Corriente Marxista Internacional

Los resultados de las elecciones alemanas han supuesto un contundente varapalo a las ilusiones de los partidos de la derecha (CDU-CSU y FDP) de lograr un gobierno de mayoría absoluta, que pocas semanas antes era dado por seguro por todas las encuesta Los resultados de las elecciones alemanas han supuesto un contundente varapalo a las ilusiones de los partidos de la derecha (CDU-CSU y FDP) de lograr un gobierno de mayoría absoluta, que pocas semanas antes era dado por seguro por todas las encuestas. Por más que la prensa burguesa intente ahora jugar con las cifras, la realidad es concreta: la derecha ha perdido por casi tres millones de votos y Schröder y sus contrarreformas han recibido un castigo por la izquierda.

En mayo de este año Schröder adelantó las elecciones con una maniobra forzada —perdiendo a propósito una moción de confianza—, porque “necesitaba un respaldo claro a su política de ‘reformas”, la famosa Agenda 2010, las contrarreformas que el gobierno socialdemócrata había puesto encima de la mesa para hacer frente al estancamiento económico en que se encuentra Alemania.

Lo primero que hay que decir es que no ha conseguido ese respaldo y la coalición socialdemócratas-verdes ha perdido la mayoría. Pero para la derecha las cosas no han ido mejor, más bien al contrario. Después de que el SPD fuera de derrota electoral en derrota electoral en las elecciones celebradas en diferentes länders (estados federados), la CDU-CSU partía en esta campaña electoral con veinte puntos de ventaja en las encuestas. Al final la coalición CDU-CSU ha ganado las elecciones por sólo 400.000 votos de diferencia (un 35,2% para la CDU-CSU y un 34,3% para el SPD), muy lejos del 40% que esperaban como mínimo para gobernar en coalición con el FDP (liberales, con un programa de ataques y contrarreformas mucho más claro).

‘Sensaciones’ electorales interesadas

El FDP ha pasado del 7,4% al 9,8%, ganando aproximadamente un millón de votos. Para todos los analistas burgueses esta ha sido “la sensación de la jornada electoral”, como la calificó José Comas en El País. Pero no sólo de sensaciones vive el capital y esa subida del FDP no es suficiente para alcanzar la mayoría absoluta.

Esto deja en una situación muy difícil a la burguesía alemana y a sus representantes políticos. Durante casi cincuenta años, hasta las elecciones de 1998, siempre había habido una mayoría conjunta de escaños de los partidos burgueses clásicos (CDU/CSU y FDP). Es la tercera vez consecutiva (1998, 2002 y 2005) en que no han conseguido ganar la mayoría y son los terceros peores resultados de la CDU en 50 años, quedándose en un porcentaje similar al que obtuvieron en 1998 cuando hubo una movilización importante del voto al SPD para echar a Kohl. Y si en algún momento ha necesitado la burguesía alemana, y no sólo la alemana, también el resto de burguesías de Europa, un gobierno estable y fuerte es ahora, como veremos más adelante.

En la izquierda, Los Verdes han mantenido su voto, perdiendo sólo medio punto (han pasado del 8,6% al 8,1%). Algunos sectores han optado por continuar votándoles, aunque hayan seguido a pies juntillas la política del ala más derechista del SPD, porque aparecen algo más a la izquierda.

La verdadera sensación de estas elecciones, y es algo en lo que toda la prensa burguesa se ha puesto de acuerdo en ocultar, ha sido el Partido de la Izquierda, formado por los ex estalinistas del PDS, con apoyos fundamentalmente en el Este, y el WASG (Alternativa por el Empleo y la Justicia Social) de Oskar Lafontaine (dirigente del SPD hasta 1998), un pequeño partido formado por cuadros sindicales y del SPD que abandonaron el partido con críticas por la izquierda. Hace cuatro meses el Partido de la Izquierda no existía y, en una campaña que el SPD intentó polarizar centrando opción izquierda-derecha en Merkel-Schröder, ha obtenido más de cuatro millones de votos, más que duplicando los resultados del PDS de 2002, relegando a Los Verdes al quinto puesto y formando un grupo parlamentario de 54 escaños (en 2002 consiguieron 2 escaños). Todo esto con una idea central: no a la Agenda 2010, no a los recortes. Si nos fijamos sólo en los resultados en el Este, es mayor la sensación: 25,4% de los votos y segunda fuerza política detrás del SPD y delante de la CDU (en las encuestas, la CDU partía como favorita en el Este).

Incertidumbre

Quién tiene ahora la patata caliente de la formación de gobierno es la burguesía. En todos sus foros hay incertidumbre y pesimismo. No se esperaban esto, contaban con un gobierno de derechas sólido para llevar a cabo sus planes de ajuste. Están en una situación económica insostenible: se ha alcanzado la cifra récord de cinco millones de parados (aparte hay otro millón y medio en diferentes planes de reconversión que no entran en las estadísticas), el Este duplica en porcentaje de paro al Oeste, hay 10.000 quiebras anuales y esperan un crecimiento de apenas un 1% para este año. Según un reciente informe de la UE, los salarios reales bajaron un 0,9% en Alemania entre 1995 y 2004. En ese mismo período, los costes laborales unitarios crecieron apenas un 2,5%, la menor subida de la UE. Pese a esto, la burguesía sigue exigiendo más y más. Volkswagen, por ejemplo, quiere suprimir 10.000 puestos de trabajo en Alemania, por supuesto para reducir los costes laborales. Están decididos a meter la tijera hasta el fondo a los gastos sociales, flexibilizar los despidos y acabar con el poder sindical en las empresas, a través de poder negociar con los trabajadores sin sindicatos ni convenios colectivos y sacar a los sindicatos de los organismos de participación y cogestión en las empresas.

Esta situación no es patrimonio alemán, ocurre exactamente igual en el resto de Europa, donde el debate en torno al “modelo social: americano o europeo”, esconde las diferencias que tienen las diferentes burguesías en el ritmo de los ataques y ajustes y en cuanto a la repuesta que pueda dar la clase obrera a los diferentes gobiernos. Para muchos, como el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, el gobierno derechista francés o el socialdemócrata de derechas Tony Blair, la elección de la nueva dama de hierro Merkel como canciller alemana era un espaldarazo a sus posiciones. Particularmente, el gobierno francés mira la situación política en Alemania como un anticipo de su futuro, más ahora a pocos días del primer envite serio de la clase obrera francesa al nuevo gobierno de Villepin.

La ‘gran coalición’

Ese es precisamente el gran problema de la burguesía alemana: no han conseguido el instrumento necesario, un gobierno estable, firme y dispuesto a llevar adelante los ataques y recortes. Ha habido algunos intentos de alianzas ciertamente exóticos (coaliciones semáforo o Jamaica), pero esto no tiene un mínimo de seriedad. El presidente de la patronal alemana, Dieter Hundt, llamó a pactar “una gran coalición de la sensatez” para continuar el “camino de las reformas”, más claro el agua. La burguesía está presionando desde todas sus posiciones para acabar con un escenario inédito en Alemania en cincuenta años. Todo parece indicar que el SPD y la CDU-CSU llegarán a un acuerdo de gobierno de concentración nacional. Esto tiene una enorme trascendencia. En primer lugar, el hecho mismo de que esté encima de la mesa este tipo de gobierno como única salida de la burguesía da una idea de la crisis que afecta a Alemania y de la debilidad de la derecha. Necesitan la autoridad que aún mantiene el SPD en el movimiento obrero para hacer el trabajo sucio de los capitalistas. Es una opción muy seria y suele ser el último cartucho para la burguesía, no el primero. Van a someter a duras tensiones al SPD y a los sindicatos, con los que mantiene fuertes vínculos, y se arriesgan a que este desgaste provoque rupturas dentro del SPD, como se ha escuchado de algunos analistas, los menos, que han advertido de una posible escisión de su ala izquierda. Este gobierno de coalición, que aplicaría inevitablemente un programa de ataques a los trabajadores, daría una tremenda oportunidad para que el Partido de la Izquierda extendiese su apoyo.

La posible gran coalición también está polarizando el movimiento sindical. Mientras que los dirigentes más moderados de algunos sindicatos buscarán llegar a un acuerdo con ese gobierno y de este modo impedir un enfrentamiento, el presidente del IG Metall, Jürgen Peters, se ha mostrado abiertamente a favor de un gobierno del SPD, los Verdes y el Partido de la Izquierda, criticando además la negativa del SPD a considerar esta opción. Esto es significativo porque Peters, como otros dirigentes sindicales, todavía tienen el carné del SPD; además, muchos dirigentes sindicales han apoyado o pedido el voto al Partido de la Izquierda. Peters dice que el SPD, los Verdes y el Partido de la Izquierda son los “aliados naturales” y que en el país hay “una mayoría de izquierdas”.

Alemania entra de lleno en el período de mayor inestabilidad desde la posguerra. La burguesía necesita eliminar las conquistas que los trabajadores alcanzaron durante décadas y para eso necesita un gobierno fuerte. El gobierno CDU-CSU con el SPD es una apuesta muy seria pero es su única salida. Lanzarán ataques contra el movimiento obrero igualmente serios porque también es su única salida. Es el carácter de esta época, el sistema capitalista ya no tiene nada que ofrecer salvo empeorar las condiciones de vida y trabajo.

La clase obrera ha sido la clave en estas elecciones, igual que lo fue en el triunfo del “no” a la constitución europea en Francia y Holanda. Dispone de profundas tradiciones y de los sindicatos más fuertes de Europa. El resultado del Partido de la Izquierda demuestra que hay un terreno abonado para construir una alternativa revolucionaria, marxista. Antes o después, los trabajadores encontrarán el camino de esa alternativa.


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