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En la lucha interna que se está produciendo en el PP los bandos enfrentados están utilizando todo tipo de armas para derrotar al adversario. Se espían unos a otros, filtran a la opinión pública que se está produciendo este espionaje, mientras acumulan expedientes comprometedores listos para ser usados cuando se considere el mejor momento.
En la lucha interna que se está produciendo en el PP los bandos enfrentados están utilizando todo tipo de armas para derrotar al adversario. Se espían unos a otros, filtran a la opinión pública que se está produciendo este espionaje, mientras acumulan expedientes comprometedores listos para ser usados cuando se considere el mejor momento.

Este ha sido el régimen interno reinante en el principal partido de la burguesía española en los últimos meses. El fondo de este enfrentamiento están las diferencias sobre la forma de actuar para mantener sojuzgada a la clase obrera y la imagen de mayor o menor dureza que la derecha debe dar al conjunto de la sociedad.
Para unos, cuyas tesis fueron las vencedoras en el congreso del PP de junio, la mejor estrategia es la de disfrazarse de derecha moderna, democrática y razonable, para, ayudados por la política del gobierno de Zapatero, que no está resolviendo ninguno de los principales problemas que afectan a la mayoría de la población, desmovilizar en el terreno electoral a los trabajadores, poder ganar las elecciones generales y poder desactivar la polarización política reinante en este país desde hace años. Para los otros, lo mejor es el enfrentamiento frontal en todos los terrenos. Consideran a los dirigentes obreros débiles, desprecian su capacidad de respuesta y piensan que atacando sin dar respiro a estos dirigentes, pueden mantener doblegada a la clase obrera y más movilizada a su base electoral.
Hasta ahora hemos tenido un equilibrio inestable en el que los dos bandos se han estado lanzando ataques a fondo. Pero con la puesta en marcha de la llamada operación Gürtel contra una presunta red de corrupción y tráfico de influencias desarrollada en las localidades madrileñas de Boadilla del Monte y Majadahonda, Valencia, Marbella (Málaga) y Sotogrande (Cádiz), que se ha saldado con la detención hasta el momento de seis personas próximas al PP, todo está descontrolado. Entre los imputados figuran el hasta ahora alcalde de Boadilla del Monte (Madrid), Arturo González Panero, que dimitió finalmente, y el ex alcalde de Majadahonda y gerente del Mercado Puerta de Toledo, Guillermo Ortega. El asunto es tan grave que están salpicados Francisco Camps, presidente de la Comunidad Valenciana y Luis Bárcenas, tesorero nacional del PP.

Aguirre, obligada a aplazar la ofensiva

Todo parece indicar que el sector encabezado por Esperanza Aguirre estaba afilando los cuchillos para lanzar una dura ofensiva contra Rajoy y su equipo en la perspectiva de un fracaso en las elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi. Una caída importante en Euskadi y, sobre todo, la no consecución de la mayoría absoluta en las elecciones gallegas, sería considerado la señal para el asalto definitivo contra Rajoy y la actual estrategia estatal del PP. Es indudable que Rajoy era consciente de esta situación y esa es la razón por la que echó toda la carne en el asador en la campaña electoral gallega. Finalmente el PP sí ha conseguido la mayoría absoluta en Galicia y aunque en Euskadi el retroceso del PP es notable, esto lo consideran secundario con respecto al hecho de haber recuperado el gobierno de la Xunta [ver balance de las elecciones gallegas y vascas en las páginas 10 y 11]. Rajoy ha conseguido con estos resultados un importante balón de oxígeno en la batalla interna del PP.
Es evidente que la presidenta de la Comunidad de Madrid tendrá que esperar a otro momento para lanzar su ofensiva, pero esto no significa, ni mucho menos, que la batalla interna del PP se haya cerrado. Lo más seguro es que vuelvan a la guerra de guerrillas para pasar nuevamente a la ofensiva cuando consideren que ha llegado el momento apropiado. En junio de este año se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. Es muy probable que este acontecimiento sea tomado como otro punto decisivo para volver a la carga. Mientras tanto asistiremos a maniobras por parte de uno y otro bando en la línea de lo vivido desde el congreso de junio.
De todas formas hay un factor que no entra en los cálculos de ninguno de estos dos sectores: la entrada en escena de la clase obrera. Los sindicatos CCOO y UGT, están haciendo todo lo posible por mantener la paz social y por contener a los trabajadores, pero es más que probable que no consigan hacerlo por mucho más tiempo. Ninguna táctica de la burguesía podrá evitar, a la postre, que la clase obrera enseñe sus músculos y se de un proceso de agudización de la lucha de clases y de profundización de la polarización política.