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A finales de mayo y principios de junio, el bloqueo de dos buques gaseros en la bocana de la ría de Ferrol, que se dirigían a una planta regasificadora en el interior de la ría, tuvo amplia repercusión. Esos bloqueos fueron parte de una lucha iniciada hace varios años, lucha que no es contra la planta en sí, sino por su ubicación en el exterior de la ría. La historia empieza en 1990, cuando Enagás era una empresa pública. La ubicación de la planta estaba prevista en cabo Prioriño, fuera de la ría, donde se iba a construir el actual puerto exterior de Ferrol.

A finales de mayo y principios de junio, el bloqueo de dos buques gaseros en la bocana de la ría de Ferrol, que se dirigían a una planta regasificadora en el interior de la ría, tuvo amplia repercusión. Esos bloqueos fueron parte de una lucha iniciada hace varios años, lucha que no es contra la planta en sí, sino por su ubicación en el exterior de la ría. La historia empieza en 1990, cuando Enagás era una empresa pública. La ubicación de la planta estaba prevista en cabo Prioriño, fuera de la ría, donde se iba a construir el actual puerto exterior de Ferrol.

Pero en 1996 el PP privatizó Enagás y el proyecto de Prioriño fue abandonado. Entonces aparece el empresario Roberto Tojeiro, amigo personal de Manuel Fraga, promoviendo el proyecto Reganosa (Regasificadora del Noroeste SA) como ampliación de sus instalaciones petroquímicas en el ayuntamiento de Mugardos, situado frente a Ferrol, al otro lado de la ría.
A mediados del 2000, la Xunta, presidida por Fraga, firma un documento secreto garantizándole a Reganosa la rentabilidad si los beneficios no eran los esperados. El documento aclara que la ubicación dentro de la ría requiere una inversión menor y exige a Endesa y Fenosa que consuman unas cantidades mínimas de gas a precios aceptables, aunque haya suministradores más baratos. Como guinda de esta cacicada, Fraga, con dinero público, le construye a su amigo Tojeiro el corredor de Mugardos, que aunque por su nombre parece indicar que une la Autopista del Atlántico con Mugardos, en realidad acaba en las puertas de Reganosa. Más descaro, imposible.
Como la planta dentro de la ría es una amenaza porque se encuentra rodeada de casas y está a 800 metros de Mugardos y a 1.200 de Ferrol (la ley dice que estas plantas tienen que estar a 1.500 metros del núcleo de población más próximo), como, en caso de problemas, los gaseros sólo podrían abandonar la ría con marea alta y con la ayuda de remolcadores (la ley dice que tendrían que salir por sus propios medios), y como, además, la planta toma agua marina para regasificar el gas licuado, que luego retorna más fría y con sustancias químicas, afectando al medio ambiente de una ría de la que viven más de 600 mariscadores, Reganosa suscitó una gran oposición. Para organizar la lucha por ubicar Reganosa fuera de la ría se formó una plataforma, el Comité Ciudadano de Emergencia, que desde 2001 viene tomando diferentes iniciativas.
A lo largo de estos años, en numerosas ocasiones y ámbitos se ha visto la larga mano del poder empresarial, empezando por los medios de comunicación, que parecen boletines de Reganosa. Su tendenciosidad y censura alcanzó cotas desmesuradas, demostrándose una vez más que la burguesía entiende por libertad de expresión el derecho a que sea ella la que decida de qué se informa y cómo se informa. Obviamente, esa larga mano también tuvo efectos políticos. El cambio de postura sobre Reganosa del PSOE y el BNG provocó dimisiones de concejales ferrolanos de ambos partidos y abrió una seria crisis en el Bloque. De hecho, ese cambio de postura y su propuesta de privatizar Astano son dos de las razones que explican el hundimiento del BNG en las pasadas municipales (perdió un tercio de sus votos en la comarca; dos tercios en el caso del ayuntamiento de Ferrol).

El Comité Ciudadano y la represión a la lucha

En otro orden de cosas, se destituyó a un presidente de la Autoridad Portuaria, se amenazó con recortarle las subvenciones públicas a entidades como el Ateneo Ferrolán, etc.
La última muestra de que las instituciones están al servicio de los intereses empresariales la tuvimos durante la entrada de los gaseros, con todos los muelles de la ría cerrados por la Guardia Civil del Mar, la brutal actuación de los antidisturbios, que apalearon indiscriminadamente a todo bicho viviente por las calles de Ferrol, en unas escenas que recordaban la represión en tiempos de la dictadura, y la detención del patrón mayor de la cofradía de mariscadores.
Evidentemente, el Comité Ciudadano se merece un reconocimiento. Pero tiene un punto débil: no hace énfasis en los aspectos de clase del problema. Con la idea de sumar fuerzas, limita sus planteamientos al denominador común de todos los opositores a Reganosa, enfocando el tema desde una óptica fundamentalmente legalista y medioambientalista, y dejando de lado los aspectos que puedan abrir contradicciones políticas. De hecho, este enfoque llevó a nombrar presidente de honor del Comité Ciudadano al teniente general Gabeiras, que fue jefe del Estado Mayor del Ejército con la UCD. Para los marxistas, sin embargo, el objetivo de las luchas no es solamente obtener unas determinadas reivindicaciones, sino que, también y sobre todo, deben servir para preparar las condiciones que permitan acabar con la causa de fondo de situaciones como ésta. Reganosa es otra prueba más de que la democracia burguesa es una máscara que encubre una dictadura del capital. Por eso el marxismo no aspira a que el Estado burgués y sus instituciones sean neutrales, no aspira a liberarlos de sus vínculos con el capital, sino a cambiar el orden social existente. Porque si no lo cambiamos, cualquier avance es temporal y será revertido en el futuro, como ilustra gráficamente el brutal retroceso en las conquistas del movimiento obrero europeo. Por eso, los enfoques interclasistas, aunque puedan parecer los mejores, son en realidad un error.