Imprimir

A finales del año pasado, el Gobierno aprobaba la introducción de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) en el calendario vacunal (niñas de 11 a 14 años, antes de mantener relaciones sexuales), acompañado de todo un coro mediático de apoyos. Con esta decisión, España se suma a otros países europeos (Alemania, Reino Unido, Bélgica, Francia o Dinamarca). Curiosamente, ha sido el PP el principal impulsor de su introducción, ya anunciado en marzo del año pasado por Lamela, exconsejero de Sanidad de Madrid y principal responsable del dolor que se está provocando en los enfermos terminales -en todo el país- a raíz de sus mentiras y manipulaciones en el caso del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Y, también curiosamente, ninguna voz desde la izquierda ni desde las asociaciones de mujeres se ha preguntado si esta vacuna es necesaria.  

A finales del año pasado, el Gobierno aprobaba la introducción de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) en el calendario vacunal (niñas de 11 a 14 años, antes de mantener relaciones sexuales), acompañado de todo un coro mediático de apoyos. Con esta decisión, España se suma a otros países europeos (Alemania, Reino Unido, Bélgica, Francia o Dinamarca). Curiosamente, ha sido el PP el principal impulsor de su introducción, ya anunciado en marzo del año pasado por Lamela, exconsejero de Sanidad de Madrid y principal responsable del dolor que se está provocando en los enfermos terminales -en todo el país- a raíz de sus mentiras y manipulaciones en el caso del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Y, también curiosamente, ninguna voz desde la izquierda ni desde las asociaciones de mujeres se ha preguntado si esta vacuna es necesaria.  Es más, ni siquiera sabemos los objetivos del Ministerio y las Consejerías de Sanidad: 1/ evitar la infección en las vacunadas, 2/ erradicar la infección en la población (exigiría vacunar a los varones), 3/ evitar las lesiones precancerosas, 4/ evitar el cáncer invasivo, y/o 5/ evitar la mortalidad por cáncer de cuello de útero. 

Los virus del papiloma humano (VPH)  

Se transmiten por contacto (no por los fluidos sexuales) durante las relaciones sexuales. El uso del preservativo disminuye el contagio sexual, pero no lo elimina. Algunos tipos tienen capacidad de provocar cáncer de cuello de útero, pero existen otros factores como la pobreza y el subdesarrollo. Las mujeres se contagian al comienzo de sus relaciones sexuales coitales, pero en la mayoría de los casos la infección se cura espontáneamente. Lo importante son las infecciones que duran más de veinte años, ya que las lesiones precancerosas, si es que aparecen, tardan unos diez años y se requieren otros diez para que pueda producirse un carcinoma in situ. Aunque se dice que el 70% de las mujeres sexualmente activas habrá tenido infección a lo largo de su vida, y que solamente el 1% de ellas desarrollará cáncer in situ, dichos cálculos llevarían a una incidencia masiva de carcinoma in situ, que no se ve ni siquiera en el país del mundo con más alta tasa de infección del mundo, Haití (no por casualidad también el más pobre del mundo). España es de los países del mundo con menor prevalencia de la infección por el virus del papiloma, en torno al 3% en mujeres de más de 30 años, aunque superan en mucho esa tasa las prostitutas, las mujeres encarceladas, y las mujeres con SIDA. Y todo esto sin que casi nadie diga que esta vacuna no previene el cáncer de cuello de útero sino las infecciones provocadas por estos virus (y no todos, como veremos más adelante).

La magnitud del problema

Pero, ¿cuál es la magnitud del problema en nuestro país, principal criterio para implantar una medida de este tipo?. En España hay unos 2.000 casos de cáncer de cuello de útero al año, y unas 600 muertes por esta causa, es decir, somos uno de los países del mundo con menos mortalidad por esta causa. Es decir, el 99,7% de las mujeres que mueren en España no mueren por cáncer de cuello de útero, por lo cual no estamos habalando de ningún problema de salud pública (¿recordáis el caso de la vacuna contra la meningitis C?). Hay gran variabilidad entre comunidades autónomas, con mayor incidencia en las regiones costeras e insulares turísticas, quizá por la mayor promiscuidad asociada al turismo. La mortalidad por cáncer de cuello de útero ha disminuido en España, el 0,7% anual entre 1986 y 2000. Pero en las mujeres de 20 a 39 años ha aumentado. La edad media del diagnóstico del cáncer de cuello de útero en España es de 48 años. La edad media de muerte, de 60 años. La sobrevivencia a los cinco años, del 69%.

La eficacia y la seguridad de la vacuna no están garantizadas

Actualmente se han identificado más de 100 tipos de VPH , de los cuales 40 son capaces de producir lesiones en el tracto genital, y de 15 a 20 de ellos carcinomas de cuello de útero. Hay dos vacunas, una  proporciona protección contra dos de los tipos de virus que producen cáncer cervical, y la tetravalente que es la actualmente aprobada, proporciona además protección contra dos tipos del grupo que producen lesiones en el tracto genital pero no carcinomas. Los dos tipos de virus para los que protegen ambas vacunas son los responsables del 70%  de los tumores cervicales, de forma que si la protección de la vacuna para estos tipos fuera del 100%, persistirían un 30% de canceres de cuello de útero. Sin embargo, se cree que los virus interactúan entre ellos y existe la   posibilidad de que la protección para los más frecuentes favorezca su progresiva sustitución por otros tipos menos frecuentes para los que no existe vacuna. Pero, si el cáncer de cérvix se reduce a un 30% de lo ahora existente ¿seguirán los gobiernos considerando rentable hacer campañas de prevención con citologías para una enfermedad tan rara, o consideraran que ya no es rentable y por contra aumentará la mortalidad al desaparecer el diagnóstico y el tratamiento precoces?

 

No está demostrada su eficacia en el grupo de población que se propone vacunar, niñas de 9 a 12 años. En este caso sólo se ha demostrado su capacidad inmunogénica (producción de anticuerpos en sangre). No está demostrada su eficacia en niños (varones). Está demostrada su ineficacia en mujeres no vírgenes. Se desconoce cuantos años dura la inmunización y solamente se sabe lo que pasa hasta los 15 a 19 años, un porcentaje importante de las cuales no habrán iniciado aún relaciones sexuales. Se desconoce también el impacto de la vacuna en la historia natural de la infección y los posible efectos adversos.

Recientemente, el Director General de Salud de Uruguay declaraba al diario La República que "la vacuna está en fase 3, o sea que no está probada y no se conocen sus resultados de aquí a 10-15 años". Este desconocimiento, junto a cambios en la actitud de la población respecto a otras enfermedades de transmisión sexual (que a su vez actúan como cofactores en la producción de cáncer de cuello de útero) pueden provocar el abandono de las citologías e incluso resultados peores que los teóricamente se intentan evitar. En EEUU, donde el cáncer de cuello de útero es muchísimo más frecuente que en España, se ha calculado que la vacuna podría añadir al conjunto de la población de mujeres vacunadas unos cuatro días de vida ajustados por calidad.

Los costes

Si consideramos que en los países desarrollados de la OCDE el gasto público en salud pública es apenas el 2% del total, la introducción de esta vacuna, a más de 300 € las tres dosis, va a consumir la mitad de este presupuesto, sin contar los gastos de organización y tiempo de los profesionales. Solamente en Castilla-La Mancha el presupuesto público para vacunar a 11.000 chicas de 14 años (3 dosis cada una) asciende a 4,4 millones de euros (¡), que se detraerán de necesidades mucho más importantes. Por supuesto que la vacunación para otras edades será voluntaria, con un coste de unos 400 euros las tres dosis. Los buitres carroñeros ya se frotan los manos. En nuestro país se calcula que el coste podría ser de 60 millones de euros.

Según la experiencia de Canada, evitar un solo caso de cáncer de cuello de útero se ha estimado en 100.000 euros (¡) que se incrementaría hasta 3 millones de euros (sí, millones) si se produjera una disminución anual del 3% en la tasa de protección. Y eso que estamos hablando de prevenir el cáncer de cuello de útero, no las muertes por dicha causa. Y esto suponiendo que la vacuna proporciona seguridad a largo plazo y que es eficaz al 95%, hechos no comprobados. La falta de escrúpulos de las multinacionales farmacéuticas, consecuencia del modo de modo de producción capitalista, explican la tremenda presión, por no decir la connivencia, sobre los poderes públicos de los países ricos, que son los que menos cáncer de cuello de útero tienen, para lograr beneficios astronómicos. Para ello, una santa alianza de los medios de comunicación burgueses, diversas instituciones sanitarias y organizaciones supuestamente neutrales como la Asociación Española de Pediatría, están conformando una cruzada para vender la vacuna a una población sometida al chantaje del miedo a un peligro inexistente. ¿No recuerda esto sospechosamente a la famosa vacuna frente a la meningitis C o a la introducción de la vacuna antineumocócica? Por cierto, los resultados en  Navarra (2007) han confirmado que la aplicación de esta última no ha conseguido reducir las enfermadades graves por neumococos y sí contribuir al descrédito de las vacunas a costa de la salud de los niños y el dinero público.

¿Dónde están las inversiones en investigar vacunas en enfermedades que causan cientos de millones de muertos al año sobre todo en los países pobres?. ¿Por qué la OMS no dice nada?. La multinacional Sanofi-Pasteur-Merck, fabricante de la primera vacuna autorizada y aplicada, ha tenido unos beneficios 2.000 millones de dólares, equivalente al total de 2006, y casi el doble que en todo 2005, y esto sólo en los seis primeros meses de 2007.

La prevención secundaria

La citología de cuello de útero es el método más antiguo de cribado que existe, el primero que se implantó (en 1941). Es, también, el menos evaluado científicamente. En nuestro país es muy popular la citología, y el 75% de las mujeres se hace una al menos cada tres años. Se aplica en exceso, es peligroso por los falsos positivos y además se hace más a las mujeres que menos lo necesitan (sanas, jóvenes, cultas, ricas, urbanas). Entre las 600 muertes anuales por cáncer de cuello de útero, no se había hecho citología al 80% de las mujeres. En una población de mujeres entre 30 y 65 años con tres citologías consecutivas normales la incidencia de cáncer de cuello de útero baja a cero. Se puede esperar tan sólo un caso de displasia. Por ello, los resultados anormales están equivocados en el 99% de los casos. Los nuevos métodos de determinación previa del ADN de virus del papiloma humano permitirían excluir de las citologías a todas las mujeres que den negativo y tengan más de 30 años. Las propuestas de cambios en el programa de cribado de cáncer de cuello de útero en el siglo XXI siguen con las mismas carencias de base experimental que en el siglo XX (no hay ensayos clínicos al respecto, sólo "consensos" y "expertos").

Conclusiones

En nuestro país no hay ninguna epidemia de cáncer de cuello de útero, la eficacia y la seguridad de la vacuna no están demostradas y lon únicos beneficios son los de las multinacionales. Los que pierden serán los trabajadores en su conjunto y los colectivos marginales a los que tendría más sentido vacunar. Como señala Juan Gervás en su excelente artículo "La vacuna contra el virus del papiloma humano desde el punto de vista de la Atención Primaria en España"(2007):

"Las vacunas son un tesoro sanitario, lo que más ha hecho por la salud de la población tras la educación general obligatoria y el suministro y depuración del agua potable. [...] La vacuna contra el virus del papiloma humano es bien distinta. Su bajo impacto en salud puede contribuir al desprestigio de las vacunas en general. [...] Necesitamos calendarios vacunales más científicos, basados en la efectividad probada [...] Necesitamos estudios de investigación de servicios para conocer el impacto de los calendarios vacunales en el trabajo y organización de la práctica clínica diaria. [...] Necesitamos un sistema de monitorización de la vacunación y de sus efectos adversos. Es urgente mejorar la política global en torno a los problemas que conlleva la sexualidad (enfermedades asociadas, violencia, embarazos no deseados y abortos, por ejemplo). Es muy imprudente hablar de "vacuna contra el cáncer", o "contra el cáncer de útero", o "contra el cáncer del cuello de útero", como se ha hecho. Es falso. Es la vacuna contra el virus del papiloma humano (contra una proteína de su cápsula, para ser exactos). [...] El mercado vacunal ha pasado en apenas unos años del abandono, por su escaso rendimiento comercial (hemos llegado al desabastecimiento, tanto en España como en otros países), a una actividad febril, especialmente en torno al cáncer y a las vacunas personalizadas. Resultan científicamente inentendibles las decisiones del Ministerio de Sanidad, y las prisas de las distintas consejerías autonómicas. También resultan sorprendentes las declaraciones y "consensos" de asociaciones científicas médicas. [...] La medicalización anexa a su vacunación "contra el cáncer" puede dar pie a la implantación de "unidades de menarquia". Es un aviso para navegantes que ya di hace una década y que ahora sobrevuela como realidad cercana amenazante."

La medicalización de la sociedad bajo el capitalismo y el afán de lucro está convirtiendo los insomnios en enfermedades mentales, los granos de la cara en tumores, el embarazo en una enfermedad, el colesterol alto en una enfermedad que hay que medicar y una subida ocasional del azúcar o de la tensión arterial en diabetes o hipertensión arterial. Antes se buscaban tratamientos para las enfermedades, ahora, la perversión del capitalismo inventa enfermedades para poder vender tratamientos.