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Desde hace unas semanas asistimos casi a diario a un cúmulo de espectáculos tragicómicos que lógicamente nos pueden hacer reír en  principio, pero que no pueden más que enojar a quienes tenemos que padecerlo. La tan recurrida libertad de expresión parece ser patrimonio exclusivo de la derecha, como bien se encargó de demostrar la defensa virulenta de la monarquía desde todos los ámbitos -dirigentes de la izquierda política y sindical incluidos- ante la "ofensa nacional" de la quema de fotos del rey o la censura impuesta a la portada de El Jueves donde se "destapaba" la esencia del heredero de la Corona. Lógicamente, al Borbón le duelen mucho más las críticas desde la derecha, "serán desagradecidos", aunque el "el peso de la ley" sólo cae hacia el lado izquierdo.

Ley de la ‘desmemoria histórica'

Una vez más el 12 de octubre -día del Pilar, de la Fiesta Nacional, de la Patria..., del facherío en definitiva- ha vuelto a ser utilizado desde el PP para aglutinar a su base social (esta vez con escasísimo éxito) e intentar amedrentar un poco más al gobierno del PSOE. Para más "INRI" (nunca mejor dicho) y en plena tramitación de la ley de memoria histórica, "validan" la beatificación de 498 curas, por supuesto del bando fascista, con una representación institucional encabezada por Moratinos, titular de Exteriores, y Paco Vazquez, embajador ante la Santa Sede (imagino que con la secreta esperanza de este último de redondear a 500 el número de beatificados). Por cierto, Santa Sede, Su Santidad, SS..., da que pensar.
La nueva asignatura: "Educación para la ciudadanía", pero sobre todo la ley de la memoria histórica -aprobada por el Congreso el 30 de octubre- vuelven a pasar de puntillas sobre los crímenes cometidos durante la Guerra Civil, la dictadura y la propia Transición, desaprovechando una nueva oportunidad de resarcir la memoria de las víctimas y sobre todo de juzgar a los verdugos y a sus herederos que tanto se beneficiaron, y que champaña a sus anchas dando lecciones históricas, por ejemplo del "catedrático de Georgetown" Ansar, que reinventó una España premora; Mayor Oreja, que no ve pertinente condenar el franquismo porque "a diferencia del nazismo, hubo dos bandos"; Esperanza Aguirre, que no llega a fin de mes con su sueldo, o el candidato Rajoy, que no considera un gran problema el cambio climático -mira que si catapulta a Al Gore a la Casa Blanca- porque no sabe que pasará dentro de 300 años, salvo que hablemos de la previsión de nuestras futuras pensiones. Lo que posiblemente no puede prever Rajoy es el coste final de ese monumento funerario -léase pirámide- que nos legó Fraga en el compostelano monte Gaiás, a no ser que se lo explique su cuñado, director financiero durante cuatro años en el proyecto sin experiencia previa alguna. Claro que el susodicho cuñado asume que su puesto era político... de "hermano político".