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Los resultados electorales del 9 de marzo en la Comunidad de Madrid han presentado algunas características particulares que, a primera vista, parecen diferir de las tendencias generales observadas en la mayoría de las comunidades autónomas. Desde luego, la clara victoria electoral del PP en Madrid destaca no sólo por el diferencial de votos respecto a los obtenidos por el PSOE, sino porque esa victoria se ha conseguido con un importante aumento del número total de votantes, y porque se ha producido también en barrios obreros de la capital que, como Carabanchel, votaban al PSOE en pasadas elecciones, o en municipios industriales del sur, como Móstoles o Alcorcón, que eran tradicionalmente plazas fuertes de la izquierda.

Los resultados electorales del 9 de marzo en la Comunidad de Madrid han presentado algunas características particulares que, a primera vista, parecen diferir de las tendencias generales observadas en la mayoría de las comunidades autónomas. Desde luego, la clara victoria electoral del PP en Madrid destaca no sólo por el diferencial de votos respecto a los obtenidos por el PSOE, sino porque esa victoria se ha conseguido con un importante aumento del número total de votantes, y porque se ha producido también en barrios obreros de la capital que, como Carabanchel, votaban al PSOE en pasadas elecciones, o en municipios industriales del sur, como Móstoles o Alcorcón, que eran tradicionalmente plazas fuertes de la izquierda.

Al mismo tiempo, el PSOE sufría una significativa merma de votos -4,66 puntos porcentuales, la mayor bajada de los socialistas en el Estado español- que ni siquiera se pudo compensar con el desplazamiento de votantes de IU al PSOE por el efecto del "voto útil".

¿Giro a la derecha?

Naturalmente, para los comentaristas políticos de la derecha, y sobre todo para ese sector de la prensa y la intelectualidad burguesa especializados en "aconsejar amistosamente" a los socialistas, este resultado es la más palpable manifestación de la supuesta derechización de la sociedad madrileña, lo que vendría a situar la clave para ganar las elecciones en la famosa conquista del "centro político" a través de la moderación en el programa, y que debería servir como acicate para que el eje político del nuevo gobierno de Zapatero fuese la incansable búsqueda de consenso con el PP.
Lejos de esa interpretación interesada, los marxistas vemos en estos resultados una consecuencia de la ausencia de respuestas efectivas desde el gobierno del PSOE ante la avalancha de problemas y dificultades que están sufriendo cientos de miles de familias trabajadoras de Madrid. La maravillosa ola de movilizaciones populares que condujeron al acorralamiento del último gobierno del PP y que prepararon la victoria de Zapatero en 2004, no se ha diluido en la nada. Durante meses, una y otra vez, los trabajadores mostraron no sólo su oposición tajante a la política del PP, especialmente a la participación en la guerra de Iraq, sino que manifestaban una indudable voluntad de cambiar sus condiciones de vida. Fue esta oleada de movilización entusiasta la que condujo directamente a que el PSOE convirtiese sus 1.023.000 votos de las generales de 2000 en 1.544.000, con un vertiginoso incremento de más de medio millón de votos.
La experiencia de los cuatro años del primer gobierno Zapatero no ha podido ser más frustrante para una buena parte de los votantes entusiastas que le llevaron al gobierno hace cuatro años. Y aunque la decepción con el PSOE es general en todo el estado, las especiales circunstancias de crisis social que atraviesa la Comunidad de Madrid explican que un sector de los trabajadores haya considerado que ni siquiera el objetivo de parar al PP justifica dar un voto a un partido que no sólo no ofrece futuro, sino que incluso parece vivir de espaldas al presente, instalado en la complacencia con las grandes cifras macroeconómicas y completamente ajeno ante los problemas cotidianos de su base social.

Crisis social

Y es que, a pesar del optimismo de nuestro gobierno y de la propaganda de los medios de comunicación vinculados al capital financiero, la situación de un número cada vez mayor de trabajadores madrileños, y de forma muy especial de los menores de 30 años, no sólo se deteriora día a día, sino que no se vislumbra ninguna esperanza de que algún día las cosas vayan a cambiar a mejor.
El primer indicador de la gravedad de la crisis social de Madrid es la drástica reducción de los salarios. De acuerdo con los datos registrados en 2006 por la Agencia Tributaria, el 48% de los asalariados madrileños cobra menos de dos veces el Salario Mínimo Interprofesional (1.080 euros). Esta situación salarial es tanto más grave si se tiene en cuenta que Madrid se encuentra, de acuerdo con el estudio comparativo de precios e ingresos preparado por el banco suizo UBS, entre las 25 ciudades más caras del mundo. Para hacernos una idea, Madrid es bastante más cara (a igualdad de poder adquisitivo) que Miami, Los Ángeles o Chicago.
Una de las expresiones más claras de la gravedad de esta situación se encuentra en las dificultades con las que se topa cualquier joven que quiera acceder a su primera vivienda. A día de hoy, una pareja joven que cobre el salario medio de su franja de edad, difícilmente puede hacer frente al alquiler de una vivienda digna si no es con el apoyo de sus familias. Y de esta forma, un sector muy numeroso de trabajadores, comprueba que a sus 50 o más años, y después de haber conseguido gracias a la lucha y al esfuerzo colectivo una situación algo desahogada, sus hijos lo van a tener extremadamente duro para conseguir equipararse a ellos.
Es este sector de asalariados quien peor ha encajado los comentarios optimistas de Zapatero a lo largo de la campaña electoral, y muy especialmente en sus debates con Rajoy. La insistencia de Zapatero en las bondades económicas de su mandato y sus esfuerzos por minimizar el alcance y gravedad de la presente crisis económica, fueron lo que permitió a Rajoy una exhibición demagógica de su preocupación por la gente de la calle, presentando, por ejemplo, las últimas subidas de precios de los alimentos (un problema mundial, que es una de las mayores demostraciones del carácter caduco del capitalismo) como si fuesen responsabilidad exclusiva del gobierno PSOE.

Incapacidad del PSOE en Madrid

Y frente a este despliegue demagógico del PP, la insistencia del PSOE en quitar hierro a los problemas de la vida cotidiana ha sido sentida por muchos trabajadores como una auténtica manifestación de indiferencia por parte de los socialistas, e inevitablemente, ha contribuido a debilitar el entusiasmo del año 2004.
Esta indiferencia del PSOE es mucho más grave si se tiene en cuenta que una gran parte del deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora madrileña procede directamente de las políticas antisociales del gobierno autonómico del PP. Y mientras Esperanza Aguirre y sus compinches se lanzan a una abierta campaña de liquidación de los servicios sociales de la Comunidad, mientras destrozan sistemáticamente la sanidad pública, mientras privatizan la enseñanza cediendo directamente centros públicos a empresarios privados (el colegio público de El Álamo, y la guardería municipal de Arroyomolinos han sido los primeros en seguir este camino), y mientras convierten las residencias de ancianos de la Comunidad en antros tercermundistas, donde incluso se raciona la comida y la más elemental asistencia sanitaria, el flamante secretario general del PSOE de Madrid, Tomás Gómez, se estrena en su cargo solicitando la abolición del impuesto de Patrimonio, un impuesto que en todo el estado afecta sólo a unos pocos miles de titulares de grandes fortunas.
Poco a poco, la crisis social de Madrid está encontrando su respuesta en el terreno de la lucha: limpieza del Metro, trabajadores de la empresa municipal de autobuses, trabajadores de la sanidad y los servicios sociales, están marcando los primeros pasos en el camino hacia una respuesta contundente a los ataques del PP. Y en este proceso el silencio y ausencia del PSOE han sido clamorosos. A diferencia de 2004, cuando la dirección del PSOE se esforzaba por aparecer vinculada a las movilizaciones, en estos últimos meses el PSOE de Madrid se ha mantenido al margen de las luchas. Y como era previsible, esta política ha acabado apartando a un sector de sus votantes de las urnas.

Capas medias e inmigración

Los primeros efectos de la crisis económica han tenido un serio efecto en la situación y el ánimo de las clases medias. Dos factores, muy relacionados entre sí, han tenido una especial relevancia en el fortalecimiento de la clase media en Madrid en los últimos años: el boom inmobiliario y la llegada masiva de trabajadores inmigrantes.
La burbuja inmobiliaria permitió hacer dinero fácil a personas que disponían de un segundo (o más) piso en propiedad, o que podían invertir en vivienda con ánimo especulativo. Al mismo tiempo, la llegada masiva de inmigrantes permitió a algunos asalariados establecerse por su cuenta, de forma muy especial en el sector de la construcción. Una buena parte de las casi 900.000 nuevas empresas que se crearon en el Estado español entre 2000 y 2006 se radicó, o desarrollaba gran parte de su actividad, en Madrid.
El impacto de estos cambios en la estructura social de la Comunidad de Madrid no es en modo alguno despreciable. Y tampoco es despreciable su efecto en el mapa político de la Comunidad, especialmente teniendo en cuenta que la contrapartida de esta importante creación de empresas no tiene expresión política debido a que los asalariados que han sustentado este boom son en gran medida inmigrantes sin derecho al voto.
Debido al peso del ladrillo y al alto grado de endeudamiento bancario, una buena parte de los pequeños empresarios que prosperaron en los últimos años ve su futuro en serio peligro. Tienen miedo, mucho miedo, ante el futuro, y por ello han sido muy receptivos a los aspectos más reaccionarios y repugnantes de la campaña del PP: el odio a los inmigrantes y la defensa de la "unidad de España" frente a vascos y catalanes. Y, lo más importante, en la medida en que el PSOE no ofreció una respuesta ante esta demagogia, en la medida en que no explicó cuál es la raíz de esta situación de deterioro, en la medida en que no presentó un programa que diese solución a las dificultades de la vida cotidiana de los trabajadores, facilitó que este veneno se extendiese y pudiese influir en sectores atrasados y con poca experiencia política.
En los próximos meses las luchas van a extenderse en la Comunidad de Madrid. El transporte público, y probablemente la enseñanza, protagonizarán las próximas acciones. Y estas luchas tendrán el efecto de clarificar ante los trabajadores donde están sus auténticos enemigos. El veneno racista y xenófobo del PP ha podido, temporalmente, tener un cierto efecto desmoralizador en la mentalidad de algunos trabajadores. Pero cuando la lucha sale a la calle, como ocurrió en la huelga de la limpieza del Metro, la nacionalidad, el idioma o el color de la piel dejan de tener la más mínima importancia. A pesar de los esfuerzos de los empresarios del sector por dividir a los trabajadores contratando a esquiroles de países del Este de Europa, en las manifestaciones gentes de todas partes gritaron al unísono "Nativa o extrajera, la misma clase obrera". Y ganaron, indicándonos así como la unidad de los trabajadores y la disposición a luchar son el único medio de defender nuestros derechos.
La clase obrera de Madrid está destinada a jugar un papel de primera línea en las batallas sociales y políticas que se avecinan en el conjunto del Estado, como ha ocurrido siempre en el pasado. Tarde o temprano, a pesar de todas las dificultades y distorsiones, todos los factores que han llevado a la derecha a ganar las elecciones en Madrid acabarán convirtiéndose en su contrario, y probablemente de un modo bastante acelerado y explosivo. Ésta es la perspectiva para la que tenemos que prepararnos.