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Cuando Nicolás Sarkozy ganó las elecciones parecía que con él terminaba todo el período anterior de conflictividad social que culminó con las impresionantes movilizaciones contra el CPE, muchos interpretaron su arrolladora victoria como un giro a la derecha de la sociedad francesa y el inicio de un período de reflujo de la lucha de clases. Pero cuando todavía no se han cumplido los dos años en la presidencia, Sarkozy se enfrenta a su primera prueba seria ante la clase obrera francesa.

El pasado 29 de enero los trabajadores franceses protagonizaron la primera huelga general de la era Sarkozy, una impresionante huelga que sacó a dos millones y medio de personas a las calles. Las manifestaciones fueron mayores que durante la gran huelga del sector público de 1995 o que las de 2006 en la lucha contra el CPE. Hubo manifestaciones en más de 200 ciudades y pueblos, en algunos fueron las mayores en años. El seguimiento de la huelga también fue importante, más de dos millones en el sector público y más de tres millones en el privado, un hecho significativo y que demuestra el cambio de situación, porque durante estos últimos años quienes han protagonizado las luchas más masivas y han estado en primera línea de la lucha han sido los trabajadores del sector público. El periódico derechista Le Figaro resumía de manera elocuente la participación: "Las cifras provocan vértigo".
Por primera vez también en años convocaban las ocho principales federaciones sindicales y el Partido Socialista, que no participaba oficialmente en este tipo de movilizaciones desde 1997. La huelga contó con el apoyo mayoritario de la población, según las encuestas, tres cuartas partes de la población apoyan o simpatizan con los motivos de la huelga.
En las manifestaciones hubo una presencia más grande de lo habitual de trabajadores del sector automovilístico, afectado como en el resto del mundo por toda una serie de despidos y regulaciones laborales, también era destacable la presencia de trabajadores de empresas públicas como EDF (electricidad), servicio postal o de sanidad, sectores que están incluidos en los nuevos planes de privatización anunciados por el gobierno. Los medios de comunicación públicos, Radio France y France Télévision, quedaron interrumpidos. Se pudo ver a grupos de policías y a numerosos estudiantes tanto de secundaria como de universidad, que ahora se enfrentan a nuevos ataques y que han convocado movilizaciones para el 2 de febrero.

Rescate a la banca oleada de despidos

El motivo de la huelga era protestar por los efectos de la crisis económica y para exigir al gobierno medidas para controlar el aumento del desempleo y frenar el rápido deterioro del poder adquisitivo. Francia, como el resto de los países europeos, ya está padeciendo de lleno los efectos de la crisis económica mundial. Ahora está sufriendo su primera recesión en dieciséis años, se espera que este año la economía se contraiga un 1,8%, lo que sería el peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial.
Como en el resto de Europa, los jóvenes y trabajadores expresaron también su oposición a los rescates millonarios a los bancos mientras sus condiciones de vida empeoran. El pasado mes de octubre el gobierno dedicó 360.000 millones de euros para rescatar a la banca. Posteriormente aprobó otro paquete de 26.000 millones de euros para la empresa privada y una semana antes de la huelga otros 5.500 millones de euros para ayudar al sector del automóvil. Pero eso no ha frenado la oleada de despidos en el sector privado que en los últimos tres meses ha eliminado 100.000 empleos.
Las direcciones sindicales parecen haber concebido esta huelga general como una manera de soltar vapor y aliviar la presión que se está acumulando entre los jóvenes y trabajadores. Después de esta impresionante huelga general su única alternativa es esperar a las negociaciones con el gobierno este mes de febrero. Toda la responsabilidad de la crisis la sitúan únicamente en "los excesos de los bancos", tampoco plantearon un programa con reivindicaciones concretas. Los dirigentes sindicales no quieren extender ni prolongar la lucha, quieren contenerla y disiparla, con la intención de que no se desencadene un movimiento que no puedan controlar. El periódico Le Monde describía recientemente la situación: "Tanto en el Eliseo como en el Partido Socialista, en los sindicatos y en los círculos empresariales, todos temen una explosión del caldero social". El gobierno acaba de anunciar nuevos ataques en forma de privatizaciones y recortes sociales que sólo servirán para aumentar la rabia y el descontento acumulado entre la clase obrera.