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Madrid aspira a organizar unos Juegos Olímpicos, el salario medio de los madrileños está por encima de los dos mil euros y su renta es equiparable a la de las regiones más ricas de Europa. Estos, y otros parecidos, son los datos a los que recurren, tanto Esperanza Aguirre como Gallardón, para intentar demostrar que la gestión que realizan en el gobierno de la comunidad y en el del ayuntamiento de la capital, está sirviendo para que los aspectos sociales estén avanzando. Un análisis más detenido de estos datos demuestra no sólo que este avance no existe, sino que las diferencias sociales se han profundizado de forma escandalosa y que el deterioro general en las condiciones de vida de los trabajadores madrileños es cada vez más evidente.

Madrid aspira a organizar unos Juegos Olímpicos, el salario medio de los madrileños está por encima de los dos mil euros y su renta es equiparable a la de las regiones más ricas de Europa. Estos, y otros parecidos, son los datos a los que recurren, tanto Esperanza Aguirre como Gallardón, para intentar demostrar que la gestión que realizan en el gobierno de la comunidad y en el del ayuntamiento de la capital, está sirviendo para que los aspectos sociales estén avanzando. Un análisis más detenido de estos datos demuestra no sólo que este avance no existe, sino que las diferencias sociales se han profundizado de forma escandalosa y que el deterioro general en las condiciones de vida de los trabajadores madrileños es cada vez más evidente.

Salarios cada vez más bajos para la mayoría

Las diferencias salariales son abismales entre los distintos sectores. Sin ir más lejos las diferencias salariales entre las empresas más pequeñas, que son las que agrupan al mayor número de trabajadores (el 47% de los asalariados trabajan en empresas de menos de 50 trabajadores), puede ser de hasta un 40%. Esto explica las medias engañosas que sitúan el salario medio por encima de los dos mil euros.
De un total de 2,9 millones de asalariados, 1,4 millones recibieron ingresos anuales entre 0 y 2 veces el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), según el último informe de la agencia tributaria. En concreto, un 48% de los trabajadores de Madrid cobra menos de mil euros al mes. El número de los salarios más bajos ha crecido entre 1999 y 2005 en un 30%.
Si los salarios se han deteriorado, las condiciones de trabajo lo han hecho a igual o mayor velocidad. En los últimos diez años la precariedad ha aumentado en siete puntos; mientras tanto, hasta septiembre la cifra de muertos en los tajos ascendía a 108, de los que el 93% pertenecían a subcontratas y el 71,4% tenía contrato temporal.
Por otro lado, Madrid es la segunda comunidad autónoma en la que menos proporción de hogares puede ahorrar. El gasto en vivienda, agua, electricidad y combustible, es un 43,6% mayor que la media estatal.
Esta situación está agrandando una profunda brecha social. Según CCOO de Madrid, si se tomasen tan sólo los ingresos de los madrileños antes de las transferencias sociales, un tercio de la población viviría en situación de pobreza relativa, esto es un 33,7%. Si se incluyen las prestaciones por jubilación y supervivencia, la pobreza relativa afectaría al 19,4% de la población, esto es a 1,16 millones de personas.

Sanidad, educación... negocio para unos pocos, desastre para la mayoría

Desde hace años, la política sanitaria de la Comunidad de Madrid ha estado dirigida a provocar un deterioro continuado del sistema público con el fin de poder justificar, posteriormente, su privatización. Así, la Comunidad de Madrid se encuentra en los últimos lugares del Estado en cuanto a gasto por habitante. El déficit de financiación, junto con el incremento de la población y la congelación real de plantillas, ha generado un deterioro asistencial, sobre todo en los barrios obreros, que cualquiera puede observar y sufrir en los hospitales y centros sanitarios de nuestra comunidad.
La atención a los mayores no sale mejor parada. A los 600.000 ancianos madrileños se les dedica el 2,3% del presupuesto. Con este dato no es de extrañar que haya cien centros de mayores cuando se necesitan 240. En el terreno educativo, la gestión de la derecha está teniendo repercusiones dramáticas para la enseñanza pública.
El gobierno regional es el que menos invierte de todo el Estado en educación, con un 2,7% del PIB. Pero es en las medidas que favorecen al desarrollo de la educación privada, donde el carácter reaccionario de la gestión del PP se hace más evidente.
Los ayuntamientos del PP han regalado más de 50 parcelas de suelo público para la construcción de escuelas privadas. En los nuevos barrios siempre los colegios privados son los primeros y a los que se otorgan más plazas. En este sentido los datos son contundentes: de los 47.915 nuevos alumnos de entre 3 y 16 años del curso 2007-2008, dos tercios, es decir 31.355, han ingresado en la escuela privada o privada concertada. Los empresarios de la enseñanza están viviendo su edad de oro con el PP al frente de la Comunidad de Madrid.

Derrotar al PP es posible con una política de izquierdas

Mientras estos son los efectos de la política de la derecha para la mayoría de la población, el gobierno del PP en Madrid sigue tomando medidas para que los más ricos lo sean cada vez más.
De hecho, la última medida más conocida adoptada por el gobierno de Esperanza Aguirre ha sido la supresión del impuesto del patrimonio (el que grava las propiedades personales y que afecta a 169.000 personas en Madrid).
Esta política necesita de una oposición contundente por parte de las organizaciones de la izquierda. Tanto las centrales sindicales (CCOO y UGT) como las organizaciones políticas de los trabajadores (PSOE  e IU), están muy lejos de aplicar la política que necesitamos los trabajadores. De hecho, y como muestra de lo lejos que han llegado algunos dirigentes de la izquierda en su aceptación de la lógica capitalista, ¡fue el nuevo secretario general del PSOE de Madrid el primero que pidió la supresión del impuesto sobre el patrimonio! Los trabajadores han demostrado en numerosas ocasiones su deseo de expulsar a la derecha del gobierno y su disposición a luchar por conseguirlo. Son las organizaciones de la izquierda las que no están a la altura de las circunstancias y las que no dan un cauce para que los trabajadores puedan canalizar estas aspiraciones.