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La Asamblea Extraordinaria del PCF que se celebró en La Défense, los pasados 8 y 9 de diciembre, tuvo un mérito importante: el de expresar claramente la oposición de la aplastante mayoría de los militantes comunistas a toda forma de liquidación del partido. Esta cuestión dominó en gran medida los debates. Incluso los monopolizó. En consecuencia, otras cuestiones fundamentales -la situación política y el programa del partido- pasaron al segundo plano de los debates. Se puede lamentarlo, pero era inevitable. Los delegados de sección hicieron frente a lo más urgente: oponerse a la ofensiva liquidacionista de una amplia fracción de la dirección nacional.

La Asamblea Extraordinaria del PCF que se celebró en La Défense, los pasados 8 y 9 de diciembre, tuvo un mérito importante: el de expresar claramente la oposición de la aplastante mayoría de los militantes comunistas a toda forma de liquidación del partido. Esta cuestión dominó en gran medida los debates. Incluso los monopolizó. En consecuencia, otras cuestiones fundamentales -la situación política y el programa del partido- pasaron al segundo plano de los debates. Se puede lamentarlo, pero era inevitable. Los delegados de sección hicieron frente a lo más urgente: oponerse a la ofensiva liquidacionista de una amplia fracción de la dirección nacional.

Desde el revés electoral del PCF en las presidenciales, la idea de crear una "nueva fuerza", en lugar del partido, se reforzó claramente en la dirección nacional. Las fórmulas de los dirigentes que quieren "hacer otra cosa" son más o menos prudentes, y en consecuencia más o menos vagas. Los elementos más abiertamente liquidacionistas -Braouezec, Martelli, Zarka, Gayssot, etc- hablan sin rodeo de disolver el PCF en un nuevo partido o una nueva "esfera de influencia", donde los comunistas no serían ya más que un "componente". Pero otros dirigentes, empezando por Olivier Dartigolles, portavoz del PCF, hablan también ellos de una "nueva fuerza de izquierda". Ante la hostilidad que esta idea suscita en las filas del partido, se escondieron, en la Asamblea Extraordinaria, tras una falsa neutralidad. En nombre del "debate que debe tener lugar, de aquí al congreso de 2008", insisten en que "ninguna hipótesis se descarte" - incluida la de terminar con el PCF.

No habría inconveniente en que Dartigolles no tenga posición definida sobre la STAR Academy o el último Harry Potter. Pero sobre una cuestión tan decisiva como el mantenimiento o la disolución del PCF, no se puede aceptar que los dirigentes del partido sigan siendo "neutros" y pretendan simplemente "organizar el debate": ¡Cuando unos pirómanos sitian una casa, lo importante no es el "debate" para saber si es necesario o no dejarles actuar, con el pretexto "de no descartar ninguna hipótesis" incluida la de quién reducirá la casa a cenizas! De hecho, quien actuara así sería considerado un loco o un cómplice de los pirómanos. Ahora bien, Dartigolles y sus partidarios no están locos.

El texto del "mandato" sujeto al voto de los delegados en la Asamblea Extraordinaria recupera la fórmula: "no descartar ninguna hipótesis". Tras ásperos debates, el mandato fue adoptado por un 72% de los delegados de sección. Ante los dirigentes nacionales que se sucedían al micrófono, para que se mantuvieran "todas las hipótesis", y que llegaron hasta a amenazar al partido "de explosión" si esta fórmula se eliminaba del texto, numerosos delegados votaron motivados por la preocupación de no precipitar una crisis. Sin embargo, sobre el futuro del PCF queda claro que esta mayoría del 72% no tiene estrictamente ningún significado. Las actas de las Asambleas de secciones que se celebraron antes de la Asamblea Extraordinaria quedan perfectamente claras. La opinión de la aplastante mayoría de los militantes comunistas queda bien resumida por la intervención de un camarada de Arcachon: "Aquellos que no quieren ya ser del partido que lo dejen: son libres. ¡Por nuestra parte, construiremos el PCF!" Este es exactamente el punto de vista de La Riposte

Reformismo y liquidacionismo

Los liquidadores juran acerca de su compromiso con el partido, pero instan a los camaradas a no caer en el fetichismo. Nos dan cordialmente palmaditas en la espalda diciendo: "nosotros también lo queríamos mucho, pero no hay ya nada que hacer: se muere". Pretenden a sabiendas desmoralizar a los camaradas que quieren mantener el partido. La cuestión del partido -de su mantenimiento o su desaparición- no es solamente organizativa. Tiene en primer lugar y sobre todo un significado político. Luchar para que el PCF exista y se refuerce, luchar para que exista y se refuerce una expresión organizativa de ideales comunistas, es decir, de la lucha para el derrocamiento del capitalismo y el establecimiento de una sociedad libre de todas las formas de miseria y explotación ¿Murió, este ideal? No: está más vivo que nunca, ya que el capitalismo produce cada día su lote de desastres, injusticias y humillaciones. Más que nunca, es necesario que exista y se desarrolle un partido firmemente comprometido con limpiar la sociedad de la soberanía capitalista. No es solo la suerte del PCF la que está en juego: es la de juventud, de los trabajadores y todos los oprimidos, al los que el sistema capitalista no ofrece ningún futuro digno de tal nombre.

Pero son precisamente estos ideales los que los liquidadores ya no aceptan. La existencia del partido es un reflejo de las aspiraciones revolucionarias que siguen animando a la mayoría de sus militantes. Por otra parte, estos reformistas sólo conciben la liquidación del partido como una etapa de un proceso iniciado desde hace mucho tiempo. Durante el último período, estos dirigentes vaciaron progresivamente el programa del partido de todo ataque a la propiedad capitalista, lo que tenía por efecto de desarmarlo teóricamente. Amparados en la "modernidad", aceptaron la economía de mercado.

Entre 1997-2002, garantizaron las privatizaciones masivas del gobierno Jospin. No es una casualidad que entre los liquidadores más afanosos se encuentra al ex ministro Jean-Claude Gayssot, que controló la privatización de Air France y del sector aeroespacial, entre otras cosas. Así pues, los que quieren terminar con el PCF son los principales responsables de su decadencia durante el último período. Las tendencias liquidacionistas que se desarrollan en la dirección del PCF constituyen el último eslabón de una larga deriva reformista ¿Para qué sirve un partido "comunista", si ya no está en cuestión tocar los fundamentos del capitalismo, es decir, la propiedad privada de los bancos y grandes empresas? Es necesaria "otra fuerza de izquierda", se nos dice. Entiéndase: una fuerza abiertamente reformista que definitiva y formalmente rompa con las ideas del comunismo.

En su ceguera reformista, esta gente está convencida que tal fuerza tendría una base electoral mucho más amplia que la del PCF. Se equivocan totalmente. El Partido Socialista ya ocupa esta posición. No hay lugar viable, a su lado, para un pequeño partido reformista. Esta es por otra parte una de las causas del debilitamiento del PCF en el curso de los veinte últimos años.

Rearme político

Los militantes opuestos a la desaparición del PCF no son estos "ortodoxos" oscuros y nostálgicos que describe la prensa capitalista (la cual sostiene obviamente a los liquidadores). No son víctimas del "inmovilismo" o del "fetichismo". Reflexionan, buscan soluciones. En el transcurso de la Asamblea Extraordinaria, fueron numerosos en reclamar una mejor formación interna. Son perfectamente conscientes de las graves carencias teóricas del partido. Varios camaradas denunciaron, con razón, el "lenguaje estereotipado" y las "ideas huecas" que circulan en las cumbres del partido.

Como ejemplo, tomemos dos frases del informe de introducción de Dartigolles: "[Debemos] profundizar en las condiciones políticas contemporáneas de la transformación social y trabajar en una transformación profunda de las concepciones y prácticas de la política. Esto nos pide actuar sobre la crisis de la política, de la democracia". Comprobemos: esto no quiere decir estrictamente nada, nada en concreto. En descargo de Dartigolles debemos decir que dista mucho de ser el único en utilizar esta "neolengua". Otros dirigentes como Martelli y Zarka son sus amos incontestables. No se puede leer lo que escriben sin sentirse afectado por un insoportable zumbido cerebral, que es el efecto que provoca una sucesión caótica de frases completamente carentes de sustancia. A falta de ideas serias, parecen alinear aleatoriamente palabras floridas - "transformación social", "democracia", "solidaridad", "emancipación", etc., - en el hilo de un discurso que, en definitiva, no tiene ningún sentido. Esta jerga es una de las expresiones de la quiebra del reformismo "antiliberal".

Si hay un ámbito donde es necesario "revolucionar el partido", para usar una expresión de María-George Buffet, es sobre todo en el de sus ideas y de su programa. Es la cuestión central, la clave del futuro del partido. De aquí al congreso de diciembre de 2008, la lucha contra el liquidacionismo debe realizarse junto a una lucha contra el reformismo impotente que constituye su base política. No se pueden llevar separadamente estas dos batallas: están indisolublemente vinculadas. El PCF debe volver a vincularse a las ideas marxistas y revolucionarias que estaban en el origen de su creación: tal es la única garantía de su supervivencia, su desarrollo y la realización de su tarea histórica: la transformación socialista de la sociedad.