Corriente Marxista Internacional

El día nacional de acción el 28 de marzo marcó un nuevo punto álgido en los dos largos meses de movilización de los jóvenes y trabajadores franceses contra el odiado CPE. El CPE, Contrato de Primer Empleo, es un nuevo tipo de contrato para los jóvene El día nacional de acción el 28 de marzo marcó un nuevo punto álgido en los dos largos meses de movilización de los jóvenes y trabajadores franceses contra el odiado CPE. El CPE, Contrato de Primer Empleo, es un nuevo tipo de contrato para los jóvenes que, con la excusa de “estimular la contratación de jóvenes trabajadores”, les priva de los derechos laborales más básicos. Cualquiera contratado con este tipo de contrato puede ser despedido durante el período de prueba de dos años y el empresario no tiene que dar ninguna razón.

Unos tres millones de jóvenes y trabajadores participaron en las manifestaciones por toda Francia el 28 de marzo. Los trabajadores fueron a la huelga paralizando el transporte público, las escuelas y universidades, los medios de comunicación, el servicio postal, etc., En el sector privado la huelga no fue tan grande, sin embargo, la Federación Metalúrgica de la CGT informó de que más de 1.000 fábricas grandes habían participado en la huelga. El hecho de que los dirigentes sindicales realmente no convoquen la huelga general, sino sólo un “día de huelgas y paros laborales”, no ayuda a sacar a los trabajadores del sector privado donde los niveles de militancia sindical son más bajos y el temor a las represalias es mayor.

El carácter masivo del movimiento, que en términos de números en las manifestaciones fue incluso mayor que en el punto álgido de las huelgas de 1995 contra el Plan Juppé, amplía las divisiones entre la clase dominante y el partido de la derecha en el gobierno, la UMP. El Ministro de Interior, Sarkozy, hizo público su desacuerdo con el primer ministro De Villepin. No es que Sarkozy sea algo más “progresista” o más “razonable” que De Villepin. Es el hombre a cargo de la represión contra la rebelión de los jóvenes parados de los banlieues a finales del año pasado y de las provocaciones policiales contra las manifestaciones en el movimiento actual.

Como resultado de las impresionantes manifestaciones y huelgas del 28 de marzo, los estudiantes continúan su movimiento inquebrantable. Las asambleas generales de masas en escuelas y universidades, que han dado al movimiento una expresión organizada, decidieron varias acciones locales. El jueves 30 de marzo vimos a miles de estudiantes bloqueando las carreteras y ocupando estaciones ferroviarias clave en todo el país. En París, al menos 2.000 estudiantes ocuparon la estación ferroviaria de Gare de Lyon, y activistas sindicales del SUD-Rail y de la CGT también los apoyaron.

El día antes, el Ministro de Educación, de Robien, había pedido que se levantaran los bloqueos de institutos y reabrirlos “por la fuerza si era necesario”. Oficiales de policía llegaron a varios institutos pero no consiguieron levantar los bloqueos. Mientras tanto, cientos de estudiantes eran interrogados y arrestados por la policía que intentaban limpiar los bloqueos. Entre los arrestados estaba Karl Stoekl, presidente del UNL (sindicato de estudiantes de secundaria), una de las dos principales organizaciones estudiantiles de secundaria, que fue arrestado por la policía durante un bloqueo de la carretera radial de París.

El mismo día, el Consejo Constitucional dijo que la nueva ley “para la igualdad de oportunidades”, que incluye el CPE entre otras medidas, era constitucional. Este era el requisito legal previo que significa que la ley cumplía lo necesario para que fuese aprobada por el presidente Chirac. Después pronunció un discurso a la nación explicando su postura el viernes a las 8 de la tarde.

Las organizaciones estudiantiles convocaron concentraciones en las plazas principales de las ciudades para escuchar el discurso de Chirac y dar una respuesta clara. A pesar de que estos mítines se organizaron el mismo día a través de la palabra, ciento salieron a escuchar el discurso presidencial, como habían hecho en 1968.

Chirac intentó parecer razonable y dispuesto a negociar pero terminó provocando un caos legal. Dijo que estaba de acuerdo en que la ley debería ponerse en práctica, pero apeló a los empresarios para que ¡no la utilizaran!, mientras el parlamento discutiría una nueva ley que introduciría dos modificaciones en el CPE. Las modificaciones son que los períodos de prueba pasarían de dos a un años y que los empresarios deberían dar una razón para el despido de los trabajadores con CPE (aunque esta razón no significara nada los trabajadores no podrían apelar). El objetivo principal de Chirac era en realidad aglutinar a las filas de la UMP, donde un número cada vez mayor de parlamentarios estaba cuestionando si seguir adelante con este contrato era algo realmente inteligente.

La reacción de los miles de personas que se reunieron para escuchar el discurso fue inmediata. Estas “concesiones” fueron recibidas como una burla. En parís la concentración creció de unos cientos a más de 5.000 personas furiosas que se manifestaron por las calles de la capital hasta última hora de la noche. Una encuesta publicada el día después demostraba que al 62 por ciento de la población no le “convenció” el discurso de Chirac mientras el 27 por ciento si estaba “convencido”.

Los dirigentes sindicales y estudiantiles permanecieron firmes y anunciaron que no negociarían con el gobierno a menos que retirase el CPE. El sábado 1 de abril, en una reunión de la coordinadora nacional de estudiantes de universidad e institutos, 800 representantes elegidos en las asambleas generales, decidieron continuar con la lucha, confirmando el llamamiento para un día de acción el 4 de abril e hicieron un llamamiento para la convocatoria de una huelga general.

La convocatoria del 4 de abril por parte de los dirigentes sindicales y estudiantiles en realidad en entendida de la misma forma que el 28 de marzo: “ampliar la lucha... una día de acción nacional con huelgas, paros laborales y manifestaciones”. Muchos en el movimiento piensan, particularmente después del éxito del 28 de marzo, que no es suficiente y que es necesario convocar claramente una huelga general de 24 horas. En realidad, los dirigentes sindicales temen a la huelga general, si la convocan puede que no se limitara a 24 horas, sino que se convirtiera en el principio de un movimiento que podría escapar a su control.

Ya existe una tradición de ese tipo de movimiento en Francia, no sólo hay que remontarse a 1968, también durante las huelgas de 1995-1996 de los trabajadores del sector público y el movimiento de 2003 contra la reforma de las pensiones. Un dirigente de FO lo explicó claramente cuando dijo que la convocatoria de una huelga general tendría “connotaciones insurrecionales”.

Al no dar una dirección clara, la dirección sindical hace más difícil que los trabajadores menos organizados y con empleos menos seguros, en el sector privado, salgan a la huelga, después los dirigentes siempre dirán lo mismo: “Veis, os lo dijimos, no había condiciones para una huelga general, convocamos a todos a la huelga pero no salieron”.

La lucha está ahora en una coyuntura crítica. Algunas de las universidades e institutos llevan ocupados casi dos meses. Los estudiantes están a punto de perder el curso. La semana que viene llegan las vacaciones de primavera para los estudiantes de secundaria. El gobierno quiere que el movimiento se canse y poco a poco se agote. También espera convencer a algunos de los dirigentes sindicales más moderados, por ejemplo los de la CFDT, para que negocien y de este modo dividir el movimiento. Ya algunos dirigentes sindicales están diciendo que estarían dispuestos a reunirse y negociar con el gobierno incluso si no retira el CPE. Mucho dependerá de lo que ocurra el 4 de abril y los días inmediatamente posteriores.

El día de acción es probable que sea más grande que el 28 de marzo, pero el papel de la clase obrera es crucial. Si los sindicatos no están preparados para convocar una huelga general adecuada, los activistas de la base deben considerar el 4 de abril como una huelga general de facto. Como defienden los compañeros de La Riposte, las principales fuerzas del movimiento estudiantil (que han estado por ahora en la vanguardia del movimiento) deben dirigirse hacia los centros de trabajo con panfletos, discusiones, reuniones conjuntas y estableciendo lazos sólidos con los delegados y activistas sindicales.

Deberían formarse comités en cada distrito, región, a todos los niveles, para garantizar el éxito del 4 de abril y la continuación del movimiento. La base de estos comités ya existe en la coordinadora de estudiantes con los delegados elegidos en las asambleas generales y comités intersindicales, que ya están funcionando en muchas ciudades. Es esencial que estos comités se amplíe implicando a todos los sectores del movimiento (trabajadores del sector público y privado, estudiantes de secundaria y universidad) y garantizar que funcionen sobre la base de delegados elegidos y revocables en las asambleas generales de los centros de trabajo, institutos y universidades.

Esta estructura democrática y flexible debería garantizar la respuesta rápida que necesita el movimiento después de una movilización de masas. Los trabajadores y jóvenes franceses han luchado valerosamente contra todos los intentos de dar marcha atrás en sus derechos y condiciones ganadas a lo largo de un largo período de tiempo. Desde 1995 han pasado a través de la escuela de la lucha y han aprendido mucho. Esa acumulación de experiencia y la seriedad de la crisis del capitalismo francés, han creado las condiciones para una explosión revolucionaria en Francia con un alcance similar a la de Mayo de 1968, cuando diez millones de trabajadores ocuparon las fábricas en la mayor huelga general de la historia de Europa Occidental.

En aquel momento sólo la ausencia de una dirección revolucionaria salvó al capitalismo francés. Ahora es más urgente que nunca reunir a los activistas más avanzados del movimiento obrero y juvenil en una corriente marxista revolucionaria que proporcione una dirección capaz de hacer frente a las tareas planteadas en Francia.

La oleada revolucionaria que está recorriendo América Latina no es un hecho aislado, es el resultado de las circunstancias excepcionales que existen en ese continente. Obviamente, tiene sus características peculiares y ritmos, pero es parte de un malestar general en la sociedad y la creciente furia entre los jóvenes y trabajadores contra la cruel erosión de los derechos conquistados por el movimiento obrero durante décadas, contra la brutalidad de la guerra imperialista, etc., Acontecimientos como los vistos en Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia, etc., en la última década, los veremos en un futuro próximo en Europa Occidental, y Francia está en la primera línea de salida de la carrera para convertirse en la Venezuela de Europa.


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