Corriente Marxista Internacional

La legislatura que ahora se inicia estará marcada por la brusquedad y la profundidad del cambio en la situación económica mundial y española. La recesión, o en todo caso la severa ralentización de la economía, tendrá un gran impacto en la sociedad, no sólo por los efectos en el empleo y otros cambios que afecten negativamente las condiciones de vida de los trabajadores, sino por todos los aspectos políticos y sociales que se han ido acumulando durante años y que esta crisis pondrá de relieve.

La legislatura que ahora se inicia estará marcada por la brusquedad y la profundidad del cambio en la situación económica mundial y española. La recesión, o en todo caso la severa ralentización de la economía, tendrá un gran impacto en la sociedad, no sólo por los efectos en el empleo y otros cambios que afecten negativamente las condiciones de vida de los trabajadores, sino por todos los aspectos políticos y sociales que se han ido acumulando durante años y que esta crisis pondrá de relieve.

* Señalamos, muy resumidamente, los puntos más destacados que pueden caracterizar la presente legislatura, los efectos que pueden tener en la conciencia de la clase obrera a corto y medio plazo y las tareas que se desprenden de toda la situación.
 La crisis influirá en el balance del periodo anterior. El capitalismo ha ofrecido lo mejor que podía dar de sí y el saldo es bastante pobre. Partiendo de la lógica del reformismo, si había un periodo con condiciones favorables para reformas sociales, para un reparto efectivo del pastel, y todo ello sin arreciar el enfrentamiento entre las clases ni afectar los intereses fundamentales de los capitalistas, éste se produjo durante los últimos cuatro años, en el que se combinó un crecimiento espectacular de la economía y un gobierno socialdemócrata. Primero crecer, luego repartir, ¿no era así? Esa receta tan "lógica", tan "realista", tan de "sentido común", no se ha producido; y ya están aquí las vacas flacas.
En aras del crecimiento económico, que se prometía indefinido, los dirigentes de CCOO y UGT aceptaron como eje de su acción sindical la moderación de los salarios y el desmantelamiento de las conquistas sociales. Prometieron sacrificios hoy para garantizar la estabilidad del mañana. Eso era la quintaesencia del sindicalismo realista. Pero la crisis ha engullido el mañana en una espesa nube de incertidumbre y los sacrificios han demostrado, brutalmente, para qué han servido: para llenar los bolsillos de los grandes capitalistas.
* Una vez asumido que el cambio de panorama económico es un hecho, la manera con que se afronta esta crisis desde el poder y qué actitud mantienen los dirigentes obreros ante ella pesará, y mucho, en la respuesta de los trabajadores. Ahí también se está produciendo un cambio abrupto. Después de años justificando que el Estado no podía dedicarse a salvar puestos de trabajo para no influir en la dinámica del "libre mercado" ahora resulta que, sin transición ninguna, este mismo Estado no escatima actos de generosidad para salvar a los banqueros, constructores y especuladores (aunque todo es uno), "inyectando liquidez al sistema" y rebajando impuestos. Después de años y años en los que la burguesía, y detrás de ellos todo el coro de reformistas, alertaban de la "quiebra" de la seguridad social, de la "insostenibilidad de los gastos sociales", etc. ahora resulta que el tan vanagloriado superávit fiscal se va a gastar, sin mayor debate y en un santiamén, en paliar las consecuencias del festival de especulación protagonizado por los millonarios, por supuesto sin cobrarles nada por los servicios.
Además, según los últimos datos, el superávit del primer trimestre se ha reducido a la mitad frente al mismo periodo del año anterior, por la acelerada caída en la recaudación del IVA.
* Se verá que estas medidas, aparte de ser una tomadura de pelo de dimensiones históricas, no servirán para nada. El dinero público se dilapidará, pero la crisis probablemente continuará. Además, se seguirán exigiendo los mismos sacrificios de siempre a la clase obrera: contención salarial, ajuste de los gastos sociales, pérdida de derechos, etc., con un añadido nuevo: la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo.
* La crisis impactará en la situación y en la percepción de otras capas de la sociedad, no sólo de las masas de la clase obrera. El cambio de ciclo afectará también a sectores de la pequeña burguesía y capas más privilegiadas de los asalariados, muchos de ellos con un tren de vida asentado sobre montañas de deudas que no podrán afrontar, o que tendrán que afrontar con mucha más dificultad pues a ellos también les afectará la disminución del negocio o el desempleo. En América Latina la crisis económica de los 90 afectó de lleno a capas sociales que creían que los problemas sociales no iban con ellos. Dependerá de su profundidad, pero la crisis también puede traer grandes dislocaciones sociales en el llamado primer mundo, cuyos efectos políticos tendremos que analizar, pero que, en general, contribuirán a incrementar el clima de inestabilidad política.
* La crisis obligará a la clase obrera a defenderse, en un contexto en el que la autoridad de los dirigentes sindicales está muy mermada por su política de pacto con los empresarios y su complicidad con las recetas de la burguesía para salir de la crisis. La actual generación de dirigentes sindicales oficiales no se han bregado en la lucha contra la dictadura, sino en los despachos y en las "cenas de trabajo". La crisis puede acelerar la cristalización de una generación de luchadores que imprima un giro a la izquierda en las organizaciones sindicales.

El gobierno, rumbo a la derecha

* Zapatero ha conformado un equipo ministerial incrementando el peso y el número de personas ostensiblemente ajenas al movimiento obrero o las tradiciones socialistas, y con vínculos más que visibles con el gran capital como Solbes (vicepresidente), Sebastián (Industria) o la nueva ministra Garmendia (Ciencia e Innovación), que pertenece a la junta directiva de la CEOE. Este hecho, unido a su poco disimulada disposición a llegar a acuerdos con CiU y el PNV, indica un giro a la derecha en las intenciones del gobierno. La gravedad de la crisis puede agudizar todavía más esta deriva hacia la derecha.
No obstante, hay que recordar que la victoria de Zapatero obedece en mucha más proporción a la voluntad de la clase obrera de cerrar el paso al PP que a las ilusiones en la política del gobierno del PSOE. Las declaraciones del presidente en el debate de investidura y en la noche electoral diciendo explícitamente que, a pesar de la crisis, gobernaría para los más débiles agudizará la contradicción entre las palabras y los hechos. Hasta el momento el gobierno de Zapatero no ha tenido un enfrentamiento general y abierto con el movimiento obrero, pero esto puede cambiar y muy rápido.
* La crisis de la derecha y el alejamiento temporal del peligro de una vuelta del PP al gobierno es un factor adicional que puede animar todavía más a la clase trabajadora a generalizar las  luchas reivindicativas, relacionadas con los aumentos salariales o la oposición a los despidos. Obviamente, el factor principal por lo que esta situación aún no se ha producido es la actitud deliberada y concienzudamente desmovilizadora de los dirigentes sindicales.
* En general asistiremos, a mayor o menor ritmo, y afectando de forma desigual a distintas capas de las masas, a un proceso de deslegitimación del sistema capitalista, que se revela incapaz de ofrecer otra cosa que no sea proporcionar beneficios multimillonarios a unos cuantos, muy bien relacionados con el poder estatal, mientras que a la mayoría de la sociedad sólo se ofrecen más y más sacrificios y retrocesos en sus condiciones de vida, siendo indiferente si hay crecimiento económico o si hay crisis.
* Inevitablemente este clima empujará a los sectores más conscientes de la juventud y de la clase obrera a buscar una explicación de fondo de la crisis general del capitalismo y una alternativa programática y de lucha en positivo. En el lado contrario, la burguesía se está preparando para afrontar la escalada de luchas y la creciente politización de un sector de la juventud y de la clase obrera, con todo tipo de medidas represivas y maniobras políticas con el fin de dividir, confundir y desmoralizar a los trabajadores. La represión y las maniobras de despiste se harán más necesarias cuanto más incapaz se muestre el reformismo de controlar y manipular el movimiento obrero.
* De todo esto se desprende la necesidad urgente de construir una alternativa marxista revolucionaria, con una presencia decisiva en las fábricas, barrios, institutos y facultades. Sólo el programa del marxismo podrá canalizar la energía revolucionaria que desplegarán las masas hacia el camino victorioso de la transformación socialista de la sociedad.
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