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Los días 14 y 15 de diciembre hubo huelga en la sanidad pública de la Comunidad de Madrid. Se notó poco, ya que la Consejería de Sanidad marcó unos servicios mínimos que, en la práctica, anulaban la huelga y contra los que CCOO y UGT no hicieron nada, sólo quejarse. El 14 por la tarde nos manifestamos para exigir una mejor sanidad pública en Madrid y para exigir que se detenga su privatización.
La sanidad fue un punto estrella de la campaña electoral de Esperanza Aguirre, que prometió su dimisión si no reducía las listas de espera a 30 días. Como, según ella, lo ha cumplido, no dimite. Pero la Sanidad no es sólo las listas de espera, donde se puede hacer trampa, como hace el PP en Madrid.
El 21 de diciembre informaba El País en su suplemento de Madrid que "los médicos del servicio de urgencias del [hospital] Doce de Octubre denuncian por carta a Lamela [el famoso consejero de Sanidad] el ‘caos y la precariedad' con que trabajan". Según ellos faltan médicos, los que están en urgencias carecen de estabilidad laboral, hay pacientes que esperan más de 72 horas para ser atendidos, etc. En la misma página se nos informa de que tres trabajadoras del hospital Puerta de Hierro resultaron heridas al caer el ascensor en el que iban desde una altura de dos o tres pisos. En este mismo hospital, en julio, un trabajador resultó muerto al explotar un refrigerador que intentaba reparar. Son pequeñas muestras de la situación de la sanidad después de cinco años de haber sido transferida por el Estado.

Se oculta la información

El Partido Popular, siguiendo el modelo valenciano, para que no haya posibilidad de conocer los datos ha eliminado la memoria del Servicio Madrileño de Salud. No hay datos recientes de plantillas de médicos, enfermeras, situación laboral, etc.; tampoco hay datos del número de camas, quirófanos, de las visitas de urgencias, consultas, intervenciones quirúrgicas, de la distribución de la población, de la distribución del presupuesto por capítulos, etc. Es casi imposible conocer el número de médicos por mil habitantes o enfermeras por cama, datos que nos ayudarían a analizar mejor la situación sanitaria de Madrid y a desenmascarar la política de degradación consciente de la sanidad pública que está llevando a cabo la derecha.
A pesar de todo hay algunos datos que nos pueden servir de muestra. Según un Informe sobre la política sanitaria en la Comunidad de Madrid que ha hecho público la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid y con datos del Ministerio de Sanidad, los recursos destinados en Madrid a la sanidad han crecido por debajo de la media de las Comunidades Autónomas (CCAA), excepto en 2004. El presupuesto inicial medio per cápita por CCAA ha pasado de 885,36 euros en 2003 a 1.043,76 en 2005. En Madrid en 2005 ha sido de 994,44 para una población estimada de 5.555.935, pero que no es la real ya que la misma Consejería adjudicaba al SERMAS (Servicio Madrileño de Salud), el 31 de diciembre de 2005, 6.034.452 personas.
En cuanto a médicos, en septiembre de 2003, existían, reconocidos oficialmente, 2.885. En 2005, según el sindicato CESM-Madrid, había 2.977 de los que 543 eran interinos. Teniendo en cuenta los censos de población, se ha pasado de 1.482 habitantes por médico de familia en 1995, a 1.645 en el año 2001 y a 2.059 en el 2005. En cuanto a pediatras se ha pasado de 840 niños a 999 y a 1.304 en los mismos años. Junto con el incremento de población se ha producido el de consultas de Atención Primaria: de 33,8 de media en 1992 a 38,49 en el 2001 y de 14,65 niños por pediatra a 25,12 en las mismas fechas.
Si a este panorama en la atención primaria añadimos la falta de unos presupuestos adecuados para la gestión de los hospitales, entenderemos mejor el deterioro de unas instalaciones que provocan sucesos como los del hospital Puerta de Hierro. La Comunidad de Madrid carece de una política sanitaria que coordine la atención primaria y la especializada, no se tiene en cuenta las necesidades de salud de colectivos cada vez más numerosos que necesitan una atención sanitaria específica (mayores, etc.). Madrid mantiene uno de los menores números de camas de todo el Estado, 3,6 por cada 1.000 habitantes, de las que sólo 1,8 son públicas. Pero la situación no parece que vaya a mejorar en el futuro, sino que tiende a empeorar. No sólo en épocas como el invierno, con sus epidemias de gripe, se ve a enfermos en los pasillos de los hospitales, es una práctica habitual.
La escasez de personal hace que trabajen a destajo, con guardias seguidas o frecuentes, sin descanso postguardia, lo que conlleva a una disminución en la calidad de la atención, que haya altas apresuradas, con sus consiguientes reingresos, lo que lleva a la masificación en los hospitales.

Política privatizadora agresiva

Otro aspecto muy grave es la tendencia a la privatización, que parte de la estrategia del PP de desmantelar los servicios públicos. Las concertaciones con el sector privado se han incrementado de manera notable. Los dos apartados del presupuesto de sanidad que se dedican a financiar al sector privado (gastos corrientes en bienes y servicios y transferencias corrientes), al margen del gasto farmacéutico, han pasado de un 48,47% del presupuesto en 2003 al 50,38% en 2006.
Una de las facetas de la política sanitaria que más resalta la presidenta, Esperanza Aguirre, es la creación de ocho nuevos hospitales. Pero esto no va a mejorar nuestra sanidad, ni va a suponer mejorar en el número de camas de una forma importante, al contrario. Estos nuevos hospitales van a seguir el modelo de concesiones administrativas, que no significan mejor calidad, ni menores costes. Además siete de ellos (todos menos el de Valdemoro) van a seguir el modelo británico de Iniciativa de Financiación Privada introducido por Blair en los últimos años. En este sistema una empresa privada construye y gestiona el hospital, mientras la consejería aporta los médicos, enfermeros, etc. y paga durante 30 años un alquiler a la empresa por el uso del edificio y servicios (mantenimiento, administración, limpieza, etc.). La empresa adelanta el dinero para la construcción, pero todos sabemos que ellos no arriesgan de su bolsillo, así que luego Sanidad va a tener que pagar el coste, los intereses y el beneficio que la empresa quiera obtener.
En Gran Bretaña, según un artículo de The Guardian que recoge El País, 13 grandes hospitales que siguen este modelo están "técnicamente en quiebra". Por otro lado, como a estas empresas lo que menos les importa es la salud de los pacientes, se suceden las quejas por comida que sabe mal y está seca (en Edimburgo para ahorrar costes llevan la comida desde Gales), hay fugas de virus, algunos letales (el sistema de aislamiento no se había conectado). La actual ministra británica de Sanidad ha tenido que paralizar varios proyectos.
Esto, junto con las grandes obras del ayuntamiento y la Comunidad de Madrid va a hipotecar el futuro de los madrileños, pero no para mejor. La sanidad junto con la educación y la vivienda son derechos de todas las personas. Bajo este sistema capitalista unos pocos quieren hacer negocio con estos derechos. Es obligación de las organizaciones de izquierda y los sindicatos de clase romper con este podrido sistema y luchar por uno en el que no debamos preocuparnos de si tenemos dinero para pagar una operación o para ir a la universidad o para una vivienda digna en la que vivir.