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El miércoles 21 de enero el Financial Times-Deutschland informaba sobre una conferencia organizada por los nueve principales bancos de Austria, Italia y Alemania, muy implicados en Europa del Este y que presentaron "una iniciativa de representar los intereses de Europa del Este". Pero no se trata de un caso de preferencia altruista por estos países, este grupo de presión está motivado más por sus propios intereses de beneficio que por el deseo real de ayudar a la población de Europa del Este.

 

El miércoles 21 de enero el Financial Times-Deutschland informaba sobre una conferencia organizada por los nueve principales bancos de Austria, Italia y Alemania, muy implicados en Europa del Este y que presentaron "una iniciativa de representar los intereses de Europa del Este". Pero no se trata de un caso de preferencia altruista por estos países, este grupo de presión está motivado más por sus propios intereses de beneficio que por el deseo real de ayudar a la población de Europa del Este.

¿Quién está detrás de la iniciativa? El portavoz del grupo es Herbert Stepic, ejecutivo jefe de Raiffeisen International, uno de los bancos austriacos que se ha expandido enormemente por los mercados europeos del este. Otros bancos implicados son Unicredit de Italia con su subsidiario el Banco de Austria, el Austrian Erste Bank, Societé Generale, Intesa Sanpaolo de Italia, el griego EFG Eurobank, el belga KBC, Sewedbank y el Bayern LB. Todos tienen enormes inversiones en Europa del Este.

Miedo a la bancarrota

El objetivo de este grupo de presión que se formó en otoño de 2008 es convencer a la UE y al Banco Central Europeo de que tome medidas para intentar detener la crisis de crédito en los estados miembros de Europa del Este y también en Serbia y Ucrania. Su pensamiento es que la UE debería financiar los rescates bancarios, como hemos visto en la mayoría de países de la UE.

En los últimos meses estos bancos han presionado tras las bambalinas, pero ahora han visto la necesidad de salir a la luz y aumentar su presión. Obviamente, están nerviosos debido a las últimas cifras de la crisis económica en sus principales mercados.

Los subsidiarios de Europa del Este de estos gigantescos bancos participaron estos años del boom del crédito. Ahora con la devaluación de la mayoría de las monedas en estos países (el último ejemplo es el zloty polaco que ha caído un 17 por ciento), la gente ya no puede pagar sus deudas. Esta es una amenaza seria para los bancos de Austria, Alemania, Italia y otros países europeos occidentales.

Temen que sea imposible mantener la afluencia de capital. Después de años de boom, las economías de los antiguos países estalinistas ahora están en caída libre. Hungría y Ucrania han evitado declararse en suspensión de pagos gracias a la "ayuda" del FMI. Ahora Letonia está recibiendo dinero del FMI y Estonia será el siguiente. Es como un juego de dominó. Si un país cae los demás le seguirán fácilmente. Y según publicaba Financial Times-Deutschland, esto también tendría un impacto importante en países como Austria y otros que han jugado un papel importante en la región,

Oleada de protestas

La crisis está comenzando a tener un efecto en la conciencia de las masas. Estos últimos meses hemos informado en varios artículos del movimiento huelguístico en Hungría. Este proceso continuará.

A principios de enero Letonia y Lituania fueron sacudidas por grandes manifestaciones contra las repercusiones de la crisis. En Letonio los sindicatos junto con los partidos de la oposición convocaron una manifestación contra la política de recortes del gobierno de derechas. 10.000 personas salieron a las calles, en el transcurso de la manifestación unos 10.000 manifestantes intentaron asaltar el parlamento y se enfrentaron a la policía.

En Lituania ocurrió lo mismo. Unas 20.000 personas participaron en las manifestaciones convocadas por los sindicatos. Como sucedió en Riga, también en Vilnius, la capital, la gente arrojó botellas, bolas de nieve, huevos, contra el parlamento. También la policía reaccionó de manera brutal y detuvo a docenas de manifestantes. Esta protesta iba dirigida contra los severos recortes en el sector público y el sistema de seguridad social (recortes del 12-15 por ciento) y recortes en los subsidios para medicinas aprobados por el gobierno conservador.

En Estonia podemos esperar pronto acontecimientos similares, lo mismo ocurre en Rumania. Hace unos meses, los comentaristas aún decían que Rumania no se vería afectada por la crisis. Ahora el tono ha cambiado. En primera línea de la lucha están los trabajadores de la fábrica de automóviles Dacia en Pitesti, al sur del país. El año pasado estos trabajadores protagonizaron una lucha muy combativa exigiendo subidas salariales y consiguieron un 30 por ciento de aumento.

Dacia es parte de Renault y es un buen ejemplo de cómo las multinacionales utilizan mano de obra barata en estos países para aumentar sus beneficios. En 2007 consiguieron unos 150 millones de euros. Pero los salarios están aproximadamente en 280 dólares al mes. Aparte de estos bajos salarios, la dirección también quiere intensificar la producción. Después de semanas de dura lucha los trabajadores ganaron, pero ahora se enfrentan al cierre temporal de la fábrica y al despido de 4.000 de los 13.000 trabajadores de la empresa. En otras industrias, como la recién inaugurada planta de Nokia, los despidos ya están en el orden del día. Mientras tanto, el gobierno ha abierto el debate sobre los recortes del gasto social para reducir el déficit presupuestario. Es una receta abierta para la lucha de clases y las protestas de masas en Rumania. Veinte años después de la caída del régimen de Ceaucescu las masas regresarán de nuevo a las calles.

Los bancos mencionados anteriormente de Austria y otros países occidentales han perdido mucho en Hungría, Rumania y otros países del Este. Como decía Herbert Stepic de Raiffeisen International: "Muchos luchamos durante cincuenta años contra el comunismo, ahora que hay economía de libre mercado en la región, no podemos abandonarlos". Temen que veinte años después de la caída del "telón de hierro" y la victoria del "libre mercado" se pueda desarrollar una nueva insurrección popular. En esta ocasión el movimiento irá dirigido contra los que se beneficiaron de los acontecimientos de 1989 y quiénes se sientan en los consejos de administración de los bancos y multinacionales, así como contra sus títeres en los gobiernos de estos países. Durante los últimos años hemos visto un proceso de cierto despertar de la clase obrera, los sindicatos han ganado en combatividad, ésta reaparecerá en el próximo período en un país tras otro en la región. Las ideas del genuino socialismo de nuevo encontrarán un gran eco en el movimiento obrero de Europa del Este.