Corriente Marxista Internacional

un anticipo de lo que nos espera

Si el malestar acumulado por los trabajadores en los últimos años no se ha expresado ya de forma explosiva se debe, sin duda, a la actitud de las actuales direcciones de CCOO y UGT, que han renunciado sistemáticamente a la movilización para defender nuestros derechos. Pero podemos ver un pequeño esbozo de la verdadera situación observando conflictos como el reciente paro en el sector del transporte, donde, por encima de la confusión propia de una movilización de este tipo, afloraba la desesperación de los trabajadores autónomos, obligados a trabajar hasta la extenuación para poder malvivir en la "nueva" realidad del mercado.

un anticipo de lo que nos espera

 

Si el malestar acumulado por los trabajadores en los últimos años no se ha expresado ya de forma explosiva se debe, sin duda, a la actitud de las actuales direcciones de CCOO y UGT, que han renunciado sistemáticamente a la movilización para defender nuestros derechos. Pero podemos ver un pequeño esbozo de la verdadera situación observando conflictos como el reciente paro en el sector del transporte, donde, por encima de la confusión propia de una movilización de este tipo, afloraba la desesperación de los trabajadores autónomos, obligados a trabajar hasta la extenuación para poder malvivir en la "nueva" realidad del mercado.

Una de las características de este sector es su gran atomización. El 90% de las más de 130.000 empresas poseen menos de 5 vehículos. De este porcentaje, una gran parte son trabajadores autónomos, quienes, tanto por sus condiciones laborales como por sus ingresos, tienen mucho más que ver con cualquier obrero asalariado que, por supuesto, con las grandes patronales del transporte. No es casualidad que demandas como la modificación del reglamento para impedir que el conductor realice labores de carga y descarga, el aumento de las áreas de descanso, o la jubilación a los 60 años, figuren entre las reivindicaciones de los huelguistas. Estas son cuestiones que no afectan en absoluto al empresariado de las grandes compañías, pero vitales para aquellos que son, con frecuencia, "el obrero de su propia empresa".

La violenta represión que han sufrido los transportistas también continúa y profundiza la política de represión y criminalización de las luchas en los últimos años, y es un anticipo del tratamiento que recibiremos en próximas movilizaciones. A la muerte de un trabajador en un piquete en Granada, hay que sumar más de un centenar de detenidos desde el inicio de la huelga. El gobierno ha actuado como un efectivo esquirol, facilitando la escolta de casi 14.000 camiones. El ministerio del interior establecía un operativo de más de 25.000 agentes de la Policía y de la Guardia Civil y el ministro Rubalcaba advertía a los piquetes que "las fuerzas del orden tienen instrucciones para actuar con la máxima contundencia", algo que pudieron comprobar muy especialmente los camioneros concentrados en la frontera con Francia. Todas estas medidas llevadas a cabo con la total complacencia de la Confederación Nacional del Transporte de Mercancías, que agrupa a los grandes empresarios del sector, y que no convocaba el paro. A ellos les viene muy bien que la actual crisis "limpie" lo más posible el panorama del transporte, eliminando a los más débiles.

Por supuesto, para justificar la represión hacia los camioneros han contado con la impagable ayuda de los "independientes" medios de comunicación. La prensa y la televisión se han empleado a fondo para generar confusión y minar las simpatías hacia los camioneros. Histéricos tertulianos, muchos supuestamente "progres", alineados incondicionalmente con el gobierno del PSOE, presentaban a los huelguistas como criminales violentos y generaban la alarma agitando el fantasma del desabastecimiento, aún cuando los propios minoristas negaban esa situación, salvo en casos puntuales. De hecho, los casos de desabastecimiento en gasolineras, supermercados, etc. fueron provocados por la campaña interesada desde los medios de comunicación, y debidos a compras masivas, antes que a escasez de productos.

Por supuesto, el PP trató de sacar partido de esta situación para hacer su campaña anti-PSOE con relativa facilidad. La intervención de Pilar Rahola en Antena3 despotricando contra los piquetes con argumentos cuasi -fascistas, permitió a  Celia Villalobos del PP desarrollar toda la demagogia de la derecha y ¡aparecer como la única que comprendía y apoyaba a los transportistas!

Finalmente el conflicto se saldó con un acuerdo que beneficia fundamentalmente a los grandes y que no solucionará ninguno de los problemas de los trabajadores autónomos, pero que nos muestra las dificultades a las que los trabajadores nos enfrentaremos en esta nueva etapa de la lucha de clases. Leyes como la Ley de Partidos y otras, aprobadas con la excusa de la lucha antiterrorista servirán (ya lo están haciendo) para castigar a los trabajadores que más se destaquen en tal o cual huelga o movilización, etc... el encarcelamiento de los sindicalistas Carnero y Morala el año pasado abrió la veda para un nuevo recorte de derechos democráticos.

La burguesía tiene muy claro a qué deberá enfrentarse en el próximo periodo y se prepara con todo su arsenal, judicial, policial y propagandístico. También los trabajadores debemos prepararnos para afrontar en las mejores condiciones las inevitables luchas, si queremos impedir que todo el peso de la crisis provocada por su sistema recaiga una vez más sobre nuestras espaldas.


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