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En abril de 1993, hace 15 años, un joven de Burjassot (Valencia) llamado Guillem Agulló, a punto de cumplir 18 años y lleno de ganas por cambiar el mundo, moría en Montanegros, Castellón. El motivo: llevar pintas y una pegatina antirracista. Guillem, militante de Maulets, se encontraba con compañeros suyos en un bar cuando un grupo de neonazis organizados irrumpió, como tantas otras veces, a provocar, amenazar y por último agredir; uno de ellos dio el navajazo de muerte a Guillem.

El tiempo transcurrido desde entonces deja al descubierto muchas cosas. En primer lugar, lo bien relacionados que están los elementos fascistas y sus organizaciones con las instituciones y los que detentan el poder. Y lo imposible que es hacer justicia plena en este sistema capitalista. Mientras cuatro de los cinco miembros de esa banda nazi no fueron detenidos, las manifestaciones antifascistas fueron en ocasiones acosadas y reprimidas por la policía. Los medios de comunicación manipularon hasta tal punto que el periódico valenciano Las Provincias intentó crear el bulo de que el asesino, Pedro Cuevas, había tenido contacto con organizaciones y radios de izquierda; el típico intento de relativizar el trasfondo político y de comparar a los fascistas con los que luchamos contra ellos.
Finalmente, tres años después, se celebró el juicio: todos los integrantes de la banda fueron absueltos menos Pedro Cuevas, autor del navajazo, y no se reconoció ningún móvil político. Este sujeto fue condenado a 14 años de cárcel, pero sólo cumplió 4; la impunidad de estos elementos es tan grande que el tipo se presentó en las últimas municipales, en Xiva, por el partido franquista Alianza Nacional, cuyos altos cargos han sido condenados por agresiones fascistas.
Las bandas fascistas, racistas, españolistas, organizadas con la escoria de la sociedad al servicio de los ricos, siguen actuando impunemente. La rabia por la última víctima mortal, Carlos Palomino, todavía está fresca en nosotros. Esta monarquía capitalista y españolista empezó su reinado con 30 asesinados por fascistas y policías en su primer año, y continúa y continuará con represión a cualquier intento de luchar y organizarse.
Frente a esto la alternativa no es esconderse, no darles publicidad, como nos aconsejan los reformistas. Cualquier trabajador, joven, con ideas de izquierdas debe movilizarse contra unas bandas que son su enemigo, que en determinado momento pueden ir a por él cuando decida luchar. Esa es la idea que hay que popularizar: extender la lucha contra el fascismo, explicar que intentan dividirnos a los trabajadores según donde hayamos nacido, para poder exculpar a los capitalistas del aumento brutal del paro que se avecina y, sobre todo, organizarse contra este sistema.