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El 21 de febrero moría la soldado Idoia Rodríguez Buján en Afganistán. Esta muerte no es ninguna sorpresa. Las tropas españolas desplegadas en ese país ya habían sufrido una baja y siete ataques directos desde enero de 2002. Como el resto de tropas de ocupación encabezadas por la OTAN desde este verano, son el objetivo de los ataques de los talibanes.
Tras más de cinco años de guerra y ocupación por las fuerzas imperialistas el país no sólo no se ha estabilizado, sino que hay un resurgir de la lucha contra el invasor.
Es significativo el ataque a la principal base norteamericana en Bagram, justo en el momento en el que Cheney, el vicepresidente de EEUU, se encontraba en ella en visita secreta. El propio Bush ha tenido que reconocer que la actividad contra sus tropas se ha incrementado en los últimos meses y que sería necesario una fuerte ofensiva militar esta primavera para tratar de volver a tener la "iniciativa" y controlar la situación.
El imperialismo no sólo está atrapado en Iraq, su fracaso es palpable también en Afganistán. Esta es la razón que lleva al gobierno de EEUU a presionar a sus "socios" para una ampliación de los efectivos en Afganistán. Por supuesto la presión sobre el gobierno del PSOE no se ha hecho esperar.

Romper con el imperialismo

Aunque en la pasada cumbre de la OTAN, celebrada en Sevilla, Zapatero afirmara que no iban a enviar más soldados, lo cierto es que el Ministerio de Defensa ya estaba estudiando, antes de producirse este ataque, un refuerzo significativo de las tropas españolas de entre 150 y 300 soldados (actualmente 690), con el objetivo de asumir, a partir de agosto, "el núcleo del Estado Mayor del Cuartel General de la OTAN en Kabul" y aumentar los soldados presentes en el oeste del país.
El editorial de El País del 22 de febrero refleja muy bien las presiones de la burguesía sobre el gobierno de Zapatero. "No es hora de pensar en retiradas, como pidieron ayer IU y BNG, sino incluso en reforzar la presencia en lo que sea necesario".
Este no puede ser el camino que adopte el PSOE. La retirada de las tropas de Iraq fue recibida como una bocanada de oxígeno por millones de trabajadores y jóvenes de este país, que veían un fruto muy concreto a su lucha contra el PP y contra la guerra imperialista. Sin embargo, en política exterior, como en la doméstica, no puede haber medias tintas.
No nos vale el argumento del portavoz del PSOE en la Comisión de Defensa del Congreso, José Cuadrado, cuando dice: "Los españoles pueden estar seguros (...) la misión de los militares españoles en Afganistán y no tiene nada que ver con el desastre de Iraq". No vale utilizar el argumento de que Iraq es distinto a Afganistán, puesto que en este último país se está en "misión de paz" y tiene el respaldo de la ONU. Esto no es así, los intereses imperialistas son los mismos. En Iraq era el control del petróleo y de una zona estratégica del planeta; en el caso de Afganistán también existen intereses similares, entre otros, controlar otra zona estratégica como es el acceso al Asia central.
Pero es más, la retirada de las tropas de Iraq no significó romper los lazos con el imperialismo. El Estado español se gastará este año 700.000 euros en organizar seis cursos de formación para adiestrar a policías, jueces y carceleros en Iraq ¿no es esto complicidad con la ocupación? Pero la sumisión al imperialismo USA va todavía más allá. El gobierno acaba de renovar un convenio bilateral con EEUU, por el cual se autorizará a los espías (a dos agencias de inteligencia del Pentágono) de EEUU a actuar en territorio español, no sólo en las bases de Rota y Morón, sino fuera de ellas; eso sí -no os llevéis las manos a la cabeza- bajo supervisión de agentes españoles.
Los jóvenes y los trabajadores no tenemos nada que ganar con esta guerra y por eso tenemos que exigir la retirada inmediata de las tropas en Afganistán y de la ruptura por parte del gobierno del PSOE de alianzas con el imperialismo que sólo sirven para aumentar la opresión, miseria y el sufrimiento de pueblos enteros.