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El Mundial de Fútbol se celebrará en Alemania este próximo verano. Este acontecimiento por supuesto eclipsará la política nacional en los medios de comunicación y absorberá bastante atención por parte de las masas. A pesar del factor “pan y circo”, n El Mundial de Fútbol se celebrará en Alemania este próximo verano. Este acontecimiento por supuesto eclipsará la política nacional en los medios de comunicación y absorberá bastante atención por parte de las masas. A pesar del factor “pan y circo”, no podrán ocultar el creciente malestar social que se está acumulando dentro de la sociedad alemana.

A mediados de noviembre se formó el nuevo gobierno. Por primera vez desde finales de los años sesenta, los cristiano-demócratas y los socialdemócratas están gobernando juntos en una gran coalición. Es natural que la llegada al poder de este gobierno se base en una cómoda mayoría de dos tercios en el Bundestag, el parlamento alemán, debería ser visto como un nuevo comienzo y bajo la influencia de los medios de comunicación burgueses sectores de la población deberían darle una oportunidad y esperar que las principales fuerzas políticas del país cierren filas para resolver los grandes problemas a los que se enfrenta la nación. El hecho de que el aparato sindical tenga una actitud de “esperar y mirar” hacia la coalición, ampliará durante un tiempo este margen de respiro para el nuevo gobierno. Es obvio que esta nueva coalición dirigida por la cristiano-demócrata Angela Merkel no reparta parabienes. Ya han surgido diferencias políticas importantes entre los socios de la coalición y están saliendo a la superficie, las discuten abiertamente en los medios de comunicación y participan figuras principales de ambos lados.

En lo que sí están de acuerdo los socios de la coalición es en continuar con los ataques al estado del bienestar puestos en práctica por el anterior gobierno de coalición de socialdemócratas y Verdes encabezado por Schröder. No habrá un aumento nominal de las pensiones en los futuros años. La edad de jubilación se aumentará de año a año. La protección legal contra el despido injusto se socavará aún más. Habrá duros recortes en el presupuesto que afectará seriamente a muchos sectores del gasto público, como el subsidio de desempleo y el transporten público, además de aumentar más la presión sobre las privatizaciones.

El desempleo

Ninguno de los líderes políticos ni economistas burgueses está prometiendo que sus actuaciones conseguirá un auge económico duradero y sostenido. Todo lo contrario, las llamadas “reformas Hartz” anunciadas hace unos tres años y que se suponía provocarían un cambio decisivo en el “mercado laboral” y reducirían el desempleo en dos millones han demostrado ser un fracaso en todos los aspectos.

La introducción de un sistema de trabajo forzoso, denominado “empleos a 1 euro”, está minando cada vez más los contratos laborales que hasta cierto punto garantizaban un ingreso decente para los trabajadores. Aunque las estadísticas siempre están manipuladas en un sentido u otro, no hay esperanza de una reducción seria del desempleo oficial que actualmente oscila alrededor de los 4,6 millones, el 11 por ciento de la fuerza laboral. Algunos economistas burgueses temen que tan pronto como el gobierno aumente el IVA del 16 al 19% en enero de 2007, esto precipite una nueva recesión.

Cada día aparecen nuevas malas noticias −sin excepción− cuando todas las empresas importantes y monopolios anuncias masivas reducciones de empleo. En noviembre, la empresa privatizada Deutsche Telekom, que cada vez es más global, anunció que reduciría la fuerza laboral en 32.000 durante los próximos dos años. Mientras consigue enormes beneficios en la región, 4.000-5.000 millones de euros al año, los administradores de Telekom no están satisfechos con este nivel y quieren exprimir más a la fuerza laboral restante. Esto ha provocado una oleada masiva de protestas en las últimas semanas. Lo significativo es que los activistas sindicales nos dicho que, a diferencia de hace siete o diez años, ahora la población simpatiza con la protesta sindical. “Mientras en el pasado nos llamaban ‘funcionarios holgazanes’, ahora los transeúntes comprenden por qué estamos luchando y están dispuestos a apoyar nuestra protesta”, esto es lo que me comentó antes de Navidad un activista sindical local y delegado sindical de Telekom.

Langostas

Se ha hecho popular en Alemania criticar a los monopolios e inversores financieros calificándoles de “langostas” que merodean sólo para devorar las partes rentables y dejar tras de sí un desierto. El líder del SPD, Franz Müntefering, que ganó puntos la pasada primavera cuando se hizo eco de algunas críticas de las “langostas” y popularizó esta expresión, ahora es vice-canciller y Ministro de Trabajo en el gabinete de Merkel y no está dispuesto a promover una legislación seria para detener a las langostas en su saqueo de la industria y la extracción despiadada de beneficios. Todo lo contrario, el próximo proyecto importante de privatización son los ferrocarriles alemanes (DB, Deutsche Bahn) que todavía son de propiedad estatal. Los administradores de DB ya se están comportando como cualquier otro administrador capitalista y les gustaría privatizar lo antes posible, vendiendo acciones de DB por valor de millones de euros a las “langostas” estadounidenses.

Pero sea cual sea el grupo de trabajadores dispuesto a luchar contra las condiciones laborales intolerables, empeoradas por la presión de los inversores “langosta”, esta lucha puede adquirir unas dimensiones impresionantes. Por ejemplo, los trabajadores de la empresa de catering de aviones Gate Gourmet del aeropuerto de Dusseldorf, han estado tres meses en huelga contra todos los pronósticos. Esta lucha, que comenzó a principios de octubre como una forma de ejercer más presión por la oferta de un moderado aumento salarial del 4,5 por ciento, se ha convertido en una guerra contra los propietarios, el Texas Pacific Group con base en Texas, que no escatimó esfuerzos para romper la huelga. La decisión y perseverancia de los trabajadores de Gate Gourmet está encontrando un eco y admiración nacional e internacionalmente.

En las próximas semanas una gran parte de la atención de los sindicatos estará centrada en la movilización contra la directiva propuesta por la UE sobre los servicios en el mercado interno (la directiva Bolkestein) que, correctamente, es vista como una amenaza importante para todas las conquistas conseguidas durante las pasadas décadas.

El SPD pasó una crisis de dirección a principios de noviembre pero después consiguió superar los problemas en 48 horas. El anterior canciller Schröder está fuera de la política y ha encontrado un nuevo empleo, más fácil y mejor pagado, dentro de los negocios mundiales a los pocos días de abandonar el cargo. Debe ser el único hombre del país con 61 años de edad que no ha tenido ningún problema en encontrar un nuevo empleo. El nuevo presidente del partido es Matthias Platzeck, primer ministro en el estado oriental de Brandenburgo, y que es visto como alguien “querido por todos” en el partido. Platzeck, que sin duda tiene algunas habilidades como orador público, nunca ha estado a la izquierda. Siempre ha apoyado la agenda neoliberal de Schröder y ha estado implicado en el gobierno de coalición con los cristiano-demócratas en su propio estado y durante varios años. En cuanto a lo que se puede considerar un ala de izquierdas en la dirección del SPD y el grupo parlamentario, se trata de un puñado de parlamentarios domesticados e intimidados que no se oponen en lo fundamental a la coalición, menos aún agitan por una ruptura con los cristiano-demócratas, aunque −por tercera vez consecutiva− los clásicos partidos burgueses y de derechas (CDU y Liberales) no han conseguido una mayoría parlamentaria. Es bastante probable que a medio plazo el aumento de la polarización de clase se refleje también dentro del SPD. Pero esta no parece ser la perspectiva inmediata.

Bajo la dirección de Oskar Lafontaine, el anterior dirigente del SPD que rompió con Schröder en 1999 y se fue del partido en mayo de 2005, el Partido de la Izquierda (una alianza del antiguo PDS, el WASG y una escisión del SPD) consiguió un 8,7 por ciento de los votos en las elecciones de septiembre y 54 escaños en el nuevo Bundestag. El proceso de fusión entre ambos partidos está en camino y concluirá a principios de 2007. En marzo se celebrarán toda una serie de elecciones locales y regionales que revelarán también si después del éxito de las elecciones de septiembre este partido es capaz de conseguir más apoyo. Independientemente de lo que ocurra, muchas personas creen que Alemania se está encaminando hacia convulsiones sociales y no en un futuro demasiado lejano.