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La antigua locomotora de la economía europea, Alemania, está pasando por una profunda crisis económica y social, con la economía estancada desde hace tres años y más de cuatro millones de parados. La antigua locomotora de la economía europea, Alemania, está pasando por una profunda crisis económica y social, con la economía estancada desde hace tres años y más de cuatro millones de parados. Esto, unido a la necesidad de las grandes corporaciones germanas de mantener sus tasas de beneficios a costa de las condiciones de vida de los trabajadores, ha llevado al gobierno de coalición socialdemócrata de Schröder a plantear una serie de medidas (conocidas como leyes Hartz IV) para desmantelar el estado del bienestar en Alemania. En concreto se plantea reducir las prestaciones por desempleo de larga duración al nivel de las de la Seguridad Social, es decir a 345 euros mensuales en el oeste y a 331 en el este, al tiempo que se pretende que los desempleados acepten trabajos de un euro la hora en el sector público, sustituyendo así empleo de calidad por otros muy mal pagados. Junto a estas medidas también se está estudiando la reducción de impuestos para los más ricos. Por supuesto que los democristianos, la patronal y las iglesias católica y protestante respaldan incondicionalmente las “reformas” del gobierno, al tiempo que esperan aprovecharse del desgaste que le producirán medidas tan impopulares.

Las crisis del reformismo

es la crisis del capitalismo

Este tipo de ataques a las conquistas históricas de la clase obrera no se limitan a Alemania sino que se extienden por toda la Unión Europea. Son un síntoma de la crisis global del capitalismo. Bajo estas circunstancias la socialdemocracia se ve abocada no ya a una política de reformismo sin reformas sino de contrarreformas abiertas, aplicando directamente la política de la patronal. Sin embargo, esta política esta suponiendo un desgaste considerable para el partido socialdemócrata alemán (SPD) profundizando su crisis interna, lo que significa un abandono de la militancia y un aumento de las divisiones internas. En primer lugar sus planes de ajuste han llevado a la movilización de decenas de miles de parados, pensionistas y trabajadores que todos los lunes desde principios de agosto, siguiendo la tradición de 1989, se manifiestan en más de doscientas ciudades. El centro de las protestas se encuentra en el este, la antigua RDA, donde el paro es más del doble que en el oeste, especialmente en las ciudades de Leipzig, Berlín y Magdeburgo. Sin duda, estos últimos ataques han servido para despertar el descontento de los trabajadores del este hacia las falsas promesas que se les hicieron hace quince años durante la reunificación. En vez de la idílica perspectiva de un desarrollo progresivo y democrático bajo el capitalismo se han encontrado con la dura realidad en forma de paro masivo y recortes salvajes a la cobertura social. En cualquier caso, como ha dicho Oskar Lafontaine, la principal contradicción en Alemania no es entre el este y el oeste sino entre ricos y pobres.

Por desgracia los lideres de la protesta, tanto Lafontaine, comprometido en el pasado en los mismos planes de recortes del SPD que hoy denuncia, como la dirección reformista del PDS (Partido del Socialismo Democrático, el antiguo partido estalinista de la RDA) son incapaces de dar una clara perspectiva anticapitalista a la protesta, único modo de conseguir la victoria sobre el gobierno de coalición de los verdes y el SPD.

Como consecuencia de todo ello continua la debacle electoral del partido de Schröder. En las elecciones federales del Sarre, celebradas el 5 de septiembre, el SPD cosecho los peores resultados en cuarenta años con una perdida del 40% de su electorado. Más importante si cabe son los resultados en las elecciones federales de Sajonia y Brandeburgo, dos estados del este, del pasado 19 de septiembre. En ellas tanto el SPD como los democristianos de la CDU son castigados duramente por el apoyo a la agenda neoliberal del gobierno.

El verdadero significado

de los resultados electorales

El voto se ha polarizado a izquierda y derecha reflejando así el proceso de polarización social que vive la sociedad alemana. Esto se ha expresado de una manera mucho más fuerte por la izquierda, ya que el PDS ha crecido con fuerza y se ha consolidado además como segunda fuerza política en ambos estados (con un 28% de votos en Brandeburgo y un 23,6% en Sajonia). En Brandeburgo especialmente el voto del PDS se concentra en los distritos obreros, antiguos feudos socialdemócratas, lo cual demuestra como la clase obrera esta buscando una alternativa a la izquierda.

La prensa burguesa ha destacado con grandes titulares que la ultraderecha aumenta sus votos y logra asientos en los dos parlamentos regionales. En realidad, una gran parte del voto a la ultraderecha tiene más un carácter de voto protesta contra los recortes sociales del gobierno que de convicción ideológica. Incluso entre los parados, un sector supuestamente permeable a la demagogia ultraderechista, el voto sigue decantándose por las opciones de izquierda como demuestra el caso de Brandeburgo donde un 59% de los parados vota al SPD y al PDS frente a un escaso 26% que vota a la derecha y a la extrema derecha.

La situación actual en Alemania empieza a tener muchos parecidos con la del periodo de entreguerras cuando la profunda quiebra económica llevo al colapso de la república de Weimar. Hoy, es evidente el desapegó de los trabajadores, desocupados y pensionistas alemanes hacia el parlamentarismo burgués y el capitalismo, incapaz de ofrecerles otra cosa que paro masivo y recortes en sus derechos sociales. Ellos han expresado con su voto y a través de la movilización en la calle la necesidad de una política revolucionaria. Tarde o temprano, esta presión por abajo transformara de arriba a abajo a los partidos de la izquierda alemana y les obligara a luchar no por recuperar el viejo modelo reformista de la posguerra, inviable bajo las condiciones actuales del capitalismo mundial, sino por la transformación socialista de la sociedad, único modo en el que hoy pueden los trabajadores alemanes garantizar el mantenimiento de sus condiciones de vida.