren dar marcha atrás al reloj de los trabajadores británicos. La inseguridad en el empleo es más alta que durante la posguerra. Los trabajadores pueden ser despedidos más fácilmente en Gran Bretaña que en cualquier país europeo. Y todavía, los blairistas quieren marginar aún más a los sindicatos. Han mantenido la legislación antisindical que impuso Thatcher. Les han dicho a los dirigentes sindicales que no esperen “favores” del gobierno laborista, sólo “imparcialidad”. Pero es sólo un mal chiste. Para millones de trabajadores no existe imparcialidad en el centro de trabajo. Los únicos que consiguen “favores” son los empresarios.

Están utilizando sistemáticamente su posición dominante para exprimir hasta la última gota de plusvalía del trabajo de la clase obrera. Los beneficios proceden del trabajo no pagado a los trabajadores. Por lo tanto, mediante una gran variedad de medios (trabajo a tiempo parcial, contratos eventuales, nuevas condiciones, etc.,) los trabajadores se enfrentan al aumento violento de la explotación. Esto se aplica tanto a los trabajadores de cuello azul como a los de cuello blanco, como ha ocurrido a los profesores o funcionarios durante los últimos años.

No es extraño que cada año 150.000 trabajadores estén de baja, al menos un mes al año, por una enfermedad provocada por el estrés en el trabajo. Se pierden más de 6,5 millones de jornadas y se calcula que 500.000 trabajadores están de baja por ansiedad o depresión. Ahora, haciendo honor al estilo de vida dickensiano, se han introducido nuevas leyes para evitar pagar compensaciones por enfermedades provocadas por el estrés laboral. “Lady Justice Hale dijo que no debería ser responsabilidad de un empresario la salud mental de sus trabajadores. Un trabajador debe decidir si abandona el empleo o no cuando sufre estrés y aceptar el riesgo de enfermedad mental”. (The Independent, 6/2/02).

Este es el modelo thatcherista de Gran Bretaña en el siglo XXI. En realidad, es una visión del siglo XIX. Ahora se ha convertido en el modelo de Tony Blair. Siguiendo su ejemplo, Blair le dice a sus homólogos europeos: “Liberad vuestras economías de las cargas de la protección al trabajador”. No es extraño que Berlusconi o Aznar hayan seguido su ejemplo. Son los dirigentes más a la derecha de Europa.

Sin embargo, el intento de Berlusconi de seguir el camino de Blair ha provocado una colisión con los sindicatos y la clase obrera italiana. Más de tres millones de trabajadores tomaron las calles para oponerse a él. Una huelga general paralizó la economía. Los trabajadores italianos no están dispuestos a ceder derechos sin luchar.

Ya es hora que el movimiento sindical en Gran Bretaña se levante y empiece a luchar. Incluso John Monks describió la alianza con Blair, Berlusconi y Aznar como “estúpida”. Sin embargo Monks apoyó a Blair en su política de colaboración de clases. Monks quiere que el león y el cordero duerman juntos. No ve nada malo en llevar al cordero hacia el matadero, si eso le proporciona paz y tranquilidad. Pero la clase obrera británica no es un cordero. Cuando se levante, el trabajador británico puede ser el más decidido de todos.

Es el momento para que los dirigentes sindicales organicen una verdadera lucha. Los empresarios durante los últimos quince años han robado a los trabajadores sus derechos en un sector tras otro. Las huelgas y luchas del último período son una señal del nuevo ambiente que existe entre la clase obrera.

Blair y sus amigos de Europa han lanzado un desafío a los trabajadores. Blair quiere ir más allá en sus ataques a la clase obrera. La “reforma” de los servicios públicos, la privatización, todo es parte de una ofensiva generalizada contra las condiciones y derechos de los trabajadores. ¡Es el momento de luchar!

Jack Dromey, el dirigente del transporte, habla de un “verano caliente”. Es el momento de que los dirigentes obreros utilicen el poder de los sindicatos para frenar la ofensiva empresarial. ¡Debemos emprender el camino italiano!

El TUC debe organizar una movilización de masas para defender los derechos de los trabajadores.

¡Abajo la alianza Blair-Berlusconi-Aznar!

¡Debemos unirnos con nuestros hermanos de Italia y España!

¡Abajo la legislación antisindical!

¡Por la jornada laboral de 35 horas!

¡Por un salario decente para los trabajadores!

¡No a la privatización! ¡Renacionalizar todo lo privatizado!

¡Luchar por una política socialista para el movimiento obrero!

Junio de 2002


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