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El 8 de mayo la policía nacional tomaba la comisaría de la policía municipal de Coslada y detenía nada menos que a 26 agentes (13 están encarcelados en Alcalá Meco). En pocas horas, los alrededores del edificio se llenaban de vecinos que celebraban estas detenciones, dejando al descubierto una de las mayores tramas de corrupción policial de los últimos años.

El 8 de mayo la policía nacional tomaba la comisaría de la policía municipal de Coslada y detenía nada menos que a 26 agentes (13 están encarcelados en Alcalá Meco). En pocas horas, los alrededores del edificio se llenaban de vecinos que celebraban estas detenciones, dejando al descubierto una de las mayores tramas de corrupción policial de los últimos años.

Lo que ha ido trascendiendo de la investigación pone los pelos de punta: un grupo de policías autodenominado El Bloque (según diferentes medios, algunos de ellos con esta palabra o su número de placa tatuada) funcionaba como la guardia pretoriana de un personaje conocido como el sheriff, Ginés Jiménez (el jefe de la policía municipal de Coslada... ¡desde 1986!); una lista de cargos como la que sigue: asociación ilícita, incitación a la prostitución, abusos sexuales, contra la integridad moral, extorsión, amenazas, lesiones, sustracción y apropiación indebida de efectos, drogas y dinero, prevaricación, cohecho, estafa, tenencia y depósito de armas y un delito contra la administración de justicia (manipulación de partes y actas); jóvenes inmigrantes obligadas a prostituirse por la alianza entre sus chulos y los policías detenidos (con "argumentos" como: "porque yo soy policía y tú puta" o exigiendo uno de los jefes de la trama a sus subordinados que fueran "chulos y convincentes" con ellas), una auténtica mafia que daba palizas (por encargo, por negocios o por placer), que hostigaba a jóvenes cada fin de semana sólo por su aspecto y que, por supuesto, no ha hecho absolutamente nada ante la escalada de agresiones fascistas por todo el Corredor del Henares (Coslada, San Fernando, Alcalá, Torrejón...) que jóvenes, trabajadores y organizaciones de la izquierda venimos sufriendo los últimos años.

Completa impunidad

Durante estos años, el sheriff ha estado comportándose como un auténtico cacique, nadie podía abrir un establecimiento sin "pasar por la vicaría" (en sus propias palabras), es decir, pasar por su despacho a negociar la mordida, que podía concretarse en metálico, cajas de puros Montecristo a 500 euros la caja...; por supuesto, tenía acceso por la cara a cenas, copas en el local que le apeteciera y suponemos que habrá más que aún no nos han contado o que no lo harán nunca, porque puede afectar a muchas "personalidades públicas", con las que este personaje se ha ido relacionando a lo largo de 22 años. Un ejemplo de esto es una grabación donde el sheriff, "con ocasión de la boda de un mando de la Guardia Civil, ofrece por teléfono a los invitados ‘poner un coche camuflado oficial de escolta' para que franqueen libremente cualquier control de alcoholemia" (El País, 27/5/08).
Su impunidad ha sido total, como se desprende de los siguientes hechos: el sheriff acumuló 19 faltas sólo entre 1999 y 2002 (¡13! graves y 6 leves); en 2001 fue suspendido de empleo y sueldo por problemas con la plantilla pero regresó a su puesto; en 2003 fue absuelto por la Audiencia de Madrid de tres delitos de detención ilegal "por falta de pruebas"; En junio de 2005, un informe del departamento municipal de Recursos Humanos alertaba de una situación "potencialmente explosiva" en la policía municipal de Coslada. Y con este currículum de faltas y denuncias siguió en su puesto. Se creían a salvo de todo control, y durante un tiempo ha sido así. Una de las últimas noticias del caso ha sido sobre los manejos del sheriff con un juez de Coslada para "arreglar" la denuncia por violencia de género que tenía uno de sus agentes, y algunos empiezan a hablar de sus intereses inmobiliarios, tanto en Coslada como la extensión de sus tentáculos a Madrid y su vinculación con algunos implicados en la operación Guateque (sobornos y corrupción inmobiliaria en la capital).

El papel de las Bescam

Es más que probable que ante lo escandaloso y descontrolado de la situación, se haya decidido poner fin a esto. También es verdad que este no es un caso aislado, quizá sí más escandaloso que otros, pero no aislado. Prácticamente todas las semanas la propia prensa burguesa publica noticias sobre policías nacionales, municipales, guardias civiles implicados en todo tipo de delitos (drogas, prostitución, matones en horas libres, etc.). Lo "novedoso" en esta ocasión es, por un lado, que siendo vox populi no haya trascendido antes (algo estaba muy podrido en Coslada) y, por otro lado, la implicación hasta la médula de las Brigadas Especiales de Seguridad de la Comunidad de Madrid (las flamantes Bescam de Esperanza Aguirre). Bien conocidos por los jóvenes de las poblaciones de la comunidad donde están desplegados, son agentes adscritos a las policías municipales pero formados y dependientes de la Comunidad de Madrid. Aunque no hay espacio aquí para relatar sus hazañas, sí merecen la pena algunos datos: de los 148 agentes de la policía municipal de Coslada, 80 son de las Bescam; de los 26 detenidos, 14 están adscritos a ellas. Y un último dato significativo: en una insólita conferencia de prensa, una veintena de jefes de policías municipales de todo el Estado, pertenecientes a diferentes asociaciones, después de intentar limpiar un poco su imagen, piden a la Comunidad de Madrid que prime la "formación intelectual" de los agentes, explicando que tienen "un concepto de seguridad ciudadana basado en la lucha contra la criminalidad". A poco que se lea entre líneas queda claro qué tipo de policía está formando el PP en Madrid. Es más que probable que el caso de Coslada no sea más que el primero de una serie en que veremos cada vez mayor implicación de este tipo de elementos.
Como Engels y Lenin explicaron, analizando el Estado, éste podía reducirse en el fondo a "destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su disposición cárceles y otros elementos" para defender la propiedad (en el caso del capitalismo, obviamente la propiedad privada de los medios de producción). Lo cual no es obstáculo para que, en muchos casos, estos mismos hombres armados se sirvan de esa fuerza para defender sus propios intereses.
Por la depuración de elementos mafiosos y fascistas del aparato del Estado